Domingo 33º Tiempo Ordinario – Ciclo B.

Evangelio según san Marcos 13, 24-32

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.

 

Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de noviembre la trivia de la vida de los santos del #165 al #194. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

¡Estas lecturas para el domingo encienden una emoción en mi corazón! El año litúrgico de la Iglesia Católica se acerca a su fin (concluirá el próximo domingo, con la fiesta de Cristo Rey) y por esa razón se nos propone para este domingo penúltimo un texto escatológico, es decir, un texto que aborda la enseñanza de Jesús sobre el final de los tiempos. El capítulo 13 de san Marcos  pertenece al género apocalíptico; de hecho se trata del primer apocalipsis cristiano (nuestro actual libro bíblico del Apocalipsis, perteneciente a la tradición de San Juan, se escribió aproximadamente 40 años después del de Marcos).

 

El género apocalíptico es literatura de protesta, va dirigido a un pueblo que sufre por la opresión, y presenta, en clave simbólica, un mensaje de esperanza. No intenta develar los misterios referentes al futuro, sino iluminar la problemática del presente, sosteniendo la fe de la comunidad en tiempos difíciles. Los escritos apocalípticos son escritos pensados para los tiempos de crisis, en los que la fidelidad del Pueblo de Dios al Evangelio (Buena Nueva) se hace más dolorosa y desafiante.

 

En la comunidad destinataria del Evangelio de Marcos – la comunidad cristiana de Roma – se habían comenzado a sentir los ánimos persecutorios que culminarían en la calumniosa acusación contra los cristianos de ser los autores materiales del terrible incendio del 18 de julio del año 64, que arrasó con la tercera parte de la ciudad imperial y costó la vida a varios millares de personas. Los cristianos no sólo comienzan a ser rechazados en todos los ambientes, sino que, poco a poco, van siendo privados de ciertos derechos, hasta el punto de que deben comenzar a reunirse en secreto y a ocultar su fe en Cristo por temor a las represalias gubernamentales.

 

“…después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el uni­verso entero se conmoverá…” Es muy posible que “la gran tribulación” haga referencia precisamente a este trágico incidente –el incendio de Roma-, o, incluso, a aquel otro terrible acontecimiento más tardío: la destrucción de Jerusalén, llevada a cabo por los ejércitos del general romano Tito el año 70. Pero más que la precisión histórica, importa la valencia simbólica, que es la que alcanza aplicación a la vida concreta en las diversas épocas de sufrimiento por las que tendrá que pasar la comunidad de los creyentes. En algunas corrientes apocalípticas, “la gran tribulación” abarca todo el conjunto de la historia, vista ésta como tiempo de sufrimientos y terribles angustias; de ser así, los signos que siguen a “la gran tribulación” hacen referencia a la clausura definitiva de la era presente, caracterizados por la presencia de los astros, para dar lugar al surgimiento de una  nueva era, de categorías cósmicas absolutamente nuevas.

 

Sin embargo, en la mayoría de los textos apocalípticos, interesados por alentar la esperanza en tiempos de prueba, “la gran tribulación” alude a etapas concretas de sufrimiento que sacuden los cimientos mismos de la fe. En este segundo caso, los signos que siguen son más de carácter espiritual y existencial, que propiamente cósmico. El apagarse del sol y de la luna, significa la pérdida del sentido, la imposibilidad de entender el sufrimiento y la permisión del mismo por parte de Dios. Es la angustia que siempre se apodera de todos los sufrientes: ¿por qué Dios lo permite? ¿Por qué, si es poderoso y bueno, como creemos firmemente, no impide el sufrimiento, sobre todo, de los inocentes? Las estrellas, tenidas en la antigüedad como señales para el camino y hasta como rectoras del destino humano, se desploman sobre la tierra: es el absurdo, la suspensión de todos los caminos, la interrupción misma de la evolución humana.

 

Además, los astros aluden también al mundo pagano y a sus seguridades; el sol, la luna y las estrellas eran venerados por los pueblos paganos, lo que constituía una grosera idolatría para el pueblo de la Alianza. La caída de los astros sería, entonces, una alusión a la insuficiencia de los ídolos humanos para dar respuesta al sufrimiento humano. Nada de todo aquello en lo que el hombre suele poner su seguridad logra sanar eficazmente sus dolores. Sólo cuando el hombre comprende esto, puede estar en posibilidad de abrirse a Cristo…

 

“Entonces verán venir al Hijo del hom­bre sobre las nubes con gran poder y majestad…” La nube era el símbolo de la presencia amorosa de Dios que acompaña el fatigoso caminar por el desierto. Los libros del Éxodo y de los Números narran ese fatigoso caminar – símbolo del caminar por la historia – y cómo la Nube iba guiando al pueblo en las diversas etapas, de modo que allí donde la Nube se detenía, el pueblo pausaba su marcha y ponía el campamento; cuando la Nube se volvía a poner en movimiento, los israelitas sabían que había llegado la hora de levantar el campamento y reanudar el difícil tránsito por los inhóspitos parajes del desierto. Para nuestro evangelista, ante la insuficiencia radical de los ídolos mundanos, de las falsas seguridades construidas por el hombre, se abre paso la propuesta de la fe, protagonizada por la sufriente comunidad que, aún en medio de las más terribles persecuciones, se deja guiar por el Hijo del Hombre y en él pone su confianza.

 

“Y él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardi­nales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo…” La fuerza que hace presente la guía de Dios para su pueblo (la “Nube”) no es otra que la fuerza de la congregación, del llamado; esta comunidad no es resultado de los lazos meramente humanos, de las simpatías o de los intereses compartidos: es fruto de una llamada por parte de Dios. Una vez más, como lo hizo ya en el remoto pasado de Israel, Dios vuelve a congregar a su pueblo, constituyéndole en “qahal Yahvé”, es decir, en “asamblea convocada por el Señor”, en auténtica “ecclesía” (= Iglesia), universal (procedente de los cuatro puntos cardinales) y sacerdotal al mismo tiempo (“pontifical”, o hacedora de puentes, capaz de unir los extremos aparentemente irreconciliables del universo: la tierra –mundo de los hombres- y el cielo –mundo de Dios-).

 

De este modo, la comunidad de los creyentes está llamada a escrutar los “signos de los tiempos”, a barruntar la portada salvífica de los acontecimientos históricos en los que se encuentra inmersa, del mismo modo como se intuye la cercanía del verano por el verdor de las hojas de la higuera. Nada puede confundir de manera definitiva a uno que se deja guiar por la fe: en todo acontecimiento, incluso en los sucesos más difíciles, él descubre el señorío del Hijo del Hombre, su poderío y majestad. No se siente nunca a la deriva, sino guiado por la Nube hacia puerto seguro; nada hay en el mundo que pueda frenar su camino, nada le derrota ni le hace abandonar la fidelidad a su Señor.

 

Para él, la solidez procede de la Palabra que le ha sido anunciada, y vive aferrado a esa Palabra, sabiendo que “podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse…” De este modo, el evangelista Marcos delinea la espiritualidad del discípulo con rasgos de perenne actualidad: una espiritualidad de esperanza en medio del sufrimiento, de certezas abrazadas en la fe en medio de las incertidumbres de la época, vivida en comunidad, como constante revitalización de la primera llamada, del primer encuentro, y alimentada permanentemente por la escucha atenta de la Palabra, por un lado, así como por el discernimiento detallado de los acontecimientos de la historia, a fin de descubrir la trama oculta que ellos enmascaran: la de la persistente conducción de Dios hacia un punto de máxima realización, en el que el Hijo eterno del Padre tomará a los hombres desde todos los rincones del universo y se los presentará como ofrenda agradable, purificados por el sufrimiento y sostenidos por su amor.

 

Nuestro llamado como cristianos católicos es confiar y vivir en la gracia de Dios, orar sin cesar y vivir en continua unidad con la Santísima Trinidad en medio de las dificultades. Esto solo puede suceder a través de una vida dedicada a la oración y al estudio, frecuentando los Sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, y desarrollando buenos hábitos y virtudes, viviendo en la comunidad de los llamados a consagrar su vida a Dios.

 

¿Qué estoy haciendo para permanecer en la gracia de Dios y vivirla en comunidad?

¿Estoy preparado para la venida del Señor?

¿Vivo con temor o gozosa esperanza para la venida del Señor?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre. #182   San ??, Hermano Lego.

 

 Nuestro santo de la trivia del día de hoy nació en España en el año 1400. Admitido como religioso franciscano y pese a haber hecho pocos estudios, era muy iluminado para dar respuestas en temas espirituales, sobre todo en los más difíciles.

Enviado a las Islas Canarias para ser misionero, logró la conversión de muchos paganos y no permitió que los colonos esclavizaran a los nativos.

Por tales labores apostólicas, lo nombraron Superior de la comunidad, siendo tan sólo un hermano lego que sin embargo desempeñó a cabalidad dicha función.

Durante los últimos años de su vida, pasaba días enteros dedicados a la oración. Al ver un crucifijo, quedaba en éxtasis. Su amor por la Virgen Santísima era inmenso. Ungiendo a los enfermos con un poco de aceite de la lámpara del altar de la Virgen, éstos se curaban.

Murió el 12 de noviembre del año 1463, y en su sepulcro se obraron muchos milagros. Fue canonizado en 1588.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

 

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