Miércoles XXXI del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 14, 25-33

 

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:

“Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de noviembre la trivia de la vida de los santos del #165 al #194. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

San Pablo dirigiéndose a la comunidad de Filipo (Flp 2, 12-18)  los invita a la obediencia,  no sólo cuando está presente sino “con mayor razón…ahora que estoy ausente.” Esto es importante, obedecer y hacer las cosas no solamente para quedar bien o nos vean los demás, sino que debemos trabajar por nuestra “salvación con humildad y temor de Dios, pues Él es quien” nos da energía interior para que podamos querer y actuar conforme a su voluntad. Nos invita a hacerlo todo por amor para brillar como antorchas en el mundo, al presentar la palabra de vida. Para que “el día de la venida de Cristo, sus esfuerzos y trabajos no hayan sido inútiles.”


Evangelio: Después de abandonar la casa del fariseo, Jesús se encuentra con la muchedumbre que camina con Él y se dirige a sus discípulos con un tono más íntimo y radical. Hoy Jesús nos presenta dos parábolas (construir la torre y el rey que combate), precedidas y seguidas por dos invitaciones a la renuncia. En ambas parábolas se ilustra la necesidad de reflexionar antes de emprender una empresa, calculando bien las posibilidades de llevarla a puerto. Es importante evitar toda ligereza o temeridad. Una vez que se ha tomado una decisión, es preciso proceder con la más absoluta fidelidad: el fracaso debido a la indecisión o a la nostalgia sería imperdonable.  Incluso el “seguir a Jesús” por el camino que le está llevando decididamente a Jerusalén y hacia el Calvario es una empresa bastante arriesgada, en la que es necesario comprometer toda la vida. En la verdad de esta reflexión se injertan la invitación inicial y al final de este pasaje, que contiene una de las exigencias más radicales del Evangelio para ser discípulo de Jesús.

 

Renunciar a nuestro padre y nuestra madre, llevar la cruz e ir detrás de Jesús, renunciar a todos los bienes que poseemos (vv.26ss y 33), son algunas de esas exigencias que no dejan lugar a ninguna duda; al contrario, con su valor paradójico chocan con nuestra sensibilidad y nos hacen escandalizarnos. ¿Cómo puede decirnos hoy que para ser su discípulo, debemos “odiar” a los miembros de nuestra familia y nuestra propia vida? Ciertamente Jesús quiere que como sus discípulos lo pongamos por encima de todo, Él debe ser primero en nuestras vidas.   Jesús Cristo debe ser nuestra máxima prioridad en la vida, por encima de nuestra familia, incluso por encima de nuestra propia vida.  Cuando Él es el centro de nuestra vida, el resto de nuestras relaciones son puestas en el orden correcto.  Es por eso que los matrimonios y las amistades que están basadas en Jesucristo duran para siempre, porque están en el orden correcto.  Si la relación está basada en el  interés egoísta o simplemente en una atracción física, no durará la relación.

 

La exigencia del discipulado es grande pero las recompensas son mucho mayores. En esta vida, podemos experimentar paz, alegría, amor, esperanza y relaciones profundas y duraderas. Por supuesto, la vida eterna es la máxima recompensa del discipulado. Cuando era joven pensaba que seguir a Jesús sería aburrido, pero exactamente ha sido lo contrario mi experiencia. Poner a Jesucristo en el centro de mi vida ha sido el gozo más increíble de mi vida y las cruces que el Señor me ha dado me han ayudado a formarme como el barro en manos del alfarero para hacer una obra maestra de maneras  que nunca hubiera imaginado.

 

1)  ¿Estoy dispuesto a poner a Jesucristo en primer lugar en mi vida?

2) ¿Qué necesito quitar de mi vida para ser su discípulo?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de noviembre. #171 

 

Nuestro santo de la trivia de hoy nació en Cartagena, hacia el año 540. Pertenecía a una familia de santos: sus hermanos san Isidoro (que le sucedería como Obispo de Sevilla), san Fulgencio (Obispo de Écija) y santa Florentina, le acompañan en el santoral.

 

Elegido Obispo de Sevilla, creó una escuela, en la que se enseñaban no sólo las ciencias sagradas, sino también todas las artes conocidas en aquel tiempo. Entre los alumnos, se encontraban Hermenegildo y Recaredo, hijos del rey visigodo Leovigildo. Allí comenzó el proceso de conversión de Hermenegildo, que lo llevaría a abandonar el arrianismo y a abrazar la fe católica. Y, también, el enfrentamiento con su padre, que desembocaría en una guerra. A consecuencia de esta guerra, a nuestro santo le tocó ir al destierro.

 

Cuando mejoró la situación, pudo volver a Sevilla. Hermenegildo había sido ajusticiado por orden de su padre. Pero este, en los últimos años de su vida, influenciado, sin duda, por el testimonio del hijo mártir, aconsejó bien a su otro hijo, Recaredo, que le sucedería en el trono. El nuevo rey, aconsejado por nuestro santo, convocó el Concilio III de Toledo, en el que rechazó la herejía arriana y abrazó la fe católica.

 

A nuestro santo le debemos no sólo la conversión del rey, sino también el haber contribuido al resurgir de la vida cristiana por todos los rincones de la Península: se fundaron monasterios, se establecieron parroquias por pueblos y ciudades, nuevos Concilios de Toledo dieron sabias legislaciones en materias religiosas y civiles.

 

Se ha dicho que nuestro santo fue un verdadero estadista y un gran santo. Y es verdad. Porque, al mismo tiempo que desarrollaba esa vasta labor como hombre de Estado, nunca olvidaba que, como obispo, su ministerio le exigía una profunda vida religiosa y una dedicación pastoral intensa a su pueblo. Predicaba sermones, escribía tratados teológicos, dedicaba largos ratos a la oración, a la penitencia y al ayuno.

 

Murió en Sevilla, hacia el año 601. Su fiesta se celebra en el mes de noviembre.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

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