Viernes XXII del Tiempo Ordinario (06-Septiembre-2019)

Evangelio según san Lucas 5, 33 – 39

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: “¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?”

Jesús les contestó: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán”.

Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El vino añejo es  mejor’ ”.

 

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Jesus & Fariseos

 

La primera lectura (Col 1, 15-20) san Pablo dirigiéndose a los colosenses nos enseña que “Cristo es la imagen de Dios invisible,” aunque no tenemos la capacidad de ver a Dios Padre, hemos “visto” a Jesús. No hemos visto Su rostro, pero conocemos a Jesús a través de los relatos de los Evangelios. ¿Qué “vemos” cuando leemos los Evangelios?

 

1) Dios nos ama incondicional y radicalmente. Él está dispuesto a morir por nosotros.

2) Dios está dispuesto a perdonarnos cuando venimos a Él con un corazón contrito.

3) Dios busca a los perdidos,  marginados y más necesitados de su amor.

4) Dios quiere tener una relación íntima y personal con nosotros.

5) Dios quiere lo mejor para nosotros y su plan es más grande que el nuestro.

 

Dios mismo crea todo cuanto existe, lo visible e invisible. Su Palabra es poderosa y vemos desde el principio de la creación que cuando Dios habla las cosas suceden. Jesús es la Palabra que Dios habla; por lo tanto, cuando Jesús habla, las cosas suceden. Por ejemplo, cuando Jesús dice: “¡Queda sano!”, estás sanado. Cuando Jesús dice: “Este es mi cuerpo”, la hostia se convierte en Su cuerpo en la Eucaristía.

 

Jesús es el gran reconciliador entre Dios y el hombre. A través de Su sangre derramada en la cruz, Jesús abrió la posibilidad de que todos volviéramos a ser uno con Dios, a pesar de que somos pecadores. ¿Se ha tomado el tiempo para contemplar el inmenso amor que Dios tiene por usted al orar frente a un crucifijo? Nuestro pecado nos separa de Dios. Jesús nos invita, a través del Sacramento de la Reconciliación, a vernos a los ojos de nuevo con Dios. Reconciliación significa literalmente ver pestañas con pestañas nuevamente <<Re (nuevamente) – con – cilia (del latín, pestañas)>>.

 

A partir de hoy la liturgia de la palabra nos presenta tres páginas evangélicas que relatan tres polémicas mantenidas por Jesús con los discípulos de Juan el Bautista y con los fariseos: una tiene que ver con la práctica del ayuno y dos con la observancia del sábado. En todas ellas se recalca la autoridad de Jesús y su poder.

Jesús resuelve el conflicto con los fariseos y los escribas, quienes le preguntan por qué sus discípulos no ayunan usando la alegoría matrimonial a considerarse como “el esposo” (vv.34ss), cuya presencia hoy no puede dejar de ser considerada motivo de alegría, y cuya ausencia mañana será motivo de tristeza. El Antiguo Testamento ha desarrollado ampliamente la alegoría matrimonial para iluminar tanto las relaciones de Israel con su Señor como las relaciones de todo creyente con su Dios, ahora Jesús (el esposo) y la Iglesia (la esposa) están de fiesta. La Iglesia está representada por los invitados que participan de la alegría del esposo.

 

Además, Jesús no habla simplemente de un pedazo de tela para ponerlo en un traje viejo. Sino de la acción de alguien que “corta un trozo de tela de un traje nuevo y lo pone en un vestido viejo”. Jesús censura la actitud de aquellos que, al rechazar la novedad del evangelio, acaban por estropear lo que es nuevo sin llevar a su consumación lo que es viejo. “Nuevo” puede ser entendido en referencia a ciertas actitudes que caracterizaban la vida de los discípulos de Jesús antes de su encuentro con el maestro: en este caso el discípulo de Jesús advierte el deber de dejar para tomar (vender todo lo que tiene para dárselo a los pobres y así poder seguirlo libremente), abandonar para recibir (dejar padre y madre por el Reino de los cielos y  tener una recompensa en el cielo, recibir el ciento por uno), de perder para encontrar (perder su vida para poder salvarla por seguirlo).

 

¿Estás dispuesto seguir a Jesús con todas sus consecuencias?

¿Qué vas a quitar de tu vida que te aparta de Dios o de quién te vas a alejar?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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Jueves XXII del Tiempo Ordinario (5-Sept-2019)

Evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.

 

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Jesus y apostoles pescando

 

En el Evangelio de hoy el evangelista san Lucas nos dice que la gente escuchaba “la Palabra de Dios” (v.2). Con esta expresión quiere recalcar el contexto eclesial: se trata de una comunidad que vive su fe poniendo en el centro de ella precisamente “la Palabra de Dios”, esto es, Jesús como Palabra de revelación y la predicación apostólica al mismo tiempo. Además, Jesús “se sentó y estuvo enseñando” (v.3b): porque es Maestro y enseña con autoridad, también esta nota nos lleva a considerar el relato evangélico como íntimamente ligado a la vida de la primitiva comunidad cristiana, en la que era normal y continuo el paso de la evangelización a la catequesis, es decir, Jesús sigue enseñando a través de su Palabra en las Sagradas Escrituras y en cada Misa. ¿Lees la Biblia frecuentemente? ¿Cuándo vas a Misa tomas notas de lo que aprendes? ¿Preparas las lecturas antes de ir a Misa? ¿Participas en algún grupo bíblico? ¿En tu casa lees la Biblia con tu familia?

 

El Señor sube a la barca de Simón, quien esta con sus compañeros, el texto menciona a Santiago y Juan explícitamente, probablemente estaban más. Estos pescadores profesionales no habían pescado nada en toda la noche. Imagina la escena, cuando ellos estaban lavando sus redes después de una larga noche infructuosa, ya cansados y dispuestos a ir a casa y comer algo para disponerse a descansar y Jesús aparece y les dice que lleven “la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. What? Are you crazy! ¿Conocían probablemente a Jesús? ¿Qué Él no sabía que ellos eran pescadores expertos y una vez que sale el sol no se pesca nada? Probablemente de mala gana, siguieron la orden del Señor y pescaron una gran cantidad de peces.

 

Puesto que tú lo dices, echaré las redes” (v. 5b): Lucas quiere resaltar aquí la autoridad de la Palabra de Jesús; más aún, la suprema autoridad que ésta encarna. Sabemos, en efecto, que toda palabra que sale de la boca de Jesús está dotada -no sólo para los apóstoles, sino también para cada uno de nosotros- de una particular autoridad: “¡Qué palabra la de este hombre! Manda con autoridad y poder…” (Lc 4,36). “Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían.” Cuando confiamos en su palabra suceden cosas maravillosas y las podemos compartir con los demás, “hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran…y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.”

 

Dejaron todo y lo siguieron” (v.11): esta expresión nos recuerda que quien abre su corazón, escucha su Palabra y confía en Dios deja su pasado para cambia su vida y seguir a Jesús teniendo una vida nueva y diferente. El seguimiento de Jesús implica un radicalismo no sólo en la opción personal, sino también en la decisión de separarse de todo lo que de un modo u otro pueda disminuir la fuerza de la adhesión a Jesús. ¿Qué necesitas quitar de tu vida que te estorba para seguir a Jesús?

Simón estaba avergonzado y se arrojó a los pies de Jesús: “Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador.” Jesús no estaba tratando de avergonzar a Simón; Él estaba invitándolo a seguirlo para convertirlo en el mejor pescador. Podemos llamar a este momento el ENCUENTRO de Simón con el Señor. Una vez que nos encontramos con el Señor, nos INVITA a seguirlo y debemos decidir seguirlo o no. Esta decisión de seguir al Señor requiere que dejemos algunas cosas atrás, cosas que nos impiden seguirlo libremente, ellos dejaron sus redes. ¿Qué debes dejar para seguirlo libremente?         

 

Jesús le dijo a Simón: “No tengas miedo; a partir de ahora serás pescador de hombres.”  En otras palabras, Jesús transformaría su vida de algo normal en algo maravilloso e increíble, de pescador normal a discípulo, y luego de discípulo a apóstol, y luego de apóstol a jefe de la Iglesia. ¡Quien sigue a Jesús jamás queda defraudado! Quien deja sus apegos y todo aquello que le impide dar una respuesta libre verá como su vida asciende algo más grande y maravilloso, caminar con Jesús cambia TODO.

 

TODOS tenemos un ENCUENTRO con Jesús en un momento de nuestra vida y Él nos INVITA para dejar lo que nos impide ser felices y transformar nuestra vida de algo simple y común en algo grande y maravilloso. Lo más grande que me ha pasado en mi vida es ser mensajero de su Palabra y aún recuerdo como si fuera ayer mi encuentro con el Señor, cuando en un Curso Bíblico conocí su Palabra, me invitó y deje todo para seguirlo. Jesús tiene un plan en nuestras vidas para difundir la Buena Nueva a todo el mundo, pero debemos encontrarnos con Él a través de la oración, en su Palabra, en el encuentro personal a través de los sacramentos, y debemos responder a su invitación, debemos pasar tiempo formándonos como discípulos para estar listos para ser enviados como discípulos misioneros cuando el Señor nos necesite.

 

No temas; desde ahora serás pescador de hombres” La vocación de Pedro y de los primeros discípulos se puede parecer a nuestra experiencia. Vemos primero, un paso de la aparente decepción a la confianza: un experto pescador como Pedro sabe que después de ciertas noches de pesca no se puede esperar gran cosa. Sin embargo, Pedro da crédito a la Palabra de Jesús y se confía a su eficacia. Nuestra confianza debe estar puesta en Jesús, no en nuestra sabiduría y experiencia, sino en su persona y su Palabra. No debemos tener miedo, sino confianza, porque vino para darnos vida y vida en abundancia, una vida plena y total. No una vida mediocre, por eso recalca que “cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían”, así es la vida de quien confía en Dios. Pero “es necesario renacer de nuevo” (Jn 3,7), es decir, tener una vida en Jesús. ¿Eres real y plenamente feliz en tu vida? ¡Ten una vida nueva!  No busques simplemente una vida buena sino una maravillosamente plena.

¿Qué tipo de vida quieres tener hoy? ¿Qué debes hacer para tener ese tipo de vida? ¿Puedes recordar el momento en que te encontraste con Cristo resucitado? ¿Has respondido a la invitación de Jesús para ser su discípulo? ¿Has sido lleno del Espíritu Santo hasta el punto de sentirte obligado a compartir con otros lo que Jesús ha hecho en tu vida?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Miércoles XXII del Tiempo Ordinario (4-septiembre-2019)

Evangelio según san Lucas 4, 38 – 44

 

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.

 

Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.

 

Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: “También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado”. Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.

 

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 
Pablo y Timoteo en la primera lectura (colosenses 1, 1-8) están escribiendo a la comunidad cristiana que ayudaron para animarlos en la fe. Y la palabra que toca mi corazón es “GRACIAS”.  Ellos dan gracias y oran por la comunidad, están agradecidos por su “fe en Jesucristo y del amor que tienen a todos los hermanos.” Dicen que “en todo momento damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, y oramos por ustedes.” Debemos ser personas AGRADECIDAS para ser discípulos de Jesús. ¿Por qué es tan importante? porque reconocemos que todo es un don de Dios y nada nos merecemos, todo lo que recibimos es por bondad de Dios y otras personas. Tengo una lista interminable de cosas por las cuales estoy agradecido: la vida, salud, familia, amigos, ser Hijo de Dios a través del bautismo, la vocación sacerdotal, la capacidad de reír, de jugar, de caminar, comer, tener la dicha de poder ver, oír, leer, escribir, etc. Pero sobre todo de conocer, servir y amar a Dios en mis hermanos. Tú puedes continuar con tu lista y dar gracias a Dios por todas las bendiciones que tienes.
Hay personas soberbias que se sienten que todo lo merecen y se creen con derecho a tener dinero, respeto, y acceso a todo lo que quieren. No son agradecidos porque sienten que han trabajado duro para lograr todo lo que tienen pero olvidan de que su capacidad de trabajo duro ha venido de Dios.  No hay razón para jactarse de lo que tenemos o de lo que hemos logrado porque todo proviene de Dios.
¿Eres agradecido con los dones que Dios te ha dado y te ha prestado? ¿Estás haciendo buen uso de los dones y talentos que el Señor te ha dado? ¿Eres agradecido por todo o crees que todo te lo mereces?

 

El pasaje del evangelio de hoy nos presenta dos momentos muy distintos: por un lado, la curación de la suegra de Simón en el marco de otras curaciones (vv. 38ss y 40ss); por otro, la autoconciencia de Jesús sobre su misión evangelizadora (v. 43).

 

En cuanto al primer momento es oportuno poner de relieve que la curación habilita para el servicio. Lucas explicita el hecho de que las curaciones de los enfermos, en cuanto liberación del demonio, se convierten en ocasión de auténticas profesiones de fe cristológicas (véase aquí en el v. 41: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”, y también en el fragmento precedente en el v. 34: “«¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»”). Es importante conocer a Jesús, que aunque los demonios saben quién es Él, lo más importante es hacer la voluntad del Padre, “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre” (Mt 7, 21).

 

¿Cómo vas a poner en práctica la Palabra de Dios hoy? ¿Cuál será la voluntad de Dios en tu vida y qué vas hacer para cumplirla?

 

En la segunda parte del texto evangélico de hoy, Lucas se convierte en testigo e intérprete de dos acontecimientos fundamentales: el hecho de la evangelización, como característica esencial del cristianismo, y la conciencia mesiánica de Jesús, que explota sobre todo en la necesidad que tienen de anunciar el Reino de Dios. Jesús siente una necesidad de anunciar la Buena Nueva porque para eso fue enviado y no puede sustraerse de este deber, porque ésa es su misión “pues para eso he sido enviado” (Lc 4, 43; y Lc 10, 16).

 

Todos tenemos una misión que Dios nos ha dado en la vida y solamente la podemos cumplir cuando tenemos un encuentro personal con Jesús,  que es el único que nos puede liberar de nuestros males (enfermedades, pecados, culpas, tristezas, depresiones, miserias, etc.), y lo hagamos el Señor de nuestra vida sirviendo a los demás con amor (Fe y Obras).

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Martes XXII del Tiempo Ordinario (3 de Septiembre de 2019)

Evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús fue a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: “¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios”.

Pero Jesús le ordenó: “Cállate y sal de ese hombre”. Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño. Todos se espantaron y se decían unos a otros: “¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y éstos se salen”. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

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El trayecto que separa Nazaret de Cafarnaúm es relativamente corto y Jesús lo recorre con el solo objetivo de enseñar y curar. Éstos son, según Lucas, los dos modos con lo que Jesús muestra la autoridad de la que está investido que es palabra eficaz: realiza lo que significa. Los gestos de Jesús son terapéuticos: llevan consuelo y vida a todos los que lo necesitan. ¿Tus palabras, actitudes y gestos brindan consuelo a los demás?

 

Las palabras y los gestos son poderosos: Lucas lo afirma en el pasaje de los discípulos de Emaús en Lc 24, 19 “Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;” como en Hechos 1,1 “El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio”. En el fragmento de hoy, que da testimonio del comienzo del ministerio público de Jesús es una confirmación clara y evidente de que Jesús quiere ser escuchado y acogido por cada persona y  por todo hombre: por eso le habla al corazón y, al mismo tiempo le cura su cuerpo. Vemos que la Palabra de Jesús es viva y eficaz (Hb 4,12) y se traduce en una intervención de liberación: un pobre enfermo es liberado de un demonio inmundo. Vemos que el demonio conoce (palabras) quien es Jesús, pero no lo reconoce como su Señor (obras) y eso nos puede pasar, sabemos quién es Jesús pero no lo hemos reconocido como el Señor de nuestras vidas. ¿Qué te impide que Jesús sea el Señor de tu vida?

 

Jesús empieza un combate frontal contra el demonio, algo necesario para que Jesús pueda manifestar a cada persona que Él ha venido como salvador, es decir, a liberarnos de las ataduras del reino de Satanás y nos rescata para Dios y para su reino. Es interesante que el hombre poseído por el demonio se encontrara en la sinagoga, lugar donde se proclama la Palabra de Dios, pero el mal le impide aceptar a Jesús como su Señor.

Hay que destacar también dos efectos secundarios de la intervención de Jesús: “Todos se llenaron de asombro” (v. 36) y su “fama se extendía por todos los lugares” pero no hay un cambio en el corazón de ellos. A veces nos puede suceder lo mismo si no tenemos un encuentro personal con Jesús y dejamos nuestra vida atada al reino del mal.

Hoy celebramos la memoria del Papa San Gregorio I, conocido como San Gregorio Magno o el Grande, quien nació en 540 d. C y murió 604. Fue Papa de la Iglesia católica del 590-604. Miembro de una familia muy rica de patricios romanos, estaba destinado a una carrera política ya que fue praefectus urbis (prefecto) del emperador Justino II (572-574). Decidió renunciar a los bienes de este mundo por un tesoro mayor, el Reino de los Cielos, porque fue conmovido por el espectáculo de las miserias de Roma y de Italia entera, que agudizaron en él el sentimiento de la trivialidad de las cosas terrenas, entregó, a la muerte de su padre, su inmenso patrimonio a los pobres y a la Iglesia, fundando seis monasterios en sus tierras de Sicilia y otro en su palacio del Celio, que dedicó a San Andrés y donde él mismo vistió el hábito benedictino. Dedicado al estudio de las Sagradas Escrituras y de los Santos Padres, le entrego su vida al Señor.

 

Su fuerte personalidad y su práctica en la política, movieron, al papa Benedicto I a sacarlo de su vida de recogimiento nombrándolo diaconus regionarius en 577, y a Pelagio II, el año siguiente, a servirse de él como legado en Constantinopla, donde tuvo ocasión en su larga estancia (579-585) de formarse una rica experiencia política y humana. Siendo Abad de San Andrés, fue elegido papa a la muerte de Pelagio II con el asentimiento general y consagrado el 3 de septiembre de 590. Le esperaban la peste, la expansión lombarda y el sitio de Roma (593), el empeoramiento del cisma de los Tres Capítulos y los pleitos con Bizancio. En los catorce años de su pontificado hubo de medirse con estos problemas objetivos y con otros que él mismo se planteó libremente: pacificación de la península, unificación católica de Occidente mediante una vasta obra de evangelización.

 

Envió al monje Agustín a evangelizar Inglaterra. Autorizó el culto de los hebreos y superó el cisma del norte de Italia. Fue el primero en usar el título Servus servorum Dei (servidor de los siervos de Dios), que se convirtió en oficial de los futuros pontífices. Soberano temporal de la ciudad de Roma, hizo de ella la capital espiritual del mundo latino y puso las bases del poder territorial del papado. San Gregorio Magno organizó una más estrecha colaboración con el episcopado y con los reyes francos y animó en España la acción del neófito Recaredo I.

 

Obras de San Gregorio Magno: Dotado de viva sensibilidad y de excepcional equilibrio para conllevar las exigencias místicas del monje con el respeto y la simpatía hacia la humanidad doliente, la obra literaria de San Gregorio Magno (de estilo sencillo, a veces humilde y a menudo elocuente) constituye el más luminoso comentario a su obra de pontífice. Así, no vacila en enfrentarse con los desidiosos y con los potentados, como puede apreciarse en sus Epístolas. Dirigidas a los más diversos destinatarios, las cartas de San Gregorio tratan de variadas cuestiones y son un testimonio fundamental para el conocimiento de su actividad y de su personalidad. San Gregorio concedió libertad de culto y tratamiento benévolo (I, 1, 47), porque “sólo con la mansedumbre, la bondad, las sabias y persuasivas admoniciones, se puede obtener la unidad de la fe”.

 

Gregorio Magno mostró su preocupación por la formación de los pastores de almas en obras como Regla pastoral (591), en que expuso los objetivos y reglas de la vida sacerdotal. Dedicada a Juan de Constantinopla, con quien se justifica de haber dudado en asumir el cargo de obispo de Roma, San Gregorio muestra en este libro lo arduo que es el oficio de pastor y las reglas de vida que debe seguir; describe el tipo ideal del obispo, que ha de ser siempre un médico de las almas y encontrar el tono justo para dirigirse a los hombres de las diversas clases sociales, ejerciendo sobre sus almas el máximo ascendente posible y teniendo siempre presente su propia debilidad para no caer en una excesiva confianza en sí mismo. De su tarea de consolador y maestro de espiritualidad hallamos una excelente ilustración en las Homilías sobre los evangelios o sobre Ezequiel, pronunciadas en Roma en 590-593, cuando todo parecía derrumbarse. En Moralia llevó a cabo una exégesis del libro bíblico de Job. Presenta a Job como figura del Redentor; en su mujer ve simbolizada la vida carnal, y en sus amigos, a los herejes, orientando siempre la interpretación hacia las lecciones morales y teológicas.

 

Los Diálogos, escritos entre los años 593 y 594, fueron probablemente su obra más difundida. Habiéndose retirado por algún tiempo, cansado de las preocupaciones y responsabilidades de su cargo, a un lugar apartado, Gregorio expresa al diácono Pedro su disgusto por no haber podido dedicarse a la vida ascética, con la que tantos hombres pudieron alcanzar la perfección.

 

San Gregorio Magno es el cuarto de los doctores de la Iglesia (después de San Ambrosio de Milán, San Agustín y San Jerónimo), y si su actividad política como pontífice tuvo una importancia excepcional para el equilibrio político-religioso de la Europa medieval, su obra literaria constituyó hasta el siglo XII una incomparable fuente de meditación y de luz espiritual para todo el Occidente. A él se le atribuye también la compilación del Antifonario gregoriano, gran colección de cantos de la Iglesia romana.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Viernes XXI del Tiempo Ordinario (30-Agosto-2019)

Evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.

Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.

Estén pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.

 

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Papa Francisco con enfermos

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

En la primera lectura de hoy (1 Tes 4, 1-8), San pablo se continua dirigiéndose a quienes les ha predicado el Evangelio de Cristo, por tal motivo, les ruega y los exhorta “en el nombre del Señor Jesús a que vivan como conviene, para agradar a Dios”, a fin de que sigan progresando en santidad. Esto lo fundamenta diciendo: Lo que Dios quiere de ustedes es que se santifiquen” y es lo la Iglesia nos enseña – que todos estamos llamados a la santidad. No es un privilegio de unos pocos elegidos – Lo repito: ¡TODOS ESTAMOS LLAMADOS A SER SANTOS!

 

¿Santo? Del latín sanctus;  griego ἁγίος hagíos,  hebreo qadoš ‘elegido por Dios’ o bien ‘diferenciado’, ‘distinguido’, ‘separado’.  Es Dios quien elige y te separa para Él, para vivir en su presencia. Es elección  de Dios pero implica tu aceptación y respuesta.

 

El 19 de marzo del año pasado el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica “Gaudete Et Exsultate” (sobre el llamado a la Santidad en el mundo actual), nos dice que: “El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada.” (GE n. 1) Además, “a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4)” (GE n. 2). Nos habla de los santos que nos alientan y acompañan, de los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión; de los santos de la puerta de al lado: “los padres que crían con tanto amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos, las religiosas ancianas que siguen sonriendo…aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»” (GE n. 7).

 

La santidad no está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias (sacerdotes y religiosos), para dedicar mucho tiempo a la oración. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. Consagrado: Sé santo viviendo con alegría tu entrega. Casado: Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. Trabajador: Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales (GE n. 14). “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia.” (GE n.9) y recuerda que “nadie se salva solo, como individuo aislado,… sino en la comunidad humana (Pueblo de Dios)” (GE n. 6).

 

No debemos vernos como todo el mundo que vive de acuerdo a las cosas del mundo sino debemos vivir diferente, de acuerdo al Evangelio debemos de pensar, hablar y actuar. Porque crecer en santidad es conformar nuestras vidas a Cristo. Necesitamos estudiar la Palabra de Dios para saber cómo vivió Jesús para poder imitarlo. Debemos orar para conformar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Necesitamos rodearnos de amigos que nos ayudarán a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.  Matthew Kelly dice que la santidad no sucede de repente sino que se compone de muchos momentos santos a lo largo de la vida. Si estamos en unión con el Señor durante todo el día, el Espíritu Santo nos guiará para hablar y actuar como Jesús. Deberíamos preguntarnos:   ¿Qué haría Jesús en esta situación?, ¿Qué es lo correcto y lo moral de hacer o de decir?, ¿Estas palabras o acciones nos acercarán a mí y a Jesús?

 

Hoy el mundo necesita desesperadamente santos, no gente mediocre, licuada y aguada. Necesita pastores y no borregos que vayan con la corriente del mundo y de la moda del pecado. Sé cómo las vírgenes previsoras, llena tu vida de la presencia de Dios a través de la oración, medita la Palabra de Dios y la vida de gracia a través de los sacramentos. Recuerda que fuiste creado y elegido para hacer cosas mayores y tener una vida plena. ¡Deja la pereza, la mediocridad y todo aquello que te impide ser feliz! Un hombre que no es feliz puede ser amargado. El acróstico de esta palabra deberíamos de aprenderlo:

 

A: agrio

M: malhumorado

A: acusador

R: rígido,

G: gritón,

A: abusador

D: dominante

O: obsesivo.

 

Cuando en el corazón de la noche se alza el grito: “Ya está ahí el esposo, salid a su encuentro” (v. 6), los cristianos tienen que encontrarse preparados, no con las manos vacías, sino con su lámpara alimentada con el aceite de la fe y las buenas obras realizadas con amor día tras día para entrar al banquete con su Señor (la salvación). No basta con el simple hecho de ser creyentes para salvarse o ser bautizado o ir a Misa. “No todo el que me dice: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos” (Mt 7,21).

 

Ojala y no nos pase lo que les sucedió a las vírgenes necias cuando llamaron a la puerta y gritaron: “Señor, Señor ábrenos” (v.11), ellas recibieron la terrible respuesta: “les aseguro que no las conozco” (v.12). Por eso debemos preparar nuestras lámparas y llenarlas con fe (Piedad), estudiando las Sagradas Escrituras y las enseñanzas de Jesús, y con buenas obras (acción apostólica) para tener una vida de colores (llena de gracia y bendiciones, es decir, de SANTIDAD).

 

¿Cómo estás preparando tu corazón para la venida del Señor?

¿Eres descuidado(a) en las cosas más importantes para tu salvación?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Memoria del Martirio de San Juan el Bautista. 29-Agosto-2019.

Evangelio según san Marcos 6:17-29

 

En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

 

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JuanBautistaMartirio_29Agosto

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Hoy celebramos el martirio de Juan el Bautista, antes se llamaba la decapitación de Juan el Bautista. Él experimentó un gran sufrimiento por ser rechazado al llamar a las personas al arrepentimiento y pedirles que creyeran en Jesús. Hoy podemos ver como la dureza de corazón al mensaje del Evangelio llena nuestras vidas de pecado y miseria, como sucedió con Herodes y lo vemos en este pasaje evangélico.

 

 

1) Avaricia – Herodes era un hombre ambicioso, codicioso y su avaricia lo llevo a la perdición. Él quería conquistar el mundo y acumular grandes riquezas para ser el rey más poderoso. Su ambición lo llevó a casarse con la hija de Aretas IV, rey de los nabateos, reino árabe con capital en Petra, a la cual después repudio para casarse con Herodías, esposa de su medio hermano Herodes Filipo. Muchos años después a Calígula le irritó la ambiciosa solicitud de Herodes Antipas, y haciendo caso de las acusaciones de Agripa, lo desterró a la Galia (a la ciudad de Lyon, Francia). Herodes finalmente murió exiliado en España por su ambición y dejarse llevar por la influencia negativa de la mujer de su hermano. El mundo ha sido testigo de los extremos a los que el hombre llega por ambición. Parece que una vez que tienes un poco, quieres más. Uno nunca tiene suficiente. ¿La codicia influye en mis decisiones diarias?

  

2) Ira – Juan el Bautista desafío apropiadamente a Herodes y a Herodías en su relación adúltera y esto enfureció tremendamente a la pareja. La verdad a veces duele. En lugar de tomarse el tiempo para reflexionar sobre la verdad, ellos respondieron con ira para justificar su comportamiento pecaminoso. La ira  y el adulterio, lo llevaron a la venganza y a convertirse en asesino.  ¿Qué papel juega la ira en mi vida?

 

3) Lujuria –  Herodes no paró a sus deseos, pensamientos y acciones desordenados, por ello  mientras miraba la danza de la hija de Herodías deja que su lujuria lo lleve a prometer cosas que no debía. El maligno atrae esclaviza al hombre son deseos lujuriosos para mantenerlo alejado de la vida de gracia que Dios desea para él. ¿Tengo mis pasiones bajo control con la ayuda del ayuno y la oración o dejo que mi cuerpo me domine?

 

4) Soberbia y orgullo – Su soberbia permitió a Herodes pensar que la relación de adulterio con la esposa de su hermano era aceptable.  A pesar de que sabía que no debió haber mandado matar a Juan el Bautista, en su lujuria él había prometido a la muchacha lo que quisiera, hasta la mitad de su reino, algo que no podía hacer porque dependía del Cesar (Roma) y no de Herodes. Su orgullo lo llevó a cometer un asesinato y sabía que era injusto. ¿Qué decisiones tomo basadas en el orgullo? ¿Qué decisiones por orgullo me han llevado a matar las ilusiones y sueños de mi familia o de mis seres queridos? ¿Cómo puedo crecer en humildad?

 

5) Envidia – Herodes comenzó la aventura con Herodías, porque envidiaba a su hermano Filipo. Los envidiosos por desear tener lo ajeno, no saben disfrutar y agradecer lo que tienen, por eso no son felices ni aun cuando tienen lo de otros. ¿Soy agradecido con las bendiciones que el Señor me da? No te compares con nadie porque eso te lleva a la desesperación y amargura. Toma tiempo para estar agradecido por tus dones y trata de no compararte con los demás.

 

6) Gula – Las fiestas de Herodes estaban llenas de glotonería. A menudo comemos o bebemos en exceso para llenar un vacío en nuestras almas. Esto es cierto de muchas de nuestras adicciones. ¿Busco a Jesús para llenar el vacío dentro de mí? La mayoría de nuestras adicciones o pecados habituales son causados por una herida no sanada o un deseo de llenar un cierto vacío. ¿Busco a Jesús para llenar el vacío que hay dentro de mí, o trato de llenar un vacío infinito con cosas finitas?

 

7) Pereza – Sólo puedo imaginar a estos hombres holgazanear, comiendo y bebiendo, y siendo atendidos.  Su pereza espiritual es evidente también porque Dios no era parte de la fiesta.  ¿Me mantengo activo físicamente para cuidar mi cuerpo? ¿Me ejercito espiritualmente orando y estudiando la Palabra de Dios?

 

En esta historia del Evangelio, un pecado lleva a otro y, eventualmente, al asesinato. Estoy seguro de que Herodes no se propuso asesinar a Juan el Bautista, pero el beber lo llevó a la lujuria y finalmente a asesinar. El pecado es una pendiente resbaladiza y puede llevarnos rápidamente por un camino que nunca imaginamos que viajaríamos. Todos hemos visto cómo un pecado lleva a otro pecado en nuestras vidas. Cuando caemos en la tentación, es más fácil caer una segunda y tercera vez. Es por eso, que el Sacramento de la Reconciliación es tan importante. Rompe el ciclo del pecado en nuestras vidas y nos da un comienzo limpio y la gracia y el deseo de vivir una vida santa. La oración y el ayuno es también un antídoto maravilloso para romper el ciclo de pecado en nuestras vidas.

 

¡San Juan Bautista, ruega por nosotros!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Memoria de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia (28-Agosto-2019)

Evangelio según san Mateo 23, 27-32

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”

 

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

San Pablo en la primera lectura de la carta a los Tesalonicenses (1 Tes 2, 9-13) se presenta como servidor que ha trabajado arduamente y ha dado testimonio ante los hermanos (comunidad) de sus esfuerzos y fatigas, a fin de no ser una carga para nadie, y además, les ha predicado el Evangelio dándoles testimonio de forma justa e irreprochable. Los ha exhortado “con palabras suaves y enérgicas, como lo hace un padre con sus hijos, a vivir de una manera digna de Dios, que los ha llamado a su Reino y a su gloria.”  Y la comunidad ha recibido la palabra que les ha predicado, “no como palabra humana, sino como lo que realmente es: palabra de Dios, que sigue actuando en ustedes, los creyentes.” Debemos esforzarnos en adquirir las actitudes que quiero resaltar de dos tipos de personas:

 

1) La actitud del predicador: servidor, trabajador, no ser una carga para los demás, quien exhorte con palabras suaves y enérgicas a vivir una vida digna de Dios, pero sobre todo dando testimonio de amor.

 

2) La actitud del oyente: Dispuesto a recibir el mensaje de parte de Dios, dejándose transformar por la Palabra de Dios y permitiéndole actuar cada día en su conversión. Pidiendo al Señor, que lo conduzca por su camino (Salmo 138), para que cumpliendo la palabra de Cristo el amor de Dios llegue a su plenitud (1 Jn 2, 5, aclamación antes del Evangelio).

 

Tanto en el predicador como en el oyente debe de haber integridad, sinceridad de corazón, transparencia y sobre todo autenticidad. Jesús en el Evangelio de hoy reprocha la hipocresía, falsedad y las apariencias.

Hoy la Iglesia celebra a San Agustín, hijo mayor de Santa Mónica, a quien celebramos ayer. Aunque vivió en el siglo IV, la historia de San Agustín es como la de muchos jóvenes de hoy. No le preocupaba vivir una vida santa y honesta. De hecho, el placer estaba en la parte superior de su lista de prioridades. Tuvo un hijo fuera del matrimonio y vivió con su novia en unión libre por muchos años. Mientras tanto su madre Mónica oraba diariamente por su conversión.

 

Trágicamente, el hijo de Agustín murió a una edad muy joven. Un día, guiado por la gracia de Dios, Agustín entró en una iglesia y escuchó la predicación del obispo Ambrosio. El corazón de Agustín fue conmovido por las palabras de este santo obispo. Aunque fue movido por sus palabras, Agustín no creía que pudiera vivir una vida pura, por lo que no se convirtió inmediatamente. Él y su madre Mónica formaron una amistad con el obispo Ambrosio, cuyas palabras tuvieron un gran impacto en Agustín, que era muy inteligente. Finalmente, Agustín se convirtió, dejó la relación en la que estaba y se hizo católico, quería ser libre de todas sus ataduras, apegos y vicios, por ello abrazó todo lo que la Iglesia le enseñaba. ¡Más tarde se convirtió en sacerdote, obispo y santo! Aunque murió en 430, su historia de conversión y sus escritos aún impactan a muchos lectores modernos. Todo esto sucedió por la gracia de Dios y las oraciones de su madre.

 

Si no han leído Las Confesiones de San Agustín, les recomiendo que lo hagan, es una obra clásica. Él es muy honesto acerca de su vida pecaminosa, pero también acerca de cómo su corazón fue tocado por Dios. Aquí está un extracto:
“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.”

 

Agustín se lamenta de esperar a seguir al Señor en su vida. Gracias a Dios finalmente vio la luz. Buscaba la felicidad (Dios) en las cosas creadas del mundo y en las personas por años, pero encontró la respuesta de todos sus deseos en Jesucristo creador de todo y modelo de todo ser humano. También es famoso por decir: “Mi corazón está inquieto hasta que descansa en ti, Señor.”  Se le conoce como “El Doctor de la Gracia”. Por su búsqueda apasionada de la verdad, tan larga y en cierto sentido dolorosa, estaba convencido de que es fácil extraviarse, y por consiguiente, de cuánta misericordia hay que tener con todos los que buscan la Felicidad. Encontrar al Dios vivo no puede considerarse entonces una proeza del talento humano sino más bien una condescendencia de la compasión divina. Este pensamiento conmovió de tal manera a Agustín  que en cierto sentido se convirtió en el centro de su doctrina y su predicación. Por eso se le llama “Doctor–o sea, Maestro–de la Gracia.” Gracia es aquí de la misma raíz que “gratis;” es la misma idea de “regalo,” algo que no puedes calcular con tu mente ni alcanzar con tu dinero o esfuerzo pero que cuando llega, da alegría y es irreemplazable.

 

Si estás luchando con cierto pecado o vicio, mira a San Agustín como un ejemplo perfecto de alguien que luchó desesperadamente con los placeres pecaminosos, pero por la gracia de Dios se convirtió en santo. Clame a Dios y pídale que cambie su corazón.

 

¿Está inquieto su corazón?

¿Dónde estás buscando significado en tu vida?

¿Estás cansado de buscar la felicidad en las cosas creadas?

¿Le has dado a Dios la oportunidad de ser el Rey de tu vida?

 

El mundo necesita desesperadamente a los santos hoy. No intentes encajar con los demás. No sigas los caminos pecaminosos que se han vuelto tan aceptados en nuestra vida cotidiana. Sigue los caminos de Jesucristo. Dios te creo para cosas mayores y tu corazón inquieto solo encontrará descanso en Jesús. La gracia de Dios puede liberarte de los hábitos pecaminosos que te han afectado toda tu vida. Nunca es demasiado tarde para entregar la vida a Jesús.

 

¡San Agustín, ruega por nosotros!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde