Martes V de Pascua (21 de mayo de 2019)

Evangelio según san Juan 14, 27-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado”.

 

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¡Desarrolla tu talento y ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en la vida de otros!

 

Vemos en la primera lectura (Hch 14, 29-28) que unos judíos junto con la multitud apedrearon a Pablo, lo dieron por muerto y lo arrastraron fuera de la ciudad. Sus hermanos discípulos se reunieron alrededor de él y se regresó a difundir la Buena Nueva.  Quisiera ser como san Pablo después de haber sufrido todo eso por Cristo,  no desistir, al contrario, seguir haciéndolo con valentía. Pero aquí noto un punto muy importante: “Cuando lo rodearon los discípulos”, esto significa que la comunidad le dio apoyo, fortaleza, oró por él, al mismo tiempo se sentía confortado y fortalecido para poder proclamar la Buena Nueva.  Ojala y que todos experimentáramos ese tipo de amor en nuestras comunidades parroquiales para poder ser como Pablo, valientes ante las dificultades, predicar el Evangelio, hacer muchos discípulos, animarlos, exhortarlos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios no sólo con las palabras sino con el ejemplo.

 

Gracias a todos los hermanos y hermanas que oran por mí, que con sus palabras, sacrificios y apoyo me han sostenido en mi ministerio sacerdotal. Quiero agradecer a todos mis amigos y lectores, aquellas personas que me han hecho el bien y aquellos que a veces me hacen pasar por momentos difíciles, por los que me apedrean y aquellos que me rodean para confortarme porque eso me a hecho crecer más en mi amor a Dios, ser humilde y agradecido con Él y con todos. Gracias a mi familia, superiores, amigos y cada persona que Dios ha puesto y seguirá poniendo en mi camino para ser fiel al Evangelio y para llevarlos al cielo.

 

¿Por qué Pablo era tan persistente? Porque pablo sólo buscaba agradar al Señor y a nadie más como los primeros discípulos y mártires. ¡Estos hombres estaban dispuestos a dar sus vidas por Cristo! Hoy demos nuestras vidas a Cristo amando y sirviendo a su Iglesia, apoyando a nuestros líderes-pastores, confortando a los demás.

 

¿Cuáles son los miedos para compartir mi fe valientemente?

 

Nos unimos al salmista y proclamamos “Bendigamos al Señor eternamente. Aleluya.”  (Sal 144, 10ss) Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas. Que mis labios alaben al Señor, que todos los seres lo bendigan
ahora y para siempre.

 

Los discípulos tenían razones más que suficientes para preocuparse. Jesús les estaba diciendo que estaba a punto de irse y que el “príncipe de este mundo” estaba en camino. Pero mientras los discípulos estaban preocupados, Jesús estaba feliz y les estaba anunciado lo que iba a suceder. Sabía que su partida les traería paz. Con Jesús a la derecha del Padre, Él podría derramar en plenitud su Espíritu en sus corazones, y el Espíritu les revelaría el amor de Dios en formas nuevas y más profundas. Por lo tanto, sus ansiosos corazones serían puestos a descansar y no preocuparse nunca más porque estará a su lado.

 

¿Cómo podemos llegar a conocer el amor de Dios de la misma manera que lo hicieron los discípulos?

¿Cómo podemos experimentar la paz que Jesús les prometió?

 

La clave está en la fe que va unida a la oración. El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC)  nos dice que la oración debe involucrar “pensamiento, imaginación, emoción y deseo” (2708). Movilizar nuestras facultades dadas por Dios de esta manera puede dar vida a las verdades de nuestra fe y ayudarnos a sentir la presencia de Dios de nuevas maneras. La oración funciona mejor cuando le pedimos al Espíritu Santo que tome nuestra imaginación y la llene de la presencia de Dios a través de la fe. El gran Místico espiritual, San Ignacio de Loyola a menudo confiaba en su imaginación cuando rezaba e invocaba la presencia de Dios para degustar los deleites de su presencia. Con una Biblia delante de él, imaginaba el escenario y el tiempo de cualquier historia que estaba leyendo, y luego se imaginaba a sí mismo en la escena. Prestaba mucha atención a los detalles de la escena y se imaginaba a sí mismo haciendo preguntas a Jesús sobre lo que estaba sucediendo. Le gustaba especialmente imaginarse a sí mismo en la Última Cena, en el Sermón de la Montaña o en el Calvario mientras Jesús moría en la cruz.

 

Inténtalo tú mismo. Imagínate en una de tus escenas favoritas de la Biblia. ¿Qué está diciendo y haciendo Jesús? ¿Cuál es la expresión en su rostro? ¿Cómo suena su voz? Ahora, imagina a Jesús hablando directamente contigo mientras se desarrolla la escena. ¿Qué mensaje crees que tiene para ti? Y más importante aún, ¿cómo sientes su paz ahora en ti? ¿Qué piensa de ti?  Y piensa cuánto te ama que hasta murió en la cruz por ti.

 

¡Ven Espíritu Santo! Enciende en nosotros el fuego de tu amor. Quita nuestros miedos e inseguridades para que podamos llevar a cabo la misión que tienes para nosotros en este mundo. Ayúdanos a conocer y tener una relación más profunda con Jesús para dar testimonio de Él sin miedo. Alivia nuestras ansiedades y heridas. Ayúdanos con nuestro trabajo a transformar el mundo y confortar con amor a los hermanos heridos en nuestra familia y comunidad. ¡Espíritu Santo transforma nuestra vida!

 

¡Qué tengan un día lleno de bendiciones de colores!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

 

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Lunes V semana de pascua (20 de Mayo, 2019).

Evangelio según san Juan 14, 21-26.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): “Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?” Le respondió Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho”.

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Hoy en la primera lectura del libro de Hechos de los Apóstoles (Hch 14, 5-18) vemos que Pablo y Bernabé proclamaron la Buena Nueva de Jesucristo sin miedo en toda la región. El anuncio del Evangelio provocó en judíos como en gentiles de la ciudad de Iconio el deseo de apedrearlos, tanto que ellos huyeron. Es claro que el nombre de Jesús puede causar diferentes reacciones en los demás,  positivas y negativas, esto depende de como le abramos nuestro corazón a Dios. Pero aprendemos de Pablo y Bernabé que aunque sus vidas estaban en peligro no dudaron en continuar predicando el Evangelio y actuando en nombre de Jesús. Vemos como Pablo sanó a un paralítico, cojo de nacimiento. Pablo vio la fe del hombre y le dijo, “Levántate y ponte derecho sobre tus pies.” El Espíritu Santo actúa a través de Pablo, pero la gente que no conocía a Dios pensaba que Pablo y Bernabé eran dioses que habían venido en forma de ellos, y querían ofrecerles sacrificios de animales en su honor. A veces asi  nos pasa ponemos a otras personas o cosas en lugar de Dios cuando no lo conocemos.

¿Tu fe esta puesta en Dios o en las personas?

Pablo y Bernabé  les dijeron “¿por qué hacen semejante cosa? Nosotros somos hombres mortales, lo mismo que ustedes. Les predicamos el Evangelio que los hará dejar los falsos dioses y convertirse al Dios vivo.” Nosotros también a menudo tenemos la tentación de poner nuestra fe en las personas y no en Jesús. Algunas personas ponen su fe en los lectores de la mano, psíquicos y horóscopos. Algunos idolatran a estrellas de cine, atletas y estrellas de rock. Algunos le dan el crédito a la buena suerte por las bendiciones en sus vidas. Otros en alguna persona o en ciertos ritos. Pero se les olvida que todo lo bueno viene de Jesús y que en Él debemos poner nuestra mirada para no hundirnos en el mundo.

¿Ponemos nuestra fe última en las personas y las cosas y no en Dios?

El centro de interés del fragmento es la auto-revelación de Jesús, solicitada por una pregunta anterior del apóstol Judas de Santiago. El Maestro había anunciado anteriormente a los discípulos que ya se había manifestado a ellos, aunque de un modo espiritual. Sin embargo, esas palabras no habían sido comprendidas por los suyos, que pensaban en una manifestación gloriosa y mesiánica delante de todos. Jesús se sirve de la pregunta del apóstol (v. 22) “”Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?” para plantear de nuevo el tema de la presencia de Dios en la vida del creyente (v. 23) “Le respondió Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada.” Sólo quien ama está en condiciones de observar la Palabra de Jesús y de acoger su manifestación espiritual e interior. Quien observa la Palabra (los mandamientos) y los pone en práctica será amado por Él  y por el Padre.

Jesús promete enviar al Espíritu Santo para inspirar, fortalecer y defender a sus seguidores. Hablando a sus discípulos la noche antes de morir, Jesús les dice que Él y su Padre enviarán otro defensor (Parakletos). La palabra paráclito viene de kaleo(llamar) y para (para, o en nombre de) designa algo así como un defensor o un abogado, alguien que abogará en nombre de otro, ofreciendo apoyo y aliento. Esto me recuerda cuando era niño y alguien me pegaba o me quitaba mis cosas, a veces era uno o varios. Pero como yo no podía ganarles a ellos, buscaba un amigo más fuerte que me ayudará para vencer a mis enemigos. ¡Y siempre ganábamos! Lo mismo quiere hacer Jesús, enviarnos a alguien que nos “haga los paros” o nos ayude contra las tentaciones, los enemigos (mundo, demonio, carne, pecado) y que siempre ganemos.

Jesús partirá físicamente de este mundo, pero Él y su Padre enviarán al Espíritu como amigo, defensor que nos ayude a vencer a nuestro enemigo. Alguien que nos apoyará, un Defensor que nos inspirará a lo largo de los siglos. Cuando la Virgen María concibió al Mesías, fue por obra del Espíritu Santo, cuando  los mártires iban a la muerte, fueron ayudados por el Espíritu Santo; cuando los misioneros fueron a proclamar la fe a tierras hostiles, fue el Espíritu Santo quien abogó por ellos; cuando Miguel Ángel pintó el techo de la Capilla Sixtina, fue el Espíritu Santo quien lo inspiró y ayudó; cuando Santo Tomás de Aquino escribió sus obras maestras teológicas, fue a instancias del Espíritu Santo; y cuando se reunieron los obispos y el papa en el Concilio Vaticano II, fue por obra del Espíritu Santo. Recuérdalo nuestra vida puede cambiar por la ayuda del Espíritu Santo.

¿Qué es lo que el Espíritu Santo nos pide que hagamos hoy para cambiar nuestra vida?

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

Sábado IV de Pascua (18 de mayo de 2019)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 7-14

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

 

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.

 

Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre”.

 

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!

 

En la primera lectura (Hch 13, 44-52) se presenta una problemática muy sentida por la comunidad cristiana primitiva: el rechazo del Evangelio por parte de los judíos y la consiguiente predicación a los paganos, donde se cierra una puerta se abre una ventana, recuerda que para Dios donde se te cierra una oportunidad Él abre otras más grandes. En nuestros días estamos menos interesados en ese tipo de problemas relacionados con el derecho de precedencia de Israel a la salvación. Sin embargo, en aquella época estos problemas se consideraban con una gran seriedad y están presentados con una gran frecuencia en los Hechos de los Apóstoles (13,46s; 18,6; 28,28) y en tres capítulos (9-11) de la Carta a los Romanos. Eran problemas que planteaban interrogantes y producían angustia en la conciencia de los discípulos: ¿Cómo es posible que el pueblo de las promesas no las haya reconocido una vez cumplidas? ¿No nos estará pasando lo mismo al no reconocer a Jesús como nuestro Salvador? ¿Cuántas veces hemos desaprovechado las oportunidades que Dios no da para crecer, para ser mejores, para cambiar de vida o para dar lo mejor de nosotros?

 

“El sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de Dios… los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos.”
Aquí se subraya la alegría de los nuevos destinatarios, los efectos positivos de la persecución, el clima de optimismo que invadía a los discípulos  -“estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo”- en medio de unos acontecimientos que no se presentaban ciertamente demasiado tranquilos. Ante los problemas y persecuciones por seguir a Jesús, ¿Tú permaneces tranquilo? ¿Estás lleno del Espíritu Santo aun cuando tienes problemas? ¿Aprovechas las oportunidades que Dios te da o te aferras a tus problemas?

 

La Palabra, rechazada por los judíos, es acogida con entusiasmo por los paganos. Los apóstoles, rechazados en lugar de enojarse o desearles el mal a los judíos, se sacuden el polvo de los pies y difunden la Palabra en otros lugares. La persecución les llena de la alegría que viene del Espíritu y da la seguridad de seguir los pasos de Cristo, el justo rechazado por los hombres y exaltado por Dios. El libro de los Hechos de los Apóstoles rebosa de optimismo, de ese optimismo que no procede de la carne o de este mundo, sino del Espíritu, de la alegría de seguir a Jesús, el gozo de proclamar y vivir la Buena Nueva. Hoy en lo personal a mí me impacta que “La alegría no brota de los éxitos de este mundo, sino de las tribulaciones por Cristo; no procede de las realizaciones humanas, sino de sentirse configurados con Cristo, de sentirse encauzados por el camino hacia Dios.” Busquemos y pidámosle a Dios que nos ayude a mantenernos fieles en las tribulaciones. Lleva en tu corazón y vive las palabras de Pablo y Bernabé: “Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra”.
Hoy “Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.” (Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4) Meditemos este salmo, llenémonos de su gran riqueza y pidámosle al Señor que seamos fieles a su Palabra para ser verdaderamente discípulos de Jesús y conozcamos la verdad, que es Él (Jn 8, 31. 32). Porque Él ha hecho maravillas y su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. El Señor nos ha dado a conocer su victoria y nos ha revelado su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia nosotros sus hijos predilectos (Israel). La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.

 

En el Evangelio de hoy, el tema fundamental del pasaje es la relación entre Jesús y el Padre. El evangelista, a la  pregunta de por qué Jesús es el único mediador para llegar al Padre, responde que sólo Cristo puede conducir a los hombres a la comunión con Dios. Jesús es el camino al Padre porque conduce a Él a través de su persona: Él está en el Padre y el Padre en Él. A partir de esta mutua inmanencia entre Jesús y el Padre se hace incomprensible que el conocimiento de Jesús lleve al conocimiento del Padre (v.7).

 

El lenguaje del Maestro resulta oscuro para los discípulos, y, por eso, Felipe pide ver la gloria del Padre. No ha comprendido que se trata de ir al Padre a través   de la persona de Jesús. Los discípulos no han sabido reconocer en la presencia visible de su Maestro las palabras y las obras del Padre (v.9). Para ver al Padre en el Hijo es preciso creer en la unión recíproca entre el Padre y el Hijo. Sólo mediante la fe es posible comprender la co-presencia entre Jesús y el Padre. De ahí que lo único que pueda pedir el hombre sea la fe y esperar con confianza ese don de parte de Dios, alimentarlo con la piedad, el estudio de las verdades divinas pero sobre todo con una relación íntima y profunda con Jesús en la eucaristía y en la reconciliación. El Señor, en su llamada a la fe, fundamenta la verdad de su enseñanza en una doble razón: su autoridad personal, que los discípulos han experimentado en otras ocasiones al vivir con Jesús, y el testimonio de “las obras que hago” (v. 11).

 

La obra que Jesús ha inaugurado con su misión de revelador es sólo un comienzo. Los discípulos proseguirán su misión de salvación. Más aún: harán obras semejantes a las suyas e incluso mayores. Por último, el Maestro se ocupa de animar a los suyos y a todos los que crean en Él a participar en la obra de la evangelización y en su misma misión.

 

Felipe quiere ver al Padre, pero no ha sabido verlo en Jesús. Ha visto con los ojos la realidad externa-mundo, pero no ha visto la realidad escondida con los ojos, mucho más penetrantes, de la fe. El Evangelista Juan usa de una manera típica el verbo ‘ver’ para indicar dos tipos de realidades: la del signo visible y la de la gloria del Verbo o realidad sobrenatural.

 

¿Y tú qué ves cuando contemplas las obras de Dios? ¿Ves sólo la realidad sensible, el signo, o la acción de Dios, la realidad significada? Es Bueno plantearse una pregunta como ésta, porque el secularismo invasor de este mundo no se preocupa más que de la realidad visible, empírica, palpable. Aunque está dispuesto, a continuación, a correr detrás de “doctas fabulas’ de tipo astrológico o mágico o pseudo-religioso. El discípulo de Jesús debe caminar entre el positivismo y la superstición, aceptando lo real de la realidad y agudizando la mirada de la fe, que nos permita ver la acción -o la “gloria”- de Dios en los acontecimientos humanos, a menudo intrincados, siempre misteriosos, nunca absurdos.

 

El Señor ha prometido a su Iglesia la posibilidad de hacer obras incluso mayores que las que Él ha hecho: la grandeza ha de ser medida en el orden de los valores proclamados por Él mismo, esto es, con el signo por excelencia que es la cruz. Se trata del signo del martirio, de la entrega, del amor que se da, de consumir nuestra propia vida por el prójimo: lo que exige ver y apreciar otro orden de valores distintos a los apreciados por el mundo, un orden de valores que, al final, atrae todos a él.

 

¿Qué significa estar lleno de alegría en el Espíritu Santo? Felipe le dijo a Jesús, Maestro muéstranos al Padre y eso será suficiente para nosotros. ¿Qué quiere decir con suficiente? ¿No es suficiente que toda la tierra ha visto el poder salvador de Dios? ¿No es suficiente escuchar y glorificar la palabra de Dios? Si tenemos a Jesús, ¿No es suficiente? Podemos nunca tener suficiente de lo que Jesús nos ofrece, debemos siempre encontrarnos anhelando más y esto incluye crecer en nuestra fe, estudiar y conocer sobre nuestra fe, involucrarnos, ser luz e instrumento de salvación para todo el mundo. Toma cualquier oportunidad que tengas para llenarte de la bondad de Dios, la riqueza de su palabra, el alimento de su cuerpo y sangre. La oportunidad de ser luz para el mundo. Hasta que te encuentres sin descanso para que puedas entonces descansar en Él. De esa manera todo el mundo mirara realmente el poder salvador de Dios. ¡Él ha resucitado!

 

Gracias por su apoyo, amistad y oraciones a cada uno de ustedes asiduos lectores, amigos y hermanos en Cristo. Pido sus oraciones por su servidor para que cada día predique con humildad, alegría y santidad la Palabra de Dios. Ser sacerdote no es fácil, como ser cristiano no es fácil, pero sería más difícil sin la gracia de Dios, por eso debemos mantenernos firmes en la oración, en la lectura y meditación asidua de la Palabra de Dios y en recibir frecuentemente los sacramentos (Eucaristía y confesión). Cuando una puerta se cierra, recuérdalo que se abren más oportunidades para crecer.

 

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Viernes IV de Pascua (17 de mayo de 2019)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

 

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

 

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¡Ora más leyendo la Palabra de Dios y verás lo que sucede en este año en tu vida!

 

En la primera lectura (Hch 13, 26-33) en este discurso en la sinagoga de Antioquía de Pisidia -su primer discurso programático-, Pablo desarrolla los mismos argumentos de fondo del primer discurso de Pedro en Pentecostés. Debía ser un esquema habitual en los que anunciaban la Buena Noticia en los ambientes judíos: las antiguas promesas se han cumplido ahora, a pesar del rechazo por parte de los habitantes de Jerusalén, que entregaron a Pilato a un inocente, al que Dios resucitó de los  muertos. Los matices del discurso son distintos, pero la sustancia es la misma: Jesús injustamente condenado, ha sido reconocido justo por Dios mediante el acto más excelso y jamás antes visto,  la resurrección. Y está es “la palabra de salvación”: ésta es la realización de “la promesa hecha a nuestros antepasados”: Dios es lo suficientemente fuerte para vencer el mal, incluso el más horrible. Dios dará la salvación a los que crean en su poder, el mismo poder que se manifestó en el acontecimiento pascual de Jesús.

 

Hemos de señalar que Pablo fundamenta el anuncio de la resurrección en declaraciones de “testigos”. Pablo tiene mucho cuidado en no introducirse en el número de estos, con el que reconoce su papel insustituible. Él es sólo un portavoz de ‘lo que ha recibido’. Con todo, se apresura a añadir: ‘Y nosotros os anunciamos la Buena Noticia’, introduciéndose en el grupo de los evangelizadores. Nos anuncia la Palabra de la salvación a nosotros, que somos los verdaderos hijos de Abrahán (Mt 3,9), los herederos de las promesas (Gal 3, 16-29), el verdadero Israel de Dios (Gal 6,16), hoy, en este contexto concreto que es el nuestro.

 

San Pablo cita al salmo 2 afirmando que la promesa hecha a nuestros padres Dios nos la ha cumplido resucitando a Jesús: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” y por eso no unimos al salmo exclamando: “Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya.” Continua diciendo, “Hijo mío eres tú, yo te engendrado hoy.  Te daré en herencia las naciones, y como propiedad, toda la tierra. Adoren al Señor con reverencia, sírvanlo con temor.”

 

Los apóstoles, reunidos en torno a Jesús en el cenáculo, después del anuncio de la traición de Judas, de las negaciones de Pedro y de la inminente partida del Maestro, han quedado profundamente afectados. El desconcierto y el miedo han inundado la comunidad. Jesús lee el rostro de sus discípulos una fuerte turbación, un peligro para la fe, y por eso les anima a que tengan fe en el Padre y en Él (v.1).

 

Si el Maestro exhorta a sus discípulos a la confianza es porque Él está a punto de irse a la casa del Padre a prepararles un lugar. No deben entristecerse por su partida, porque no los abandona; más aún, volverá para llevarlos con Él (vv. 3s).

 

Los apóstoles no comprenden las palabras de Jesús. Tomás manifiesta su absoluta incomprensión: no sabe la meta hacia la que se dirige Jesús ni el camino para allegar a ella; y es que entiende las cosas en un sentido material. Jesús en cambio, va al Padre y precisa el medio para entrar en contacto personal con Dios: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (v.6).

 

Esta fórmula de revelación es una de las cumbres más elevadas del misterio de Cristo y de la vida trinitaria: el hombre-Jesús es el camino porque es la verdad y la vida. En consecuencia, la meta no es Jesús-verdad, sino el Padre, y Jesús es el mediador  hacia el Padre. La función mediadora del hombre-Jesús hacia el Padre está explicitada por la verdad y por la vida. El Señor se vuelve así, para todos los discípulos, el camino al Padre, por ser la verdad y la vida. Él es el revelador del Padre y conduce a Dios, porque el Padre está presente en Él y habla en verdad. Él es el “lugar” donde se vuelve disponible la salvación para los hombres y éstos entran en comunión con Dios.

 

También hoy Jesús nos dice: “no te inquietes”. Tú sabías, Señor, que también había de llegar para mí el momento de la inquietud y la turbación. Para mí y para tantos otros como yo. ¿Cómo es posible que haya tantos odios y venganzas? ¿Tanta corrupción e indiferencia? ¿Tanta hambre de dinero y de poder? ¿Tanta violencia y tanta prepotencia? Fíjate cómo nuestras ciudades se han vuelto semejantes a Sodoma y Gomorra: ¿cómo es posible no sentirse inquieto?

 

Jesús responde a mi inquietud asegurándome que ‘también hay un lugar para mí’ allí donde esta él un lugar preparado para quien, a pesar de la inquietud, persevera con Él en las pruebas y en la tormenta.

 

“No dejen que sus corazones se turben” (Juan 14,1). Cuando Jesús dijo estas palabras, probablemente su propia mente se consumió con problemas. Sabía que en las próximas 24 horas, iba a enfrentar la humillación, el dolor y la muerte en una cruz. Debe haber sido un momento horrible para Jesús. ¿No es sorprendente, entonces, que Jesús pudiera pensar en decirle a sus apóstoles: “No dejen que sus corazones se turben” (Juan 14,1)? Entonces, ¿qué podemos concluir?

 

Primero, todos enfrentamos algún tipo de problema en nuestras vidas. Las cosas no siempre irán bien, y sentiremos tristeza y dolor. En resumen, nuestros corazones estarán preocupados. Pero hay buenas noticias. Jesús conoce nuestros problemas porque se enfrentó a tentaciones y problemas similares en su propia vida. Es por eso que él puede simpatizar con nosotros. Es por eso que él puede ayudarnos (Hebreos 4,15).

 

Segundo, en medio de nuestros problemas, Jesús quiere decirnos que él siempre está con nosotros. El salmista nos dice que habrá momentos en los que tengamos que caminar por valles oscuros, pero que cada vez que lo hagamos, Dios estará con nosotros, consolándonos y dándonos el coraje para superarlo.

 

El Evangelio de hoy es quizás la palabra más reconfortante en todas las Escrituras. Puede convertirse en un baluarte de seguridad para cada uno de nosotros. Así que sigue repitiendo las palabras de Jesús: ” No dejen que sus corazones se turben. Tienes fe en Dios; ten fe también en mí “(Juan 14, 1-2). Deja que estas palabras te convenzan de lo que eres y de lo que crees. Deja que te llenen de la paz de Dios. ¡Nunca tienes que enfrentar nada solo!

 

“Señor, ayúdame a estar cerca de ti cuando enfrente pruebas y dificultades. Dame la gracia de caminar por cada oscuro valle lleno de fe y confianza en ti”.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Jueves IV de Pascua (16 de mayo de 2019)

Evangelio según San Juan 13, 16-20

En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:
“Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.

Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.

 

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En la primera lectura de hoy (Hch 13, 13-25) vemos a Pablo y a sus compañeros que hacen un viaje y llegaron a Perge, donde Juan Marcos los abandona (la tradición lo identifica con el Evangelista San Marcos). Fue en Chipre donde tuvo lugar la conversión del procónsul romano Sergio Paulo. A partir de ese momento se llama a Saulo con el nombre romano de Pablo, que significa un cambio de vida y una misión diferente. Por otra parte, Pablo pasa, de colaborador de Bernabé, a ser el encargado de la misión, convirtiéndose en el verdadero jefe de la expedición. A partir de ahora habla el escritor y evangelista Lucas de “Pablo y Bernabé”. Con este episodio, puede decirse que comienzan los “Hechos de Pablo”. De Perge a Antioquía de Pisidia, situada en el corazón de Turquía, hay unos quinientos kilómetros. Pablo era impetuoso, valiente, decidido, temperamental y todas estas características lo llevan a recorrer a pie, atravesando los montes del Tauro, expuesto a variaciones térmicas y los peligros de salteadores. Quizás se debiera a esto la vuelta a Jerusalén de Juan-Marcos, un joven quien todavía no tiene la experiencia y fortaleza de Pablo en el camino del Señor. Dios nos necesita a cada uno de nosotros no importa que seamos impetuosos como Pablo o débiles y sin experiencia como Marcos, Dios quiere que le sirvamos y le entreguemos nuestra vida para que Él la cambie, la transforme y a través de nuestras fallas y virtudes construyamos su reino, Pablo escribiendo las cartas y Marcos el Evangelio, pero ambos predicando la Palabra de Dios.

 

¿Qué te impide entregarle tu vida a Dios para que la cambie, la transforme y construyas su reino?

 

Pero el interés de Lucas está totalmente concentrado en la Palabra de Dios. Ésta es anunciada en la sinagoga de la ciudad en el marco de una celebración litúrgica. Existe un paralelismo entre el discurso programático de Jesús (cf. Lc 4, 16-20)  y este discurso, asimismo programático, de Pablo. Este último parte, en su argumentación, de las grandes líneas de la historia bíblica y centra su discurso en el rey David, a quien está ligada la promesa del Salvador.

 

La historia de Israel está presentada a grandes rasgos, porque todo en ella debe conducir a aquel que será el cumplimiento de la promesa, anunciado inmediatamente antes de la predicación de un bautismo de penitencia por parte de Juan. Presenta a Jesús como el mejor fruto de la historia de Israel y como el cumplimiento de sus esperanzas. Debemos señalar que la difusión de las comunidades judías en la diáspora, en las distintas regiones del imperio romano, será un terreno ya preparado para recibir el mensaje de los primeros misioneros cristianos. Tiene en común una historia y una promesa. Y tienen también en común una organización que parte para el anuncio de la Buena Nueva.

 

¿Con tu vida (palabras y obras) anuncias el Evangelio?

¿Jesús es el fruto de tu conversión, es decir, piensas, actúas, amas y te amas, tratas a los demás como Jesús lo haría?

 

En el salmo (88) responsorial de hoy, “Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya, y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: “Mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos.” Recuerda que Dios te ama a ti y a mí con un amor eterno (Jr 31, 3). “He encontrado a David, mi servidor, y con mi aceite santo lo he ungido. Lo sostendrá mi mano y le dará mi brazo fortaleza. Contará con mi amor y mi lealtad. El me podrá decir: Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva'”.  Dios nos ungió desde nuestro bautismo, nos escogió y nos formó desde el vientre materno (Jr 1,5). Pidámosle que su mano nos sostenga en los momentos difíciles de nuestra vida, nos de fortaleza y sabiduría para hacer su voluntad y resolver nuestros problemas. No pidas paciencia porque si no te va a mandar más pruebas para que crezcas en la paciencia, mejor sabiduría y fortaleza. Roguemos para que nos proteja y nos salve de nuestros enemigos.

En el evangelio de hoy es el fragmento conclusivo del lavatorio de los pies y vuelve sobre el tema del amor, que es un hecho humilde de servicio, entrega y generosidad hasta el extremo. Existe un misterio por comprender que va más allá del hecho concreto, y que la comunidad Cristiana debe acoger y revivir: practicar la Palabra de Jesús y vivir la bienaventuranza del servicio hecho amor recíproco, por eso les dice: “Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.”  El Señor subraya, en la intimidad de la última cena, que la vida Cristiana no es sólo comprender, sino también practicar; no sólo conocer, sino hacer siguiendo su ejemplo. Toda la acción Cristiana nace del “hacer” que tiene su razón en la disponibilidad para todos los demás. El amor que salva es aceptar, en la fe, la propia aniquilación de uno mismo (egoísmo) y la práctica  significa (donación-amor-generosidad) su ejemplo como regla de vida. Al arrodillarse ante sus discípulos para lavarles los pies, Jesús se entrega a ellos y realiza el gesto de su muerte en la cruz (donación-amor-generosidad extrema de dar la vida). Al humillarse ante ellos, les invita a entrar en la plenitud de su amor y a entregarse recíprocamente. Hoy Jesús nos llama a un comportamiento humilde, “Les aseguro que…Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”.

Santa Catalina de Siena una vez escuchó al Señor decirle: “Tú eres la que no es, y Yo, el que soy”. Y San Pablo nos ha dicho: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Entonces, ¿de qué te jactas?” Creer en Dios es conocer estas verdades (estudia tu fe). Vivirlas es vivir en humildad (Acción). Tomás de Aquino dijo que la humildad es la verdad. Es estar viviendo la verdad más profunda de las cosas: que Dios es Dios y nosotros no. Eso significa confiar más en Él y no en nosotros, que no se nos suba por un cargo que tenemos o las cosas que tenemos, pues no eres más que el Maestro y nada te vas a llevar al otro mundo, solamente lo que regalaste a los demás.  Todo esto suena muy claro cuando se expresa de esta manera, ¡pero sabemos lo difícil que es vivirlo! En nuestro mundo caído por el pecado, olvidamos tan fácilmente que somos criaturas, que hemos sido hechos de la nada. Entonces nuestros egos comienzan a inflarse: “Yo soy. Yo quiero. Yo espero. Yo exijo. Yo mando. Yo necesito. Porque Yo lo digo, etc…”. El ego (YO) se convierte en algo enorme en nuestras vidas, y tiene que ser alimentado y mimado constantemente y nos lleva al vacío, los celos, la soberbia,  perder la paz y sobre todo a Cristo como el centro de nuestras vidas.

Es por ello que el Evangelio de hoy es tan importante ¡Vivirlo! Solo somos mensajeros, ninguno es más grande que el Maestro. Vive tu vida y sirve a los demás  con humildad para que tus obras griten al mundo tu amor por Cristo.

 

¿Hoy qué acciones realizarás para ser humilde con los demás hoy?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 ¡Qué tengan un día lleno de bendiciones de colores!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

  

Padre Enrique García Elizalde

Miércoles IV de Pascua (15 de mayo de 2019)

Hechos de los Apóstoles 12,24-25.13, 1-5.

 

Mientras tanto, la Palabra de Dios se difundía incesantemente.
Bernabé y Saulo, una vez cumplida su misión, volvieron de Jerusalén a Antioquía, llevando consigo a Juan, llamado Marcos.
En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo.

Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: “Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado”.
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre.
Al llegar a Salamina anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y Juan colaboraba con ellos.

 

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Ayer  participe en la Ultreya de la zona 2, donde participaron doce comunidades y éramos más de 200 personas en la Iglesia Santa Anna. Gracias a los hermanos cursillistas por su amor y testimonio por Cristo y su Iglesia. Los invito a ir a un Cursillo, les aseguro que su vida cambiara como la mía y tendremos una vida de colores, aunque a veces hay colores oscuros siempre Cristo iluminará nuestra vida con su amor.

 

Continuamos con la lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles. Hoy vemos: “mientras la Palabra de Dios se difundía incesantemente”, Bernabé y Saulo después de cumplir su misión, vuelven de Jerusalén (Tierra Santa) a Antioquía (lugar de paganos), llevando consigo a Juan, llamado Marcos, quien la tradición cree que es el Evangelista Marcos. Vemos que la comunidad de Antioquía es una comunidad donde el Espíritu Santo está actuando por ello hay profetas y doctores, celebran el culto (Eucaristía), oran y ayunan, pero sobre todo envían misioneros por obra del Espíritu Santo.

 

Esta lectura me recuerda mis años de filosofía en el seminario de Texcoco, Estado de México, donde nos preguntábamos algunas de las cuestiones fundamentales de la existencia del ser humano, que alguna vez todos debemos preguntarnos: ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy? y ¿Cuál es mi propósito en la vida, es decir para qué fui creado?

 

Mis años en el seminario, los recuerdo como la escuela del amor por la Verdad y mi entrenamiento para servir al Pueblo de Dios. Mis superiores, compañeros y a las personas a quienes servía en mi apostolado  me ayudaron a reflexionar y comencé a darme cuenta de que Dios es la respuesta a todas estas preguntas. Vengo de Dios y voy hacia Dios. Mi propósito en esta vida es ayudar a otros a conocer a Dios para que puedan vivir con Él por toda la eternidad. Descubrí que esta es mi pasión y propósito en la vida, por ello decidí entregar mi vida al Señor y a su Pueblo. Cada mañana cuando me despierto es lo que me motiva, durante el día es lo que me impulsa y mientras duermo es sobre lo que reflexiono. ¿Qué te motiva a levantarte cada día? ¿Qué quieres lograr con tu vida? ¿Qué te impulsa a luchar cada día? ¿Cuáles son tus respuestas a estas preguntas?

 

En la lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles vemos cómo tantas personas encontraron su propósito en la vida cuando se encontraron con el Espíritu Santo a través de los Apóstoles y otros discípulos. La comunidad cristiana estaba orando y ayunando, dos componentes esenciales en el discernimiento y en escuchar la voz del Señor. Luego impusieron las manos sobre Bernabé y Saulo y los enviaron a predicar la Palabra de Dios. Recuerda que Dios nos llama a cada uno de nosotros a ser parte de su misión en el mundo. ¿Cómo sabemos cuándo Dios nos está llamando,  hablando y pidiendo hacer algo?  La voz interior que escuchamos puede ser de Dios, del diablo o solamente de nuestra propia imaginación.  ¿Cómo puedo discernir la voz de Dios?  Aquí presento algunas sugerencias:
1) Oración: Pasa tiempo en silencio para que te lleve a la oración, la oración te tiene que llevar a escuchar la voz de Dios y hacer algo por los demás. La oración lleva a la acción, ora et labora, ora y trabaja.

 

2) Ayuno: Disciplina tu cuerpo con el ayuno. La vida espiritual crece si dominas tus pasiones y tentaciones. Practicar privarnos de algo que nos guste semanalmente, nos abre para escuchar la voz de Dios y responder ofreciéndole  generosamente nuestros sacrificios por amor a Él y a nuestros hermanos.

 

3) Virtud: Dios nunca nos pedirá hacer nada que sea inmoral, que vaya en contra de su Ley, o nos lleve al vicio. Nunca Dios me pedirá robar, asesinar, cometer adulterio, o algún pecado.

 

4) Fidelidad. ¡Sé persistente! Cuando Dios llama, es fiel a su Palabra. Nos corresponde ser fieles a su amor.

 

5) Frutos: siempre que Dios nos llama hay frutos del Espíritu Santo en nuestra vida: fe, paz, alegría, bondad, generosidad, dominio de sí mismo, mansedumbre, pureza, paciencia, templanza, etc. El árbol bueno por sus frutos lo conoceréis. Hacer la voluntad de Dios siempre nos lleva a experimenta paz, alegría y sobre todo santificación de nuestra vida.

 

6) Confirmación – Otras personas pueden confirmar el llamado de Dios. En mi caso personal y como superior del seminario, he descubierto que después de sentirnos llamado al sacerdocio, muchas personas comienzan a decirnos que deberíamos pensar en ser sacerdotes o entrar al seminario. El Señor nos habla a través de otras personas. Presta atención a la voz de Dios a través de su Pueblo y las necesidades de los demás. Dios quiere que seas sus manos para acercar a otros a Él, sus pies para que lleves su palabra, y su corazón para que los ames como Él nos ama.  La misión es grande  pero recuerda que conviene que Él crezca y nosotros disminuyamos (Ver Jn 3, 30), y “ya no soy yo quien vive en mí, sino es Cristo quien vive en mí”. (Ver Gal 2, 20).

 

7) Sentido de tu vida. Dios te ha dado dones y talentos para que tu vida tenga un sentido, para que sea plena y dejes huella en este mundo. No fuimos creados para la mediocridad, sino para tener una vida y vida en abundancia. ¿Cuáles son mis dones y talentos naturales? Dios nos ha dado talentos para compartirlos con el resto del mundo. Pregúntate: “¿Para qué soy  bueno para hacer de forma natural?” Y “¿Qué me gusta hacer?” Estas dos preguntas nos indican los dones naturales que Dios nos ha dado. Estos dones naturales a menudo nos dirigen hacia nuestra vocación en la vida, nos llenan de paz y con ellos llenamos la vida de los demás de alegría y de la presencia de Dios.
Recuérdalo: ¡Todos estamos llamados a amar y servir a Dios con toda nuestra vida!  Para eso fuimos creados. Ahora, debemos responder a la pregunta más importante de nuestra vida: ¿cómo vamos a hacer eso?

Dios nos elige, nos llama, nos envía como a Saulo y a Bernabé para llevar la Buena Nueva con nuestras palabras, obras y actitudes. Eres mensajero de la Buena Nueva y por ti otros pueden conocer a Dios o alejarse de su amor y de su Iglesia. Eso depende di ti y de tu amor a Dios. Haz que tu vida tenga sentido y que el sentido de tu vida sea Dios.

 

¡Qué tengan un día lleno de bendiciones de colores! 

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!                                                                                             

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

  

Padre Enrique García Elizalde

Martes IV de Pascua, (14 de Mayo) Fiesta de San Matías Apóstol

Fiesta de san Matías, Apóstol

Evangelio según San Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.

 

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Hoy 14 de mayo celebramos la fiesta de San Matías, el apóstol que fue quien reemplazó a Judas. En la primera lectura (Hch 1, 15-17. 20-26)  Pedro es quien preside esta reunión donde cerca de 120 personas están presentes y escuchan de parte de Pedro que les anuncia que se tenía que cumplir la Escritura sobre Judas el traidor. Muchas cosas y muchas voluntades intervinieron en el proceso religioso y en el juicio civil contra Jesús. Pedro descubre que todas esas “causas segundas” han ayudado a que se realice el plan de Dios. Pedro es sobre quien Jesús construye Su Iglesia y desde el principio muestra su calidad de líder, él fue el primer Papa (del latín “papá” o “padre”) de la Iglesia y provee para ella lo que le necesita.

El episodio de hoy, en que se trata de buscar quién debía reemplazar a Judas Iscariote en el grupo de los Doce, nos enseña varias cosas sobre cómo obraron los apóstoles buscando primero la voluntad de Dios. Dios es más grande que nuestras traiciones y sabe sacar bienes de los males. Dios escribe derecho en renglones torcidos. ¿Cuáles fueron sus criterios para el reemplazo de Judas?

1) Conservar la intención de Cristo. Pedro conserva el criterio de Jesús, es decir, el respeto por el número de los Doce. Así que, con el fin de mantener el número perfecto de Doce Apóstoles, representando las doce tribus de Israel, discernieron quién reemplazaría a Judas.  Los Doce, ese grupo más cercano al Mesías y testigo de su mensaje. Pedro respeta la decisión y la conserva con la intención de su fundador y con toda su fuerza de significado.

2) Dios es quien elige y los apóstoles no eligen propiamente hablando. El relato es muy preciso: oraron diciendo: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, señala a cuál de estos dos has elegido…”. Así como saben que el pasado está en manos de la sabiduría de Dios que sacará bienes de los males, así están convencidos de que el futuro pertenece a Dios, y por eso no quieren imponer su decisión sino buscar la decisión de Dios.

3) La oración es esencial en esta decisión, “Presentaron a dos: a José, apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías”. ¿Quiénes fueron los que “presentaron” a estos dos “candidatos”? Obviamente, los miembros de la comunidad, es decir, esos cerca de ciento veinte hermanos de que habla el relato al principio. El punto de partida de la oración es lo que nosotros conocemos y lo que a nosotros nos preocupa; pero el desenlace de la oración es lo que no conocemos y sólo Dios conoce; lo que no encontramos y que sólo Él puede darnos. La oración nos tiene que llevar a descubrir la voluntad de Dios y hacer su santa voluntad, no la nuestra. No hacemos oración para que Dios haga lo que le pedimos, sino para hacer su voluntad.

4) Criterios teológicos: Tenía que ser un hombre que estaba con ellos desde el bautismo de Juan hasta que el Señor ascendió al cielo, tenía que ser un testigo de la resurrección y tenía que ser elegido por el Espíritu Santo.

5) La clave del éxito: la permanecía en el amor y cumplir los mandamientos. Eso nos lo dice en el Evangelio de hoy. “Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.” La unidad la logramos a través de la Oración, lectura de las Sagradas Escrituras (Estudio), vivencia de los sacramentos, comunión con la Iglesia y su fundador, el amor y cumplimiento de los mandamientos (Acción).

Matías fue elegido y se convirtió en uno de los Doce Apóstoles. Luego Matías continuó la misión dada a los Doce – de bautizar y hacer discípulos de todas las naciones. A lo largo de los siglos, la Iglesia continúa añadiendo a los apóstoles para que la misión de Jesús continúe aquí en la tierra. Pero esta misión no es sólo para el Papa, los obispos y sacerdotes. Todos están llamados a ser un discípulo (uno que sigue) y un apóstol (uno que es enviado). Estamos llamados a continuar la misión de Cristo en la tierra. Puede que no hayamos presenciado el bautismo de Juan o escuchado la enseñanza de primera mano de Jesús o visto Su resurrección. Sin embargo, hemos sido bautizados y participamos de su mismo bautismo (morir al pecado), debemos ser testigos de su resurrección (cambio de vida) y Dios nos ha elegido, nos habla a través de la Escritura y el Espíritu Santo nos guía desde el interior de nuestros corazones.

 

Cuando nos dejamos transformar por Cristo y aceptamos su llamado de ser no solo discípulos sino apóstoles, entonces el fuego del amor de Cristo arde en nuestros corazones, tenemos el deseo de hacer discípulos de todas las naciones. ¡Hay tanta alegría al traer a otras personas a Cristo y la salvación!

 

¿Te consideras un discípulo, un seguidor cercano de Cristo?

¿Te consideras un apóstol, uno que es enviado a compartir la Buena Nueva?

¿Estás dispuesto a ir a donde el Señor te envíe a una misión?

 

Todos estamos llamados dentro de la Iglesia, como San Matías, para ocupar un ministerio (servicio) de quienes nos han precedido para que el mundo llegue a conocer a Jesucristo. Tú eres las manos y los pies de Dios para que llegue su Evangelio a todas partes.

 

¡San Matías, ruega por nosotros!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

  Padre Enrique García-Elizalde