Sábado 32 del Tiempo Ordinario

LUCAS 18:1-8

 

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.

Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’ “.

Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de noviembre la trivia de la vida de los santos del #165 al #194. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

En el evangelio de hoy, Jesús nos enseña “acerca de la necesidad de orar siempre sin cansarse”, es decir, de la perseverancia en la oración. Incluso el juez injusto le dio a la viuda lo que quería debido a su persistencia. Él “no temía a Dios ni respetaba a los hombres”. No era un hombre amable y generoso. ¿Cuánto más Dios, que es justo y nos ama inmensamente, nos dará lo que necesitamos? No es fácil encontrar la medida de la perseverancia, porque evidentemente no se trata de presionar a Dios para que haga lo que queremos.  ¿Cómo insistir en una petición, si ignoramos si aquello en lo que insistimos es lo mejor para nosotros, o si es lo que Dios, en su sabiduría, quiere para nosotros?

 

Jesús nos anima a orar, buscar, pedir y tocar. Deberíamos ser específicos con nuestras oraciones y deberíamos ser persistentes. Sin embargo, como todos sabemos, no siempre obtenemos lo que queremos. Nuestro Padre es un Padre amoroso que nos da lo que necesitamos. Él sabe lo que es mejor para nosotros. Es por eso que Jesús nos enseñó a orar en el Padre Nuestro “hágase tu voluntad”. Jesús no vino a la tierra a hacer su propia misión ni a obtener lo que quería. Él vino a completar la misión de Su Padre. María respondió con fe al ángel Gabriel: “Hágase en mí según  tu palabra”, es decir, “tu voluntad”. Cristo no se refiere a cualquier petición en este pasaje del Evangelio, lo que Él promete es muy concreto: “¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos?” (Lc 18, 7). De hecho la viuda de la historia pedía eso: justicia. Por eso, antes de pensar en insistir en nuestras súplicas hemos de preguntarnos si son justas, o mejor aún: si pedimos justicia o es justo lo que pedimos para nuestro bien y nuestra salvación).

 

Deberíamos preguntarnos: ¿Qué es pedir justicia? Si lo miramos bien, es pedir que aparezca la acción del juez. Pedir justicia ante el juez, es pedir su ayuda y por otra, confiar en el juez. Estas son las dos características de una oración de justicia: descubrir los límites que tenemos en la solución de nuestros problemas y confiar en el poder y la sabiduría de Dios para ayudarnos eficazmente. Orar así es, al mismo tiempo, acto de humildad, acto de fe, y acto de verdadera alabanza a Dios.

 

Pedir justicia es entonces pedir que se manifieste lo que sólo Dios puede hacer; equivale, por consiguiente a pedir lo que pedimos en el Padrenuestro: “que tu Nombre sea santificado…”, “que venga tu Reino…”. No es primer lugar un acto en contra del adversario sino un acto a favor de la gloria de Dios. Y pedimos “hágase tu voluntad”. La oración no pretende cambiar la voluntad de Dios, sino conformar nuestra voluntad a la voluntad del Padre. Siempre que acepto la voluntad de Dios tengo más paz, aunque no obtenga lo que quiera. ¿De qué me sirve obtener lo que quiero sino tengo paz? El aceptar esto me ha tomado varios años para darme cuenta que Dios tiene mejores planes que los míos.

A veces no entiendo completamente el plan de Dios para mí, pero confío en Dios completamente y eso me fortalece en su amor. Sé que Dios me ama como Su hijo amado y Su plan siempre es mejor que el mío porque Él quiere que yo sea mejor cada día, y vino a darme vida y vida en abundancia.

 

Al final de este pasaje, Jesús dice: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” Esta es una pregunta que cada uno de nosotros necesita tomar en serio. ¿Has puesto tu fe y confianza en Dios, en el juez justo, que te ama más de lo que puedes imaginar?
¿Trato de unir mi voluntad a la voluntad de Dios?
¿Confío en que Dios me dará todo lo que necesito, incluso si no obtengo lo que quiero?

 

 Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre. #181   San 

 

Nuestro santo de la trivia del día de hoy se hizo muy conocido y querido por ser el Superior del más célebre Monasterio de su tiempo, el de Cluny, y porque tuvo bajo su dirección más de mil monjes en diversos Conventos.

 

Debido a fuertes dolores de cabeza que el Santo padeció cuando era joven, tanto él como su padre le pidieron a Dios Celestial mejoría para la dolencia, a lo que el Padre accedió de inmediato, sanándolo de todo mal que lo aquejaba.

 

Un día leyó las Reglas que San Benito hizo para sus Monasterios, y se dio cuenta de que él estaba muy lejos de la santidad. Entonces, pidió ser admitido como monje en un Convento benedictino.

 

En el año 910 se fundó el famoso Monasterio benedictino de Cluny en Francia, y el Fundador lo llevó como ayudante. Después de la muerte de este último, nuestro santo fue nombrado Superior del inmenso Monasterio. Al principio, nuestro santo se dedicaba más al estudio que a la oración. Sin embargo, en una visión contempló que su alma era como un vaso muy hermoso, pero lleno de serpientes. Con esto comprendió que si no se dedicaba totalmente a la oración y a la meditación, no sería agradable a Dios. Desde ese instante, su vida fue un orar continuo, fervoroso, un meditar constante en temas religiosos.

 

Nuestro santo insistía muchísimo en que se rezaran con gran fervor los Salmos y en que se observara silencio en el Convento. Fue formando monjes tan piadosos, que con ellos logró fundar otros 15 Monasterios más. Murió el 19 de noviembre del año 942. Nuestro santo contribuyó inmensamente al resurgimiento del espíritu religioso.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

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