Domingo XXVI del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Evangelio según san Marcos 9, 38 – 43.45.47-48

En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”. Pero Jesús le respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes. ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

El Evangelio de hoy comienza con una escena que recuerda un momento similar en la historia de Israel, el episodio recordado en la Primera Lectura de hoy. Los setenta ancianos que reciben el Espíritu de Dios a través de Moisés prefiguran el ministerio de los apóstoles.

Al igual que Josué en la primera lectura, Juan comete el error de suponer que solo unos pocos se inspiran y confían para llevar a cabo los planes de Dios. El Espíritu sopla donde quiere (vea Juan 3: 8), y Dios desea otorgar Su Espíritu a todo el pueblo de Dios, en toda nación debajo del cielo (vea Hechos 2: 5, 38) porque todos, por la gracia del bautismo estamos llamados a ser profetas.

Dios escoge para realizar su misión a las personas que menos esperamos a los ojos del mundo. Porque Dios se fija en lo que hay en el corazón del hombre y no en las apariencias externas, por ejemplo escogió a David un pequeño niño para pelear con Goliat un guerrero. A todos nosotros Dios nos está llamando a realizar las tares más humildes, como dar una vaso de agua fresca, por el bien de su nombre y la causa de su reino.

Juan cree que está protegiendo la pureza del nombre del Señor. Pero, realmente, él solo está protegiendo su propio privilegio y estatus. Es revelador que los Apóstoles quieren cerrar el ministerio de un exorcista. La autoridad para expulsar demonios y espíritus inmundos era uno de los poderes específicos confiados a los Doce (ver Marcos 3: 14-15; 6: 7, 13).

Los mandamientos del Señor alegran el corazón, proclamamos en el Salmo de hoy. A menudo, como Josué y Juan, quizás sin darse cuenta, cubrimos nuestros defectos y miedos bajo la apariencia de nuestro deseo de defender a Cristo o su Iglesia.

Pero como Jesús dice hoy, en lugar de preocuparnos por quién es un verdadero cristiano y quién no, debemos asegurarnos de que nosotros mismos estamos llevando una vida digna de nuestro llamado como discípulos (véase Efesios 1: 4).

¿Los consejos que damos, o el ejemplo de nuestras acciones, dan escándalo, causando que otros duden o pierdan la fe? ¿Hacemos lo que hacemos con motivos con doble intención en lugar de buscar solo la voluntad del Padre? ¿Estamos viviendo, como advierte la Epístola de este domingo, por nuestro propio lujo y placer, y descuidando a nuestros vecinos?

 

Necesitamos seguir meditando sobre Su Ley, como cantamos en el Salmo de hoy. Necesitamos orar por la gracia para detectar nuestras fallas y superarlas.

 

 

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #133

El siglo IV después de Cristo, que tuvo su momento importante en el 380 con el edicto del emperador Teodosio que ordenaba que la fe cristiana tenía que ser adoptada por todos los pueblos del imperio, está repleto de grandes personajes de santos: Atanasio, Hilario, Ambrosio, Agustín, Crisóstomo, Basilio y nuestro santo del día de hoy.

Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Su espíritu es enciclopédico: su obra literaria nos revela al filósofo, al retórico, al gramático, al dialéctico, capaz de pensar y escribir en latín, en griego, en hebreo; escritor rico, puro y robusto al mismo tiempo. A él se debe la traducción al latín del Antiguo y del Nuevo Testamento, que llegó a ser, con el titulo de Vulgata, la Biblia oficial del cristianismo.

Nuestro santo es de una personalidad fortísima: en cualquier parte a donde va suscita entusiasmos o polémicas. En Roma fustiga los vicios y las hipocresías y también preconiza nuevas formas de vida religiosa, atrayendo a ellas a algunas mujeres influyentes de Roma, que después lo siguen en la vida eremítica de Belén.

La huída de la sociedad de este desterrado voluntario se debió a su deseo de paz interior, no siempre duradero, porque de vez en cuando reaparecía con algún nuevo libro. Los rugidos de este “león del desierto” se hacían oír en Oriente y en Occidente. Sus violencias verbales iban para todos. Tuvo palabras duras para Ambrosio, para Basilio y hasta para su amigo Agustín que tuvo que pasar varios tragos amargos. Lo prueba la correspondencia entre los dos grandes doctores de la Iglesia, que se conservan casi en su totalidad. Pero sabía suavizar sus intemperancias de carácter cuando el polemista pasaba a ser director de almas.

Cuando terminaba un libro, iba a visitar a las monjas que llevaban vida ascética en un monasterio no lejos del suyo. El las escuchaba, contestando sus preguntas. Estas mujeres inteligentes y vivas fueron un filtro para sus explosiones menos oportunas y él les pagaba con el apoyo y el alimento de una cultura espiritual y bíblica. Este hombre extraordinario era consciente de sus limitaciones y de sus propias faltas. Las remediaba dándose golpes de pecho con una piedra. Pero también se daba cuenta de sus méritos, tan es así que la larga lista de los hombres ilustres, de los que hizo un breve pero precioso resumen (el De viris illustribus) termina con un capítulo dedicado a él mismo. Murió a los 72 años, en el 420, en Belén.

Su frase más popular es “Quien desconoce la biblia desconoce a Cristo”

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 Padre Enrique Garcia Elizalde

 

 

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