Sábado IV de Pascua (18 de mayo de 2019)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 7-14

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

 

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.

 

Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre”.

 

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!

 

En la primera lectura (Hch 13, 44-52) se presenta una problemática muy sentida por la comunidad cristiana primitiva: el rechazo del Evangelio por parte de los judíos y la consiguiente predicación a los paganos, donde se cierra una puerta se abre una ventana, recuerda que para Dios donde se te cierra una oportunidad Él abre otras más grandes. En nuestros días estamos menos interesados en ese tipo de problemas relacionados con el derecho de precedencia de Israel a la salvación. Sin embargo, en aquella época estos problemas se consideraban con una gran seriedad y están presentados con una gran frecuencia en los Hechos de los Apóstoles (13,46s; 18,6; 28,28) y en tres capítulos (9-11) de la Carta a los Romanos. Eran problemas que planteaban interrogantes y producían angustia en la conciencia de los discípulos: ¿Cómo es posible que el pueblo de las promesas no las haya reconocido una vez cumplidas? ¿No nos estará pasando lo mismo al no reconocer a Jesús como nuestro Salvador? ¿Cuántas veces hemos desaprovechado las oportunidades que Dios no da para crecer, para ser mejores, para cambiar de vida o para dar lo mejor de nosotros?

 

“El sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de Dios… los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos.”
Aquí se subraya la alegría de los nuevos destinatarios, los efectos positivos de la persecución, el clima de optimismo que invadía a los discípulos  -“estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo”- en medio de unos acontecimientos que no se presentaban ciertamente demasiado tranquilos. Ante los problemas y persecuciones por seguir a Jesús, ¿Tú permaneces tranquilo? ¿Estás lleno del Espíritu Santo aun cuando tienes problemas? ¿Aprovechas las oportunidades que Dios te da o te aferras a tus problemas?

 

La Palabra, rechazada por los judíos, es acogida con entusiasmo por los paganos. Los apóstoles, rechazados en lugar de enojarse o desearles el mal a los judíos, se sacuden el polvo de los pies y difunden la Palabra en otros lugares. La persecución les llena de la alegría que viene del Espíritu y da la seguridad de seguir los pasos de Cristo, el justo rechazado por los hombres y exaltado por Dios. El libro de los Hechos de los Apóstoles rebosa de optimismo, de ese optimismo que no procede de la carne o de este mundo, sino del Espíritu, de la alegría de seguir a Jesús, el gozo de proclamar y vivir la Buena Nueva. Hoy en lo personal a mí me impacta que “La alegría no brota de los éxitos de este mundo, sino de las tribulaciones por Cristo; no procede de las realizaciones humanas, sino de sentirse configurados con Cristo, de sentirse encauzados por el camino hacia Dios.” Busquemos y pidámosle a Dios que nos ayude a mantenernos fieles en las tribulaciones. Lleva en tu corazón y vive las palabras de Pablo y Bernabé: “Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra”.
Hoy “Cantemos las maravillas del Señor. Aleluya.” (Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4) Meditemos este salmo, llenémonos de su gran riqueza y pidámosle al Señor que seamos fieles a su Palabra para ser verdaderamente discípulos de Jesús y conozcamos la verdad, que es Él (Jn 8, 31. 32). Porque Él ha hecho maravillas y su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. El Señor nos ha dado a conocer su victoria y nos ha revelado su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia nosotros sus hijos predilectos (Israel). La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.

 

En el Evangelio de hoy, el tema fundamental del pasaje es la relación entre Jesús y el Padre. El evangelista, a la  pregunta de por qué Jesús es el único mediador para llegar al Padre, responde que sólo Cristo puede conducir a los hombres a la comunión con Dios. Jesús es el camino al Padre porque conduce a Él a través de su persona: Él está en el Padre y el Padre en Él. A partir de esta mutua inmanencia entre Jesús y el Padre se hace incomprensible que el conocimiento de Jesús lleve al conocimiento del Padre (v.7).

 

El lenguaje del Maestro resulta oscuro para los discípulos, y, por eso, Felipe pide ver la gloria del Padre. No ha comprendido que se trata de ir al Padre a través   de la persona de Jesús. Los discípulos no han sabido reconocer en la presencia visible de su Maestro las palabras y las obras del Padre (v.9). Para ver al Padre en el Hijo es preciso creer en la unión recíproca entre el Padre y el Hijo. Sólo mediante la fe es posible comprender la co-presencia entre Jesús y el Padre. De ahí que lo único que pueda pedir el hombre sea la fe y esperar con confianza ese don de parte de Dios, alimentarlo con la piedad, el estudio de las verdades divinas pero sobre todo con una relación íntima y profunda con Jesús en la eucaristía y en la reconciliación. El Señor, en su llamada a la fe, fundamenta la verdad de su enseñanza en una doble razón: su autoridad personal, que los discípulos han experimentado en otras ocasiones al vivir con Jesús, y el testimonio de “las obras que hago” (v. 11).

 

La obra que Jesús ha inaugurado con su misión de revelador es sólo un comienzo. Los discípulos proseguirán su misión de salvación. Más aún: harán obras semejantes a las suyas e incluso mayores. Por último, el Maestro se ocupa de animar a los suyos y a todos los que crean en Él a participar en la obra de la evangelización y en su misma misión.

 

Felipe quiere ver al Padre, pero no ha sabido verlo en Jesús. Ha visto con los ojos la realidad externa-mundo, pero no ha visto la realidad escondida con los ojos, mucho más penetrantes, de la fe. El Evangelista Juan usa de una manera típica el verbo ‘ver’ para indicar dos tipos de realidades: la del signo visible y la de la gloria del Verbo o realidad sobrenatural.

 

¿Y tú qué ves cuando contemplas las obras de Dios? ¿Ves sólo la realidad sensible, el signo, o la acción de Dios, la realidad significada? Es Bueno plantearse una pregunta como ésta, porque el secularismo invasor de este mundo no se preocupa más que de la realidad visible, empírica, palpable. Aunque está dispuesto, a continuación, a correr detrás de “doctas fabulas’ de tipo astrológico o mágico o pseudo-religioso. El discípulo de Jesús debe caminar entre el positivismo y la superstición, aceptando lo real de la realidad y agudizando la mirada de la fe, que nos permita ver la acción -o la “gloria”- de Dios en los acontecimientos humanos, a menudo intrincados, siempre misteriosos, nunca absurdos.

 

El Señor ha prometido a su Iglesia la posibilidad de hacer obras incluso mayores que las que Él ha hecho: la grandeza ha de ser medida en el orden de los valores proclamados por Él mismo, esto es, con el signo por excelencia que es la cruz. Se trata del signo del martirio, de la entrega, del amor que se da, de consumir nuestra propia vida por el prójimo: lo que exige ver y apreciar otro orden de valores distintos a los apreciados por el mundo, un orden de valores que, al final, atrae todos a él.

 

¿Qué significa estar lleno de alegría en el Espíritu Santo? Felipe le dijo a Jesús, Maestro muéstranos al Padre y eso será suficiente para nosotros. ¿Qué quiere decir con suficiente? ¿No es suficiente que toda la tierra ha visto el poder salvador de Dios? ¿No es suficiente escuchar y glorificar la palabra de Dios? Si tenemos a Jesús, ¿No es suficiente? Podemos nunca tener suficiente de lo que Jesús nos ofrece, debemos siempre encontrarnos anhelando más y esto incluye crecer en nuestra fe, estudiar y conocer sobre nuestra fe, involucrarnos, ser luz e instrumento de salvación para todo el mundo. Toma cualquier oportunidad que tengas para llenarte de la bondad de Dios, la riqueza de su palabra, el alimento de su cuerpo y sangre. La oportunidad de ser luz para el mundo. Hasta que te encuentres sin descanso para que puedas entonces descansar en Él. De esa manera todo el mundo mirara realmente el poder salvador de Dios. ¡Él ha resucitado!

 

Gracias por su apoyo, amistad y oraciones a cada uno de ustedes asiduos lectores, amigos y hermanos en Cristo. Pido sus oraciones por su servidor para que cada día predique con humildad, alegría y santidad la Palabra de Dios. Ser sacerdote no es fácil, como ser cristiano no es fácil, pero sería más difícil sin la gracia de Dios, por eso debemos mantenernos firmes en la oración, en la lectura y meditación asidua de la Palabra de Dios y en recibir frecuentemente los sacramentos (Eucaristía y confesión). Cuando una puerta se cierra, recuérdalo que se abren más oportunidades para crecer.

 

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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