Martes de la segunda semana de Adviento

Evangelio según san Mateo 18, 12-14

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”.

 

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Durante el destierro de Babilonia la desconfianza y la tristeza oprimen el corazón de los deportados, que es el pueblo de Dios, pueblo de Israel. Se preguntan si el Señor se ha olvidado de su pueblo, si es válida todavía su palabra, si subsiste un hilo de esperanza para Jerusalén. Es entonces cuando el Señor suscita un profeta anónimo, cuyos oráculos se añadieron al libro del profeta Isaías, porque de algún modo prolongan su mensaje. De estos oráculos (Isaías de los capítulos 40 al 55) la lectura de hoy (Is 40, 1-11) es el pórtico, anticipando el tema de todo el contenido de su actividad profética. Dios pide al profeta y a sus discípulos que sean portadores de la buena noticia que les confía: “mensajero de buenas nuevas…alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén. Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos…‘Aquí está su Dios’ ” (v.9). La consoladora noticia consiste en una relación renovada con el Señor, en una alianza restaurada. Y para el segundo Isaías un signo visible de esta renovada relación amorosa con el Señor es el regreso a la patria de los desterrados, que se llevará a cabo no en tono menor, sino de modo triunfal, en medio de una creación festiva, con el Señor que camina a la cabeza del pueblo, como triunfante guerrero y cariñoso pastor.

 

¿Confías en Dios a pesar de todas las dificultades de tu vida?

 

El papel del profeta y de los que se adhieran a su mensaje será precisamente preparar esta venida del Señor, “Preparen el camino del Señor en el desierto” (v.3). El ánimo del pueblo -rendido como un terreno accidentado por las pruebas, sufrimientos desilusiones e infidelidades- podrá ahora acoger la revelación de la gloria de Dios igual y más que la gloria manifestada en el camino del éxodo (v.5). Y aunque el hombre sea frágil y sus promesas efímeras (vv.6-8), la palabra del Señor es estable y su compromiso con la humanidad es eterno: el pueblo deportado deberá confiar en esta estabilidad de la promesa del Señor. Por eso el salmista nos invita a clamar: “Ya viene el Señor a renovar el mundo… cantemos al Señor un nuevo canto…Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.” (Salmo 95)

¿Das gracias a Dios y te regocijas en el Señor por todo lo que sucede en tu vida?

 

La parábola de la oveja perdida en Lucas (15, 3-7) es una exhortación a compartir la alegría del perdón que Dios otorga a los pecadores que se convierten y a la vez a disponernos al perdón. En el texto de Mateo, la misma parábola forma parte del discurso eclesial (cap. 18), en el que Jesús comunica a los discípulos algunas indicaciones preciosas acerca de la vida comunitaria: el esfuerzo es por hacerse pequeños, disponibilidad a la acogida, atenciones para el que vacila en la fe, etc.

 

En coherencia en dicho contexto, para el primer evangelista (Mateo) la parábola de la oveja perdida no habla directamente de Dios que se pone a buscar la oveja, sino de la comunidad, que debe ser “signo del rostro de Dios”, que va a la búsqueda de la oveja perdida con una solicitud pastoral por el “pequeño” y más aún por el que se ha extraviado, por el pecador.

 

Dejar las noventa y nueve ovejas para buscar una es una locura; pero así es la locura de Jesús y debe ser la locura de la comunidad (v.14). La comunidad no debe dejarse guiar por criterios de eficiencia, sino por el “cuidado” con el pequeño, con el insignificante, con el marginado o lejano, por el motivo que fuere. No se asegura automáticamente el éxito (v. 13: “Si logra encontrarla…”), pero se exhorta a la comunidad a no olvidar nunca el buscar la oveja perdida, porque será fuente de gran alegría: “les aseguro que se alegrará por ella más que por las noventa y nueve que no se extraviaron” (v.13).

 

¿A quién te está invitando el Señor que busques para que lo lleves al amor de Cristo y se reconcilie con Dios, con la comunidad y consigo mismo?

 

Cada vez antes de escuchar confesiones, me pongo en oración y le pido a Dios tener presente no solo en mi mente sino en mi corazón este pasaje de las Sagradas Escrituras. El amor y la misericordia de Jesús son infinitos, más allá de nuestros pecados. Él se regocija cada vez que una de sus “ovejas perdidas” vuelve a buscar la reconciliación con Él. ¡Espero que sepas cuanta alegría le das al Señor cuando vuelves a Él con un corazón arrepentido!

 

Acércate al Sacramento de la Confesión especialmente en este Adviento. ¡No tengas miedo! El Señor te ama inmensamente y tiene misericordia de ti. Él es el Padre bueno, como el padre de la parábola del hijo pródigo. Cada vez que nos confesamos, Dios nos da libertad, paz y alegría.

 

El Señor se regocija cuando regresamos a Él y sus ángeles cantan alabanzas por nuestro regreso. “Hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por 99 que no tienen necesidad de arrepentimiento” (Lucas 15, 7).  El enfermo necesita al doctor y la medicina, el pecador necesita a Dios y su misericordia. Dios Padre  entrega a Su Hijo por amor a ti y a mí.

 

¿Verdaderamente crees que Dios te ama incondicionalmente?
¿Crees que Dios está dispuesto a dejar a todos los demás para buscarte?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

Señor, que este tiempo de Adviento sea un tiempo maravilloso para escuchar tu voz a través de tu Palabra y reflexionarla. Danos la fuerza para buscar a quien se ha alejado de tu rebaño (Iglesia), llénanos de sabiduría y amor para expresarle que Tú lo amas y moriste en la cruz por él/ella, danos la valentía para buscar con quien nos hemos enemistado y no le hablamos, de sanar a quien hemos lastimado, de perdonar a quien nos ha ofendido, de pedir perdón a quien hemos ofendido, de verdaderamente hacer tu voluntad y amar a los demás como tú nos amas. ¡Señor, enséname a ser sabio y hacer tu voluntad en todo momento de mi vida!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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Un comentario en “Martes de la segunda semana de Adviento

  1. Maria de Jesus Rios Gonzalez dijo:

    Hola Padre muy buenos días le mande un mensaje por Messenger y parece que no lo a visto también por waats espero que los lea …..Que Dios lo bendiga donde quiera esté hoy este año no lo pude ver pero recuerde que usted vive en mi ❤ y no paga renta que tenga un excelente día y hermoso año nuevo disculpe por saber si venía a méxico pero como siempre me avisa y tenía muchas ganas de verlo le pido disculpas lo quiero muchísimo

    El mar., 11 de diciembre de 2018 05:39 p.m., Fr. Enrique Garcia escribió:

    > egarcia1975 posted: “Evangelio según san Mateo 18, 12-14 En aquel > tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene > cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los > montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega” >

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