Sábado 28 del Tiempo Ordinario (20-oct-2018)

LUCAS 12:8-12

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.

A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir”.

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

En el Evangelio de hoy vemos lo importante que es para nosotros reconocer a Jesús ante los demás. Si lo hacemos, Jesús nos reconocerá “ante los ángeles de Dios”; pero a aquel que lo niegue ante los hombres, nos dice “yo lo negaré ante los ángeles de Dios”. Vemos que nuestras opciones tienen consecuencias. Dios respetará tu libertad: si dices que no eres de Él, Él dirá que no eres de los suyos.

¿Alguna vez he negado a Cristo ante los demás? Si es así, ¿me he arrepentido de ese pecado?

 

Negar a Cristo puede parecer algo tan extremo que muchos pensaríamos que jamás lo hemos hecho o lo haríamos. Para entender la seriedad de lo que está en juego, conviene recordar el contexto en el que Cristo dijo estas palabras. Sus obras maravillosas, sus milagros y exorcismos, no eran reconocidos por sus enemigos, que llegaban incluso a decir que Cristo mismo estaba poseído por algún demonio. Ellos estaban negando a Cristo porque se resistían a aceptar su mensaje y la gracia que Él ofrece. ¿Cuántas veces nos ha pasado eso?

Después fue ocasión de una persecución en la que pusieron contra la pared a algunos cristianos para que negaran su fe o fueran acribillados. Muchos de ellos dieron valientemente su vida por Cristo y por causa del Evangelio.

 

Entonces Jesús dice: “aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.” Esto nos invita a pensar. ¿Cuál es el pecado contra el Espíritu Santo? El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) afirma que esta blasfemia contra el Espíritu Santo es el “rechazo deliberado” de la misericordia de Dios (párrafo 1864). La misericordia de Dios no tiene límites, pero a través de nuestro libre albedrío podemos rechazar Su misericordia.

 

Su santidad el Papa San Juan Pablo II escribió: “‘blasfemia’ no consiste propiamente en ofender contra el Espíritu Santo en palabras; consiste más bien en el rechazo a aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre a través del Espíritu Santo, que actúa a través del poder de la Cruz” (Dominum et Vivificantem, Carta Encíclica sobre el Espíritu Santo, n° 46).

 

Cuando Jesús murió en la cruz, Dios les estaba ofreciendo la salvación a todos los hombres a través de Su infinita misericordia. Esto no significa que todos serán salvados porque Dios nos dio nuestro libre albedrío para aceptar su salvación o rechazarla, seguir o negar a Cristo. Algunas de las maneras en que le podemos dar la espalda a esta oferta gratuita de Dios son:

 

1) Desesperación – “dejamos de esperar su salvación personal de Dios” (CEC # 2091). Esto es lo opuesto a la virtud de la esperanza.

2) Presunción – la idea de que puedo salvarme a mí mismo sin la gracia de Dios o presumo su misericordia sin mi propia conversión. (CEC #2092)

3) Impenitencia – la negación a arrepentirme de mis pecados. (CEC #1430-1433)

4) Obstinación – la persistencia intencional para permanecer en pecado grave.

5) Resistencia a la verdad divina – resistir a creer en algo que sé que ha sido revelado por el Espíritu Santo. (CEC #2089)

6) La envidia del bienestar espiritual de otro – el Espíritu Santo les derrama dones a todos. Si no recibo mis dones con acción de gracias y más bien soy envidioso de los dones dados a los otros, estoy negando los dones del Espíritu Santo que me ha dado.

 

Jesús no quiere que vivamos con miedo, sino por el contrario, quiere que prosperemos en fe, esperanza y amor, que tengamos una vida plena, vida y vida en abundancia. La condenación nos puede ocurrir cuando Dios a través del Espíritu Santo nos revela su voluntad y nosotros voluntariamente le damos la espalda a su amor y lo rechazamos porque nos dio libertad y nos encontramos en este lugar de blasfemia contra el Espíritu Santo. Todo el mundo experimenta dudas en su vida de fe; eso es normal. Pero esta blasfemia es intencional, obstinada y sin arrepentimiento.

 

Necesitamos ser humildes y dóciles al Espíritu Santo, pedir el don de la fe. Pasa tiempo en oración, lee las Sagradas Escrituras todos los días y estudia su Palabra, y Dios te acercará más a Él. Por medio del bautismo nos ha hechos sus discípulos  y por la confirmación somos sus apóstoles, es decir, somos enviados como discípulos misioneros a transformar el mundo con su poder como los primeros discípulos. Ellos podían sanar a los enfermos, expulsar a los demonios, resucitar a los muertos, transformar la vida de los demás. A eso estamos llamados, a transformar especialmente nuestra vida con el poder del Espíritu Santo. Esto puede suceder si rendimos nuestra voluntad y todo nuestro ser a Dios, entonces, transformáremos al mundo.

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #153

El santo de la trivia de hoy es famoso por sus terribles penitencias, nació en 1499 en la comunidad española de Alcántara. Su padre era gobernador de la región y su madre de muy buena familia. Ambos se distinguían por tener una gran piedad y un excelente comportamiento.

Estudiando en la Universidad de Salamanca, el Santo se entusiasmó por la vida de los franciscanos, debido a que los consideraba personas muy desprendidas de lo material y dedicadas a la vida espiritual. Pidió ser admitido como franciscano, eligiendo para vivir, el Convento donde estaban los religiosos más observantes y estrictos de esa Comunidad.

En el noviciado lo pusieron de portero, hortelano, barrendero y cocinero. Pero, en este último oficio sufría frecuentes regaños por ser bastante distraído. Llegó a mortificarse tan ásperamente en el comer y el beber, que perdió el sentido del gusto, y así, todos los alimentos le sabían igual. Dormía sobre un duro cuero.

Durante horas y horas oraba de rodillas, y si el cansancio le llegaba, apoyaba la cabeza sobre un clavo en la pared, para de este modo, dormir unos minutos arrodillado.

Pasaba noches enteras en vela, rezando y meditando. Por eso, ha sido elegido Protector de los celadores y guardias nocturnos.

Con el tiempo, fue disminuyendo estas terribles mortificaciones, porque vio que le arruinaban su salud.

Nombrado Superior de varios Conventos, siempre era ejemplo para todos sus súbditos en cuanto al cumplimiento exacto de los reglamentos de la Comunidad.

Pero, el trabajo en el cual más éxitos obtenía, era el de la predicación. Dios le había dado la gracia de conmover a los oyentes, y varias veces bastaba su sola presencia, para que muchos empezaran a dejar su vida llena de vicios y comenzaran una vida virtuosa.

Prefería los auditorios de gente pobre, porque le parecía que ellos eran los que mayor voluntad tenían de convertirse.

Pidió a sus Superiores que lo enviaran al Convento más solitario que tuviera la Comunidad. Lo mandaron al Convento de Lapa en terrenos deshabitados, y allá compuso un hermoso libro acerca de la oración, que fue sumamente estimado por Santa Teresa y San Francisco de Sales. Este texto ha sido traducido a muchos idiomas.

Deseando San Pedro de Alcántara que los religiosos fueran más mortificados y se dedicaran por mayor tiempo a la oración y la meditación, fundó una nueva rama de franciscanos, llamados de “estricta observancia”.

El Sumo Pontífice aprobó dicha Congregación, y pronto hubo en muchos sitios Conventos dedicados a conducir por el camino de la santidad a sus religiosos, a través de una vida de gran penitencia.

Los últimos años de su existencia los dedicó a ayudar a Santa Teresa en la fundación de la Comunidad de Hermanas Carmelitas que ella había creado, logrando grandes éxitos en la extensión de esta Comunidad.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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