Martes XXXII del Tiempo Ordinario, Memoria de Santa Francisca Javier Cabrini, virgen

Evangelio según san Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú?’ ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?

Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ “.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de noviembre la trivia de la vida de los santos del #165 al #194. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

En el comienzo de la carta a Tito, San Pablo escribe sobre los requisitos para ser buenos sacerdotes y obispos. En la lectura de hoy (Ti 2, 1-8. 11-14) nos enseña cómo los laicos deben actuar. Él se dirige a los hombres mayores: “Que los ancianos sean sobrios, respetables, sensatos, bien cimentados en la fe, en el amor y la paciencia”. En otras palabras, deben ser modelos de virtud para que sus palabras y sus acciones coincidan. ¿Controlo mi carácter? ¿Hago y digo cosas sin reflexionar o pensar? He visto a personas perder completamente el control e insultar a otros, incluso a las personas que más aman, sobre cosas que en última instancia no importan mucho. Las personas mayores debemos enseñar lo que es correcto (sana doctrina), ser “respetables, sensatos, bien cimentados en la fe, en el amor y la paciencia.”  ¿He aprendido sobre mi fe hasta el punto de poder enseñarla o defenderla?

 

También San Pablo se dirige a las “ancianas” diciendo que “sean respetables en su comportamiento, que se abstengan de murmurar y de tomar mucho vino; que, con su buen ejemplo” enseñen a las jóvenes a “amar a sus maridos y a sus hijos, a ser sensatas, castas, sobrias, a cuidar bien de su hogar, a ser bondadosas y obedientes a sus maridos, para que nadie pueda hablar mal del Evangelio.” El ser “obedientes a sus maridos”, implica no que estén bajo control de sus maridos, sino que son ayuda mutua, son una sola carne, compañeros de camino para la vida eterna, que deben amarse mutuamente. Lo más importante es que tanto a hombres como a las mujeres nos está pidiendo vivir en virtud. Nos llama a la santidad (vivir virtud) para que nuestras palabras y acciones lleven a otros a Cristo.

 

¿Enseño lo que es bueno con mis palabras y mi ejemplo? ¿Soy casto en mis pensamientos, palabras y acciones? Ser casto significa que soy fiel a mi estado en la vida (casado, soltero, consagrado).

 

San Pablo le dice a los “jóvenes” que sean modelos “cuando enseñes, hazlo con autenticidad y dignidad, con un lenguaje sano e irreprochable.” Me sorprende el lenguaje que escucho de los jóvenes y mujeres en estos días. Mis padres nos enseñaron que decir malas palabras era un signo de falta de educación y de respeto así mismo. Nos dijeron: “Usa tu inteligencia y aplícala en tu vocabulario. No necesitas usar la vulgaridad cuando tienes otras palabras para expresarte. Solamente la gente con poca inteligencia y mucha vulgaridad usan las groserías.” Cuando escucho a alguien decir malas palabras me acuerdo de sus palabras tan sabias. A menudo adoptamos el lenguaje de aquellos con quienes nos relacionamos regularmente en el hogar, el trabajo y la escuela. Se necesita disciplina para no tomar los malos hábitos de otra persona. Te animo a usar tus palabras y a hablar con “dignidad, con un lenguaje sano e irreprochable” e influyas en la vida de otros para bien y no que tu débil carácter sea influenciado por la mala conducta de otros.

 

Por último, San Pablo dice que la “gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres” en la persona de Jesucristo porque Él nos ha mostrado el Camino. Él nos ha enseñado la Verdad. Él nos ha dado el camino a la Vida. Ahora depende de nosotros responder y estar preparados cuando Él regrese en gloria o ese momento en que morimos y nos encontremos cara a cara con Él.

 

¿Reflexiono diariamente sobre mis pensamientos, palabras y acciones?

¿Qué me pide el Señor que cambie en mi vida?

 

En el Evangelio de hoy,  nos encontramos frente a un pasaje típicamente Lucano. Jesús está hablando todavía a los apóstoles y, mediante la parábola del siervo (sería más exacto decir “esclavo”), después de haber hablado de la fe, les presenta la necesidad de “hacerse siervos” (una vez más, sería más exacto decir “esclavos”) de todos. Jesús remacha el concepto según el cual, en la lógica del Reino, lo que cuenta no es tanto lo que se hace como la intención, el estilo y el método con que se obra. Jesús no quiere recomendar una humildad genérica ni, menos aún, “interesada”; le interesa, más bien, lo que sus apóstoles piensan y pretenden hacer cuando se ponen a su servicio y al de su causa. Dios no tiene necesidad de nosotros ni de nuestras ayudas, pero desea tener colaboradores que estén en plena sintonía con su proyecto de salvación, que -aquí y ahora- se personifica en Jesús de Nazaret.

 

“Esclavos inútiles” (v.10) o bien ordinarios, simples, etc. Hay incluso quien traduce el adjetivo griego “inútil” con la expresión non profit: una traducción que, desde cierto punto de vista, nos ayuda a captar la identidad del esclavo evangélico. Ahora bien, lo que Jesús quiere enseñar, es decir, fijar en el corazón de sus discípulos, es la actitud que Él hará suya la víspera de su pasión: arremangarse la ropa, servir a los hermanos y, al final, considerarse y declararse con toda sinceridad “esclavos inútiles” (cf. Lc 22, 24-27; Jn 13, 1-17). Hay algo paradójico en esta enseñanza de Jesús: sus palabras son duras; sin embargo, expresan lo más genuino que hay en el Evangelio.

 

¿Has hecho lo que tenías que hacer?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre. #177

 

Nuestra santa de la trivia del día de hoy nació en 1850 en Italia en una familia acomodada. Desde pequeña, al escuchar lecturas misioneras, quiso ir a predicar a tierras extranjeras, pero sus padres la enviaron a estudiar para profesora con las religiosas de Arluno.

 

En 1870 murieron sus padres y con el tiempo nuestra santa buscó ingresar a la congregación donde realizó sus estudios, pero no fue admitida por su mala salud. Intentó en otra congregación pero tampoco la recibieron.

 

El Obispo y un sacerdote amigo la invitaron a entrar en el orfanato “Casa de la Providencia”, donde la fundadora llamada Tondini había realizado una mala administración. La Santa aceptó y con un grupo de compañeras fundó a las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón, bajo la inspiración de San Francisco Javier.

 

La conducta de Tondina, quien al parecer estaba mal de la cabeza, se convirtió en escándalo público. El Obispo aconsejó a nuestra santa a salir como misionera y cerró el orfanato. La madre con sus fieles compañeras se trasladaron a un convento franciscano que estaba vacío. Redactó las reglas, el Obispo las aprobó y así abrió otras casas.

 

Viajó a Roma para obtener la aprobación de su congregación en la Santa Sede y algunos obispos, entre los que estaba el Arzobispo de Nueva York, le pidieron que enviara sus religiosas a Estados Unidos. Nuestra santa por aquel entonces tuvo un sueño que se lo contó al Papa León XIII y el Pontífice la animó a ir al occidente y no a China.

 

A pesar de su miedo al agua por haber caído a un río siendo niña, cruzó el Atlántico y llegó a Nueva York en 1889. Allí se encontró con una realidad pastoral muy dura ya que había una gran multitud de pobres europeos que habían emigrado a los Estados Unidos; y los sacerdotes en su mayoría estaban allí por mala conducta.

 

El Arzobispo tuvo problemas para recibirlas y les dijo que lo mejor era que volvieran a Italia. Nuestra Santa decidida y firme le respondió que el Papa la había enviado a allí y que se iba a quedar. En poco tiempo la Santa obtuvo ayuda para iniciar un orfanato y consiguió casa para sus religiosas.

 

Poco a poco la congregación se fue expandiendo en Estados Unidos, ayudando con mucha caridad a los emigrantes y a todos los necesitados. La gente que trataba con ella la admiraba y la quería. Aunque era estricta, nuestra santa tenía un gran sentido de justicia.

 

“Ámense unas a otras. Sacrifíquense constantemente y de buen grado por sus hermanas. Sean bondadosas; no sean duras ni bruscas, no abriguen resentimientos; sean mansas y pacíficas”, solía decir a sus religiosas.

 

Por su actividad misionera tuvo que viajar a Nicaragua, Argentina, Costa Rica, Panamá, Chile, Brasil, Francia e Inglaterra.

 

En 1907 finalmente aprobaron las constituciones de su congregación que ya estaba en ocho países con más de mil religiosas en escuelas, hospitales y otras instituciones.

 

Más adelante la salud de nuestra Santa  empezó a decaer y partió a la Casa del Padre el 22 de diciembre de 1917.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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