Martes XXX del Tiempo ordinario

EFESIOS 5:21-33

Hermanos: Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo.

Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.

Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.

Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa. Este es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

En una palabra, que cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Gracias por sus oraciones por nuestro retiro del fin de semana “¿Qué quieres que haga por ti?” (Mc 10, 51) de este fin de semana pasado. Los participantes quieren tener una relación más fuerte con Dios y ser auténticos discípulos misioneros de su Palabra a través del testimonio en su familia y sirviendo en su comunidad. Los invitamos a participar y que ayuden en los siguientes retiros. ¿Cómo se puede hacer eso?  Primero necesitas vivir el retiro y después seguir formándote a través de las reuniones mensuales. Mantengámonos unidos en oración y no dejemos de leer la Biblia y el Catecismo de la Iglesia Católica.

 

Esta es una lectura que a menudo se malinterpreta. “Las esposas deben estar sometidas a sus esposos…”. Muchas personas lo malinterpretan como anticuados o pasados de moda o peor aún, para su conveniencia. Debemos leer el pasaje en su totalidad.

 

San Pablo exhorta, “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia.” ¿Cómo amó Cristo a la Iglesia? Cristo la amo hasta dar su vida por ella y morir por su Esposa. Es decir, Él murió por ti y por mí. Los maridos están llamados a dar sus vidas por su esposa.

 

San Pablo llama a los cónyuges a dar sus vidas el uno por el otro. “Hermanos y hermanas: Sométanse el uno al otro por respeto a Cristo”. El amor “no busca su propio interés” es una de mis líneas favoritas de 1 Corintios 13: 5. El amor no es egoísta. El amor no se trata de mí. Si cualquiera de los cónyuges busca su propio interés, el matrimonio no va a florecer. Sin embargo, si ambas partes buscan lo mejor para el otro  sin esperar nada a cambio (definición de amor de Santo Tomás de Aquino),  se cumplen las necesidades de cada uno. Lo que das vuelve a ti, sobre todo con amor.

 

Las parejas que asistieron al retiro este fin de semana me contaron cómo aprendieron que solamente sanando sus heridas personales pueden entregarse con un amor pleno a su pareja e hijos. Este es un proceso que requiere dejar la soberbia, el egoísmo y quitar todos los pretextos para darle un tiempo a Cristo para que transforme toda tu vida con humildad, conciencia, auto reflexión y deseo de ser amado para poder amar.
Como hombre consagrado, esto también tiene un gran significado para mí. La Iglesia es mi esposa. Yo también estoy llamado a dar mi vida por mi esposa, la Iglesia. Esta vida no se trata de mis propios intereses, mi tiempo, mis deseos, etc. No soy un solterón que busca únicamente sus intereses. Estoy casado y comprometido con mi pueblo. Doy cada día mi vida por la Iglesia, mi cónyuge, dando generosamente mi tiempo y talentos. Sacrifico mis propios deseos para satisfacer las necesidades de mi cónyuge. Cuanto más generoso soy con mi cónyuge, más satisfecho me siento como sacerdote. Recuerda que lo que das se te devuelve 100 veces más. Y si quieres cosechar debes sembrar.

 

He aprendido mucho de mis padres  desde que era niño y de joven. Los vi trabajar largas horas y sacrificar sus propios deseos para que nuestra familia pudiera tener una vida mejor. Me han enseñado cómo luchar por lo que vale la pena y amas, tu familia y tus ideales. Ellos han luchado trabajando arduamente, con integridad y sacrificio, pero sobre todo con su ejemplo de amor.

Me mostraron que el amor todo lo puede, porque Dios es Amor y si tienes a Dios todo lo puedes (Cfr. Fil 4,13) porque para Dios no hay nada imposible. No es fácil amar, pero es una tarea diaria. El matrimonio es la prueba de amor más grande, el divorcio es la muestra de egoísmo más palpable de no saber amar verdaderamente.

 

Por último, nuestra meta es el cielo. Las metas del matrimonio incluyen ayudar a tu cónyuge a llegar al cielo, y si Dios te bendice con hijos, ayudarles a llegar al cielo también. Lo mismo es cierto para los sacerdotes. Mi primer pensamiento en la mañana y a lo largo del día debe ser: “¿Cómo puedo ayudar a mi esposo/a y a mis hijos llegar al cielo?”

 

¿Soy egoísta o he buscado lo mejor para mi cónyuge (esposo/a) y mis hijos?

¿Soy generoso al compartir mis dones y talentos con mi familia y quienes me rodean?

¿Sacrifico mis deseos por el bien de mi cónyuge e hijos?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #163 Santa 

Gianna Beretta Molla

 

Nuestra santa nació en Magenta (provincia de Milán) el día 4 de octubre de 1922. Desde su tierna infancia, acoge el don de la fe y la educación cristiana que recibe de sus padres. Considera la vida como un don maravilloso de Dios, confiándose plenamente a la Providencia, y convencida de la necesidad y de la eficacia de la oración.

Durante los años de Liceo y de Universidad, en los que se dedica con diligencia a los estudios, traduce su fe en fruto generoso de apostolado en la Acción católica y en la Sociedad de San Vicente de Paúl, dedicándose a los jóvenes y al servicio caritativo con los ancianos y necesitados. Habiendo obtenido el título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1949 en la Universidad de Pavía, abre en 1950 un ambulatorio de consulta en Mésero, municipio vecino a Magenta. En 1952 se especializa en Pediatría en la Universidad de Milán. En la práctica de la medicina, presta una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres.

Su trabajo profesional, que considera como una «misión», no le impide el dedicarse más y más a la Acción católica, intensificando su apostolado entre las jovencitas.

Se dedica también a sus deportes favoritos, el esquí y el alpinismo, encontrando en ellos una ocasión para expresar su alegría de vivir, recreándose ante el encanto de la creación.

Se interroga sobre su porvenir, reza y pide oraciones, para conocer la voluntad de Dios. Llega a la conclusión de que Dios la llama al matrimonio. Llena de entusiasmo, se entrega a esta vocación, con voluntad firme y decidida de formar una familia verdaderamente cristiana.

Conoce al ingeniero Pietro Molla. Comienza el período de noviazgo, tiempo de gozo y alegría, de profundización en la vida espiritual, de oración y de acción de gracias al Señor. El día 24 de septiembre de 1955, nuestra santa contrae matrimonio en Magenta, en la Basílica de S. Martín. Los nuevos esposos se sienten felices. En noviembre de 1956, ella da a luz a su primer hijo, Pierluigi. En diciembre de 1957 viene al mundo Mariolina y en julio de 1959, Laura. Nuestra santa armoniza con simplicidad y equilibrio, los deberes de madre, de esposa, de médico y la alegría de vivir.

En septiembre de 1961, al cumplirse el segundo mes de embarazo, es presa del sufrimiento. El diagnóstico: un tumor en el útero. Se hace necesaria una intervención quirúrgica. Antes de ser intervenida, suplica al cirujano que salve, a toda costa, la vida que lleva en su seno, y se confía a la oración y a la Providencia. Se salva la vida de la criatura. Ella da gracias al Señor y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo y con plena dedicación a sus deberes de madre y de médico. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa.

Algunos días antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo».

La mañana del 21 de abril de 1962 da a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria «Jesús, te amo; Jesús, te amo», muere santamente. Tenía 39 años.

Sus funerales fueron una gran manifestación llena de emoción profunda, de fe y de oración.

El papa Pablo VI definió a nuestra santa: «una joven madre de la diócesis de Milán que, por dar la vida a su hija, sacrificaba, con meditada inmolación, la propia». Es evidente, en las palabras del Santo Padre, la referencia cristológica al Calvario y a la Eucaristía.

S.S. Juan Pablo II la canonizó el 16 de mayo de 2004.

Patrona de los partos difíciles y en contra del aborto.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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Un comentario en “Martes XXX del Tiempo ordinario

  1. Maria de Jesus Rios Gonzalez dijo:

    Hola padre Enrique.las preguntas que me hace al final para mi son muy fuertes pero también pensé en sus papás y es verdad sólo hay que verlos para saber lo que es el amor y el fruto de ese amor es usted que Dios lo bengiga a usted y a su camilla y como siempre me encomiendo a sus oraciones ♥ El 31/10/2018 04:54, “Fr. Enrique Garcia” escribió:

    > egarcia1975 posted: “EFESIOS 5:21-33 Hermanos: Respétense unos a otros, > por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se > tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es > cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Po” >

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