Martes XXIX del Tiempo Ordinario (23 de octubre de 2018)

Evangelio según san Lucas 12, 35-38

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.

 

=======================

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

El hecho de que los efesios fueran de origen pagano proporciona a Pablo la ocasión para subrayar su situación precedente de gran pobreza por la falta de Cristo. En efecto, no tenerle a Él significa “estar lejos” de Dios; tenerle significa estar “cerca” gracias a la sangre que ha derramado por nosotros. Históricamente, pues, los paganos vivían una situación desfavorable respecto a los israelitas: como no pertenecían al pueblo de Dios, no podían participar, en consecuencia, de las promesas (Ver Ef 2, 12).

 

El punto focal de este pasaje es la afirmación de que “Cristo es nuestra paz” (v.1ss). Es preciso captar el doble sentido de la palabra paz. Por una parte, se trata de la abolición de aquello que, en lo tocante a la Ley, separaba a judíos y paganos. Por otra, es la paz de todo hombre con Dios, entendida como una reconciliación que tiene lugar por el hecho de que ha sido eliminado el pecado. Es Cristo -Él solo- quien ha llevado a cabo tanto una como otra paz. Verdaderamente, la separación era una enemistad tan profunda que formaba como un “muro” que separaba al hombre de Dios y a los hombres entre ellos. La observancia de la Ley, caída en un ciego legalismo formalista, impedía la obediencia a Dios de una manera sustancial; esa obediencia es ahora posible por la pacificación que tiene lugar con la encarnación del Verbo y el rescate de su muerte en la cruz. En virtud de esta paz nuestra nace el “hombre nuevo” (v.16). El camino, tanto para los que proceden del paganismo como para los que fueron israelitas, es ahora un sereno ir al Padre con la fuerza unificadora del Espíritu.

 

Pablo coloca, a continuación, la premisa de nuestra identidad como Iglesia. Ahora somos “conciudadanos dentro del pueblo de Dios; […] familia de Dios” (v.19), sólidamente “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas” (v.20). Nuestra piedra angular es Jesús. De Él nos viene la posibilidad de evolucionar espiritualmente hasta llegar a ser, caminando con los hermanos verdadero templo de Dios, su morada por intervención del Espíritu.

 

En el pasaje del Evangelio de hoy vemos una invitación: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas” (v.35); y una exclamación reconfortante: “Dichosos aquellos” (v.38). Insertada en medio, una pequeña parábola dividida en dos partes: una en la que los siervos esperan al amo, y otra, igualmente sorprendente  en su brevedad, en la que el amo, a su vuelta de la boda, en vez de querer restaurarse y reposar, invita a los siervos a sentarse a la mesa y él mismo se pone a servirles.

 

Llama la atención el tema de la vigilancia, que resulta familiar en la enseñanza de Jesús. La imagen de las lámparas encendidas recuerda a las vírgenes vigilantes de la parábola narrada por Mateo (25, 1-13) y encuentra su contrapunto en el pesado sueño de Pedro, Santiago y Juan, en absoluto dispuestos a compartir la angustia mortal de Jesús en el huerto de los olivos. Dormían, en efecto, porque “sus ojos estaban cargados” (Mc 14,38), había caído completamente en el vacío.

 

El gesto de tener ceñida la cintura y las lámparas encendidas expresa el hecho de estar dispuesto a quedarse o ir allí donde el amo quiera. Jesús recoge, del vestuario típico de los hombres de Palestina de aquellos tiempos cuando se preparaban para el trabajo o para emprender el camino de noche, la evidencia de un estado de vela espiritual, de gran importancia para un verdadero crecimiento en los ámbitos humano y cristiano. No por casualidad recoge Lucas otra invitación perentoria de Jesús: “procuren que sus corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida” (Lc 21,34). En efecto, nada como el embotamiento entorpece los ojos del corazón, atranca el crecimiento y siembra la vida de falsas ilusiones. El embotamiento espiritual hace perder el sentido de esta vida y de la que vendrá, en la que el Señor nos invitará al banquete servido por su amor, para siempre.

 

¿Estás dispuesto a hacer lo que el Señor te pida en este día?

¿Tienes puesta la túnica de la virtud y la lámpara de la fe para cuando el Señor venga?

¿Estás en vela (alerta) para la venida del Señor?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #156

 

El santo de la trivia del día de hoy es considerado como uno de los predicadores más famosos que ha tenido la Iglesia Católica. Nació en Capistrano, en la región montañosa de Italia en 1386.

Fue un estudiante sumamente consagrado a sus deberes, llegando a ser abogado, juez y gobernador de Perugia. Tras caer preso a causa de una guerra civil, el Santo reflexionó sobre su actitud en la vida. Dándose cuenta de que en vez de dedicarse a conseguir dinero, honores y dignidades en el mundo, era mejor trabajar por alcanzar la santidad y la salvación, así que decidió ingresar a la Orden Franciscana.

A los 33 años fue ordenado sacerdote y luego, durante 40 años, recorrió toda Europa predicando con enormes éxitos espirituales.

Tuvo por Maestro de predicación y por Guía espiritual, al gran San Bernardino de Siena. Formando grupos de seis y ocho religiosos, se distribuyeron primero por toda Italia, y luego por los demás países de Europa, predicando la conversión y la penitencia.

Después de su muerte, se reunieron los apuntes de los estudios que hizo para preparar sus sermones, sumando 17 volúmenes.

La Comunidad Franciscana lo eligió por dos veces como Vicario General. Aprovechó este altísimo cargo para tratar de reformar la vida religiosa de los franciscanos. Consiguió que en toda Europa esta Orden llegara a un gran fervor, no sin antes sortear una serie de dificultades y obstáculos.

Nuestro santo tenía mucha habilidad para la diplomacia. Era sabio, prudente y medía muy bien los juicios y las palabras. Había sido juez y gobernador, sabiendo, por tanto, tratar de manera adecuada a las personas.

De ahí que cuatro Pontífices, Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III, lo emplearan como embajador en muchas y delicadas misiones diplomáticas, con muy buenos resultados.

Tres veces le ofrecieron los Sumos Pontífices nombrarlo Obispo de importantes ciudades, pero prefirió seguir siendo un humilde predicador, pobre y sin títulos honoríficos.

En 1453, los turcos musulmanes se habían apoderado de Constantinopla y se propusieron invadir Europa para acabar con el cristianismo. El mismo rey de Hungría huye, y tiene que ser nuestro santo quien recluta a los campesinos húngaros para la Cruzada. Llegan a juntar a 7,000 cruzados. Mahomed ataca con 150,000 hombres y 300 cañones. Nuestro santo ha improvisado unos estandartes con la cruz y las figuras de San Francisco, San Antonio y San Bernardino. Anima a todos a la lucha al conjuro del nombre de Jesús y obtienen una victoria completa.

A los pocos días Mahomed vuelve al asalto con toda la rabia del león herido. Nuestro santo corre por las murallas, cuando la infantería turca escala el foso, y grita a los valientes húngaros que en sus manos está la cristiandad. Alzaba sus brazos a Dios, clamando misericordia por Europa. La derrota del turco fue completa.

Más admirable que la victoria en las armas, fue la victoria en los espíritus, que obtuvo nuestro santo, convirtiendo a los cruzados en novicios. A diario celebraban misa él y sus frailes, y muchos soldados comulgaban. Políticamente no tuvo grandes consecuencias la victoria de Belgrado, pero quedaba el valor ejemplar de la conducta de un Santo, entregado a la defensa de la cristiandad.

Una peste declarada en el campamento de los cruzados acabará con la vida, ya agotada, de aquel campeón. El mensaje de nuestro santo quedaba escrito en la Historia y es conocido como “el santo de Europa”.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s