Martes V de Pascua (21 de mayo de 2019)

Evangelio según san Juan 14, 27-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado”.

 

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¡Desarrolla tu talento y ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en la vida de otros!

 

Vemos en la primera lectura (Hch 14, 29-28) que unos judíos junto con la multitud apedrearon a Pablo, lo dieron por muerto y lo arrastraron fuera de la ciudad. Sus hermanos discípulos se reunieron alrededor de él y se regresó a difundir la Buena Nueva.  Quisiera ser como san Pablo después de haber sufrido todo eso por Cristo,  no desistir, al contrario, seguir haciéndolo con valentía. Pero aquí noto un punto muy importante: “Cuando lo rodearon los discípulos”, esto significa que la comunidad le dio apoyo, fortaleza, oró por él, al mismo tiempo se sentía confortado y fortalecido para poder proclamar la Buena Nueva.  Ojala y que todos experimentáramos ese tipo de amor en nuestras comunidades parroquiales para poder ser como Pablo, valientes ante las dificultades, predicar el Evangelio, hacer muchos discípulos, animarlos, exhortarlos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios no sólo con las palabras sino con el ejemplo.

 

Gracias a todos los hermanos y hermanas que oran por mí, que con sus palabras, sacrificios y apoyo me han sostenido en mi ministerio sacerdotal. Quiero agradecer a todos mis amigos y lectores, aquellas personas que me han hecho el bien y aquellos que a veces me hacen pasar por momentos difíciles, por los que me apedrean y aquellos que me rodean para confortarme porque eso me a hecho crecer más en mi amor a Dios, ser humilde y agradecido con Él y con todos. Gracias a mi familia, superiores, amigos y cada persona que Dios ha puesto y seguirá poniendo en mi camino para ser fiel al Evangelio y para llevarlos al cielo.

 

¿Por qué Pablo era tan persistente? Porque pablo sólo buscaba agradar al Señor y a nadie más como los primeros discípulos y mártires. ¡Estos hombres estaban dispuestos a dar sus vidas por Cristo! Hoy demos nuestras vidas a Cristo amando y sirviendo a su Iglesia, apoyando a nuestros líderes-pastores, confortando a los demás.

 

¿Cuáles son los miedos para compartir mi fe valientemente?

 

Nos unimos al salmista y proclamamos “Bendigamos al Señor eternamente. Aleluya.”  (Sal 144, 10ss) Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas. Que mis labios alaben al Señor, que todos los seres lo bendigan
ahora y para siempre.

 

Los discípulos tenían razones más que suficientes para preocuparse. Jesús les estaba diciendo que estaba a punto de irse y que el “príncipe de este mundo” estaba en camino. Pero mientras los discípulos estaban preocupados, Jesús estaba feliz y les estaba anunciado lo que iba a suceder. Sabía que su partida les traería paz. Con Jesús a la derecha del Padre, Él podría derramar en plenitud su Espíritu en sus corazones, y el Espíritu les revelaría el amor de Dios en formas nuevas y más profundas. Por lo tanto, sus ansiosos corazones serían puestos a descansar y no preocuparse nunca más porque estará a su lado.

 

¿Cómo podemos llegar a conocer el amor de Dios de la misma manera que lo hicieron los discípulos?

¿Cómo podemos experimentar la paz que Jesús les prometió?

 

La clave está en la fe que va unida a la oración. El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC)  nos dice que la oración debe involucrar “pensamiento, imaginación, emoción y deseo” (2708). Movilizar nuestras facultades dadas por Dios de esta manera puede dar vida a las verdades de nuestra fe y ayudarnos a sentir la presencia de Dios de nuevas maneras. La oración funciona mejor cuando le pedimos al Espíritu Santo que tome nuestra imaginación y la llene de la presencia de Dios a través de la fe. El gran Místico espiritual, San Ignacio de Loyola a menudo confiaba en su imaginación cuando rezaba e invocaba la presencia de Dios para degustar los deleites de su presencia. Con una Biblia delante de él, imaginaba el escenario y el tiempo de cualquier historia que estaba leyendo, y luego se imaginaba a sí mismo en la escena. Prestaba mucha atención a los detalles de la escena y se imaginaba a sí mismo haciendo preguntas a Jesús sobre lo que estaba sucediendo. Le gustaba especialmente imaginarse a sí mismo en la Última Cena, en el Sermón de la Montaña o en el Calvario mientras Jesús moría en la cruz.

 

Inténtalo tú mismo. Imagínate en una de tus escenas favoritas de la Biblia. ¿Qué está diciendo y haciendo Jesús? ¿Cuál es la expresión en su rostro? ¿Cómo suena su voz? Ahora, imagina a Jesús hablando directamente contigo mientras se desarrolla la escena. ¿Qué mensaje crees que tiene para ti? Y más importante aún, ¿cómo sientes su paz ahora en ti? ¿Qué piensa de ti?  Y piensa cuánto te ama que hasta murió en la cruz por ti.

 

¡Ven Espíritu Santo! Enciende en nosotros el fuego de tu amor. Quita nuestros miedos e inseguridades para que podamos llevar a cabo la misión que tienes para nosotros en este mundo. Ayúdanos a conocer y tener una relación más profunda con Jesús para dar testimonio de Él sin miedo. Alivia nuestras ansiedades y heridas. Ayúdanos con nuestro trabajo a transformar el mundo y confortar con amor a los hermanos heridos en nuestra familia y comunidad. ¡Espíritu Santo transforma nuestra vida!

 

¡Qué tengan un día lleno de bendiciones de colores!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

 

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