Jueves XXIX del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Pablo nos anunciaba ayer las maravillas del ministerio del amor de Dios que, escondido durante siglos, ha sido revelado en Cristo. Hoy en la primera lectura (Ef 3, 14-21), del asombro que ejercía sobre él este ministerio brota una vibrante oración de amor. El apóstol cae de rodillas ante el Padre, origen de toda familia en el cielo y en la tierra (v.15), y le pide que los cristianos de Éfeso sean robustecidos con poder en su interior por el Espíritu Santo (v.16). Pablo pide en sustancia que su fe sea auténtica y vigorosa, para que Cristo habite en sus corazones y, por esta razón, pueda crecer en ellos el elemento típico y fundador de la pertenencia a Dios en Cristo Jesús: la caridad.

 

¿Tú pides a Dios para que la fe de tu familia sea robustecida, auténtica y vigorosa?

¿Pides para que Cristo habite en el corazón de tu familia y transforme sus vidas?

 

Pablo sabe que sólo los que están “arraigados y fundamentados en el amor” (v.17), en comunión con los otros creyentes, se encuentran en condiciones de comprender “la anchura, la longitud, la altura y la profundidad” del amor que supera con mucho toda medida y categoría humanas (v.18). Y es que, efectivamente, es por Dios y con la gracia de Dios como podemos llevar a cabo nuestra estupenda vocación: la de ser colmados “de la plenitud misma de Dios” (v.19).

 

La perícopa del evangelio de hoy nos hace caer que no estamos dispuestos “naturalmente” a acoger toda “la plenitud misma de Dios”; la dilatación de nuestro corazón a las dimensiones de la vocación cristiana no es algo que tenga lugar por un proceso espontáneo. A esta plenitud (“la paz”) no se llega sin el combate espiritual. Jesús, la convirtió en su saludo y en su don cada vez que se aparece como resucitado, sin embargo, Jesús está decididamente en contra del pacifismo y conformismo: contra ese pacifismo falso que lleva  a la mediocridad, a la cobardía, a la tristeza y falta de conversión, es pocas palabras a la falta de una vida plena.

 

¿Creéis que he venido a traer paz a la tierra? Pues no, sino división” (v.51). ¿Cómo? ¿No es el mismo Maestro y Señor el que, en su última intercesión por los suyos, oró al Padre para que estuvieran tan unidos que formaran “un solo corazón y una sola alma” (cf. Jn 17)? No se trata de una contradicción, sino de una profundización destinada a obtener una mayor claridad.

 

La declaración de Jesús que tenemos en el Evangelio de hoy es aterradora: “He venido a arrojar un fuego sobre la tierra; cómo desearía que ya estuviera encendido“. Está arrojando fuego hacia abajo, como el Dios que destruyó Sodoma y Gomorra.

¿Cómo entendemos todo esto? Pensé que los ángeles en la mañana de Navidad dijeron que había venido como el Príncipe de la Paz. Jesús es la encarnación de Dios, que no es más que amor, pero la encarnación se lleva a cabo en medio de un mundo caído y pecaminoso. Por lo tanto, aparecerá como algo amenazante, extraño, desagradable.

El mundo, en la lectura bíblica, es una familia disfuncional. Cuando Jesús viene, necesariamente viene como un quebrantador de la paz, como una amenaza para la familia disfuncional. Ahora podemos comenzar a entender ese extraño lenguaje acerca de establecer tres contra dos y dos contra tres.

Es por eso que Jesús quiere lanzar un fuego consumidor sobre la tierra. Él quiere quemar todo lo que se opone al deseo de Dios por nosotros. Tiene que despejar el terreno antes de que se pueda construir algo nuevo. ¿Es esto absolutamente doloroso? ¡Sí!

 

El discípulo de Cristo debe de abrir su corazón y para transformar el ambiente en que vive a la paz de Cristo, que supera todo entendimiento. El seguidor de Jesús debe separarse de cuantos pertenecen, en la mente y en el corazón, a ese mundo que “yace bajo el poder del maligno” (1 Jn 5, 19). “No es posible servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24), dijo Jesús. Pero aquí no se habla sólo de dinero, sino de cualquier otro ídolo que, hospedado a veces en la mente y en el corazón de sus mismos familiares, le impide al discípulo crecer en el Reino de Dios, fuente de la paz y del amor.

 

Cuando estamos convencidos de que Jesús es el Hijo de Dios y comenzamos a vivir nuestras vidas de acuerdo a Sus enseñanzas, algunas personas se van a apartar de nosotros o van a tratar de apartarnos del amor de Dios. Este fuego en nuestros corazones hace que algunas personas se sientan incómodas. Puede que nos vean como locos o como “fanáticos de Jesús”. Esta es la división de la que Jesús está hablando en este Evangelio. Tal vez has experimentado esto en tu vida. ¿Tu fe en Jesús ha causado tensión en tu familia o entre tus amigos? ¿Has perdido amigos debido al amor que le tienes a Jesús?

 

¿Qué debes de hacer?

 

1) Confía más en Jesucristo. Permite que Su amor y misericordia enciendan fuego en tu corazón. Déjate amar por Él para que el fuego del Espíritu Santo te transforme.

 

2) Vive tu vocación. Estás llamado a vivir una vida en plenitud y uno una vida mediocre. Aléjate del pecado y vive en la gracia abundante de Dios. Mantente cerca del Señor en la oración y el estudio. Frecuenta los sacramentos, especialmente la confesión y la Eucaristía.

 

3) Comparte el amor de Jesús con los demás a través de la palabra y la acción. Predica la verdad en amor con el ejemplo.

 

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #158

 

Nuestra santa de la trivia del día de hoy fue la madre del emperador Constantino el Grande y emperatriz del Imperio Romano. Se sabe muy poco sobre su vida temprana, pero se cree que es de Drepanum (más tarde conocida como Helenopolis) en Asia Menor y que nació en una familia pobre y de clase baja en la cultura romana de la época. San Ambrosio la describió como una “buena criada del establo”.

A pesar de sus antecedentes, ella se casó con Constantius Chlorus. Con él ella dio a luz a su único hijo, Constantino. Alrededor del año 274. Casi dos décadas después, en 292, Constancio, ahora co-regente de Occidente, se divorció de nuestra santa por Teodora, la hijastra del emperador Maximiniano Herculio. Se cree que hizo esto para promover su propia reputación y su posición en la sociedad romana.

Constantino siempre fue leal a su querida madre, a quien amaba mucho. A medida que creció y se convirtió en miembro del círculo interno, nunca abandonó a su madre. Tras la muerte de Constancio en 308, Constantino se convirtió en Emperador y convocó a su madre (nuestra santa de la trivia del día de hoy) a la corte imperial. Ella recibió el título de Augusta.

Ella uso el tesoro imperial para localizar reliquias de la tradición cristiana. Entre los años 326 y 328, hizo un viaje a los lugares sagrados en el Medio Oriente. Durante su viaje, construyó muchas iglesias, incluyendo una en el lugar del nacimiento de Jesucristo: la Iglesia de la Natividad, Belén y otra en el lugar de su ascensión: la Iglesia de Eleona en el Monte de los Olivos.

Durante este tiempo, Jerusalén todavía estaba siendo reconstruida después de la destrucción de Tito. Alrededor del año 130, el emperador Adriano hizo construir un templo sobre el lugar de la muerte de Jesús. Se creía que este templo estaba dedicado a Venus. Ella destruyó este templo y eligió un sitio en este lugar para ser excavado. Esto llevó al descubrimiento de tres cruces.

La tradición dice que ella llevó a una mujer cerca de la muerte a las cruces. Allí hizo que la mujer tocara cada una de las tres cruces. No pasó nada cuando tocó las dos primeras cruces, pero cuando colocó su mano en la tercera cruz, de repente se recuperó. Nuestra santa declaró que la tercera cruz es la verdadera cruz. En este sitio, Constantino ordenó que se construyera la Iglesia del Santo Sepulcro.

Varias de las reliquias que se cree que encontró nuestra Santa se encuentran en Chipre. Entre éstas se encuentran partes de la túnica de Jesús, piezas de la santa cruz y piezas de la cuerda que se usaron para atar a Jesús a la cruz. Cuando ella regresó a Roma desde Jerusalén en 327, ella trajo partes de la Cruz Verdadera de regreso con ella. Ella los guardó en la capilla de su palacio. Todavía se pueden ver hasta el día de hoy, aunque su palacio se ha convertido en la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén.

Nuestra Santa murió alrededor de 330 con su hijo muy devoto a su lado. Luego fue enterrada en el mausoleo que lleva su nombre, en las afueras de Roma.

Nuestra Santa fue reconocida por ayudar no solo a individuos, sino a comunidades enteras a través de sus obras de caridad. A menudo buscaba ayudar a los pobres e indigentes. Ella visitaría iglesias y las dejaría con ricas donaciones. Ella era una sierva muy devota de Dios, tanto que uno creería fácilmente que ella había sido una seguidora de Jesucristo desde su nacimiento. A través de su influencia y trabajo, el cristianismo continuó extendiéndose por todo el mundo conocido.

Nuestra Santa es la patrona de los nuevos descubrimientos y su fiesta se celebra el 18 de agosto.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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Miércoles XXIX del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.

Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?”

El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene.

Pero si ese siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales.

El siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más.

 

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Con esta parábola nos pone en guardia Jesús contra el hecho de llevar una vida espiritualmente soñolienta, sin tener en ninguna consideración el hecho de que no se nos avisará la hora en que el Señor nos llamará para que le demos cuenta de nuestra vida. El tema sigue siendo, por tanto, todavía el de la vigilancia. Pedro, a quien probablemente le irrita la pequeña parábola donde aparece la figura del ladrón que asalta la casa de quien no ha estado vigilante, siente la tentación de acomodarse en una paz fingida. Y, en vez de dejarse provocar por la parábola de una manera positiva, le pregunta a Jesús si el relato va por los discípulos o por todos: es como si quisiera insinuar con su pregunta si los que han seguido a Jesús, o sea, los que viven como creyentes y practicantes, pueden estar tranquilos. ¿Por qué dirigirles a ellos, a los privilegiados, a sus seguidores, un discurso tan inquietante? Jesús tal como lo hace con frecuencia, responde con otra pregunta: “¿Quién es el administrador fiel y prudente?” (v. 42).

 

El Señor Jesús es un gran provocador. Ahora echa mano de otra pequeña parábola para expresar lo que agrada al dueño (=el Señor) que, al volver y encontrar al siervo en su puesto de trabajo cumpliendo honestamente su voluntad, le asciende y le nombra incluso administrador de todas sus riquezas (vv. 43ss). En cambio, con el siervo que se aprovecha de su lejanía para entregarse al festín del egoísmo, dando rienda suelta a su violencia prevaricadora* y a sus instintos desordenados, el dueño se mostrará a buen seguro severo (vv. 45ss). Pero la mayor severidad recaerá sobre aquellos que, por estar en condiciones de conocer más al Señor y penetrar en el sentido de su voluntad, en vez de entregarse a un cumplimiento lleno de amor se han comportado como el siervo infiel (vv. 47ss).

 

Dios nos llama a todos a estar “preparados” porque “vendrá el Hijo del hombre”, es decir, quiere que estemos alertas y que trabajemos cada día y en cada momento para que nuestra vida sea plena, que no nos conformamos con la mediocridad y la tendencia de hacer lo mínimo en nuestras vidas porque eso nos puede llevar a perderlo todo.
Jesús al final de la parábola de hoy nos dice: “Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más.” Así que, mientras tengamos vida nos pide que hagamos su voluntad y usemos nuestros talentos para el propósito para el cual nos los dio. Porque “el siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes.” Sabemos las consecuencias de nuestra negligencia, mediocridad o falta de responsabilidad (habilidad para responder). Debemos tomar conciencia de nuestra misión.

 

¿Vivo mi vida como Dios quiere? ¿Mi vida tiene un sentido y propósito para ayudar a los demás? ¿Estoy realizando el plan maravilloso que Dios tiene para mi vida? ¿Estoy preparado para Su venida? ¿Cómo me encontrará Dios cuando me llame a su presencia?

 

** Prevaricar: Faltar conscientemente [un funcionario] a los deberes de su cargo al tomar una decisión o dictar una resolución injusta, con plena conciencia de su injusticia. “la peor falta en un juez es prevaricar en la sentencia de un juicio”

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #157

 

Nuestro santo de la trivia del día de hoy fue hijo de una familia militar y noble, era oriundo de Narbona, pero se había educado en Milán. Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por el emperador, que desconocía su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Además, como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Esta situación no podía durar mucho, y fue denunciado al emperador Maximino quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a Jesucristo.

 

El santo escogió la milicia de Cristo; desairado el Emperador, lo amenazó de muerte, pero nuestro santo, convertido en soldado de Cristo por la confirmación, se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximino, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos que estaban al acecho, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.

 

Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero el santo se negó rotundamente pues su corazón ardoroso del amor de Cristo, impedía que él no continuase anunciando a su Señor. Se presentó con valentía ante el Emperador, desconcertado porque lo daba por muerto, y el santo le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos. Maximino mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva su nombre.

 

El culto a nuestro santo es muy antiguo; es invocado contra la peste y contra los enemigos de la religión, y además es llamado el Apolo cristiano ya que es uno de los santos más reproducidos por el arte en general. Su fiesta se celebra el 20 de enero y es patrono de los soldados, atletas y quienes desean morir santamente. Murió en el año 288.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Martes XXIX del Tiempo Ordinario (23 de octubre de 2018)

Evangelio según san Lucas 12, 35-38

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

El hecho de que los efesios fueran de origen pagano proporciona a Pablo la ocasión para subrayar su situación precedente de gran pobreza por la falta de Cristo. En efecto, no tenerle a Él significa “estar lejos” de Dios; tenerle significa estar “cerca” gracias a la sangre que ha derramado por nosotros. Históricamente, pues, los paganos vivían una situación desfavorable respecto a los israelitas: como no pertenecían al pueblo de Dios, no podían participar, en consecuencia, de las promesas (Ver Ef 2, 12).

 

El punto focal de este pasaje es la afirmación de que “Cristo es nuestra paz” (v.1ss). Es preciso captar el doble sentido de la palabra paz. Por una parte, se trata de la abolición de aquello que, en lo tocante a la Ley, separaba a judíos y paganos. Por otra, es la paz de todo hombre con Dios, entendida como una reconciliación que tiene lugar por el hecho de que ha sido eliminado el pecado. Es Cristo -Él solo- quien ha llevado a cabo tanto una como otra paz. Verdaderamente, la separación era una enemistad tan profunda que formaba como un “muro” que separaba al hombre de Dios y a los hombres entre ellos. La observancia de la Ley, caída en un ciego legalismo formalista, impedía la obediencia a Dios de una manera sustancial; esa obediencia es ahora posible por la pacificación que tiene lugar con la encarnación del Verbo y el rescate de su muerte en la cruz. En virtud de esta paz nuestra nace el “hombre nuevo” (v.16). El camino, tanto para los que proceden del paganismo como para los que fueron israelitas, es ahora un sereno ir al Padre con la fuerza unificadora del Espíritu.

 

Pablo coloca, a continuación, la premisa de nuestra identidad como Iglesia. Ahora somos “conciudadanos dentro del pueblo de Dios; […] familia de Dios” (v.19), sólidamente “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas” (v.20). Nuestra piedra angular es Jesús. De Él nos viene la posibilidad de evolucionar espiritualmente hasta llegar a ser, caminando con los hermanos verdadero templo de Dios, su morada por intervención del Espíritu.

 

En el pasaje del Evangelio de hoy vemos una invitación: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas” (v.35); y una exclamación reconfortante: “Dichosos aquellos” (v.38). Insertada en medio, una pequeña parábola dividida en dos partes: una en la que los siervos esperan al amo, y otra, igualmente sorprendente  en su brevedad, en la que el amo, a su vuelta de la boda, en vez de querer restaurarse y reposar, invita a los siervos a sentarse a la mesa y él mismo se pone a servirles.

 

Llama la atención el tema de la vigilancia, que resulta familiar en la enseñanza de Jesús. La imagen de las lámparas encendidas recuerda a las vírgenes vigilantes de la parábola narrada por Mateo (25, 1-13) y encuentra su contrapunto en el pesado sueño de Pedro, Santiago y Juan, en absoluto dispuestos a compartir la angustia mortal de Jesús en el huerto de los olivos. Dormían, en efecto, porque “sus ojos estaban cargados” (Mc 14,38), había caído completamente en el vacío.

 

El gesto de tener ceñida la cintura y las lámparas encendidas expresa el hecho de estar dispuesto a quedarse o ir allí donde el amo quiera. Jesús recoge, del vestuario típico de los hombres de Palestina de aquellos tiempos cuando se preparaban para el trabajo o para emprender el camino de noche, la evidencia de un estado de vela espiritual, de gran importancia para un verdadero crecimiento en los ámbitos humano y cristiano. No por casualidad recoge Lucas otra invitación perentoria de Jesús: “procuren que sus corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida” (Lc 21,34). En efecto, nada como el embotamiento entorpece los ojos del corazón, atranca el crecimiento y siembra la vida de falsas ilusiones. El embotamiento espiritual hace perder el sentido de esta vida y de la que vendrá, en la que el Señor nos invitará al banquete servido por su amor, para siempre.

 

¿Estás dispuesto a hacer lo que el Señor te pida en este día?

¿Tienes puesta la túnica de la virtud y la lámpara de la fe para cuando el Señor venga?

¿Estás en vela (alerta) para la venida del Señor?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #156

 

El santo de la trivia del día de hoy es considerado como uno de los predicadores más famosos que ha tenido la Iglesia Católica. Nació en Capistrano, en la región montañosa de Italia en 1386.

Fue un estudiante sumamente consagrado a sus deberes, llegando a ser abogado, juez y gobernador de Perugia. Tras caer preso a causa de una guerra civil, el Santo reflexionó sobre su actitud en la vida. Dándose cuenta de que en vez de dedicarse a conseguir dinero, honores y dignidades en el mundo, era mejor trabajar por alcanzar la santidad y la salvación, así que decidió ingresar a la Orden Franciscana.

A los 33 años fue ordenado sacerdote y luego, durante 40 años, recorrió toda Europa predicando con enormes éxitos espirituales.

Tuvo por Maestro de predicación y por Guía espiritual, al gran San Bernardino de Siena. Formando grupos de seis y ocho religiosos, se distribuyeron primero por toda Italia, y luego por los demás países de Europa, predicando la conversión y la penitencia.

Después de su muerte, se reunieron los apuntes de los estudios que hizo para preparar sus sermones, sumando 17 volúmenes.

La Comunidad Franciscana lo eligió por dos veces como Vicario General. Aprovechó este altísimo cargo para tratar de reformar la vida religiosa de los franciscanos. Consiguió que en toda Europa esta Orden llegara a un gran fervor, no sin antes sortear una serie de dificultades y obstáculos.

Nuestro santo tenía mucha habilidad para la diplomacia. Era sabio, prudente y medía muy bien los juicios y las palabras. Había sido juez y gobernador, sabiendo, por tanto, tratar de manera adecuada a las personas.

De ahí que cuatro Pontífices, Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III, lo emplearan como embajador en muchas y delicadas misiones diplomáticas, con muy buenos resultados.

Tres veces le ofrecieron los Sumos Pontífices nombrarlo Obispo de importantes ciudades, pero prefirió seguir siendo un humilde predicador, pobre y sin títulos honoríficos.

En 1453, los turcos musulmanes se habían apoderado de Constantinopla y se propusieron invadir Europa para acabar con el cristianismo. El mismo rey de Hungría huye, y tiene que ser nuestro santo quien recluta a los campesinos húngaros para la Cruzada. Llegan a juntar a 7,000 cruzados. Mahomed ataca con 150,000 hombres y 300 cañones. Nuestro santo ha improvisado unos estandartes con la cruz y las figuras de San Francisco, San Antonio y San Bernardino. Anima a todos a la lucha al conjuro del nombre de Jesús y obtienen una victoria completa.

A los pocos días Mahomed vuelve al asalto con toda la rabia del león herido. Nuestro santo corre por las murallas, cuando la infantería turca escala el foso, y grita a los valientes húngaros que en sus manos está la cristiandad. Alzaba sus brazos a Dios, clamando misericordia por Europa. La derrota del turco fue completa.

Más admirable que la victoria en las armas, fue la victoria en los espíritus, que obtuvo nuestro santo, convirtiendo a los cruzados en novicios. A diario celebraban misa él y sus frailes, y muchos soldados comulgaban. Políticamente no tuvo grandes consecuencias la victoria de Belgrado, pero quedaba el valor ejemplar de la conducta de un Santo, entregado a la defensa de la cristiandad.

Una peste declarada en el campamento de los cruzados acabará con la vida, ya agotada, de aquel campeón. El mensaje de nuestro santo quedaba escrito en la Historia y es conocido como “el santo de Europa”.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Lunes XXIX del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?”

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.

Después les propuso esta parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

No sólo para los israelitas y los paganos convertidos de Éfeso de la primera lectura (Ef 2, 1-10), sino también para ti y para mí, que vivimos en una sociedad que ha vuelto a ser pagana, es importante que el camino de crecimiento espiritual se desarrolle sobre todo bajo la enseña de la vigilancia. Sólo si vigilamos los ‘deseos’ y los ‘apetitos de la carne’ (siempre dispuestos a levantarse desde la raíz amarga de la codicia que anida en los rincones de nuestro corazón) podremos  ser hombres y mujeres libres. Esto es un trabajo personal, es decir, sólo si, a la luz del Espíritu Santo, me ejército en discernir entre los deseos buenos y los deseos malos, entre la voluntad buena y la voluntad mala, sabré administrar los dones de Dios -tanto materiales como espirituales-: no en virtud de la avidez egoísta o del orgullo, sino en virtud del Reino de Dios y de su justicia que es santidad. No en buscar hacer mi voluntad sino la de Dios.

 

Jesús nos ha recomendado que no acumulemos tesoros en la tierra, sino en el cielo, y nos ha hecho conscientes de que allí donde consideremos que está nuestro tesoro, allí estará constantemente nuestro corazón (cf. Mt 6, 19ss). En consecuencia, es importante que, especialmente en las profundidades del corazón, nos mantengamos libres de los <<apetitos de la carne>>, aprendiendo a comprender -como decía Isaac de Nínive- <<cuánta amargura hay escondida en la dulzura del mundo>> (Cent. 1,35). Entonces, revigorizados por el Espíritu, nos será posible <<crecer>> en la vida espiritual, que consiste en <<hacerse rico ante Dios>>, es decir, en aprender el arte de vivir amando, en la entrega generosa y alegre de nosotros mismos.

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #155 

 

El santo de la trivia del día de hoy se conoce como “el santo de la abstinencia y del ayuno perpetuo”, nació en Palestina. Viajó a estudiar a Alejandría en una escuela cristiana, instancia de su conversión.

 

Al escuchar noticias del famoso monje, San Antonio Abad decidió visitarlo en el desierto. Estuvo en su compañía durante dos meses, quedando admirado de la gran santidad y bondad exquisita del Santo. También se sorprendió de los ayunos y mortificaciones que hacía, por lo que se propuso imitarlo en cuanto más le fuera posible.

 

Pero, viendo que en Egipto eran muchas las personas que iban a visitar a San Antonio para pedirle consejos, tras vender las posesiones que le había dejado su padre y repartirlas entre los pobres, regresó a su patria, Palestina, con el fin de vivir en perfecta soledad en el desierto, meditando y orando.

 

Cuando ya llevaba 20 años haciendo penitencia, unos esposos acudieron a él a pedirle oración, para que en su hogar hubiera hijos, pues eran estériles. Nuestro santo oró por ellos y Dios les concedió la gracia de tener varios hijos. Este milagro del Santo conllevó a que éste se volviera sumamente popular en los alrededores. De todos lados empezaron a llegar multitud de personas para visitarlo y escucharle consejos y oraciones.

 

Imitando su ejemplo, muchos fueron a vivir en cabañas desoladas para meditar bajo la dirección y guía del Santo, quien además les enseñaba el arte de orar, reflexionar y saber dominar el cuerpo por medio de mortificaciones costosas.

 

Al cumplir los 65 años, se dio cuenta de que no le era posible vivir solo, pues un gran número de monjes le pedía dirección espiritual, como también muchos peregrinos le suplicaban oraciones y consejos. Decidió, entonces, retirarse a un lugar más alejado y solitario en los desiertos de Egipto.

 

A causa de una severa sequía en la región, el Santo se vio obligado a mudarse a la Isla de Sicilia, estableciéndose con varios de los discípulos en un sitio muy deshabitado.

 

Tras ganarse el cariño y la estimación de los habitantes de lugares aledaños, quienes admiraban su santidad, milagros y sencillez, se trasladó junto con sus monjes, a la isla de Chipre.

 

Nuevamente, su fama de milagroso y santo se extendió por toda la isla, debido a que logró impedir un gran maremoto en la costa de la ciudad.

 

Sus últimos días los pasó en una altísima roca, sumido en la oración y las meditaciones, falleciendo a la edad de 80 años.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

29º DOMINGO ORDINARIO – CICLO B

Mc 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”. Él les dijo: “¿Qué es lo que desean?” Le respondieron: “Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les replicó: “No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?” Le respondieron: “Sí podemos”. Y Jesús les dijo: “Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado”.

Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Jesús acaba de anunciar, por tercera ocasión, el trágico destino que le aguarda en Jerusalén, a donde se dirige con sus discípulos. El contraste entre los hijos del Zebedeo y el Maestro no podría ser mayor: mientras Él habla de su próxima pasión y muerte, ellos sólo piensan en categorías de poder. No sólo no han escuchado las palabras de Jesús sobre el rechazo del que será objeto por parte de las autoridades judías, sino que no han entendido nada sobre el servicio y entrega, para construir el Reino.

 

Santiago y Juan llaman a Jesús “Maestro”, como si lo que van a pedirle estuviera en consonancia con lo que han aprendido de Él. Pero es exactamente lo contrario. De este modo, el título no sólo no significa lo que anuncia (Él no es, en realidad, su maestro, pues no ha logrado enseñarles el camino de la vida) sino que aparece claramente como una burla, un contrasentido. Es como si quisieran adularlo primero, para pedirle lo que ansían después. La petición formulada por ellos deja ver que para ellos el viaje a Jerusalén dará inicio al reino mesiánico que encabezará Jesús y desean asegurar su posición en la nueva realidad política.

 

Una vez más, los discípulos nos representan a todos. También nosotros pensamos exactamente al revés de como piensa Jesús. Y también a nosotros nos incomoda su molesta insistencia en el tema de la pequeñez, el anonadamiento y la muerte.

 

“«Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»…” A la derecha y a la izquierda del rey se sentaban sus dignatarios más importantes, los que gozaban del mayor honor en la corte. Los discípulos desean los primeros puestos en el reino que se imaginan ya próximo, pero no quieren llegar a ellos por el camino que Jesús les ha propuesto: “Si alguno quiere llegar a ser el primero, que se haga el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35). Ellos quieren ser los primeros pero sin hacerse últimos ni servir a nadie.

 

Utilizan el verbo “sentarse”, que denota un estado definitivo, pero no quieren saber nada del esfuerzo o de actividad alguna para lograrlo. No se ofrecen para colaborar en la obra del Mesías; sólo desean participar de su gloria. Para ellos, solo esa gloria, la humana, interesa. Su ceguera, fruto de su apego al poder y de su pánico al sufrimiento y al fracaso humano, les lleva a intentar manipular al Maestro. Utilizan la palabra “gloria” despojándola de su auténtico significado: en la Biblia la gloria de Dios es la salvación de los hombres. Para Santiago y Juan, la gloria es su propio encumbramiento sociopolítico, independientemente de lo que eso pudiese significar para el resto de los hombres. Han hecho de la gloria, término santo por excelencia, un ámbito demoníaco y perverso (el poder por el poder).

 

Eso hacemos nosotros cada vez que se nos olvida servir a los demás y nos concentramos únicamente en salvaguardar nuestros privilegios personales.

 

“Jesús les dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?»…” De entrada, Jesús descarta la maldad de sus corazones. Los discípulos no saben lo que piden, como no saben con quién están hablando. Los confronta, no ya con la perversidad de la meta que anhelan, sino con la dimensión más ardua del camino del seguimiento: “beber la copa” y “bautizarse en el bautismo de Jesús”. Ellos siguen atrapados por las categorías del pasado, pero Jesús les presenta frente a los ojos un futuro de inusitada libertad.

 

Pueden resultarnos extrañas las imágenes con las que el Maestro alude a su propio sufrimiento. La primera, “beber la copa”, procede del lenguaje apocalíptico de los profetas, sobre todo a partir del destierro en Babilonia. Para Isaías, por ejemplo, la copa que ha bebido Israel en el destierro es la de la ira de Yahvé, justo castigo por las infidelidades del pueblo: “¡Despierta, despierta! ¡Levántate, Jerusalén! Tú, que has bebido de mano de Yahvé la copa de su ira. El cáliz del vértigo has bebido hasta vaciarlo.” (Is 51,17).

 

Pero Dios se arrepiente y decide librar a su pueblo de ese trago amargo, quitándole para siempre el cáliz del dolor: “Así dice tu Señor Yahvé, tu Dios, defensor de tu pueblo. Mira que yo te quito de la mano la copa del vértigo, el cáliz de mi ira; ya no tendrás que seguir bebiéndolo.” (Is 51, 22).

 

Jesús ve ahora cernirse sobre Él el amargo cáliz y está dispuesto a beberlo por todos. Sus discípulos, si en verdad desean participar no solo en su gloria sino, sobre todo, en su obra a favor de la humanidad, deberán asumir este costo como algo irrenunciable. Beber la copa es algo que uno decide hacer, es un acto libre y determina la propia identidad y misión.

 

La imagen del bautismo, literalmente “ser sumergido en las aguas”, evoca el mismo sufrimiento, pero esta vez en dimensión pasiva (uno es sumergido en las aguas – símbolo del dolor y de la muerte – por otro, en este caso, por el Padre, por quien Jesús se deja conducir a donde sea, incluso a la muerte).

 

Estas dos imágenes, de este modo, caracterizan, por un lado, la pasión del Mesías, tanto como fruto de su elección personal (beber la copa), como, a la vez, la consecuencia última de dicha elección, que es obedecer al Padre, cueste lo que cueste (ser sumergido por las aguas). Por otro lado, son la dinámica constitutiva de la espiritualidad del auténtico discípulo, que debe hacer aprendizaje de la obediencia a los designios del Padre, empezando por escuchar al Hijo, tal como se les había indicado a estos mismos discípulos, junto con Pedro, en la escena de la transfiguración, cuando la misteriosa nube había dicho: “Este es mi hijo amado. Escúchenlo.” (Mc 9,7). Esta dinámica obediencial le conducirá, gradualmente, a integrar como proyecto de vida la entrega total y definitiva por la liberación de los hombres, asumiendo el dolor y hasta la muerte que pudiesen desprenderse como consecuencias anejas a dicho proyecto (beber la copa).

 

Jesús, así, invita a los discípulos, los de entonces y los de siempre, a compartir su destino, proponiendo su muerte en la cruz como modelo que deben apropiarse en las circunstancias concretas que determine el Padre. Esto no significa, obviamente, que cada seguidor deba morir cruentamente, sino que todos deben asumir la entrega total al proyecto del reino de Dios, que es la salvación de los hombres (la gloria), sin echarse atrás ante las dificultades que encontrarán en su camino, dispuestos a todo, incluso a dar la vida.

 

“Ellos le dijeron: «Sí, podemos.»…” La inmediata respuesta de Santiago y Juan habla de su irreflexión. No sólo no comprenden el camino que se les propone, sino que responden desde la arrogancia más que desde la fe. Jesús ha cuestionado su capacidad para sufrir por los demás, y ellos no se han detenido ni un momento a considerar siquiera su disposición a emprender ese camino, el único que conduce a la gloria.

 

¿No es, acaso, esa misma postura irreflexiva la que refleja el cristianismo de nuestra época? ¿No son demasiados los padres de familia que llevan a bautizar a sus hijos sin parar en la implicación de muerte que el bautismo representa para todos los hijos de la Iglesia? ¿Serán ejemplo de servicio y entrega para sus hijos? ¿Estás dispuestos a que como familia sigan a Jesús hasta a aprender a autoinmolarse, en el altar cotidiano del amor perfecto, gratuito, profético, sobre todo a favor de los más pobres y necesitados del mundo? ¿Habrá suficiente conciencia de ello en la petición de los sacramentos de la iniciación cristiana en la sociedad superficial de nuestros días?

 

Y cada vez que vamos a Misa y nos atrevemos a comulgar, ¿somos conscientes de que estamos llamados a hacer nuestro el cuerpo del Crucificado, crucificando nuestro ego en aras del evangelio? ¿Estamos dispuestos a aniquilar todos nuestros ídolos (poder, placer, dinero, sexo, alcohol, chisme, etc.)  en el seno de nuestro propio corazón?

 

Los Zebedeos han respondido a la ligera, sin comprender el verdadero alcance de las palabras de Jesús. Son, por ello mismo, emblema perfecto de la Iglesia que hoy somos nosotros.

 

“Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberán y también serán bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.»…” Jesús responde a sus torpes discípulos, anunciándoles proféticamente la suerte que les espera. En efecto, ellos beberán la copa y serán sumergidos en el bautismo de la cruz. El Maestro no les está adivinando el futuro (Él no era ningún tipo de adivino), sino haciendo un voto de confianza en la victoria que la gracia logrará, finalmente, en sus corazones. Aunque ahora son ciegos y reacios a todo sufrimiento, cuando Él haya completado su obra, y, sobre todo, cuando, fruto de la misma, les haya hecho donación de su Espíritu, entonces sí que lo comprenderán todo y serán capaces de hacer las mismas obras que él hace “y aun mayores”.

 

Pero sentarse a su lado es algo que sólo el Padre concederá. No es que Jesús los esté descartando, de entrada, de ocupar una tal cercanía respecto a su persona en la gloria, sino que desea liberarlos de esa obsesión, recordándoles que el sentido final de la historia sólo el Padre lo conoce, y sólo Él puede retribuir a cada uno según sus obras y según su fidelidad al evangelio. No se puede garantizar nada desde ahora. La etapa penúltima –la historia- es la de la prueba, y a cada uno debe preocuparle una sola cosa: escuchar atentamente al Hijo y seguirlo a donde Él vaya. De la etapa última –la metahistoria- se encargará el Padre.

 

Pero una cosa debe quedar clara: esos puestos “de privilegio” en la gloria, no son fruto de la arbitrariedad del Padre, sino la exacta consecuencia de una vida de fidelidad en el amor, de entrega generosa y total, al servicio de los hermanos. Una vez más, lo que parecía una puerta que se cerraba, es, más bien, una puerta que queda abierta, no sólo para estos dos advenedizos, sino para todos los que deseen seguir a Jesús tomándose en serio sus exigencias más radicales.

 
Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #154

Nuestro santo de la trivia del dia de hoy nació en 1504 en Bosco, en la diócesis de Tortona. En 1556, fue elegido obispo de Nepi y Sutri y al año siguiente, fue nombrado, Inquisidor General y Cardenal. Fue elegido Papa (1565) y llevo a cabo el Concilio de Trento. En 1568 se publicó un nuevo Breviario, en el cual se omitía las fiestas y extravagantes leyendas de algunos santos y se daba a las lecciones de la Sagrada Escritura su verdadero lugar. Además, se terminó el catecismo que el Concilio de Trento había mandado a redactar y el Pontífice mandó a traducirlo en diferentes lenguas.

El éxito del Papa se debió en gran parte, a la veneración que el pueblo le profesaba por su santidad; su oración era fervorosa y frecuentemente visitaba a los hospitales y asistía personalmente a los enfermos. Sin embargo, durante su pontificado, el Papa tuvo que enfrentar dos grandes amenazas: la difusión del protestantismo y las invasiones de los turcos, frente a lo cual trabajó incansablemente. En 1572, el Papa sufrió el violento ataque de una dolorosa enfermedad que le produjo la muerte el 1 de mayo del mismo año, a los 68 años de edad.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Sábado 28 del Tiempo Ordinario (20-oct-2018)

LUCAS 12:8-12

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.

A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir”.

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En el Evangelio de hoy vemos lo importante que es para nosotros reconocer a Jesús ante los demás. Si lo hacemos, Jesús nos reconocerá “ante los ángeles de Dios”; pero a aquel que lo niegue ante los hombres, nos dice “yo lo negaré ante los ángeles de Dios”. Vemos que nuestras opciones tienen consecuencias. Dios respetará tu libertad: si dices que no eres de Él, Él dirá que no eres de los suyos.

¿Alguna vez he negado a Cristo ante los demás? Si es así, ¿me he arrepentido de ese pecado?

 

Negar a Cristo puede parecer algo tan extremo que muchos pensaríamos que jamás lo hemos hecho o lo haríamos. Para entender la seriedad de lo que está en juego, conviene recordar el contexto en el que Cristo dijo estas palabras. Sus obras maravillosas, sus milagros y exorcismos, no eran reconocidos por sus enemigos, que llegaban incluso a decir que Cristo mismo estaba poseído por algún demonio. Ellos estaban negando a Cristo porque se resistían a aceptar su mensaje y la gracia que Él ofrece. ¿Cuántas veces nos ha pasado eso?

Después fue ocasión de una persecución en la que pusieron contra la pared a algunos cristianos para que negaran su fe o fueran acribillados. Muchos de ellos dieron valientemente su vida por Cristo y por causa del Evangelio.

 

Entonces Jesús dice: “aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.” Esto nos invita a pensar. ¿Cuál es el pecado contra el Espíritu Santo? El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) afirma que esta blasfemia contra el Espíritu Santo es el “rechazo deliberado” de la misericordia de Dios (párrafo 1864). La misericordia de Dios no tiene límites, pero a través de nuestro libre albedrío podemos rechazar Su misericordia.

 

Su santidad el Papa San Juan Pablo II escribió: “‘blasfemia’ no consiste propiamente en ofender contra el Espíritu Santo en palabras; consiste más bien en el rechazo a aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre a través del Espíritu Santo, que actúa a través del poder de la Cruz” (Dominum et Vivificantem, Carta Encíclica sobre el Espíritu Santo, n° 46).

 

Cuando Jesús murió en la cruz, Dios les estaba ofreciendo la salvación a todos los hombres a través de Su infinita misericordia. Esto no significa que todos serán salvados porque Dios nos dio nuestro libre albedrío para aceptar su salvación o rechazarla, seguir o negar a Cristo. Algunas de las maneras en que le podemos dar la espalda a esta oferta gratuita de Dios son:

 

1) Desesperación – “dejamos de esperar su salvación personal de Dios” (CEC # 2091). Esto es lo opuesto a la virtud de la esperanza.

2) Presunción – la idea de que puedo salvarme a mí mismo sin la gracia de Dios o presumo su misericordia sin mi propia conversión. (CEC #2092)

3) Impenitencia – la negación a arrepentirme de mis pecados. (CEC #1430-1433)

4) Obstinación – la persistencia intencional para permanecer en pecado grave.

5) Resistencia a la verdad divina – resistir a creer en algo que sé que ha sido revelado por el Espíritu Santo. (CEC #2089)

6) La envidia del bienestar espiritual de otro – el Espíritu Santo les derrama dones a todos. Si no recibo mis dones con acción de gracias y más bien soy envidioso de los dones dados a los otros, estoy negando los dones del Espíritu Santo que me ha dado.

 

Jesús no quiere que vivamos con miedo, sino por el contrario, quiere que prosperemos en fe, esperanza y amor, que tengamos una vida plena, vida y vida en abundancia. La condenación nos puede ocurrir cuando Dios a través del Espíritu Santo nos revela su voluntad y nosotros voluntariamente le damos la espalda a su amor y lo rechazamos porque nos dio libertad y nos encontramos en este lugar de blasfemia contra el Espíritu Santo. Todo el mundo experimenta dudas en su vida de fe; eso es normal. Pero esta blasfemia es intencional, obstinada y sin arrepentimiento.

 

Necesitamos ser humildes y dóciles al Espíritu Santo, pedir el don de la fe. Pasa tiempo en oración, lee las Sagradas Escrituras todos los días y estudia su Palabra, y Dios te acercará más a Él. Por medio del bautismo nos ha hechos sus discípulos  y por la confirmación somos sus apóstoles, es decir, somos enviados como discípulos misioneros a transformar el mundo con su poder como los primeros discípulos. Ellos podían sanar a los enfermos, expulsar a los demonios, resucitar a los muertos, transformar la vida de los demás. A eso estamos llamados, a transformar especialmente nuestra vida con el poder del Espíritu Santo. Esto puede suceder si rendimos nuestra voluntad y todo nuestro ser a Dios, entonces, transformáremos al mundo.

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #153

El santo de la trivia de hoy es famoso por sus terribles penitencias, nació en 1499 en la comunidad española de Alcántara. Su padre era gobernador de la región y su madre de muy buena familia. Ambos se distinguían por tener una gran piedad y un excelente comportamiento.

Estudiando en la Universidad de Salamanca, el Santo se entusiasmó por la vida de los franciscanos, debido a que los consideraba personas muy desprendidas de lo material y dedicadas a la vida espiritual. Pidió ser admitido como franciscano, eligiendo para vivir, el Convento donde estaban los religiosos más observantes y estrictos de esa Comunidad.

En el noviciado lo pusieron de portero, hortelano, barrendero y cocinero. Pero, en este último oficio sufría frecuentes regaños por ser bastante distraído. Llegó a mortificarse tan ásperamente en el comer y el beber, que perdió el sentido del gusto, y así, todos los alimentos le sabían igual. Dormía sobre un duro cuero.

Durante horas y horas oraba de rodillas, y si el cansancio le llegaba, apoyaba la cabeza sobre un clavo en la pared, para de este modo, dormir unos minutos arrodillado.

Pasaba noches enteras en vela, rezando y meditando. Por eso, ha sido elegido Protector de los celadores y guardias nocturnos.

Con el tiempo, fue disminuyendo estas terribles mortificaciones, porque vio que le arruinaban su salud.

Nombrado Superior de varios Conventos, siempre era ejemplo para todos sus súbditos en cuanto al cumplimiento exacto de los reglamentos de la Comunidad.

Pero, el trabajo en el cual más éxitos obtenía, era el de la predicación. Dios le había dado la gracia de conmover a los oyentes, y varias veces bastaba su sola presencia, para que muchos empezaran a dejar su vida llena de vicios y comenzaran una vida virtuosa.

Prefería los auditorios de gente pobre, porque le parecía que ellos eran los que mayor voluntad tenían de convertirse.

Pidió a sus Superiores que lo enviaran al Convento más solitario que tuviera la Comunidad. Lo mandaron al Convento de Lapa en terrenos deshabitados, y allá compuso un hermoso libro acerca de la oración, que fue sumamente estimado por Santa Teresa y San Francisco de Sales. Este texto ha sido traducido a muchos idiomas.

Deseando San Pedro de Alcántara que los religiosos fueran más mortificados y se dedicaran por mayor tiempo a la oración y la meditación, fundó una nueva rama de franciscanos, llamados de “estricta observancia”.

El Sumo Pontífice aprobó dicha Congregación, y pronto hubo en muchos sitios Conventos dedicados a conducir por el camino de la santidad a sus religiosos, a través de una vida de gran penitencia.

Los últimos años de su existencia los dedicó a ayudar a Santa Teresa en la fundación de la Comunidad de Hermanas Carmelitas que ella había creado, logrando grandes éxitos en la extensión de esta Comunidad.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Viernes XXVIII del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 12, 1 – 7

En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:

 

“Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.

 

Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.

 

¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos”.

 

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Jesús quiere formar bien el corazón de sus discípulos misioneros por ello nuevamente en el pasaje del Evangelio de hoy ataca la hipocresía y dice la sentencia “Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse.” Estas son palabras muy desafiantes de Jesús a sus seguidores hoy. ¿Estarías cómodo si cada palabra que has dicho en secreto se “diría a plena luz”? ¿Y si todo lo que “hayas dicho en voz baja y en privado” se proclame desde las azoteas?

 

 

Con nuestras palabras podemos lastimar y herir a veces más profundamente los corazones de los demás. Nuestras palabras destruir la reputación de alguien. Yo creo que el chisme y hablar a espaldas de alguien es lo peor que podemos hacer porque no estamos construyendo el cuerpo de Cristo, pero es peor cuando lo permitimos porque esa persona que habla mal de otra cuando no está presente de quien habla, esa misma persona hablará mal de nosotros cuando no estemos presentes.

 

 

Antes de hablar mal de alguien te invito que imagines que se está transmitiendo a los cuatro vientos y te está oyendo la persona de quien estas hablando. ¿Cómo te sentirías? ¿Te gustaría que la otra persona escuchara esta declaración? Presta atención a la intención de tu corazón. ¿Es tu intención dañar la reputación de alguien? ¿Es para sentirte mejor contigo mismo? ¿Hablar mal de los otros te hacer ser mejor persona? ¡Claro que no!

 

 

Si vas a hablar de alguien es para decir cosas buenas de esa persona o porque estamos dispuestos ayudarles. En otras palabras, si hablo de alguien sin la intención de ayudarle, simplemente estoy chismeando y difamando a la persona.

 

 

Jesús sabe el número de cabellos en nuestras cabezas. Él sabe las palabras que hablamos públicamente y en privado. Él sabe todo lo que hacemos. Hoy antes de que actuemos o hablemos, invitemos al Señor en cada momento de nuestra vida. ¿Estarías orgulloso de que el Señor escuchara cada palabra tuya? ¿Jesús aprobaría cada acción tuya?

 

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #152

 

Nuestro santo de la trivia del día de hoy nació el 3 de enero de 1694 en la pequeña ciudad Ovada, al norte de Italia. Tuvo 15 hermanos de los cuales sólo sobrevivieron 5. Era una familia muy pobre y nuestro santo no asistió con regularidad a la escuela por ayudar a su padre.

 

El gran testimonio de la fe cristiana de Ana María -su madre- ejerció gran influencia en la educación religiosa de nuestro santo, a la que éste correspondió con una respuesta generosa.

 

A los 19 años, en 1713, nuestro santo tomó la primera gran decisión de su vida. La predicación de un sacerdote o una charla espiritual con él le impresionó de tal forma que, profundamente emocionado y arrepentido, hizo confesión general de sus pecados y decidió consagrar su vida a Dios de un modo más radical y absoluto. Él mismo llamará después a este momento su “conversión a penitencia”.

 

Años más tarde, cuando en 1716 el Papa Clemente XI invitó a la cristiandad a una cruzada contra los turcos, nuestro santo creyó oír en esto la voz de Dios, pues quería morir mártir y se alistó voluntario, pasando algún tiempo en cuarteles y campamentos. Convencido de que éste no era el servicio que Dios le pedía, regresó a la casa de sus padres a quienes siguió ayudando en sus necesidades, dedicaba muchas horas a la oración, participaba diariamente en la misa y se entregaba a duras penitencias.

 

Nuestro santo tenía 26 años sintió la llamada de Dios a fundar una orden religiosa y el 22 de noviembre de 1720 se despidió de su familia y se dirigió a su obispo, Mons. Gattinara, en Alejandría. Este, en una ceremonia sencilla y en su capilla privada, lo revistió de la Cruz con el hábito negro de ermitaño. Las seis semanas siguientes del 23 de noviembre de 1720 al 1 de 1721, las vivió en el trastero de la sacristía de la Iglesia de San Carlos, de Castellazzo, en las más precarias condiciones de alojamiento. Son como los ejercicios espirituales preparatorios para su misión de ermitaño y fundador. En adelante su apellido será “de la Cruz”.

 

Por orden de su obispo, Pablo de la Cruz consigna por escrito los sentimientos y vivencias interiores de esos días en un “Diario espiritual”. En él vemos a qué grado de oración ha llegado ya, así como las grandes líneas de la doctrina espiritual que vivirá y enseñará durante los 55 años siguientes. En las anotaciones del primer día aparece ya la idea fundamental y programática de toda su vida: “No deseo saber otra cosa ni quiero gustar consuelo alguno; sólo deseo estar crucificado con Jesús”.

 

Acabados estos días nuestro santo pasó los meses siguientes en distintas ermitas de las cercanías viviendo en soledad; daba catecismo a los niños en los lugares vecinos, predicaba los domingos e incluso dio una misión. Quiso ir a Roma para pedir personalmente al Papa le aprobara las Reglas de la nueva Orden religiosa, misma que escribió durante los 40 días de Castellazzo. En Septiembre de 1721 se dirigió a Roma, pero sufrió una gran desilusión. Es rechazado por los guardias de Papa con palabras no muy amables. Aunque profundamente decepcionado, no se desanimó. En la Basílica María la Mayor hizo un voto especial: “dedicarse a promover en los fieles la devoción a la Pasión de Cristo y empeñarse en reunir compañeros para hacer esto mismo”.

 

A su vuelta a Castellazzo, se les unió su hermano Juan Bautista que, lleno de los mismos ideales, fue hasta su muerte en 1765 el compañero fiel de Pablo. Durante los años siguientes vemos a los dos experimentar la Regla pasionista en diferentes ermitas y colaborando con las parroquias vecinas mediante el catecismo y la predicación. Los dos hermanos fueron ordenados sacerdotes en la Basílica de San Pedro por el Papa Benedicto XIII.

 

En mayo de 1741 fueron aprobadas por Benedicto XIV las reglas de su orden.

Nuestro santo descubrió que Dios está más cerca de los pobres, de los que no tienen nada, y sintió la urgencia de salir a su encuentro para esto: voz anunciarles al Dios de la vida.

 

Fundó la Congregación de la Pasión con la esperanza de que fuera un signo humilde del grande Amor de Dios.

 

A lo largo de su vida -murió a los 82 años-, fundó 11 conventos. En 1771, el santo, ya anciano, inauguró el primer monasterio de religiosas pasionistas de clausura, que vivirían el mismo espíritu según la Regla escrita también por él.

 

Por su gran actividad apostólica -200 misiones y 80 tandas de ejercicios espirituales- mantuvo contacto con gran número de personas que solicitaban su consejo en la vida espiritual, a quienes él sirvió especialmente por correspondencia.

 

El 18 de octubre de 1775 nuestro santo pasó a la Casa del Padre con una muerte tranquila y. Fue canonizado por el Papa el 29 de junio de 1867.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde