Miércoles XXVI del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 9, 57 – 62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.

Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de octubre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes. ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #134 al #164. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Los antiguos griegos tenían un nombre para esa especie de vanidad o locura con la que a veces los seres humanos olvidamos las proporciones y creemos que somos infinitos, colosales, inteligentísimos o poderosos sin medida. Ese defecto, la falsa grandeza y la llamaban “hybris”.

Aunque todos podemos sufrir de esa megalomanía, no cabe duda que la gente en puestos de mando está más tentada de sufrirla. Por ejemplo Adolfo Hitler quería un “Reich” (reino) que duraría por lo menos mil años, y para inaugurarlo invadió al resto de Europa. Stalin no dudó en enviar a la muerte a millones de personas: era el precio justo para que él pudiera sentirse grande y cómodo en “su” Unión Soviética.

La “hybris” se manifiesta también en otras escalas. Cada vez que uno intenta cosas que superan por completo sus fuerzas está cayendo en la “hybris”, y esto involucra el dinero, la salud, e incluso la manera como a veces desgastamos el “capital” de afecto o acogida que tenemos entre nuestros amigos. A veces pretendemos hacer cosas para impresionar a los demás a costa de nuestro propio bienestar o el bienestar de otros.

Todo esto viene a que el libro de Job (de donde es tomada la primera lectura esta semana) es como una gran catequesis de muchas cosas, y una de ellas es la victoria sobre la “hybris”. Las palabras de Job el día de hoy son exactamente eso: el reconocimiento del propio tamaño, la conciencia de que uno tiene límites; incluso más que eso: la seguridad de que uno nunca logrará saber cuánto ignora, como decía san Agustín.

En nuestro tiempo se valora mucho el conocimiento, y eso está bien. Pero, ¿has notado que son muchas más las personas que quieren mejorar su inteligencia y mucho menos las que quieren aprender a amar, servir o adorar? Job nos recuerda que el mundo es más grande que lo que podemos controlar, y que saber que uno no sabe ya es comienzo de verdadera sabiduría.

 

¿Estás dispuesto a ser humilde y agradecido con lo que Dios te ha dado?

¿Cómo pones tus talentos, dones y posesiones al servicio de otros?

¿Eres humilde o el poder, dinero, placer y estupidez te han cegado a quien eres en realidad?

 

Después de escuchar el evangelio de hoy uno puede preguntarse si Jesús era lo que hoy llamamos un “promotor vocacional.” Casi diríamos que se esfuerza en presentar obstáculos y que ciertamente no ayuda a que la decisión sea fácil. ¿Por qué lo hace? Es solamente por honestidad, algo así como no pintar ilusiones en los posibles candidatos.

Si Jesús estuviera simplemente haciendo un contrato, el objetivo de esas palabras sería aclarar los términos de ese contrato. Pero el mensaje del evangelio no es una negociación sino una palabra de gracia. Somos salvados por gracia, por pura compasión de Dios, y ello no cambia sino que se acentúa con el hecho de que uno entre al seguimiento más cercano de Cristo. Jesús quiere una profunda relación con Él, de una entrega total y absoluta, sin un corazón dividido o confundido, quiere ser el centro de nuestra vida y la prioridad más alta.

Es posible que la voz de Cristo no suene a pura exigencia. Pero recordemos que las dificultades no son sólo para desanimarlo a uno, sino para sacar lo mejor de nosotros. Las palabras del Señor son realistas, por supuesto, pero también son su modo de invitarnos a dar lo mejor de nosotros mismos por la única causa que genuinamente lo merece: que Dios reine.

 

¿Estás dispuesto a seguir al Señor con tu vida?

¿Qué te impide para seguirlo completamente y darle todo tu tiempo, dones, talentos y tu corazón a Jesús?

¿Si Dios te está llamando a su servicio por qué te haces el/la sordo/a?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #136 San

Nuestro santo del día fue un ejemplarísimo abad y fue hijo de Estancio, varón ilustre de la casa de Haganón, duque de la Austrasia inferior, y de Plectrudis, hermana de Esteban, obispo de Lieja.

Hiciéronle seguir sus padres desde muy joven la carrera de las armas, propia a la sazón de mancebos nobles, y le enviaron a la corte de Berengario conde de Namur; donde resplandeció así por la modestia de sus costumbres, como por la discreción de sus palabras y natural elegancia de su persona.

Cóbrele tanto amor el conde, que le llevó a su casa, y se servía de él para muchas cosas de importancia, y así le envió a Francia por su embajador para tratar con el príncipe Roberto un negocio grave que se le ofrecía. Luego que llegó a París, dejando allí sus criados, se fue solo al monasterio de san Dionisio para retirarse en él algunos días; y quedó tan edificado de la virtud de los monjes, y tan aficionado al sosiego y felicidad de la vida religiosa, que determinó dar libelo de repudio a todas las cosas de la tierra, para recogerse a servir a Dios en aquel monasterio.

Trató los negocios a que iba, y volviendo a dar cuenta de ellos al conde Berengario, le suplicó que le diese licencia pata profesar en dicho monasterio: y aunque con mucha dificultad y tristeza del conde, obtuvo su beneplácito. Vistió el hábito de san Benito, y desde luego fue espejo de toda santidad y virtud.

Allí comenzó a estudiar desde las primeras letras como niño, y aprovechó tanto en las humanas y después en las divinas, que a los nueve años de su conversión se ordenó de sacerdote con grande gozo de su espíritu, y aprovechamiento de los otros monjes, de los cuales era tenido en gran veneración. Fue el primer abad del célebre monasterio de Broñá, a cuya iglesia trasladó con gran solemnidad muchas reliquias de santos cuerpos.

Un día vino al monasterio una mujer ciega y pidió que le diesen del agua con que el santo diciendo misa se había lavado los dedos: se lavó con ella los ojos, y luego cobró la vista. Habiendo recibido el marqués Arnulfo, señor de Flandes, de mano del santo la Comunión, se vio enteramente libre de un mal de piedra que le fatigaba mucho, le encomendó el gobierno de todas las abadías que tenía en su estado, y el santo las reformó, y tuvo cargo de diez y ocho monasterios, en los cuales floreció la más perfecta observancia religiosa. Finalmente recogido en su pobre monasterio de Broñá, y cargado de días y merecimientos, dio su espíritu al Señor, el cual le ilustró con muchos milagros.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique Garcia Elizalde

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