Jueves XXIII del Tiempo Ordinario. Memoria: S. Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia.

Evangelio según San Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos.”

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. A las personas que envíen sus respuestas en este mes de septiembre dedicado a la Biblia, les enviaré una Biblia Gratis. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

El fragmento del Evangelio del día de hoy (Lc 6, 27-38) se presenta como un eco de las bienaventuranzas evangélicas; más aún, nos ayuda a descubrir el fundamento primero y último de toda bienaventuranza cristiana.

 

Amen a sus enemigos” (vv.27.35): las palabras de Jesús no pueden ser más claras y aquí Él se destaca como Maestro y como guía, frente a todos los demás rabinos de su tiempo: no sólo contrapone el amor al odio, sino que exige que el amor de sus discípulos (de cada uno de sus seguidores) se concentre precisamente en aquellos que les odian. Un ideal de vida tan exigente y tan sublime no ha sido pedido ni lo será nunca por ningún maestro, por eso lo hace superior a todos los demás profetas, maestros espirituales y cualquier líder. Para Jesús no se trata, como es obvio, de un amor abstracto, sino de un amor que se traduce en multitud de pequeños gestos que, día tras día, interpelan y verifican la autenticidad del mismo amor.

 

Jesús que nos llama a vivir en plenitud, sería ridículo amar sólo a los que nos aman: no habría en ello mérito alguno y, sobre todo, nuestro amor no sería signo distintivo de nuestra exclusiva e inequívoca pertenencia a Cristo: “También los pecadores aman a quienes los aman” (v.32). Jesús nos invita como sus discípulos a no ser mediocres en nuestra vida, especialmente en amar más allá de nuestras expectativas y fuerzas, porque debemos amar con la fuerza del Espíritu Santo. La mediocridad nos lleva a no esforzarnos para dar lo mejor de nosotros, por lo tanto, damos lo peor de nosotros. Jesús quiere que demos lo mejor de nosotros, eso exige de nosotros disciplina, esfuerzo, entrega, sacrificio, esperanza, confianza en Dios y dar lo mejor de nosotros.

 

Si queremos ser felices y triunfar debemos dar estar dispuestos a dar nuestra vida por nuestros sueños, estar comprometidos y no buscar culpables de nuestras caídas y errores, sino que aprendamos de nuestras experiencias y crezcamos en sabiduría y amor. Por eso Jesús nos dice: “Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra”, es decir, no paguemos con la misma moneda, no te quedes estancado en el sufrimiento y la maldad. Hay personas que se la pasan recordando todo lo malo, hacen de su pasado y malas experiencias una hamaca (se la pasan estancados allí), cuando deben de hacer de sus experiencias y pasado un trampolín para impulsarse y tomar lo mejor y tirar lo malo. Un buen ejemplo de esto es lo que hace nuestro estómago, procesa los alimentos que le damos, toma los nutrientes y desecha lo que no le sirve. Eso deberíamos de hacer con todo lo que nos sucede.

 

La enseñanza de Jesús acaba con aquella famosa expresión en la que Lucas sustituye la palabra “perfección”, que emplea Mateo (Mt 5, 48), por la de “misericordia”: “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso” (v.36). En la lógica de la espiritualidad evangélica no se da otra perfección que no sea la de un amor fraterno que revela nuestra identidad filial respecto a Dios; no hay otra meta que tener, más que la de un amor que sabe perdonar porque ha experimentado el don del perdón; no existe ningún otro mandamiento para observar más que el de tener a la imitación de Dios, el amor misericordioso, por medio de actos de bondad y de misericordia.

 

Jesús quiere nuestra realización, es decir, debemos partir de nuestra realidad, de lo que tenemos y trabajar con ello, buscar y crear oportunidades para dar lo mejor de nosotros; no estar quejándonos y lamentándonos de lo que no tenemos. Por eso Jesús nos presenta un plan de realización (amar sin medida) y un modelo (Jesús mismo amando hasta la cruz). Pero debemos buscar al Señor,  tener preparación (prepararnos para la acción) y tomar la decisión de ser sus discípulos (parecernos a Él) cada día.   Debemos expresar lo que dice el salmo del día de hoy (Salmo 138, 24b) “Señor, no dejes que me pierda.” Porque Él nos conoce profundamente porque nos ha formado desde el seno materno. “Soy un prodigio y tus obras son prodigiosas. Examíname, Dios mío, para conocer mi corazón, ponme a prueba para conocer mis sentimientos, y si mi camino se desvía, no dejes que me pierda.”

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #116  Obispo de Cartago y mártir.

El santo de la trivia del día de hoy fue el Santo más importante del África y el más brillante de los obispos de este continente, antes de que apareciera San Agustín. Nació en el año 200 en Cartago (norte de África) y se dedicó a la labor de educador, conferencista y orador público. Tenía una inteligencia privilegiada, una gran habilidad para hablar en público, y una personalidad brillante y simpática que le conseguía un impresionante ascendiente sobre los demás.

 

Llegado a la mayoría de edad se convirtió al cristianismo por el ejemplo y las palabras de un santo sacerdote llamado Cecilio. Se hizo bautizar y una vez bautizado hizo el juramento de permanecer siempre casto, y de no contraer matrimonio (celibato se llama a este modo de vivir). A las gentes les llenó de admiración el tal voto o juramento, porque esto no se acostumbraba en aquellos tiempos.

 

Desde su conversión, descubrió nuestro santo de la trivia del día de hoy que la Sagrada Biblia contiene tesoros maravillosos de buenas enseñanzas y se dedicó con toda su brillante inteligencia a estudiar este Libro Santo y a leer los comentarios que los antiguos santos habían escrito, respecto de la Sagrada Escritura. Hizo el sacrificio de renunciar a sus literatos mundanos que tanto le agradaban antes, y en adelante ya nunca citará ni siquiera una frase de un autor que no sea cristiano católico. Escribió un comentario acerca del Padrenuestro, tan bello, que hasta ahora no ha sido superado por otro autor.

 

Fue ordenado sacerdote, y en el año 248 al morir el obispo de Cartago, el pueblo y los sacerdotes lo aclamaron como el más digno para ser el nuevo obispo de la ciudad. Él se resistía pero finalmente aceptó tan importante cargo, diciendo: “Me parece que Dios ha expresado su voluntad por medio del clamor del pueblo y de la aclamación de los sacerdotes”. Y llegó a ser el más importante de todos los obispos que tuvo Cartago.

 

Un escritor lo describe como: “Era majestuoso y venerable, inspiraba confianza a primera vista y nadie podía mirarle sin sentir veneración hacia él. Tenía una agradable mezcla de alegría y venerabilidad, de manera que los que lo trataban no sabían qué hacer más: si quererlo o venerarlo, porque merecía el más grande respeto y el mayor amor”.

 

En el año 251 el emperador Decio decreta una terrible persecución contra los cristianos. Le interesaba sobre todo acabar con los obispos y destruir los libros sagrados. Los paganos recorren las calles de Cartago gritando: “Pedimos que Cipriano sea echado a los leones”. Pero no lo lograron encontrar para echarlo a las fieras.

 

Hubo un corto período de paz y nuestro santo volvió a su cargo de obispo. Pero encontró que algunos aceptaban sin más en la Iglesia a los que habían apostatado de la religión, sin exigirles hacer penitencia de ninguna clase. Se opuso a esta relajación y en adelante a todo renegado que quiso volver a la Iglesia le exigió que hiciera antes cierto tiempo de penitencia. Así preparaba a los creyentes para que en las próximas persecuciones no se dejaran dominar por el miedo y no renegaran tan fácilmente de sus creencias. Muchos se oponían a esta severidad, pero era necesaria para prevenir el peligro de apostatías en la próxima persecución que ya se avecinaba. Y sucedió que cuando vinieron después las más espantables persecuciones, los cristianos prefirieron morir antes que quemar incienso a los dioses de los paganos. Y fueron mártires gloriosos.

 

El año 252, llega la peste de tifo negro a Cartago y empiezan a morir cristianos por centanares y quedan miles de huérfanos. Nuestro santo de la trivia de hoy como obispo se dedica a repartir ayudas a los que han quedado en la miseria. Vende todo lo más valioso que hay en su casa episcopal, y pronuncia unos de los sermones más bellos que se han compuesto en la Iglesia Católica acerca de la limosna. El año 257 el emperador Valeriano decretó una violentísima persecución contra los cristianos. Pena de destierro para todo creyente que asistiera a un acto de culto cristiano, y pena de muerte para cualquier obispo o sacerdote que se atreviera a celebrar una Misa. En el año 258 le decretan pena de muerte.

 

Queda condenado a muerte y le van a cortar la cabeza con una espada. Al oír la sentencia, nuestro santo exclamó: “¡Gracias sean dadas a Dios!” Y toda la inmensa multitud gritaba: “Que nos maten también a nosotros, junto con él”, y lo siguieron en gran tumulto hacia el sitio del martirio. Al llegar al lugar donde lo iban a matar él mandó regalarle 25 monedas de oro al verdugo que le iba a cortar la cabeza. Los fieles colocaron sábanas blancas en el suelo para recoger su sangre y llevarla como reliquias.

 

El santo obispo se vendó él mismo los ojos y se arrodilló. El verdugo le cortó la cabeza con un golpe de espada. Esa noche los fieles llevaron en solemne procesión, con antorchas y cantos, el cuerpo del glorioso mártir para darle honrosa sepultura.

 

A los pocos días murió de repente el juez Valerio. Pocas semanas después, el emperador Valeriano fue hecho prisionero por sus enemigos en una guerra en Persia y esclavo prisionero estuvo hasta su muerte.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

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