Memoria de Santa Mónica. 27-agosto- 2019.

Evangelio

Mt 23, 23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera”.

 

==================

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Los versículos que ayer y hoy hemos encontrado en el evangelio tienen una impresionante carga de indignación y de reprensión. En pocos lugares del Nuevo Testamento encontramos a Cristo tan indignado y tan acerado en sus palabras como en este capítulo 23 de san Mateo. Hay razón, desde luego, para ese enojo, y, puesto que toda palabra de Cristo es enseñanza para sus discípulos, por ello aprendamos hermanos del Señor. La razón fundamental es la hipocresía porque nos hace inhábiles para la conversión. Además, la mentira que nos ciega a nuestros males igualmente nos ciega a los bienes ajenos. El resultado es que quien no reconoce su daño se afianza en él y daña a los demás. Entendemos, así que, Jesucristo quiere erradicar del mundo la hipocresía por amor a quienes la practican y por compasión con quienes la padecen.

 

¿Tus intenciones, palabras, pensamientos y acciones son sinceras y de acuerdo a Jesús?   ¿Te preocupas por limpiar primero tu alma y para que quede también limpio todo tu ser  por fuera?

 

La Iglesia celebra la memoria de Santa Mónica, madre llena de esperanza y mujer de oración, esposa fiel y mujer de gran esperanza en el Señor. Es muy conocida por orar por la conversión de su San Agustín. Sus padres la dieron en matrimonio a Patricio, quien era un pagano. Su suegra vivía con ellos e hizo la vida difícil para Mónica. ¿Te suena esto familiar o parecido con la realidad? Mónica pudo haberse desesperado y culpado a Dios por sus circunstancias difíciles, pero ella nunca lo hizo, por el contrario, su fe, vida de oración y caridad para con todos llevaron a la conversión y al bautismo cristiano de su esposo y su suegra. ¡Imagínate eso! Que al ver convivir contigo los demás se acerquen al Señor y conviertan sus vidas.

 

Agustín, su hijo mayor, vivía una vida muy inmoral y llena de pecado. Ella sufría mucho por ello y oraba constantemente por su conversión hasta derramar lágrimas cada día para que su hijo encontrara a Dios y tuviera su hijo paz en su corazón. En un momento, Mónica incluso lo echó de la casa a causa de sus rebeldías. Un día ella tuvo una visión que Agustín algún día regresaría a la fe, así que desde ese momento ella oró y ayunó por la conversión de su hijo mayor y ella se quedó cerca de él. Ella tenía que esperar muchos años para la conversión de su hijo, pero se mantuvo fiel y dedicada a la oración. Un día, sin otra explicación que la inspiración del Espíritu Santo, Agustín entró en una iglesia y sucedió que el obispo Ambrosio (el futuro santo San Ambrosio) estaba predicando ese día. El corazón de Agustín fue movido por las palabras del predicador y cambió su vida completamente. San Ambrosio se convirtió también en director espiritual de Mónica. Ella había enviudado años atrás y se convirtió en una líder de las mujeres devotas en Milán en ese tiempo. Modelo para las mujeres viudas, madres solteras y de hijos con problemas, de cómo tener fe, esperanza y actuar con el poder de Dios para cambiar su alrededor.

 

Agustín dejó su vida inmoral, se hizo un cristiano fiel, después sacerdote y obispo. Una vez que su hijo encontró a Cristo y abrazo la Iglesia, Mónica sintió que su propósito en la tierra estaba completo. Ella murió satisfecha de que el Señor había escuchado sus oraciones y trajo a su hijo de nuevo a la Iglesia. Por esa razón, Santa Mónica es la patrona de los padres cuyos hijos se han alejado de Dios.

 

Como sacerdote, una de las angustias más comunes que escucho de los padres es que sus hijos han dejado la Iglesia y no tienen una conexión con Jesús. Les dijo con fe y desde el fondo de mi corazón: ¡No pierdan la fe y la esperanza de que Dios puede hacer que regresen porque para Dios no hay nada imposible! El Señor siempre está con ustedes y sus hijos y Él hará su parte pero no dejen de hacer la suya: Oren como padres (si es posible juntos como familia) por ellos, ofrezcan sus obras de caridad, sacrificios y ayunos por ellos, pidan a Santa Mónica que interceda por ellos también, conságrenlos a María Santísima para que cada vez que se pierdan ella los busque como cuando Jesús se perdió en el templo y les recuerde lo que nos dice en las bodas de Canaán: “Hagan todo lo que Él les diga”, pero sobre todo sepan que Dios ama a sus hijos muchísimo más que ustedes y no va a permitir que se pierdan sus ruegos y suplicas.

 

Debemos dar ejemplo y educarlos por el bien. Dios puso en tus manos a tus hijos para llevarlos al cielo y Dios te pedirá cuentas de ellos. Dios nos conceda la sabiduría y amor para inspirar a los demás a regresar a la Iglesia y servir a Dios con todo el corazón, porque no es fácil ser padre hoy en día. Hay tantas cosas en este mundo que alejan a los hijos del bien, del buen camino que les has enseñado, de hacer lo correcto y alejarse de lo incorrecto, de no ser influenciados por sus compañeros para el mal, de que sean auténticos y no imitación de otros, de que valen por lo que son y no por la marca de ropa que se ponen, o de lo que los demás dicen de ellos, sino para lo que Dios los creo, que su vida no es para ser fácil y mediocre, sino para ser grande y fuerte. Ama a tus hijos con el ejemplo y testimonio, integridad de vida y congruencia, ayúdalos a tomar buenas decisiones morales y a pasar toda la eternidad contigo y con Dios.

 

¿Me desespero por las decisiones morales de mis hijos?

¿Rezo y ayuno por la conversión de los demás?

¿Creo que todo es posible con Dios?

 

¡Señor, ayúdame a ser sincero contigo y conmigo mismo. No permitas que la falsedad y la hipocresía reinen en mi corazón. Dame la fuerza para dejar que la luz de tu Santo Espíritu penetre todo mi ser con tu gracia a través de tu Palabra, de los Sacramentos, especialmente la confesión y tu Santa Eucaristía para que mis acciones correspondan con mi fe puesta en ti. ¡Madre Santísima de Guadalupe, guíame hacia tu Hijo y enséñame a amarlo como lo amas Tú!

 

Santa Mónica, ruega por nosotros.

 


¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Anuncios

Lunes XXI del tiempo ordinario (26 de agosto de 2019).

Mateo 23, 13-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar.

 

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto, y cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos!

 

¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él”.

 

==================================

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Jesús desafía a los líderes religiosos de la época con algunas palabras duras y retadoras. Utiliza palabras como “hipócritas”, “guías ciegos” y “insensatos” para describir su dureza de corazón porque en lugar de guiar a otros más cerca de Dios, los condenaban. Por eso, serán responsables de sus acciones.

 

No importa nuestro cargo o si somos obispos, sacerdotes, diáconos, fieles laicos, padres de familia, hermanos mayores, encargados, coordinadores, managers,  directores o profesores: todos estamos llamados a servir, amar y a guiar a los demás a la Verdad (Cristo) y dejar huella en las vidas de los demás para ayudarlos a ser mejores. Muchos piensan que el hecho de que tengamos un papel oficial en la Iglesia tenemos una entrada segura al cielo, pero en realidad, se Dios nos va a exigir más a aquellos a quienes el Señor les ha confiado mucho. Cada uno de nosotros será responsable de cómo vivimos nuestra vida según nuestra propia vocación y estado de vida.

 

Oremos por aquellos que han sido llamados a servir en la Iglesia. El maligno está constantemente tratando de desviarnos para que no podamos hacer la obra del Señor. Pero esto es cierto para cada uno de nosotros. Al maligno no le gusta que nadie viva una vida de santidad. El mundo nos ofrece poder, riqueza, honor y placer para tratar de tomar el lugar de Dios en nuestras vidas. Al mismo tiempo, si nos mantenemos cerca de Jesús y seguimos su camino de humildad y rendición, no le permitimos a Dios que nos proteja y nos guie.

 

¿Cómo Dios me está llamando a acercar a otros a Cristo?

¿Les pido a otros que hagan cosas que no estoy dispuesto a hacer (hipocresía)?

 


¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Fiesta de San Bartolomé, Apóstol.

Evangelio según san Juan 1, 45 – 51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

 

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

 

============================

 

Bartolome_24Agosto

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Celebramos la fiesta del Apóstol San Bartolomé. No sabemos mucho acerca de Bartolomé. Una antiquísima tradición identifica al apóstol San Bartolomé con el Natanael que aparece en el evangelio de hoy. Él es nombrado en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y en los Hechos de los Apóstoles como uno de los doce apóstoles. Por lo general se menciona en relación a Felipe.

 

Jesús dice a Natanael que lo ha reconocido cuando estaba bajo la higuera. Es una expresión que alude al modo típico de enseñar de los rabinos de la época. Era el estilo sencillo de los maestros judíos. Y lo grande de Bartolomé es que siendo maestro aceptó ser discípulo. No fue de aquellos que creen saber lo suficiente como para no aprender más. Es importante tener conocimientos pero no sirve de nada si uno no sabe cuánto ignora porque deja uno de aprender y la soberbia es nuestra perdición. La verdadera sabiduría empieza en aquella frase de profunda humildad de San Agustín: “¡Ay de mí, que ni siquiera sé cuánto ignoro!” Aquel que se hace una idea de su propia ignorancia nunca será tan maestro que se le olvide ser discípulo.

 

Es propio de quien ama la sabiduría ponerla en primer lugar, incluso por encima de sí mismo. Ahora bien, es un hecho que el orgullo trata de que nunca reconozcamos nuestras fallas, pecados o equivocaciones. Sin embargo, quien ama la sabiduría prefiere pasar por ignorante o pecador y no teme desdecirse, porque sabe que cada mentira desechada es una verdad conquistada.

 

También en esto es ejemplo Bartolomé, según el texto que hemos leído. Cuando al principio le hablaron del Mesías, este rabino tomó una actitud despectiva, fundada únicamente en sus conocimientos humanos; por ello preguntó con displicencia: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?” Luego se encontró con Jesús mismo y supo reconocer la grandeza de aquel que le saludaba. Contradiciendo su expresión previa ahora supo exclamar: “Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel!” Un cambio notable que le dejaba en realidad humillado, por lo menos frente a Felipe que había presenciado la actitud primera.

 

Aprendamos de este ejemplo que no se alcanza la verdad sin la humildad y que no se llega a la sabiduría sino liberándose del pesado fardo del orgullo.

 

Otra cosa más que podemos aprender del pasaje de hoy es que Jesús nos conoce muy bien. Jesús sabía que “no había duplicidad en él.” Jesús nos conoce mejor que nosotros mismos, porque es Dios y conoce lo que hay en nuestro corazón, nuestros anhelos, deseos y necesidades. Él ve en nuestros corazones y sabe lo que estamos pensando y sintiendo. Jesús conoce nuestros pensamientos más íntimos por ello debemos de evitar una doble vida (duplicidad), porque puede ser aterrador pensar que el Señor conozca todo sobre nosotros y engañarnos a nosotros mismos para justificar nuestras acciones pecaminosas.

 

¿Alguna vez has tratado de justificar tu vida de pecado? El remedio es la oración en silencio y meditar las Sagradas Escrituras porque ahí Dios nos habla lo que debemos cambiar en nuestra vida. Además, de la Confesión y la Dirección Espiritual porque nos llevan a conocer las profundidades de nuestra alma y reconocer que somos pecadores y traer a la Luz del Espíritu Santo nuestras faltas y heridas para que sean sanadas. Recomiendo la adoración ante el Santísimo Sacramento porque frente a Él y en el silencio, nos dejamos transformar como lo hizo Bartolomé. Cuando hago mi visita a Jesús sacramentado todos los días es cuando mi vida cambia. En nuestra vida necesitamos tener amigos que nos ayuden a ser mejores y no cómplices que nos solapen nuestros errores y pecados.

 

Al entrar al seminario, en mi primer año me mandaron de apostolado a la Parroquia de San Agustín Acolman, en el Estado de México y atendía varias comunidades, unas de ellas eran San Marcos Nepantla, San Juan Bautista y San Bartolo (Bartolomé). En esta última tuve una experiencia increíble que les voy a contar a continuación. Yo rezaba el santo Rosario a las 5:00 am en la capilla con micrófono en mano y sucedió que un día no servía el aparto de sonido y esa misma mañana recibí muchas cartas pero recuerdo una en particular que tenía una nota donde una persona me decía: “Por favor seminarista,  no deje de rezar el Santo Rosario en voz alta porque cuando usted lo reza, yo lo escucho y también lo rezo mientras ordeño mis vacas.”

 

Me quede sorprendido porque pensaba que solamente las personas que estaban en la Iglesia me acompañaban a rezarlo pero en realidad gran parte del pueblo lo hacía y desde entonces me gusta rezarlo en voz alta para que otros también lo recen. Allí también aprendí que san Bartolomé vio a Jesús, se dejó transformar por Él, proclamó su señorío (“tú eres el Hijo de Dios”), se hizo su discípulo, y lo siguió hasta dar la vida por Él. Siempre pido al Señor por las comunidades donde he estado y las consagro a María Santísima de Guadalupe para que seamos fieles discípulos y apóstoles del Señor.

 

¿Lo que he aprendido y sé me ayuda a ser más humilde y santo?

¿Qué me está atando o esclavizando a  vivir una vida de duplicidad o engañosa?

¿Qué medios debo de utilizar para tener una vida más integra y vivir como Dios quiere?

 

Señor, Tú sabes todo lo que hay en mi corazón porque Tú me conoces mejor que yo a mí mismo. Tú me has formado en el vientre de mi madre a tu imagen y semejanza para ser profeta de las naciones. Me conoces cuando me acuesto y cuando me levanto. Sí Señor, he caído y soy un pecador y necesito tu gracia y tu amor porque sigo siendo tu hijo amado y sin ti nada puedo. Ayúdame a traer todas mis heridas a Tu luz porque Tú deseas amarme y sanarme. Jesús, como San Bartolomé yo confío en ti. Ayúdame a reconocerte en cada momento de mi vida y ayúdame a seguirte a donde sea que me lleves haciendo siempre tu voluntad.

 

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Viernes XX del Tiempo Ordinario. 23- Agosto-2019.

Evangelio Mt 22, 34-40

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.

 

==========================

IMG_0412

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Hoy en la primera (Rut 1, 1.3-6, 14-16.22) tenemos una   maravillosa  historia del libro de   Rut   sobre la amistad entre   una suegra (Noemí) y su nuera (Rut). El marido de Noemí murió y ella se quedó con dos hijos. Sus dos hijos se casaron con mujeres moabitas, Orfá y Rut. Cuando sus dos hijos murieron, Noemí decidió regresar a su casa de Belén y les pidió a sus nueras que volvieran a su ciudad natal también. Orfá volvió a su tierra natal, pero Rut decidió quedarse con su suegra.
Me   encantan las palabras   de Rut  para Noemí. Puedes escuchar la ternura y el amor que le tiene a su suegra:
“No insistas en que te abandone y me vaya, porque a donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”.

 

Rut   estaba dispuesta a   renunciar a su   patria, su familia y su religión por esta maravillosa   amiga   que había encontrado   en   Noemí. La amistad es una manera poderosa de evangelizar. Jesús escogió a doce hombres, se hizo amigo de ellos, invirtió tres años en ellos, los introdujo a la vida divina y luego los envió a hacer lo mismo con los demás. La amistad de Noemí y Rut me recuerda otras amistades maravillosas en la Escritura como David y Jonathan, Jesús y Juan, etc. En Eclesiástico 6,14 leemos:
“Amigos  fieles son un refugio seguro, y el que se encuentra uno se encuentra un tesoro.”

 


Este tema   de la amistad es   muy importante para mí, porque creo que encontrar un verdadero amigo es la experiencia más cercana a Dios que tendremos aquí en la tierra. La amistad es también la forma en que la fe se ha transmitido a través de los siglos. Uno de nuestros más profundos deseos es ser conocido y conocer a otra persona, de amar y ser amado. Cuando encuentres a alguien con quien puedes abrir tu corazón y alma, y no eres juzgado, sino amado y aceptado, has encontrado un tesoro, un verdadero amigo. Esto nos da una idea del amor incondicional de Dios.
He sido bendecido en mi vida con maravillosos amigos que Dios ha puesto justo cuando los necesitaba. A menudo tienen características que yo no tengo pero quiero desarrollar. Muchos de ellos tienen una fe tan profunda y que me invitan hacia la santidad. Ellos me inspiran a ser una mejor persona, un mejor hombre y un mejor sacerdote. Los mejores amigos se ayudan mutuamente a convertirse en la mejor versión de sí mismos.
Hacer  verdaderos amigos de confianza no es fácil hoy en día. Existe el riesgo de ser vulnerables, en compartir cosas personales de uno mismo. Cuando era joven, tenía miedo de volverme vulnerable frente a alguien porque no me aceptaba a mí mismo y me preocupaba por lo que los demás pensaran  y me desgastaba tratando de agradar a todos. Pensé que si otros realmente me conocían, huirían tan rápido como pudieran. Sin embargo, aprendí a ser vulnerable con algunas personas que parecían confiables. Mientras compartía con ellos mis dolores, heridas, frustraciones, logros y luchas, y ellos no huyeron de mí; se acercaron más a mí  y se hicieron mis grandes amigos y confidentes. He aprendido que todos tenemos grandes cargas que intentamos llevar solos. El maligno quiere que nos quedemos aislados y solos. Jesús desea que encontremos amistades profundas, una comunidad que nos ayude a crecer en la amistad y santidad.  Creo que necesitamos al menos una persona en este mundo, además de Dios, con el cual podemos ser completamente transparentes y nos conozca tal y como somos. Estos amigos son una bendición de Dios. Son tesoros que valen más que cualquier cosa que podamos poseer en la tierra porque a ellos los conservaremos para la eternidad.  Debemos agradecer cada día a Dios por nuestros amigos, aquellos que nos ayudan a cumplir nuestra razón de ser en este mundo, especialmente los que nos llevan a Dios y nos ayudan a crecer en santidad.

 

En los Retiros de Cursillos tenemos un lema: “Haz un amigo, sé un amigo y trae ese amigo a Cristo”. Por eso me encanta tanto servir en el Movimiento de Cursillos y lo recomiendo ampliamente, vayan a un Cursillo, porque contamos con un grupo de amigos que quieren crecer en santidad y nos ayudan a cumplir nuestra misión para tener una vida de colores.
En este contexto de amistad y transparencia vemos que Jesús se encuentra todavía en el templo. La confrontación con los fariseos se vuelve cada vez más áspera. El contexto del evangelio de hoy está marcado por la voluntad de los fariseos de tender una trampa más a Jesús para obligarle a tomar posición frente a un tema religioso, como ya intentaron hacer con la cuestión del tributo al César (Mt 22,15-22) y, posteriormente, los saduceos con el problema de la resurrección de los muertos (vv. 23-33).

 

Señala Mateo que los fariseos se habían reunido para decidir el argumento; el que interviene es, por consiguiente, su portavoz (vv.34ss). El objeto de la pregunta está tomando de un debate que estaba de actualidad en las escuelas rabínicas: ¿Cuál es, entre todos, el primero de los mandamientos? Quieren conocer la opinión del, nuevo maestro sobre cuál es el principio que inspira la ley. Nada más simple y correcto, a primera vista.

 

La respuesta de Jesús está montada sobre dos citas: una tomada del Deuteronomio (6,5) y otra del Levítico (19,18). Esos dos textos continúan el corazón de la espiritualidad del pueblo de Israel. El primero, el mandamiento del amor total a Dios, estaba escrito en las jambas de las puertas, bordado en las mangas, y era recitado por la mañana y por la noche, para que estuviera siempre presente en el ánimo del creyente, como celebración continua de la alianza. El auditorio no podía dejar de estar de acuerdo.

 

La novedad que aporta Jesús se encuentra en los versículos 39 y 40. Se trata del vínculo entre el amor a Dios y el amor al prójimo, a los que declara inseparables y de igual importancia. Por otra parte, está la relación del mandamiento del amor con toda la revelación bíblica de la voluntad de Dios con su pueblo; los dos mandamientos constituyen el punto de apoyo, el centro de donde brota todo lo demás, el que ilumina, purifica y transforma todo.

 

Una ley tiene valor si está penetrada por el amor, lo mismo que las amistades y para amar a los demas primero tenemos que tener una autoestima alta de nosotros mismos, es decir, amarnos para poder amar porque nadie puede dar lo que no tiene. Las buenas obras y las amistades tienen valor en la medida en que son obras de amor a Dios y el bien del prójimo. Eso es lo que proclamaban los profetas cuando llamaban a la conversión del corazón. Jesús lo puede afirmar porque <<conoce al Padre>> (cf. Jn 7,29). Él no ha venido a abolir la ley, sino a darle cumplimiento; por consiguiente, es su intérprete autorizado y el realizador de la ley de vida expresada en la voluntad del Padre (cf Mt 5,17.20; 7,29).  Lo mostrará en su entrega en la cruz, nadie tiene amor más grande por sus amigos que aquel que da la vida por los suyos. El conflicto se convierte, una vez más, en lugar de revelación y en acontecimiento formativo para los suyos. Los invita a crecer en la amistad con JESÚS, entre ellos (comunidad) y a atraer a otros hacia JESÚS.

¿Qué amigos ha puesto Dios en mi camino a lo largo de este viaje?
¿Qué me impide ser un amigo fiel?

¿Mis amigos han encontrado un tesoro en mí?

¿Tengo miedo a ser vulnerable?

 

Agradece hoy a Dios por tus amigos.

Haz un amigo, sé un amigo y trae ese amigo a Cristo.

 


¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Memoria de Nuestra Señora María Reina. 22 de Agosto de 2019

Mateo 22:1-14

Jesús de nuevo habló con los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo en parábolas
diciendo, “El Reino de los Cielos es semejante a un rey
que celebraba el banquete de bodas para su hijo.
Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la fiesta,
pero se negaron a venir.
Una segunda ves envió otros siervos, diciendo,
Dile a los invitados: “He aquí, he preparado mi banquete,
y matado a mis terneros y ganado en engorda,
y todo está listo; vengan a la fiesta. “‘
Algunos ignoraron la invitación y se fueron,
uno a su campo, otro a su negocio.
El resto se asió de sus siervos,
los maltrataron y los mataron.
El rey se enfureció y mandó a sus tropas,
destruyó a aquellos asesinos, y quemó su ciudad.

Luego el rey dijo a sus siervos, “El banquete está listo,
pero los que fueron invitados no eran dignos de venir.
Vayan, por lo tanto, a las carreteras principales
e inviten a la fiesta quien quiera que encuentren’.
Los siervos salieron a las calles
y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos,
y la sala se llenó de invitados.
Pero cuando el rey entró a conocer a los invitados
el vio a un hombre no vestido con un traje de bodas.
Él le dijo, “Amigo mío, ¿cómo es
que viniste aquí sin traje de boda? ‘
Pero él fue reducido al silencio.
Luego el rey dijo a sus sirvientes, “Aten sus manos y pies,
y échenlo a las tinieblas de afuera,
allí será el llanto y el crujir de dientes. ”
Muchos son invitados, pero pocos los escogidos. ”

 

==================================

MariaReina-22AgostoB

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!
La primera lectura de hoy del  libro de los Jueces (11, 29-39) nos suscita sentimientos de incomodidad y de desconcierto frente a la decisión irreflexiva de Jefté. Nuevamente nos encontramos sumergidos en la experiencia de infidelidad del Pueblo de Dios y en el sufrimiento que sigue a su pecado: “Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahveh. Sirvieron a los Baales y a las Astartés, a los dioses de Aram y Sidón, a los dioses de Moab, a los de los ammonitas y de los filisteos. Abandonaron a Yahveh y ya no le servían.  Entonces se encendió la cólera de Yahveh contra Israel y los entregó en manos de los filisteos y en manos de los ammonitas.  Estos molestaron y oprimieron a los israelitas desde aquel año durante dieciocho años, a todos los israelitas que vivían en Transjordania, en el país amorreo de Galaad.”  (Ju 10, 6-8). Por eso la necesidad de un liberador por parte de Dios recae en Jefté, hijo de una prostituta, convertido en jefe de un grupo de aventureros con los que lleva a cabo sus correrías, tras haber sido  desheredado y expulsado de la casa de los suyos. A él se dirigen los ancianos de Galaad para combatir a los ammonitas. El texto señala que “El espíritu del Señor se apodero de Jefté” (11, 29) y los amonitas fueron humillados ante los israelitas (v. 33).

 

La promesa de Jefté de sacrificar una vida humana nos desconcierta, aunque se puede explicar por la contaminación de los usos del tiempo; es algo que contrasta con la prohibición de los sacrificios humanos según la Ley del Señor. Esto nos muestra el largo camino que deberá recorrer el pueblo todavía para liberarse de ciertas influencias paganas del mundo y otras culturas, que no respetan la dignidad humana ni la relación con Dios nacida de la alianza del Sinaí. El verdadero culto que Dios acepta es la obediencia a su Palabra (Ver el Salmo de hoy, 39,  8a y 9a): Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

El drama personal de Jefté, a causa de un voto inaudito contrario a la ley de Dios, agita a nuestro personaje, padre victorioso, y destruye -junto con la felicidad de la única hija- toda esperanza. El relato es un acontecimiento de revelación: muestra a dónde puede llevar el contagio con usos y costumbres que son contrarios a la dignidad de la persona. Por otra parte, conduce a purificar la idea que nos hacemos de Dios, a liberarla de visiones toscas y mortificantes, a sanar la relación con Él: el verdadero sacrificio grato a Dios, que es amor, es la escucha, dejarse educar por él, seguirle, creerle y amar al prójimo.

 

Nuestra fuerza para vencer las tentaciones, problemas y enemigos es la fidelidad de Dios, que cuida de su pueblo, generación tras generación, y nos implica a todos nosotros como colaboradores de su obra de salvación. La persona -sea quien sea- no es nunca un precio que debamos pagar para garantizarnos la consecución de un objetivo, especialmente la bondad de Dios. Hay itinerarios que constituyen un compromiso constante, personal y comunitario, bajo la acción del Espíritu. Sin embargo, hay que pasar siempre por una “puerta estrecha”: perder nuestra propia vida por Cristo y el Evangelio (cf. Lc9, 24), a fin de reencontrarnos a nosotros mismos en la verdad de la “imagen y semejanza” de Dios. El silencio contemplativo y acogedor del misterio de Dios es su espacio y lugar de acción.

 

¿Por qué tiene el hombre miedo de acoger la vida que se nos ofrece en el Hijo, Jesucristo? Es la pregunta que surge a la luz del fragmento evangélico que hemos hoy leído. Precisamente por esto, al ponernos el traje nupcial -el vestido de oro de Cristo resucitado, símbolo de novedad de vida (Metanoia, cambio de mente, corazón y vida)-,  se nos invita a salir a lo largo de los cruceros de los camino, es decir, al encuentro de los demás, a las periferias, a los marginados, a los pobres, a los necesitados; especialmente, a donde se está apagando el hombre en su dignidad y su relación con Dios. El evangelio nos invita a salir a buscar a los demás, a salir al encuentro de los demás para anunciarles el misterio pascual – a saber: al Esposo muerto y resucitado- a todas las generaciones, a fin de celebrar la vida (fiesta) con ellas.

 

María es ejemplo de salir al encuentro de los necesitados (visita a su prima Isabel, intercede en las bodas de Caná) y ella nos lleva al Esposo, JESUS, para que llene nuestra vida del mejor vino, por ello hoy la Iglesia le rinde homenaje como Reina. Desde que celebramos su asunción al cielo hace una semana, es apropiado que celebremos su reinado hoy. Su prima Isabel llamó a María, “la madre de mi Señor”. (Lucas 1,43) María es la madre de Jesús, quien es el Rey del Universo. Así, María es la Reina Madre del cielo y de la tierra. Desde la cruz, Jesús confió al discípulo amado (Juan) a María;  y a ella al discípulo amado. Juan representó a cada uno de nosotros, por lo que también podemos reclamar a María como nuestra Madre. Su papel es escuchar las peticiones de sus hijos y susurrarlos al oído de su Hijo como lo hacía Betsabé con el Rey Salomón (ver 1 Reyes 2, 16 en adelante).

 

¿Qué has hecho con la invitación que Dios te ha dado de ir al banquete de bodas y ponerte el traje de fiesta?

¿Has tomado una decisión explícita de salir al encuentro de los demás y hablarles de Jesús? ¡No esperes hasta que sea demasiado tarde!

María, reina y madre nuestra, ruega por nosotros.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Memoria de San Pio X, Papa. 21-Agosto-2019

Evangelio según san Mateo 20, 1-16

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

 

===================

PioX Papa-21Agosto

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Hay muchas líneas que conectan el pasaje de hoy con los de los días anteriores. La parábola de los trabajadores de la viña, que concluye con la afirmación: “Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos” (v.16ª), recuerda la frase final del evangelio de ayer: “Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros” (19, 30). Jesús le había señalado al joven rico que “uno sólo es bueno”; ahora, en 20,15, la frase final del dueño ante un obrero de la primera hora suena de este modo: “¿O es que tienes envidia porque yo soy bueno?”.

 

Esta parábola, contada de una manera vivaz, constituye una llamada dirigida no sólo al pueblo de Israel, llamado en primer lugar, para que goce de la liberalidad sorprendente que usa el Señor respecto a los “últimos” -ya sean éstos paganos, publicanos o pecadores-, sino también para cada uno de nosotros (lectores cristianos) para que nos convirtamos a los criterios de Dios, liberándonos de la mezquindad y dureza de mente y de corazón, de las comparaciones y de los fáciles refunfuños, de la cerrazón egoísta. Jesús nos invita a invertir nuestros modos de pensar y de obrar: Dios hace entrar en su Reino al pobre y no al rico, da la precedencia a los últimos y no a los primeros, dispensa gratuitamente sus dones no sobre la base de los méritos precedentemente adquiridos, sino sobre su salvación gratuita y generosa para aquellos que están abiertos en su mente y corazón para recibirlo. Ya en el libro del profeta Isaías dice Dios de manera explícita: “Mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos, oráculo del Señor. Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los vuestros, mis planes de vuestros planes” (Is 55, 8-9).

 

Si al joven rico que ha observado desde siempre la Ley le pide Jesús que dé un salto cualitativo, aquí pide a todos que se despojen de sus propias justicias basadas en cálculos exactos, para gozar de la inmensa bondad de Dios y de su gracia sobreabundante. Dios dialoga, en efecto, con el hombre en los dilatados espacios del amor, no en los estrechos límites del derecho o de la contabilidad. ¡Tú no le puedes ganar en generosidad a Dios!

 

El amor no contradice la justicia, sino que extiende sus límites: “Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en virtud de la fuerza con que actúa en nosotros, es capaz de hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos” (Ef 3,20). Nuestro Dios es un Dios de corazón grande y debe ser acogido con un corazón grande. No le pongas límites a Dios en tu vida porque si lo haces recibirás menos de lo que Dios tiene para ti; mejor abre tu mente, corazón y vida para que recibas en abundancia.

 

Hoy la iglesia celebrará la fiesta de San Pío X, un Papa recordado por sus muestras de humildad y caridad con los más necesitados, su firme deseo por mantener la sana doctrina de la Iglesia ante el error del modernismo y por aplicar importantes reformas. San Pío X escribió en su encíclica Notre Charge Apostolique:

 

“La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las convicciones erróneas por sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica para el error o el vicio en el que vemos sumidos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral, no menos que en el celo por su bienestar material. Ocho datos importantes sobre nuestro santo de hoy:

 

  1. Creó una “red espía interna” para combatir al modernismo (“síntesis de todas las herejías”), condenó 65 proposiciones que, según él, socavaban el dogma tradicional del cristianismo. “San Pío X…intervino con decisión, condenando el ‘modernismo’, para defender a los fieles de concepciones erróneas y promover una profundización científica de la Revelación en consonancia con la tradición de la Iglesia”, dijo al respecto el Papa Benedicto XVI en la Audiencia General del 18 de agosto de 2010.

 

  1. Algunos milagros ocurrieron por su intercesión durante su vida. En una audiencia, el Papa Pío X sostuvo a un muchacho paralizado. El joven se soltó de los brazos del Pontífice y comenzó a correr alegre por la habitación por haber sido sanado. En otra ocasión había una pareja que conoció cuando era obispo y que le escribió una carta pidiendo su ayuda para sanar a su hijo con meningitis. El Pontífice les escribió diciéndoles que esperaran, ayunaran y oraran. Dos días después el niño estaba curado. También, una religiosa que sufría de tuberculosis muy avanzada le pidió por su salud. La única respuesta del Papa fue “sí” mientras colocaba sus manos sobre la cabeza de la religiosa. Esa misma tarde el médico determinó que la religiosa estaba completamente curada.

 

  1. Es conocido como el “Papa de la Eucaristía”. Recomendó acercarse a menudo a los sacramentos, favoreciendo la recepción diaria de la sagrada comunión, estar bien preparados, y anticipando oportunamente la primera comunión de los niños hacia los 7 años de edad, ‘cuando el niño comienza a tener uso de razón’. En aquel tiempo los fieles comulgaban  muy rara vez. La comunión diaria o muy frecuente se consideraba como algo extraordinario y aún indebido.

 

  1. Por primera vez abrió el comedor papal a las visitas. En el siglo XIX fue todo un escándalo que el Papa Pío X decidiera dejar de cenar solo e invitara a otros a comer con él. Si bien hoy en día vemos esas actitudes en el Papa Francisco, fue Pío X quien rompió la tradición de que los Pontífices comieran solos. Muchos años antes, cuando era patriarca de Venecia, prescindió de una gran parte de la servidumbre y no toleró que nadie, fuera de sus hermanas, le preparase la comida.

 

  1. Redactó un catecismo para Italia. Se preocupó por la formación doctrinal del pueblo de Dios. Ya en sus años de párroco él mismo (Pío X) había redactado un catecismo y durante el episcopado en Mantua había trabajado a fin de que se llegara a un catecismo único, si no universal, por lo menos italiano. Fue para muchos una guía segura a la hora de aprender las verdades de la fe, por su lenguaje sencillo, claro y preciso, y por la eficacia expositiva.

 

  1. Inició la redacción del Código de Derecho Canónico. Hasta el año 1917, la Iglesia solo contaba con un conjunto disperso y sin codificar de normas jurídicas, inclusive, las compilaciones realizadas por Pío IX y León XIII eran insuficientes. Sin embargo, desde el inicio de su pontificado, Pío X se dedicó a la reorganización de la curia romana, y después, puso en marcha los trabajos de redacción del Código de Derecho Canónico, promulgado por su sucesor Benedicto XV.

 

  1. Era italiano pero sus padres eran polacos. El Papa Pío X nació el 2 de junio de 1835 en Roma (Italia), de padres que emigraron a Italia después de la ocupación de Prusia, donde se les concedió asilo político. Su padre, originario de Wielkopolska (Polonia), se llamaba Jan Krawiec, un sastre que tuvo que cambiar su nombre por el de Giovanni Battista Sarto. El apellido Sarto significa sastre en Italia, así que Giuseppe eligió el nombre porque representaba su oficio. Años más tarde, su esposa y él dieron a luz a Giuseppe Melchiorre Sarto, que ahora conocemos como Papa San Pío X.

 

  1. Abrió el Vaticano a los refugiados y sin hogar. Al igual que el Papa Francisco en el siglo XXI, el Papa San Pío X también creó un espacio para que personas necesitadas se refugiaran en el Vaticano. Tal acción ocurrió luego del terremoto ocurrido el 28 de diciembre de 1908 que afectó la ciudad de Messina, lugar donde el Papa permitió que se abriera el hospicio de Santa Marta (junto a la Basílica de San Pedro) para los refugiados y personas sin hogar.

 

 

Papa San Pío X, ruega por nosotros.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Memoria de San Bernardo, Abad y Doctor de la Iglesia. 20-Agosto-2019

Mt 19, 23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos”.

Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: “Entonces ¿quién podrá salvarse?” Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: “Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros”.

 

=========

 

ojo de ahuja-camello

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

 

Jesús, nuestro gran maestro, quiere enseñarnos y librarnos de la esclavitud por las riquezas. La cura para no llegar a tan lamentable estado es lo que Jesús propone en las bienaventuranzas (ver Mateo capítulo 5,1 ss), cuyo lenguaje es tan extraño como hermoso y sabio: los “pobres”, los que “lloran”, los “perseguidos” son en realidad los bendecidos y bienaventurados porque están infinitamente cerca de percibir la verdad de la majestad de Dios, único Creador y Salvador, dueño de todo.

 

La parte que personalmente más disfruto del santo Evangelio del día de hoy es aquello del asombro de los discípulos ante el provocador comentario de Cristo, “difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos”, y ellos exclaman impresionados: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”. Creo que es bien interesante lo que queda implícito en esa pregunta de estos hombres, que ciertamente no eran ningunos ricos.

 

Pienso que a partir de esta lectura y de la concepción judía de las riquezas debemos entender que los discípulos sentían que los ricos estaban más cerca de la salvación, porque todos los bienes que poseían eran una bendición de Dios. El comentario que Cristo hizo al respecto vino ante todo a sacarlos de esa idea, que los ricos estaban más cerca de la salvación. Ellos hablan con este razonamiento de base: “se supone que los ricos están próximos a salvarse; pero si ahora resulta que ellos difícilmente entran en el Reino, ¿qué habrá que decir de todos nosotros, los demás, los pobres?”.

 

Es claro que Jesús no tiene nada contra los ricos por ser ricos, sino por tener su corazón endurecido y apegado a sus riquezas. Cristo no dice: “No se preocupen; los ricos se van a condenar, pero los pobres se van a salvar”. Esto es lo que dice: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible”. Esto debería darnos una gran esperanza porque Cristo sobre todo quiere anunciar la gratuidad de la salvación; lo cual, ciertamente implica que, en la medida en que alguien se considere salvado, por sus riquezas, por ejemplo, más difícil hace su propia entrada en la lógica de la gracia. Todos somos pecadores y no podemos ganar la salvación por nuestra cuenta. A través del arrepentimiento, la fe y el bautismo, podemos acceder a la gracia salvadora que Jesús ganó para nosotros en la cruz. El arrepentimiento nos lleva a estar dispuestos a alejarnos de cualquier cosa que no sea de Dios. Los sacramentos, especialmente el bautismo nos  renuevan y nos da la gracia de tener fe y vivir nuestra fe.

  

Algunos acusan a la Iglesia Católica de enseñar que obtienes la salvación a través de tus buenas obras. En realidad esto no es del todo cierto, porque Jesús nos ganó la salvación en la cruz a través de su pasión, muerte, resurrección y envío de su Santo Espíritu para que tengamos vida en abundancia, además de ser alimentados por su Cuerpo y su Sangre para tener vida eterna y  las buenas obras son una respuesta al don de la gracia de Dios y mostramos nuestro amor y adhesión a su voluntad obedeciendo sus mandamientos (véase 1 Corintios 3, 13-15) y nos promete recompensarnos con la vida eterna si obedecemos  (ver Mateo 25, 34-40, Romanos 2, 6-7).  Sin embargo, siempre enseñamos la primacía de la gracia, porque no podemos obedecer ni hacer ninguna buena obra sin la gracia de Dios.


Esta idea de salvación de Jesús era tan nueva para sus seguidores. Pedro quería aclarar las enseñanzas de Jesús en relación con los apóstoles: “Señor, hemos abandonado todo. ¿Qué habrá para nosotros?” El día antes de que fuera ordenado sacerdote, dije palabras similares al Señor. Todo lo que le escuché decir en mi corazón fue “Confía en mí y nada te faltará”. He confiado en el Señor y Él nunca me ha faltado nada. Siento que Él me ha dado todo y lo mejor, es que Él ha estado conmigo siempre.
Jesús le aseguró a Pedro que cualquiera que haya dejado casa, familia u otras cosas por el bien del Reino, será recompensado cien veces y obtendrá la vida eterna. ¡Éstas son las buenas noticias!

 

A lo largo de toda mi vida he experimentado estas bendiciones. A los ojos del mundo, he renunciado a mucho: esposa, hijos, dinero, poder, honor  y  fama. Sin embargo, el Señor me ha bendecido más de lo que puedo imaginar y esto lo puedo ver cada día de mi vida. Cuanto más le doy al Señor y a su pueblo, más me da para seguir dándoselo y compartiendo con los demás. Esta es la economía de Dios. Entre más reparto más me da, entre más trato de retener conmigo menos disfruto y me amargo más.

 

San Bernardo de Claraval le entregó todo al Señor con gran entusiasmo y a la edad de 20 entró al monasterio cisterciense. Tenía muchos carismas especiales y mucha gente quería seguirlo. Cerca de treinta hombres jóvenes, incluyendo cinco de sus hermanos, dos tíos y unos 30 amigos jóvenes se unieron al monasterio junto con él. Rápidamente una comunidad que estaba muriéndose se revitalizó al punto que tuvieron que abrir nuevos monasterios. San Bernardo fue nombrado Abad del monasterio de Claraval. Poco después de que  entró en el monasterio, San Bernardo fue nombrado Abad del Monasterio de Claraval alrededor del año 1115 d. C. porque vieron rápidamente sus dones. La Iglesia trató de hacer de él un obispo varias veces, pero él optó por humildemente negarse y servir a su comunidad en las cosas pequeñas para el mundo pero grandes para Dios, así busco la santidad, haciendo todo por amor.

 

La clave para hacer todo con amor fue su profunda oración, disciplina y una fuerte devoción a la Santísima Madre. Él fue llamado para mediar disputas para el Papa y su predicación fue ampliamente reconocida. A menudo quería retirarse a la tranquilidad del monasterio, pero el Señor siguió llamándolo al mundo para compartir el Evangelio a través de sus dones especiales.

 

¿Tengo miedo de ofrecerle a Dios lo que ya me ha dado?

¿Confío en que el Señor multiplicará mi ofrenda a Él?

¿Tengo disciplina en mi vida espiritual como San Bernardo?

¿Busco glorificar a Dios o a mí mismo?

 

Señor, ayúdame a ser consciente de todos los dones que me has dado y cada una de las bendiciones que envías a lo largo de mi vida. Ayúdame a reconocer que todo lo bueno que tengo proviene de ti y por ello debo de compartirlo con los demás. Dame la fuerza para ofrecerte todo lo que me has dado con amor. Quiero confiar más en ti y hacer todo por amor. Aumenta mi fe, Señor y multiplica mis obras de amor por ti y mis hermanos. Dame la paz en mi corazón y que nada ni nadie me la quiten porque sé que estás conmigo.

 

San Bernardo, ruega por nosotros.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde