Viernes IV de Pascua (17 de mayo de 2019)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

 

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

 

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¡Ora más leyendo la Palabra de Dios y verás lo que sucede en este año en tu vida!

 

En la primera lectura (Hch 13, 26-33) en este discurso en la sinagoga de Antioquía de Pisidia -su primer discurso programático-, Pablo desarrolla los mismos argumentos de fondo del primer discurso de Pedro en Pentecostés. Debía ser un esquema habitual en los que anunciaban la Buena Noticia en los ambientes judíos: las antiguas promesas se han cumplido ahora, a pesar del rechazo por parte de los habitantes de Jerusalén, que entregaron a Pilato a un inocente, al que Dios resucitó de los  muertos. Los matices del discurso son distintos, pero la sustancia es la misma: Jesús injustamente condenado, ha sido reconocido justo por Dios mediante el acto más excelso y jamás antes visto,  la resurrección. Y está es “la palabra de salvación”: ésta es la realización de “la promesa hecha a nuestros antepasados”: Dios es lo suficientemente fuerte para vencer el mal, incluso el más horrible. Dios dará la salvación a los que crean en su poder, el mismo poder que se manifestó en el acontecimiento pascual de Jesús.

 

Hemos de señalar que Pablo fundamenta el anuncio de la resurrección en declaraciones de “testigos”. Pablo tiene mucho cuidado en no introducirse en el número de estos, con el que reconoce su papel insustituible. Él es sólo un portavoz de ‘lo que ha recibido’. Con todo, se apresura a añadir: ‘Y nosotros os anunciamos la Buena Noticia’, introduciéndose en el grupo de los evangelizadores. Nos anuncia la Palabra de la salvación a nosotros, que somos los verdaderos hijos de Abrahán (Mt 3,9), los herederos de las promesas (Gal 3, 16-29), el verdadero Israel de Dios (Gal 6,16), hoy, en este contexto concreto que es el nuestro.

 

San Pablo cita al salmo 2 afirmando que la promesa hecha a nuestros padres Dios nos la ha cumplido resucitando a Jesús: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” y por eso no unimos al salmo exclamando: “Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya.” Continua diciendo, “Hijo mío eres tú, yo te engendrado hoy.  Te daré en herencia las naciones, y como propiedad, toda la tierra. Adoren al Señor con reverencia, sírvanlo con temor.”

 

Los apóstoles, reunidos en torno a Jesús en el cenáculo, después del anuncio de la traición de Judas, de las negaciones de Pedro y de la inminente partida del Maestro, han quedado profundamente afectados. El desconcierto y el miedo han inundado la comunidad. Jesús lee el rostro de sus discípulos una fuerte turbación, un peligro para la fe, y por eso les anima a que tengan fe en el Padre y en Él (v.1).

 

Si el Maestro exhorta a sus discípulos a la confianza es porque Él está a punto de irse a la casa del Padre a prepararles un lugar. No deben entristecerse por su partida, porque no los abandona; más aún, volverá para llevarlos con Él (vv. 3s).

 

Los apóstoles no comprenden las palabras de Jesús. Tomás manifiesta su absoluta incomprensión: no sabe la meta hacia la que se dirige Jesús ni el camino para allegar a ella; y es que entiende las cosas en un sentido material. Jesús en cambio, va al Padre y precisa el medio para entrar en contacto personal con Dios: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (v.6).

 

Esta fórmula de revelación es una de las cumbres más elevadas del misterio de Cristo y de la vida trinitaria: el hombre-Jesús es el camino porque es la verdad y la vida. En consecuencia, la meta no es Jesús-verdad, sino el Padre, y Jesús es el mediador  hacia el Padre. La función mediadora del hombre-Jesús hacia el Padre está explicitada por la verdad y por la vida. El Señor se vuelve así, para todos los discípulos, el camino al Padre, por ser la verdad y la vida. Él es el revelador del Padre y conduce a Dios, porque el Padre está presente en Él y habla en verdad. Él es el “lugar” donde se vuelve disponible la salvación para los hombres y éstos entran en comunión con Dios.

 

También hoy Jesús nos dice: “no te inquietes”. Tú sabías, Señor, que también había de llegar para mí el momento de la inquietud y la turbación. Para mí y para tantos otros como yo. ¿Cómo es posible que haya tantos odios y venganzas? ¿Tanta corrupción e indiferencia? ¿Tanta hambre de dinero y de poder? ¿Tanta violencia y tanta prepotencia? Fíjate cómo nuestras ciudades se han vuelto semejantes a Sodoma y Gomorra: ¿cómo es posible no sentirse inquieto?

 

Jesús responde a mi inquietud asegurándome que ‘también hay un lugar para mí’ allí donde esta él un lugar preparado para quien, a pesar de la inquietud, persevera con Él en las pruebas y en la tormenta.

 

“No dejen que sus corazones se turben” (Juan 14,1). Cuando Jesús dijo estas palabras, probablemente su propia mente se consumió con problemas. Sabía que en las próximas 24 horas, iba a enfrentar la humillación, el dolor y la muerte en una cruz. Debe haber sido un momento horrible para Jesús. ¿No es sorprendente, entonces, que Jesús pudiera pensar en decirle a sus apóstoles: “No dejen que sus corazones se turben” (Juan 14,1)? Entonces, ¿qué podemos concluir?

 

Primero, todos enfrentamos algún tipo de problema en nuestras vidas. Las cosas no siempre irán bien, y sentiremos tristeza y dolor. En resumen, nuestros corazones estarán preocupados. Pero hay buenas noticias. Jesús conoce nuestros problemas porque se enfrentó a tentaciones y problemas similares en su propia vida. Es por eso que él puede simpatizar con nosotros. Es por eso que él puede ayudarnos (Hebreos 4,15).

 

Segundo, en medio de nuestros problemas, Jesús quiere decirnos que él siempre está con nosotros. El salmista nos dice que habrá momentos en los que tengamos que caminar por valles oscuros, pero que cada vez que lo hagamos, Dios estará con nosotros, consolándonos y dándonos el coraje para superarlo.

 

El Evangelio de hoy es quizás la palabra más reconfortante en todas las Escrituras. Puede convertirse en un baluarte de seguridad para cada uno de nosotros. Así que sigue repitiendo las palabras de Jesús: ” No dejen que sus corazones se turben. Tienes fe en Dios; ten fe también en mí “(Juan 14, 1-2). Deja que estas palabras te convenzan de lo que eres y de lo que crees. Deja que te llenen de la paz de Dios. ¡Nunca tienes que enfrentar nada solo!

 

“Señor, ayúdame a estar cerca de ti cuando enfrente pruebas y dificultades. Dame la gracia de caminar por cada oscuro valle lleno de fe y confianza en ti”.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

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