Sábado X del Tiempo Ordinario (15-Junio-2019)


Evangelio según san Mateo 5, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno’’.

 

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Jesús nos ofrece como una especie de purificación del lenguaje: aprender a decir lo que decimos y no a asegurar que sí estamos diciendo lo que decimos que estamos diciendo. Parece un trabalenguas pero en el fondo tiene muchísimo sentido: si con palabras queremos asegurar que nuestras palabras son de fiar, ¿quién asegura a las palabras que aseguran? Todo se vuelve una cadena de justificaciones, una especie de “juego.” Hay que decir simplemente la verdad a quien tiene derecho a saberla.
Es como lo que vemos que sucede cuando palabras como “sinceridad” o “transparencia” entran en la arena de la política o sencillamente empiezan a repetirse demasiado. Da la casualidad de que cuanto más repetimos que hay que ser sinceros más solemos mentir o los demás no confían en nosotros; no es raro que quien exige transparencia y demanda claridad tenga motivos turbios o poco claros. Parece esto contradictorio pero muchas veces es cierto.

 

La solución de Jesús es distinta: no afiances unas palabras sobre otras, sino simplemente sobre la verdad de los actos. Algo tan elemental y tan sano que sin embargo necesitamos redescubrir con frecuencia. Nuestras acciones tienen que hablar más fuerte que nuestras palabras. Como las acciones en la vida de tantos santos, o el mismo Papa Francisco sus acciones sobre la misericordia hablan más fuertemente que sus palabras.  Por eso las personas en tiempos de Jesús estaban sorprendidos de su forma de hablar porque hablaba como quien tiene autoridad y no como los escribas y fariseos, es decir, su ejemplo era más fuerte que sus palabras.

 

¿Eres coherente entre lo que dices y haces?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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Viernes X del Tiempo Ordinario (14-Junio-2019)

Evangelio según san Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio; pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.

También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio’’.

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Jesús nos desafía en el sexto mandamiento, “No cometerás adulterio”. Uno puede decir: “No he cometido adulterio, entonces estoy bien.” Sin embargo, Jesús nos reta a ver más allá de nuestras acciones físicas. Él conoce nuestros pensamientos e intenciones por eso va directo al corazón humano; toma “en serio” al amor. Por eso nos dice: “Quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón.” Esto puede hacer que nos detengamos en nuestros malos pensamientos y dejar de decir: “No estoy lastimando a nadie.” Jesús quiere purificar nuestros pensamientos, palabras y acciones para ser santo como nuestro Padre celestial es santo, pues somos imagen y semejanza de Él y templos vivos del Espíritu Santo.

 

Jesús enfatiza la severidad del pecado. Todo lo que nos hace pecar debe ser cortado o arrancado de raíz de nuestra vida. Literalmente, no necesitamos arrancar a los ojos, pero debemos cortar la raíz de todo pecado. La pornografía es tan grave como un veneno que actúa como cualquier virus infectando todo nuestro ser. La industria de la pornografía genera millones de dólares y es triste que muchas personas caen en sus redes, se hacen esclavas y adictas. Además,  convierte a las personas en objeto de placer y no los tratan como seres humanos y, a veces, implica el tráfico humano de las personas más vulnerables de nuestro mundo. No seas parte del problema, se parte de la solución.

 

Las estadísticas en los Estados Unidos muestran que solo el 50% de los adultos y el 33% de los adolescentes consideran que la pornografía es incorrecta. Sin embargo, la pornografía está destruyendo los matrimonios, nuestras relaciones y nuestro espíritu. Recuerda que todos los pecados por muy personales que sean afectan a todo el Cuerpo Místico de Cristo.

 

Si tienes una adicción, busca ayuda profesional, o un sacerdote o Caridades Católicas. Imprime una oración para la pureza y colócala en la pantalla de tu computadora o de tu teléfono celular o cama. Llega a la raíz del problema y pide la gracia de Dios para sanarte. ¿Te sientes solo? Recuerda que la soledad es la invitación de Dios a la intimidad con Él. La pornografía es una falsa sensación de intimidad y hace que te dejes llevar por los instintos y no por la razón, recuerda que la razón está por encima de los sentidos e instintos, eso nos hace diferentes de los animales.

 

Jesús no se refiere solamente a la pornografía sino a todo pensamiento o deseo impuro porque hacemos de las personas objetos de placer. Presta atención a tus pensamientos y descubrirás lo que te motiva a realizar tus acciones.

 

¿Tomo en serio la gravedad de mi pecado? ¿Soy consciente como la calidad de mis pensamientos afectan mi vida y la de los demás?

 

“Quien mira con malos deseos a una mujer, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. Este veredicto que puede parecernos drástico no es sino la firmeza, la seriedad con que todos hemos de defender el amor y tratar a los demás como verdaderos hijos amados de Dios.

 

Señor Jesús, ayúdame a ser puro y a mirar a los demás con un auténtico amor como Tú los miras y los amas. Tú nos dices que los de corazón limpio verán a Dios. Quiero verte Señor Jesús y descubrirte en cada uno de mis hermanos.  Ayúdame a evitar cualquier cosa que pueda hacer que  reduzca a los demás a algo para lo que no fueron creados, enséñame a no ser egoísta. Ayúdame a amar como tu amas – puramente, sin apegos ni expectativas. Ayúdame a dar mi vida por los demás, por un amigo, por mi familia y por quien más te necesita hoy. Sé que el pecado conduce a la miseria y las elecciones virtuosas me llevan a la alegría. Ayúdame a dejar atrás la miseria. ¡Ayúdame a elegir la alegría y vivir en tu paz!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

Jueves X del Tiempo Ordinario (13-Junio-2019)

Evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.

Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

 

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El Evangelio de hoy está tomado del Sermón de la Montaña (Mt 5-7). Encontramos a Jesús mostrándonos  la ruta para alcanzar la vida eterna y la plenitud de esta vida, por ello nuestra justicia ha de superar a la de los fariseos; somos, pues, llamados a ser mejores que los que se creían mejores porque somos imitadores de Cristo (eso significa ser discípulo).

 

Vemos una gran enseñanza de parte de Jesús, quien se establece simbólicamente como el nuevo Moisés, proporcionando una ley sobre la montaña. Cuando dice “Ustedes han oído lo que se dijo…pero yo les digo…” revela que Él tiene autoridad aún sobre la Torá. La Ley no está siendo derogada sino intensificada, plenifícada y potencializada.

Ahora Jesús, el nuevo y definitivo Moisés, ha aparecido, esto se convierte en algo absoluto, radical, completo. Y entonces escuchamos, “Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal.” Matar es una acción, pero esa acción tiene su raíz  en cierta disfuncionalidad más fundamental: una actitud de odio, un alma desordenada, una percepción equivocada de la realidad. Debemos eliminar toda acción cruel y odiosa, pero tenemos que ir más profundamente y eliminar los pensamientos y las actitudes odiosas, ya que Dios es amor en todo.

 

Jesús nos pide en el fondo algo muy sencillo: empieza por tu corazón si quieres cambiar tu vida, empieza por tus acciones diarias. Lo importante no es empezar por parecer bueno, sino empezar por serlo. Y el lugar donde empezará tu verdadera bondad es el mismo lugar donde hoy descubres que no eres tan bueno. Ese lugar es el “corazón” en la tradición bíblica. Ser cristiano, es decir discípulo de Cristo, entonces, es en primer lugar eso: ser bueno de corazón, tener un corazón como el de Jesús. Algo que no significa sólo sentimientos buenos, sino también todo lo que sucede en el corazón según esta perspectiva de la Biblia, es decir, las decisiones, la escala de valores, la escucha de la conciencia, los deseos y sobre todo esa intimidad con Dios a través de la oración. Es allí donde empieza la vida cristiana, donde se transforma la persona y también donde encuentra su verdad.

 

Por ello Jesús nos enseña cuán grave es el pecado y cuán importante debe ser la reconciliación en nuestras vidas. Jesús no vino para abolir los mandamientos, sino para cumplirlos. Ser discípulo de Cristo no se trata solo de seguir algunas reglas; se trata de tener una relación viva con un Dios que nos ama íntimamente. Desarrollar una relación con la Santísima Trinidad y llegar a ser más como Jesús a través del poder del Espíritu Santo que nos conduce a la santidad. Esta relación empieza con la oración, se alimenta de la escucha, lectura y meditación diaria de la Palabra de Dios. Además, de la vivencia de los sacramentos y de hacer la voluntad de Dios. Todo esto nos lleva a tener una vida plena.

 

Aquellos que caen en la mediocridad es porque “medio-creen,” y por eso caen en hacer el mínimo esfuerzo porque no están convencidos, no tienen fe. Porque “medio creen” el  resultado es una vida mediocre. Hemos perdido la idea de que el pecado nos separa de Dios y de los demás. El pecado es muy real en cada una de nuestras vidas. Por lo tanto, necesitamos un Salvador, alguien que pague el precio de nuestros pecados y es Jesús, quien sufrió y murió por nuestros pecados para pagar el precio por nosotros en la cruz. Él nos redimió para que podamos vivir con Él para siempre si comprometemos nuestras vidas con Él. El mayor pecado es vivir mediocremente y no dejar actuar a Dios en nuestras vidas para vivir la grandeza para la que fuimos creados, la felicidad plena con Dios y compartir esta felicidad con los demás.

 

He escuchado que algunas personas dicen: “Por lo menos no he matado a nadie y por eso no soy malo.” Creemos que somos buenos y justos a los ojos de Dios por no hacer el mal, pero dejamos de hacer el bien y si no somos parte de la solución, entonces nos convertimos en parte del problema.

 

Hoy Jesús sube la escala para alcanzar la perfección, ya no es solamente  “No matarás” sino que ni siquiera deberíamos enojarnos con nuestro/a hermano/a o seremos reos de juicio. Para sanar nuestras heridas, debemos llegar a la raíz o la causa. Por ejemplo, si queremos quitar la mala hierba de nuestro jardín debemos cortarla desde la raíz porque si solamente quitamos la parte superior (es decir lo que se ve), ¿qué pasará? La maleza no se acabará nunca. Hay que eliminar a la mala hierba desde sus raíces. Lo mismo pasa en la vida espiritual. Podemos confesar los mismos pecados superficiales regularmente y continuaran persiguiéndonos a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, si llegamos a la raíz del pecado, y con la ayuda de Dios, pidiéndole perdón y que dejando que su gracia nos sane en el nivel más profundo de nuestra alma, entonces veremos progreso en nuestra búsqueda por la felicidad, una vida integra y la santidad. Muchos de nuestros malos hábitos y pecados son el resultado de una herida sin sanar de nuestro pasado. El mejor antídoto es: el perdón. Es por eso que Jesús nos dice que si hemos pecado contra alguien mientras nos acercamos al altar, primero debemos reconciliarnos con esa persona y luego regresar. El pecado afecta las relaciones y lastima el Cuerpo de Cristo. Es por eso que debemos recibir la Comunión en estado de gracia, porque recibir la Eucaristía es afirmar nuestra unidad con el Señor y con su Cuerpo Místico (la Iglesia).

 

Es muy importante no tomar el pecado a la ligera. Hay que hacer un cambio en nuestra  vida hoy. ¡Elige la alegría! ¡Elige a Dios! ¡Elige ser feliz! Eso solo depende de ti y como reaccionas ante lo que te ofrece la vida.  Deja que Dios te sane con su gracia y vive feliz. Las personas que conozco  son felices son muy agradecidas y disfrutan lo que tienen y son felices aún con lo que les falta. Por el contrario las personas amargadas no son agradecidas, de todo se quejan, no disfrutan lo que tienen, nada les parece y sufren por lo que no tienen. ¿Tú cuál clase de persona quieres ser?

 

¿Te das cuenta cómo el pecado daña tu relación con Dios, con tu familia y los demás?

¿Qué es lo que está en la raíz del pecado habitual que hay  en tu vida?

¿A quién necesitas perdonar o pedir perdón?

¿Qué tienes que empezar hacer para ser feliz y no ser mediocre?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

Miércoles X del Tiempo Ordinario (12-Junio-2019)

Evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos’’.

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En el pasaje de la primera lectura del día de hoy (2 Cor 3, 4-11) san Pablo dice una verdad fundamental para todo discípulo del Señor: “Cristo es quien me da esta seguridad ante Dios.” Su fuerza viene del Espíritu que nos da plenitud y una vida abundante. La misma idea se ratifica en el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud.” Jesús dice que no hará nada en detrimento de la Ley y los Profetas, sino darle cumplimiento. El mismo Jesús era un judío que observaba las normas; y las cuestiones e imágenes de las Sagradas Escrituras eran fundamentales para Él. Es frecuente oír que los mandamientos son cosa del Antiguo Testamento y que han quedado disueltos con la llegada de la Ley nueva, la ley del amor y del Evangelio, la ley del Espíritu Santo y la gracia. El texto de hoy nos ayuda a salir de ese error. Es claro que Jesús vino para darles plenitud, no para abolirlos.

 

Lo que es innegable es el hecho de que Jesucristo le dio un valor muy grande a la Ley. A la hora de juzgarlo en el Sanedrín  nunca pudo ser probado que Él trasgrediera la Ley de Moisés. Y es interesante que cuando Pedro, pasados ya los hechos de la Pascua del Señor, tiene la visión en que se le invita a comer animales considerados “impuros” por la Ley de Moisés, él dice que nunca ha comido nada impuro (Hch 10,14). Este testimonio es importante porque muestra que Jesús, que estaba con ellos, era observante incluso de esos aspectos menores o accidentales de la Ley. Es una invitación para todos los que somos seguidores de Jesús (discípulos) a cumplir los mandamientos de la Ley de Dios (10 mandamientos) y de la Santa Madre Iglesia (5 mandamientos).

 

La salvación que trae Cristo no es una abolición de la ley, ni una prolongación de la ley, pero tampoco es un endurecimiento de la ley, como si no tuviera su razón y su sentido. ¿A qué entonces dará cumplimiento? El teólogo protestante N.T. Wright dice que el Antiguo Testamento es esencialmente una sinfonía incompleta, un drama sin punto culminante. Es la articulación de una esperanza, un sueño, un anhelo—pero sin la realización de esa esperanza, sin la satisfacción de ese deseo.  Cristo supera la ley llevándola a plenitud es decir, concediendo el bien que ella defendía y dándonos victoria sobre el mal que ella denunciaba. Nos invita a estar convencidos y no a ser obligados porque el amor así debe ser. ¿Prefieres que otros estén obligados a amarte por algo o por conveniencia, o prefieres que ellos quieran amarte por ellos mismos?

Israel sabía que era un pueblo con una misión definitiva de convertirse en santo y con ello transformar al mundo en santidad. Pero contrariamente, Israel cae en grandes y más grandes pecados, y en lugar de ser un agente de cambio para la conversión del mundo, es el mundo que continuamente agobia y esclaviza a Israel.

Y entonces llega Jesús, que termina siendo, del modo más inesperado, el cumplimiento del sueño. Desde el comienzo de su vida pública, Jesús mueve a las tribus de Israel a que se unan, a través de la conversión y el perdón de los pecados.  Jesús es el único que puede llenar nuestros anhelos más profundos.

 

¿Lees las Sagradas Escrituras frecuentemente para conocer y amar más a Dios?

¿Conoces y cumples los mandamientos de la Ley de Dios y de la Santa Madre Iglesia?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique Garcia Elizalde

Memoria de san Bernabé, Apóstol (11-Junio-2019)

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

 

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Me disculpo por no escribir las reflexiones del domingo y lunes. Ya me pude instalar en el Campamento San Tomas Moro, en Panora Iowa donde voy a estar trabajando en el verano.

 

En el evangelio de hoy el Señor nos pide a sus discípulos ser sal de la tierra y luz del mundo, es decir, darle sabor-sazón a este mundo e iluminarlo con nuestro testimonio como el de San Bernabé a quien celebramos hoy. Fue considerado Apóstol por los primeros Padres de la Iglesia y por San Lucas debido a la especial misión que el Espíritu Santo le confió. Bernabé era apreciado por los Apóstoles por ser un “hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe” (Hechos 11,24).

 

La tradición cuenta que su verdadero nombre era José, pero los Apóstoles se lo cambiaron por Bernabé, que según San Lucas significa “el que anima y entusiasma”, “el esforzado”. En los Hechos de los Apóstoles (cap. 4) se cuenta que vendió su finca y entregó lo recaudado a los Apóstoles para que fuera distribuido entre los pobres.

 

Colaboró muy de cerca con San Pablo y sus prédicas convirtieron a muchos. Ambos estuvieron en Antioquía por un tiempo, lugar que se transformó en el centro de evangelización y donde por primera vez se llamó cristianos a los seguidores de Cristo. Los fieles de esta ciudad los enviaron a Jerusalén con una colecta para los que pasaban hambre en Judea.

 

El Espíritu Santo les encomendó a los dos Apóstoles una misión por medio de los maestros y profetas que adoraban a Dios, recibieron la imposición de manos y partieron acompañados por un tiempo del Evangelista Marcos, primo de Bernabé, a predicar en varios lugares.

 

Después de recorrer diferentes ciudades, confirmar a los convertidos y ordenar presbíteros, regresaron a Antioquía y luego se realizó el Concilio de Jerusalén en el que se declara que los “gentiles” no tienen el deber de la circuncisión.

 

Para el segundo viaje misionero, Pablo con Silas y Bernabé con San Marcos toman rumbos diferentes. Más adelante los dos Apóstoles se volvieron a encontrar en las misiones de Corinto.

 

Alrededor del año 60 ó 61, San Bernabé ya había muerto. Se dice que él murió lapidado por unos judíos envidiosos de las conversiones que obtenía. Se dice que fue apedreado hasta morir en Salamina. Otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma y además como primer obispo de Milán. Sus restos fueron sepultados cerca de Salamina y encontrados en el 488. El Apóstol tenía sobre su pecho el Evangelio de San Mateo, escrito de su propia mano. Posteriormente fue trasladado a Mancheras (Chipre) donde sus restos descansan.

 

¿Tus palabras y obras brillan ante los hombres, que cuando ven tus buenas obras dan gloria a Dios Padre?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Fr. Enrique García Elizalde

Sábado VII de Pascua

Evangelio según San Juan 21, 20-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: “Sígueme”. Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: ‘Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué va a pasar con éste?” Jesús le respondió: “Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme”.

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: ‘Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?’

Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

 

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Entre la lectura de ayer y la de hoy está de por medio el agitado viaje de Pablo: desde Cesárea a la isla de Creta, los catorce días de tempestad, la estancia en Malta, el viaje de Malta a Roma, la cálida acogida por parte de los hermanos. El fragmento de hoy (Hch 28, 16-20. 30-31)  es un resumen de su actividad en Roma, donde Pablo puede vivir en “régimen de libertad vigilada” en una casa privada. Comienza, como siempre, la predicación a los judíos con resultados alternos, podía “anunciar el Reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad y sin obstáculo alguno”.

 

Lucas ha alcanzado su objetivo: la carrera de la Palabra es imparable; el Evangelio ha llegado al corazón del mundo, es predicando con toda libertad y sin obstáculo alguno “hasta los confines de la tierra”. Nada ha podido ni podrá detenerlo. Pablo es uno de los muchos testigos de Jesús, un campeón ejemplar, heroico y dotado de autoridad, pero no es el único. Las vicisitudes personales de Pablo no parecen interesar demasiado a Lucas, que corta aquí su relato, sin informarnos sobre la suerte del campeón: lo que le importa de verdad es que Pablo haya culminado su propia misión, una misión que es la de todo cristiano, a saber: ser testigo de la resurrección, tener el valor de anunciarla por doquier, convertir cada situación, aun la más improbable, en una ocasión para decir que Jesús es el Señor y el Salvador. “La Palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2,8s). No hay ocasión en la que no pueda ser anunciada la Palabra de Dios.

 

El epílogo del Evangelio de Juan está relacionado con la misión propia del discípulo amado. El fragmento está formado por dos pequeñas unidades, que también están subdivididas a su vez: predicción sobre el futuro del discípulo amado (vv. 20-23) y segunda conclusión del Evangelio (vv. 24s). El redactor de este capítulo 21, a través de una comparación entre Pedro y el otro discípulo, pretende identificar de manera inequívoca al “otro discípulo al que Jesús tanto quería” (Jn13, 23; 19,26; 21,7.20). La pregunta que Pedro plantea, a continuación, a Jesús sobre la suerte del discípulo amado recibe de parte del Maestro una respuesta que no deja lugar a equívocos, en la que afirma la libertad soberana de Dios respecto a cada hombre, “Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: ‘Señor, ¿qué va a pasar con éste?’ Jesús le respondió: ‘Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme’ “.

Pero quizás sea posible proyectar alguna luz sobre estos misteriosos versículos intentando poner de manifiesto cierto fondo histórico el tiempo en el que el autor o escribió. El texto no estuvo provocado realmente por las discusiones que tuvieron lugar en la Iglesia de los orígenes entre los discípulos de Pedro y los del discípulo amado sobre el “poder primacial” del primero. Más bien fue introducido por el redactor del capítulo para demostrar, sobre una base histórica, dos cosas:

a) que carecía de fundamento la opinión difundida de que el discípulo amado no había muerto;

b) que esa muerte, una vez acaecida, tenía la misma importancia para el Señor que el martirio sufrido por el apóstol Pedro.

Por último, los versículos finales (vv. 24s) subrayan una cosa simple, pero verdadera: la revelación de Jesús, ligada al ministerio de su persona, es algo tan grande y profundo que escapa al alcance del hombre.

 

Hoy por las vísperas ya estaremos celebrando la Solemnidad de Pentecostés.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Fr. Enrique Garcia Elizalde

 

Viernes VII de Pascua (7-Jun-2019)

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19

 

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

 

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

 

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

 

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

 

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Hoy estaré impartiendo el Curso para Predicadores pueden obtener más información en el Centro de Pastoral de la Diócesis de Des Moines, ubicado en 601 Grand Avenue, Des Moines, IA frente a la Catedral de San Ambrosio. Empezamos a las 6:00 PM y termina a las 9:00 PM y el sábado continua de 8:00 AM a 4:00 PM para más informes  https://www.facebook.com/frenrique.garciaelizalde

El sábado tendremos vigilia de Pentecostés en la Iglesia de Holy Family (in Council Bluffs, 2217 Avenue B, Council Bluffs, IA 51501) de 6:00 PM a media noche. Traer su Biblia y un platillo para compartir. Tendremos Misa y oración de sanación.

 

En la primera lectura (Hch 25, 13-21) del día de hoy, Lucas parece un admirador del sistema jurídico romano e incluso saca a la luz algunos de sus principios rectores. Y pone de manifiesto la prontitud para explotar a favor del Evangelio este admirado ordenamiento jurídico. Pablo podrá ir a Roma gracias a su apelación al Cesar. Irá como prisionero, es verdad, pero irá a Roma. Es interesante leer la continuación del relato, donde se presenta el encuentro de Pablo con la extraña pareja y con el representante del Imperio Romano: también ellos están interesados en el asunto de Jesús y convierten la resurrección en tema de conversación. El valor de Pablo, que no teme exponerse, obliga a todo tipo de persona a ponerse frente al hecho de la resurrección, que ahora se ha convertido en el motivo fundador del nuevo camino de la salvación.

 

El Evangelio de hoy nos habla sobre la gran relación que existe entre Jesús resucitado y Pedro. Pedro conoce bien sus pecados—ha traicionado a Jesús tres veces. Jesús lo conduce a través del proceso de arrepentimiento y le da la llave para su transformación. Tres veces Pedro negó al Señor, y tres veces Jesús le pide que reafirme su fe: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Hay que tener en cuenta que el Cristianismo no es un conjunto de ideas, convicciones o principios. Es, más bien, la relación con una persona, con la persona de Jesucristo.

 

¿Amas a Jesús? ¿Se ha convertido en tu amigo? ¿Cómo es tu relación con Él? ¿Lo visitas en donde mora (el Sagrario) y cuánto tiempo pasas con Él? ¿Lees las Escrituras para conocerlo mejor?
A la pregunta de Jesús: ¿Me amas? Simón-Pedro dice sí, Jesús le dice: “Apacienta mis corderos; cuida mis ovejas; alimenta mis ovejas”. La prueba de amor es acción. ¿Estamos dispuestos a hacer lo que hizo Jesús? ¿Estamos dispuestos a misionar en su nombre? ¿Dejas que Él transforme tu vida?
“Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”. (Jn 21,18)  La última prueba del discipulado es la voluntad de abandonar nuestros egos morir a nosotros mismos y ser llevados por un poder más grande. Cuando llegues a viejo, extenderás tus manos.” Cuando lees las palabras de Jesús a Pedro, probablemente pienses inmediatamente en la crucifixión de Pedro. ¡Y con buena razón! Jesús estaba prediciendo “por qué clase de muerte Pedro glorificaría a Dios” (Jn 21,19). Pero también hay un mensaje aquí para cada uno de nosotros, especialmente a medida que envejecemos o cuidamos a los seres queridos que han envejecido.

 

Pedro no se limitó a extender sus manos sobre la cruz al revés. Él los extendió todos los días mientras servía a la Iglesia, hasta el final de su vida y lo hizo con alegría por amor a Jesús. Sin duda, envejecer no es fácil, no eres tan fuerte o ágil como cuando eras más joven. Puede ser más difícil recordar un nombre o hacer las cosas. Tal vez necesites ayuda con los quehaceres que alguna vez realizaste  fácilmente por tu cuenta. Hay que renunciar a parte de nuestra independencia, junto con algunos sueños que ya no son realistas, ¡pero anímese!

 

El salmista le asegura que puede “dar fruto incluso en la vejez” (Salmo 92,15). ¿Cómo? Intentando estar abierto a las formas únicas de gracia disponibles en esta temporada de tu vida. Quizás no puedas hacer las cosas que solías hacer, ni para ti, ni para tu familia, ni para tu iglesia. Pero no dejes que eso te agobie. Dios tiene una misión para ti y cuenta contigo. Él tiene otras oportunidades guardadas para ti. Por ejemplo, si descubres que todo parece llevar más tiempo y puede aglomerar tantas actividades en tu día, quizás Dios te pida que simplifiques tu vida. Intenta enfocarte en lo que más importa: amar y ser amado. Si no puedes hacer tanto por tu familia o amigos, puedes desarrollar un nuevo aprecio por simplemente estar con ellos o levantarlos en oración. Incluso tu necesidad de depender más de tu familia o amigos puede ayudarlos a aprender más acerca de cómo nos necesitamos los unos a los otros como miembros del cuerpo de Cristo. De hecho, al dejar que la gente te sirva, ¡Le estás dando la oportunidad de crecer! Al igual que Pedro, puedes extender tus manos a las personas que te rodean a medida que te haces mayor. ¡Dios todavía tiene un gran plan para ti y tienes  mucho que hacer!

 

“Jesús, quiero seguirte hoy y todos los días de mi vida”

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

  

Padre Enrique García Elizalde