Viernes XXXII del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 17, 26-37

 

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: “Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.

Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.

Aquél día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.

Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada”.

Entonces, los discípulos le dijeron: “¿Dónde sucederá eso, Señor?” Y él les respondió: “Donde hay un cadáver, se juntan los buitres”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de noviembre la trivia de la vida de los santos del #165 al #194. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

A medida que nos acercamos al final del año litúrgico dentro de la Iglesia las lecturas nos invitan a considerar sobre los últimos tiempos. Se nos anima a pensar en la vida eterna, el cielo y el infierno, la forma en que vivimos nuestras vidas, etc.

 

No sabemos el día ni la hora en que el Señor regresará en su gloria o el día en que Él nos llame a casa individualmente. Hoy Jesús, a fin de educar a sus discípulos en el ejercicio de la verdadera esperanza, completa el discurso sobre su última venida. Para que la esperanza no se convierta en utópica (“sin lugar”) y para que no produzca fáciles ilusiones, la conjuga Jesús con la fe: ésta nos liga, en efecto, desde ahora a su persona y nos introduce en su misterio de muerte y resurrección. Si la esperanza se conjuga con la fe, entonces, como discípulos-misioneros, sabemos a quién esperamos y no nos interesa ya cuándo ni cómo tendrá lugar la segunda venida.

 

Jesús ilustra esta enseñanza suya con dos ejemplos: el de Noé (vv.26ss) y el de Lot (vv.28ss). Jesús nos dijo que en el tiempo de Noé, las personas estaban “comiendo y bebiendo, casándose en matrimonio”. En otras palabras, estaban viviendo vidas sin preocupaciones y fueron sorprendidas por el diluvio. Todos murieron excepto Noé y los que subieron al arca.  De la misma manera, durante los días de Lot, la gente de Sodoma “comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían vivía su vida cotidiana”, es decir, vivían sin preocuparse por su vida espiritual. Sodoma fue destruida debido a su pecado.

 

Estos dos hechos históricos ponen de relieve el carácter inesperado y repentino del diluvio, por un lado, y de la lluvia de fuego, por otro, sólo en apariencia. En realidad, Jesús quiere señalar con ellos la necesidad de estar preparados para cuando Dios se manifieste en su divino señorío: preparados para reconocerlo, para ser introducidos por Él en el gozo eterno y centrar así en plena comunión con Él. La verdadera enseñanza, por tanto, es ésta: no debemos considerar sólo a Noé y a Lot como figuras de los creyentes, sino también a sus contemporáneos, tan bien representados por la mujer de Lot (v. 32).  Vivian estos olvidados de Dios y preocupados sólo por bienes terrenos, y en esta situación fueron sorprendidos por el juicio de Dios; es su ceguera espiritual, su incapacidad para captar el carácter dramático de los tiempos, lo que atrae la atención de Jesús, del evangelista y también la nuestra.

 

“Acordaos de la mujer de Lot.” El discípulo de Jesús debe hacer un buen uso de su memoria: con ella, en efecto, puede volver a aquella historia que, precisamente por haber sido visitada por Dios, se convierte en fuente de sabiduría y, por ello, en maestra de vida. En este caso, la invitación recae directamente sobre el Antiguo Testamento, que, para nosotros los cristianos, constituye una fuente inagotable de enseñanzas siempre válidas y actuales pero centradas en la persona de Cristo.

 

La memoria del creyente no debe ser considerada como una mina de la que extraer materiales más o menos preciosos. Esta memoria induce más bien al creyente a “captar” en el interior de los acontecimientos históricos esos mensajes de los que Dios no priva a quienes le reconocen como tal. Esa es la auténtica sabiduría, reconocer al Señor en todos y cada uno de los acontecimientos de nuestra vida.  Quien recuerda los hechos históricos del Antiguo Testamento, preocupado por captar los motivos y los modos según los que interviene Dios, aprende no sólo a vivir en el tiempo presente sino también a orientar la antena de su fe hacia la meta final, el cielo, vivir en la presencia de Dios desde este mundo.

 

Ésa es la razón de que tal memoria se convierta en criterio diagnóstico de todo lo que acontece aquí y ahora, de suerte que no marque nunca el paso ni lentifique el ritmo de nuestra peregrinación. Al mismo tiempo, esa memoria nos pide y nos habilita para superar peligrosas distracciones –debidas sobre todo a la hipnosis de las cosas y de ciertas personas- y para practicar ese distanciamiento que hace posible un juicio sereno y ecuánime sobre todo y sobre todos. Más aún: esa memoria nos enseña a perder  lo que debe ser perdido y a conservar lo que debe ser conservado. El auténtico discípulo debe desprenderse de todo lo que lo ata en esta vida para experimentar una vida nueva adquirida por quién está dispuesto a sacrificar la propia vida terrestre para alcanzar la celestial.

 

¿Estás listo para encontrarte con el Señor? ¿Qué pasaría si supieras que hoy fuera el último día que tuvieras en la tierra? ¿Qué harías? ¿Con quién te gustaría pasar tu día? ¿Irías a la confesión? ¿Le dirías a tus seres queridos lo que significan para ti? Estas preguntas nos indican lo que es más importante en nuestra vida. No dejes para después lo que hoy puedes hacer. Vive hoy y todos los días de tu vida como si fueran el último.

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre. #180  Santa

 

A los 34 años falleció su esposo, y decidió entonces consagrar su vida al servicio de Dios. Esta santa mujer tuvo la dicha inmensa de tener como directores espirituales a dos santos muy famosos y extraordinariamente guías de almas: San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl. Con San Francisco de Sales tuvo frecuentes conversaciones espirituales en París en 1618 (tres años antes de la muerte del santo) y con San Vicente de Paúl trabajó por treinta años, siendo su más fiel y perfecta discípula y servidora. San Vicente de Paúl había fundado grupos de mujeres que se dedicaban a ayudar a los pobres, atender a los enfermos e instruir a los ignorantes. Estos grupos de caridad existían en los numerosos sitios en donde San Vicente había predicado misiones, pero sucedía que cuando el santo se alejaba los grupos disminuían su fervor y su entusiasmo haciéndose necesario la presencia de alguien que los coordinase y animase permanentemente.

 

Dicha persona providencial fue nuestra santa de hoy, quien personalmente se ofreció para coordinar y dirigir a los grupos de caridad. La santa recorrió el país visitando las asociaciones de caridad, llevándoles gran cantidad de ropas y medicinas para entregar a los más necesitados.

 

En 1633, el 25 de marzo, las primeras cuatro jóvenes hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, bajo la dirección de nuestra Santa , naciendo así la más grande comunidad femenina que existe, las Hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad. La santa además escribió muchos textos y libros en los cuales recopiló las enseñanzas de San Vicente de Paul y reflexiones personales, constituyendo una extraordinaria riqueza para la vida espiritual de sus religiosas y de todas las personas en general.

 

Falleció el 15 de Marzo de 1660, después de sufrir una dolorosa enfermedad y dejando fundada y muy extendida la más grande comunidad de religiosas. Las 33,000 religiosas vicentinas o hijas de la Caridad tienen más de 3,300 casas en el mundo. En la casa donde está sepultada su fundadora, en París, sucedieron las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a la vicentina Santa Catalina Labouré. Las religiosas fundadas por nuestra Santa  se dedican exclusivamente a obras de caridad. El Papa Pío XI la declaró santa  en 1934, y el Sumo Pontífice Juan XXIII la declaró Patrona de los Asistentes Sociales.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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