Jueves después de la Epifanía (10 de enero de 2019)

LUCAS 4:14-22

Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu,
y la noticia se extendió por toda la región.
Enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.
Vino a Nazaret, donde el creció,
y fue de acuerdo a su costumbre
a la sinagoga en un día de reposo.
Él se levantó para leer y se le entregó un pergamino del profeta Isaías.
Él lo desenrolló y encontró el pasaje donde estaba escrito:

 

El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido
para llevar la buena nueva a los pobres.
Él me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos
y la recuperación de la vista a los ciegos;
dejar libres a los oprimidos,
y proclamar un año de gracia del Señor.

Enrollando el pergamino, lo devolvió al asistente, y se sentó,
y los ojos de todos en la sinagoga lo vieron atentamente.
Él les dijo:
“Hoy el pasaje de esta Escritura se ha cumplido en su audiencia.”
Y todos hablaban bien de él
y estaban asombrados con las palabras de gracia que salían de su boca.

 

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En el pasaje evangélico de hoy meditamos cuando Jesús va a la sinagoga de Nazaret un día sábado como era su costumbre, es decir, algo que hacia habitualmente, y lo invitaron a leer las Sagradas Escrituras. Te invito a que imagines lo que debe haber sido estar en la sinagoga ese día y te coloques en la escena. Cuando  Jesús termino de leer el pasaje del profeta Isaías 61, el silencio era absoluto, pues algo nuevo estaba sucediendo en ese momento, tú que has escuchado sobre el Mesías toda tu vida, sobre el Ungido que vendrá y salvará a Israel, y ahora está frente a ti y te habla. “Todos tenían los ojos fijos en Él, cuando entrego el libro al asistente y se sentó.” ¿Dime si esto no es maravilloso e increíble? Además, cuando finalmente habló, todos “estaban asombrados con las palabras de gracia que salían de su boca.” (Lc 4, 22) Cada uno de los presentes lo habían visto crecer en la casa de sus padres, José y María. Para ellos parecía un hombre normal que ha madurado hasta convertirse en un orador maravilloso. ¡Sin embargo, hoy anuncia que Él es el que todos han estado esperando, el Mesías! Esta es otra epifanía de que Jesús es el Hijo de Dios. ¡Qué extraordinaria ocasión para todos los que estaban allí presentes!

 

Nosotros no tenemos el privilegio de ver ni oír a Jesús en persona, pero sí podemos fijar la mirada en Él y escucharlo todos los días, al encontrarnos con Él en la oración, en su Palabra en las Escrituras, en la Santa Misa y en la comunidad de hermanos porque Él prometió estar con nosotros hasta el final de los tiempos. Deberíamos tener nuestros ojos fijos en Él y quedarnos asombrados de sus maravillosas obras en el mundo por nosotros, cada amanecer, el aire que respiramos, la creación, la vida misma, e incluso las dificultades y problemas de la vida porque a través de ellos nos invita a confiar en Él y nos muestra su poder.

 

¿Dedicas tiempo para fijar tu mirada en Jesús y quedar maravillado de su amor por ti?

 

Tal vez el mensaje de Jesús no es el mensaje que ellos esperaban. Ellos esperaban  un poderoso gobernante que los liberara de sus enemigos con poder y la fuerza de los ejércitos, la violencia y la venganza. Aunque Jesús no vino como el Mesías que ellos esperaban, ellos recibieron al gobernante más poderoso que jamás haya existido, quien los liberaría de los enemigos más poderosos que no podían ver (diablo y pecado). Jesús nos vino a liberar a través de su Encarnación, su vida, enseñanzas, pasión, muerte, resurrección, ascensión y venida de su Espíritu Santo, todo esto lo realiza con humildad, entrega y un amor sacrificial cumpliendo la voluntad de su Padre hasta dar la vida por los suyos por amor. Su muerte en la cruz vendría unos años más tarde, pero Él insinúa su misión aquí cuando cita a Isaías. A través del poder del Espíritu, Jesús ha venido a liberar a los cautivos y oprimidos, a vislumbrar a los ciegos y a traer buenas noticias a los pobres. En otras palabras, Él vino para los humildes, los marginados y los pobres, es decir, los necesitados de su amor.

 

¿Alguna vez te has sentido pobre? ¿Cautivo? ¿Ciego? ¿Oprimido? ¿Necesitado de amor?

 

Pasamos toda nuestra vida buscando libertad, pero la buscamos de forma equivocada, tratando de hacer nuestra propia voluntad, definiendo nuestro propio destino, haciendo lo que nos da la gana hacer, aunque no sea lo mejor para nosotros y los nuestros. Sin embargo, este auto-enfoque nos lleva a convertirnos en esclavos. Podremos tener mucho dinero, pero seremos pobres en lo verdaderamente importante. Ejercemos nuestra autonomía, pero nos convertimos en esclavos de nuestro trabajo, dinero, prestigio, placer,  poder, honor, etc. A veces estamos ciegos ante la realidad de Dios que nos rodea, somos oprimidos por nuestra manera de pensar, actuar y vivir porque no hemos dejado a Cristo actuar en nuestras vidas.

 

Nuestra verdadera libertad viene cuando conformamos nuestra voluntad  a la de Dios. El mundo dice que la obediencia conduce a la esclavitud cuando rendimos nuestra voluntad a la voluntad de otra persona. Sin embargo, la paradoja es que cuando nos rendimos a Dios encontramos la verdadera libertad y plenitud en nuestras vidas. Él es la respuesta a todas nuestras necesidades, solamente Él nos puede liberar de todo lo que nos impide ser felices.

 

¿Busco ser obediente a la voluntad de Dios?
¿He buscado la libertad en el camino equivocado?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

Señor, Jesús, te pido que me liberes de los pensamientos que me hacen creer que estoy demasiado ocupado para fijar la mirada en ti y buscarte en la oración, para leer tu palabra diariamente. Abre mis ojos para que yo entienda lo que lea, y lléname de tu Espíritu para que, al leer, pueda fijar la mirada en ti y descubrirte con todo mi ser como el Hijo de Dios, el Mesías, el Ungido. Enséñame a buscarte primero a ti antes que las cosas de este mundo para que de ti vengan todos los bienes y llenes el vacío en mi corazón. Tú eres la Palabra de Dios hecha carne, Señor, habla a mi corazón. Ayúdame a entregarte las riendas de mi vida y a dejarte tomar el control de mi trabajo, deseos, planes, familia, proyectos, amistades, y todas las situaciones de mi vida. Ayúdame. Quiero ver, ser verdaderamente libre, rendirme a ti, y ser saciado de tu amor para vivir en libertad.

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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