Miércoles XXVII del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 11, 1 – 4

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”.

 

Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan:

Padre, santificado sea tu nombre,

venga tu Reino,

danos hoy nuestro pan de cada día

y perdona nuestras ofensas,

puesto que también nosotros perdonamos

a todo aquel que nos ofende,

y no nos dejes caer en tentación”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de octubre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

 

La Lista de los ganadores de la Trivia de la Vida de los Santos del mes de septiembre son: Laura Patricia Valdez Ruíz, Carolina García, María Elena Ávila, Patricia Casillas, María Camacho, Verónica Gonzales, Ana Gamboa,  Erika Martínez,  María Teresa Elizalde, Araceli Jiménez,  Hilda Ramos, Ana María Salinas,  María Amaya y Samantha Mendoza. Por favor manden su dirección postal al correo electrónico siguiente: penriquegarcia@gmail.com Para hacerles llegar su Biblia. ¡Gracias por participar en la trivia de los santos!

 

 

Hoy el tema central es la oración y cómo enseñar a orar. “Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: ‘Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos’.”  Se enseña a orar con el ejemplo.

 

Ha sido la oración enseñada por Jesús a sus apóstoles, sus apóstoles a sus discípulos, sus discípulos a través de los siglos nos la han enseñado. Uno de esos grandes discípulos son nuestras abuelitas y nuestras mamás. Se aprende a orar en la casa con el ejemplo de nuestros padres.

 

Voy a hablar un poco sobre esta oración tan bella que Jesús nos enseñó. Tertuliano dice que el Padrenuestro es “la síntesis de todo el Evangelio”. Es la “oración del Señor”, porque Él nos la enseñó y porque es la oración que Él dirigía a su Padre. Él se ha encarnado, vivido y muerto en cruz para santificar el nombre del Padre. Para ello ha orado: “Padre, glorifica tu nombre”. Él nos ha anunciado el reino de los cielos y con Él ha llegado a nosotros el reino de Dios. Su vida, su alimento y su muerte no han sido otra cosa que “hacer la voluntad de Dios” en la tierra como eternamente la ha hecho en el cielo. Su “pan” es toda palabra que sale de la boca del Padre. Del Padre espera cada día el alimento, sin tentarlo a cambiar las piedras en pan. Y Él, el inocente, sin pecado alguno, ¿cómo ha pedido “perdónanos nuestras deudas? “Al que no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros” (2Cor 5,21). Nuestras deudas eran en realidad deudas suyas, nuestros pecados eran sus pecados: no porque Él los cometiera, sino porque cargó con nuestros pecados. Con toda verdad podía orar “perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. “Y líbranos del mal”, para eso ha venido al mundo: para vencer al Maligno.

 

Según Tertuliano, sólo Dios podía enseñarnos cómo quiere que le recemos. Y san Cipriano nos dice: Cristo nos ha enseñado a orar, para que orando al Padre como Él nos ha enseñado seamos escuchados con más facilidad.

 

El Padrenuestro es la oración que Jesús ha transmitido a sus discípulos, y que la Iglesia, a su vez, nos transmite a nosotros. La Iglesia, de este modo, nos conduce a Cristo y Cristo nos presenta al Padre, es el camino de la oración.

 

Para hablar con Dios, hace falta humildad y confianza. Es la actitud de nuestro padre en la fe. Abraham, “en verdad es atrevimiento el mío al hablar a mi Señor; ya que soy polvo y ceniza” (Gén 18, 27). Y llamar a Dios Padre sería una temeridad, si el mismo Hijo de Dios no nos hubiera animado a hacerlo, como nos recuerda la Iglesia en la liturgia eucarística: “Fieles a la recomendación del Señor y siguiendo su “divina enseñanza, nos atrevemos a decir: Padre nuestro”.

 

¿Haces oración con tu familia cada día?

¿Les has enseñado a orar a tus hijos y a tus amigos?

Cuando oras ¿Le confías a Dios todas tus preocupaciones y lo que te quita la paz?

 

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre #143 San

 

Nuestro santo de la trivia del día de hoy fue hijo de campesinos pobres, llegó a ser el primer Obispo de África Central y uno de los más grandes misioneros de la historia de la Iglesia. La vida de nuestro santo nos muestra que, cuando Dios interviene y encuentra una persona generosa y disponible, se realizan grandes cosas.

Nació en Limone sul Garda (Brescia, Italia) el 15 de marzo de 1831. Sus padres  Luigi y Domenica, tuvieron ocho hijos, nuestro santo es el cuarto, pero casi todos sus hermanos murieron a edad temprana. Eran una familia unida, de fe profunda y rica de valores humanos, pero pobre de medios materiales. Nuestro santo deja su pueblo debido a la pobreza de la familia, va a Verona, para estudiar en el Instituto fundado por el sacerdote don Nicola Mazza para jóvenes prometedores pero sin recursos.

 

Durante estos años pasados en Verona descubre su vocación sacerdotal, cursa los estudios de filosofía y teología y, sobre todo, se abre a la misión de África Central, atraído por el testimonio de los primeros misioneros del Instituto Mazza que vuelven del continente africano. En 1854, fue ordenado sacerdote y tres años después parte para la misión de África junto a otros cinco misioneros del Instituto Mazza, con la bendición de su madre Domenica que llega a decir: “Vete, Daniel, y que el Señor te bendiga”.

Desde la misión de Santa Cruz escribe a sus padres: “Tendremos que fatigarnos, sudar, morir; pero al pensar que se suda y se muere por amor de Jesucristo y la salvación de las almas más abandonadas de este mundo, encuentro el consuelo necesario para no desistir en esta gran empresa”.

 

Cuando regresa a Italia, el recuerdo de África y de sus gentes empujan a nuestro santo a preparar una nueva estrategia misionera. En 1864, recogido en oración sobre la tumba de San Pedro en Roma, tiene una fulgurante intuición que lo lleva a elaborar su famoso “Plan para la regeneración de África”, un proyecto misionero que puede resumirse en la expresión “Salvar África por medio de África”.

 

Funda una revista misionera, la primera en Italia, como instrumento de animación misionera. Su inquebrantable confianza en el Señor y su amor a África llevan a nuestro santo a fundar en 1867 y en 1872 dos Institutos misioneros, masculino y femenino respectivamente; más tarde sus miembros se llamarán Misioneros Combonianos y Misioneras Combonianas.

 

Como teólogo del Obispo de Verona participa en el Concilio Vaticano I, consiguiendo que 70 obispos firmen una petición en favor de la evangelización de África Central (Postulatum pro Nigris Africæ Centralis).

 

El 2 de julio de 1877, nuestro santo es nombrado Vicario Apostólico de África Central y consagrado Obispo un mes más tarde. Este nombramiento confirma que sus ideas y sus acciones, que muchos consideran arriesgadas e incluso ilusorias, son eficaces para el anuncio del Evangelio y la liberación del continente africano.

 

En 1880 nuestro santo vuelve a África por octava y última vez, para estar al lado de sus misioneros y misioneras, con el entusiasmo de siempre y decidido a continuar la lucha contra la esclavitud y a consolidar la actividad misionera. Un año más tarde, puesto a prueba por el cansancio, la muerte reciente de varios de sus colaboradores y la amargura causada por acusaciones infundadas, nuestro santo cae enfermo. El 10 de octubre de 1881, a los 50 años de edad, marcado por la cruz que nunca lo ha abandonado “como fiel y amada esposa», muere en Jartum, en medio de su gente, consciente de que su obra misionera no morirá. “Yo muero –exclama– pero mi obra, no morirá».

 

El 5 de octubre de 2003, es canonizado por el Papa Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro de Roma.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique Garcia Elizalde

 

 

 

 

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