Viernes XXVIII del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 12, 1 – 7

En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:

 

“Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.

 

Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.

 

¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

 

Jesús quiere formar bien el corazón de sus discípulos misioneros por ello nuevamente en el pasaje del Evangelio de hoy ataca la hipocresía y dice la sentencia “Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse.” Estas son palabras muy desafiantes de Jesús a sus seguidores hoy. ¿Estarías cómodo si cada palabra que has dicho en secreto se “diría a plena luz”? ¿Y si todo lo que “hayas dicho en voz baja y en privado” se proclame desde las azoteas?

 

 

Con nuestras palabras podemos lastimar y herir a veces más profundamente los corazones de los demás. Nuestras palabras destruir la reputación de alguien. Yo creo que el chisme y hablar a espaldas de alguien es lo peor que podemos hacer porque no estamos construyendo el cuerpo de Cristo, pero es peor cuando lo permitimos porque esa persona que habla mal de otra cuando no está presente de quien habla, esa misma persona hablará mal de nosotros cuando no estemos presentes.

 

 

Antes de hablar mal de alguien te invito que imagines que se está transmitiendo a los cuatro vientos y te está oyendo la persona de quien estas hablando. ¿Cómo te sentirías? ¿Te gustaría que la otra persona escuchara esta declaración? Presta atención a la intención de tu corazón. ¿Es tu intención dañar la reputación de alguien? ¿Es para sentirte mejor contigo mismo? ¿Hablar mal de los otros te hacer ser mejor persona? ¡Claro que no!

 

 

Si vas a hablar de alguien es para decir cosas buenas de esa persona o porque estamos dispuestos ayudarles. En otras palabras, si hablo de alguien sin la intención de ayudarle, simplemente estoy chismeando y difamando a la persona.

 

 

Jesús sabe el número de cabellos en nuestras cabezas. Él sabe las palabras que hablamos públicamente y en privado. Él sabe todo lo que hacemos. Hoy antes de que actuemos o hablemos, invitemos al Señor en cada momento de nuestra vida. ¿Estarías orgulloso de que el Señor escuchara cada palabra tuya? ¿Jesús aprobaría cada acción tuya?

 

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre. #152

 

Nuestro santo de la trivia del día de hoy nació el 3 de enero de 1694 en la pequeña ciudad Ovada, al norte de Italia. Tuvo 15 hermanos de los cuales sólo sobrevivieron 5. Era una familia muy pobre y nuestro santo no asistió con regularidad a la escuela por ayudar a su padre.

 

El gran testimonio de la fe cristiana de Ana María -su madre- ejerció gran influencia en la educación religiosa de nuestro santo, a la que éste correspondió con una respuesta generosa.

 

A los 19 años, en 1713, nuestro santo tomó la primera gran decisión de su vida. La predicación de un sacerdote o una charla espiritual con él le impresionó de tal forma que, profundamente emocionado y arrepentido, hizo confesión general de sus pecados y decidió consagrar su vida a Dios de un modo más radical y absoluto. Él mismo llamará después a este momento su “conversión a penitencia”.

 

Años más tarde, cuando en 1716 el Papa Clemente XI invitó a la cristiandad a una cruzada contra los turcos, nuestro santo creyó oír en esto la voz de Dios, pues quería morir mártir y se alistó voluntario, pasando algún tiempo en cuarteles y campamentos. Convencido de que éste no era el servicio que Dios le pedía, regresó a la casa de sus padres a quienes siguió ayudando en sus necesidades, dedicaba muchas horas a la oración, participaba diariamente en la misa y se entregaba a duras penitencias.

 

Nuestro santo tenía 26 años sintió la llamada de Dios a fundar una orden religiosa y el 22 de noviembre de 1720 se despidió de su familia y se dirigió a su obispo, Mons. Gattinara, en Alejandría. Este, en una ceremonia sencilla y en su capilla privada, lo revistió de la Cruz con el hábito negro de ermitaño. Las seis semanas siguientes del 23 de noviembre de 1720 al 1 de 1721, las vivió en el trastero de la sacristía de la Iglesia de San Carlos, de Castellazzo, en las más precarias condiciones de alojamiento. Son como los ejercicios espirituales preparatorios para su misión de ermitaño y fundador. En adelante su apellido será “de la Cruz”.

 

Por orden de su obispo, Pablo de la Cruz consigna por escrito los sentimientos y vivencias interiores de esos días en un “Diario espiritual”. En él vemos a qué grado de oración ha llegado ya, así como las grandes líneas de la doctrina espiritual que vivirá y enseñará durante los 55 años siguientes. En las anotaciones del primer día aparece ya la idea fundamental y programática de toda su vida: “No deseo saber otra cosa ni quiero gustar consuelo alguno; sólo deseo estar crucificado con Jesús”.

 

Acabados estos días nuestro santo pasó los meses siguientes en distintas ermitas de las cercanías viviendo en soledad; daba catecismo a los niños en los lugares vecinos, predicaba los domingos e incluso dio una misión. Quiso ir a Roma para pedir personalmente al Papa le aprobara las Reglas de la nueva Orden religiosa, misma que escribió durante los 40 días de Castellazzo. En Septiembre de 1721 se dirigió a Roma, pero sufrió una gran desilusión. Es rechazado por los guardias de Papa con palabras no muy amables. Aunque profundamente decepcionado, no se desanimó. En la Basílica María la Mayor hizo un voto especial: “dedicarse a promover en los fieles la devoción a la Pasión de Cristo y empeñarse en reunir compañeros para hacer esto mismo”.

 

A su vuelta a Castellazzo, se les unió su hermano Juan Bautista que, lleno de los mismos ideales, fue hasta su muerte en 1765 el compañero fiel de Pablo. Durante los años siguientes vemos a los dos experimentar la Regla pasionista en diferentes ermitas y colaborando con las parroquias vecinas mediante el catecismo y la predicación. Los dos hermanos fueron ordenados sacerdotes en la Basílica de San Pedro por el Papa Benedicto XIII.

 

En mayo de 1741 fueron aprobadas por Benedicto XIV las reglas de su orden.

Nuestro santo descubrió que Dios está más cerca de los pobres, de los que no tienen nada, y sintió la urgencia de salir a su encuentro para esto: voz anunciarles al Dios de la vida.

 

Fundó la Congregación de la Pasión con la esperanza de que fuera un signo humilde del grande Amor de Dios.

 

A lo largo de su vida -murió a los 82 años-, fundó 11 conventos. En 1771, el santo, ya anciano, inauguró el primer monasterio de religiosas pasionistas de clausura, que vivirían el mismo espíritu según la Regla escrita también por él.

 

Por su gran actividad apostólica -200 misiones y 80 tandas de ejercicios espirituales- mantuvo contacto con gran número de personas que solicitaban su consejo en la vida espiritual, a quienes él sirvió especialmente por correspondencia.

 

El 18 de octubre de 1775 nuestro santo pasó a la Casa del Padre con una muerte tranquila y. Fue canonizado por el Papa el 29 de junio de 1867.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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