Lunes XXII del Tiempo Ordinario – Memoria de San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

Evangelio según san Lucas 4, 16 – 30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

 

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír”.

 

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: “¿No es éste el hijo de José?”

 

Jesús les dijo: “Seguramente me dirán aquel refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm’ “.

 

Y añadió: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”.

 

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

 

==============================

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

La predicación de Jesús en Nazaret empieza con un rito: entra en la sinagoga, se levanta a leer, le entregan el libro y al abrirlo encuentra el pasaje… (vv.16ss). El momento es muy solemne y Lucas lo subraya con vigor: es una característica que se puede detectar con bastante facilidad en todo el relato. La página profética es proclamada por el mismo Jesús, que no tarda en dar la interpretación de la misma: “Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír” (v.11).  Jesús es verdadero profeta, incluso el profeta escatológico (cf. Lc16, 16), porque la profecía que proclama se cumple en su predicación, en sus gestos, en su persona. Por eso su tiempo es un Kairós –un tiempo providencial, un tiempo de Dios– para cualquiera que se abra mediante la escucha a la acogida del mensaje que salva. Y es la presencia de Jesús en persona la que justifica el valor de este “hoy” (v.21). Lucas registra también la reacción de los presentes: en parte, positivamente estupefactos por las cosas que decía y por el modo como las decía (“palabras de gracia”: v.22); en parte negativamente impresionados y, por eso, críticos respecto al mismo Jesús (vv.28ss). Como siempre, la reacción a la propuesta de salvación es de signo doble y contrario.

 

Encontramos, a continuación, una larga sección polémica: Jesús intuye que el ánimo de los presentes está, por lo general, indispuesto respecto a su predicación y presenta dos proverbios –el del médico y el del profeta (vv. 23. 24)- que dejan entender con claridad lo que Jesús quiere decir. Las dos referencias bíblicas a las viudas de los tiempos de Elías y a los leprosos del tiempo de Eliseo (vv.25-27) tienen también el objetivo polémico de desmantelar las disposiciones interiores de los presentes. Nada tiene de extraño, por consiguiente, que, al final, Jesús sea objeto de una reticencia común y del rechazo más ciego.

 

¿Aceptas a Jesús como  tu Señor  y sus enseñanzas como Palabras de vida eterna, o lo rechazas y lo haz sacado de tu vida?

Si aceptas al Jesús como el Señor de tu vida, ¿Cómo ha cambiado tu vida?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #106

 

Fue Beatificado el 16 de Octubre de 1994 por S.S. Juan Pablo II y Canonizado el 23 de Octubre del 2005 por su Santidad Benedicto XVI.

El santo de la trivia del día de hoy nació en Chile, en la ciudad de Viña del Mar el 22 de Enero de 1901. Su familia era muy cristiana y unida. A los cuatro años de edad muere su padre. Anita su madre queda con él y su hermano Miguel.

En 1909 entró al Colegio San Ignacio, donde se distinguió por ser buen compañero, alegre, comunicativo y muy piadoso. Con gran generosidad ocupaba su tiempo libre en visitar y ayudar a los más necesitados.

Terminado el colegio estudió leyes en la Universidad Católica, trabajando al mismo tiempo para ayudar a su madre, pero su vocación era otra: ser sacerdote. Largas horas rezaba para poder realizarla y Dios oyó su oración, su madre recibió un dinero que se le adeudaba y con el cual podría vivir tranquila.

Cuando su hijo le comunicó su decisión de hacerse sacerdote Jesuita, ella aceptó con alegría. Entró entonces al noviciado y después de largos estudios y pruebas, fue ordenado sacerdote en 1933, en Bélgica.

Regresó a Chile, donde se dedicó de lleno a sus alumnos del colegio, a los cuales no sólo enseñaba sino que dirigía espiritualmente. Fue un gran educador de juventudes.

Fundó lo que sería y es su gran obra: “El Hogar de Cristo” para ayudar a la gente de la calle y pobre. Con incansable amor, él salía en su camioneta a recoger a los pobres y a los niños para llevarlos al Hogar a tomar leche caliente y dormir en una verdadera cama… En cada necesitado veía a Cristo sufriente.

Más tarde fundaría talleres para darles educación y capacitarlos en un trabajo digno. Entre sus muchas actividades también están sus publicaciones y conferencias sobre el sacerdocio, los problemas de la adolescencia, el catolicismo, la educación y el orden social, fue, además fundador de la Revista Mensaje y de las Acción Sindical Chilena.

Un día cayó enfermo de cáncer, hospitalizado y con muchos dolores, nunca se quejó. Aceptaba la voluntad de Dios y repetía: “Contento, Señor, Contento“.

El 18 de Agosto de 1952 el Señor se lo llevó junto a Él. Sus restos mortales se encuentran en el Santuario a su memoria ubicado en Av. General Velázquez 1090, Santiago de Chile. Para celebrar este acontecimiento el parlamento chileno decretó asignar el día 18 de Agosto de cada año como el día de la Solidaridad, en honor a nuestro santo de la trivia de hoy.

Sus frases célebres:

“No descansen mientras haya un dolor que mitigar” y “Contento Señor, Contento”

“¿Podrá también en nuestros días el Espíritu suscitar apóstoles de la estatura del Padre Hurtado, que muestren con su abnegado testimonio de caridad la vitalidad de la Iglesia? Estamos seguros que sí; y se lo pedimos con fe”.  (S.S. Juan Pablo II, en Chile 1987).

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Anuncios

22° DOMINGO ORDINARIO – CICLO B

Evangelio según san Marcos: 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?» (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tra­dición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradi­ción, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

 

Jesús les contestó: «¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Us­tedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres».

 

Después, Jesús llamó a la gente y les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los frau­des, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.

===============================

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Hoy se nos presenta una de las polémicas más representativas de la mentalidad judía del siglo I de nuestra era: la cuestión sobre los alimentos impuros y la consiguiente impureza que, supuestamente, provocan en los hombres. No se trata de una cuestión de gastronomía, sino de concepción del mundo y del hombre que en él habita.

 

Los judíos vivían muy preocupados por la posibilidad de perder su estado de pureza, que para ellos era requisito indispensable para ser agradables a los ojos de Dios. Por ello, mantenían su distancia respecto a los demás pueblos, considerados impuros, respecto a sus cosas y costumbres. La prohibición de la ley de Moisés de comer cierto tipo de alimentos tuvo su origen en el esfuerzo del legislador por lograr una identidad única, especial, “separada” o “santa” en el pueblo hebreo, de modo que sus miembros fueran comprendiendo, progresivamente, la diferencia de su Dios frente a los falsos dioses del paganismo.

 

Pero para Jesús esa intención estaba superada y distraía, más bien, de lo fundamental: la preocupación por la auténtica pureza del corazón, que sólo se pierde por lo que de él es capaz de brotar.

 

«Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre…» Este es uno de los dichos más famosos de Jesús. Refleja una problemática previa a la comunidad destinataria; esta discusión sobre lo puro y lo impuro, sobre los alimentos que contaminan al hombre, es, evidentemente, una discusión que no hace mucho sentido a la comunidad de Roma, a la que Marcos escribe, y en donde todo el mundo comía de todo, sin hacer distinción entre los alimentos.

 

Por eso es interesante que Marcos haya conservado este dicho sobre lo puro y lo impuro: porque parece ser auténticamente de lo que Jesús mismo ha dicho y no solo lo que la comunidad ha transmitido y Marcos ha puesto por escrito. Podemos intuir dos posibles motivos para explicar por qué Marcos ha conservado un dicho que refleja una problemática ya superada en su comunidad romana, o, quizás, nunca presente en ella. El primer motivo podría ser que, aunque la problemática en cuestión estuviese superada incluso en los ambientes mismos de la Palestina, de los que estaban muy lejos los cristianos de Roma, reflejaba, sin embargo, una mentalidad que estuvo presente en el judaísmo de todas las latitudes y los cristianos de Roma estaban en polémica constante con los judíos de Roma. Es posible que Marcos haya conservado los dichos más antiguos que reflejan la discusión con el judaísmo palestinense porque tenían actualidad frente al judaísmo romano.

 

Otro motivo puede ser que estas antiguas polémicas deban ubicarse más en los orígenes del s. I, que hacia sus finales y, por lo tanto, auténticamente contemporáneas a Jesús. Sería un esfuerzo de Marcos por presentar a su comunidad, aunque fuera de vez en cuando, el pensamiento más fresco y más revolucionario del Maestro, aunque la problemática en cuestión ya no fuera viva para la comunidad: no le importa a Marcos, como no nos importa a nosotros. Lo que importa es la enseñanza de Jesús que se desprendió de esta problemática.

 

Finalmente, el v. 15 conserva toda su vigencia, es perenne, universal, es una enseñanza que Jesús aporta al mundo entero y no tiene una condicionante de tiempo; se le puede sacar de la polémica por los alimentos impuros o puros y conserva toda su fuerza. «Nada de lo que entre en el hombre puede contaminarlo sino sólo lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre.» Alguno, tal vez, diría que Jesús se equivoca, que no se da cuenta del influjo de los mass media, de cómo nos impacta la sociedad, las malas costumbres, los vicios que se nos publicitan de todas formas, destruyendo nuestra integridad, torciendo el corazón. Sin embargo, ¿qué es lo que contamina al hombre realmente?

 

El que uno reciba una serie de influjos publicitarios, perniciosos, el que  vea violaciones en la televisión, gente fumando, bebiendo y drogándose, el que vea abusos de todo tipo en las imágenes que le vienen del mundo, ¿eso es lo que le contamina? ¿Qué es lo que realmente daña al hombre? ¿Lo que viene del medio o la postura que toma el corazón frente a la información que recibe? Jesús opina que es lo segundo; por eso se dedica permanentemente a formar de tal manera el corazón que, no importando cuán fuerte sea el influjo del medio, se mantenga firme en sus opciones fundamentales. Un corazón sólidamente arraigado en la Revelación (mensaje de Cristo) no va a ser fácilmente manipulado por el influjo del medio. Pero si, dejándose llevar por lo que recibe del medio, porque ve que todo el mundo lo hace, acaba sucumbiendo a los modos de proceder del mundo, sólo deja ver la poca raíz del Evangelio en su corazón.

 

Lo que sale del hombre El hombre es una fuente de la que pueden manar cosas positivas o cosas negativas, que contaminan, en primer lugar, a la fuente misma (el corazón) y, en segundo lugar, al medio ambiente. Jesús ha desplazado la discusión del exterior al corazón del hombre. Todo el drama del Evangelio, todo el drama de las opciones éticas, de la salvación humana, del destino final del hombre pasa a través del corazón, no pasa por las cosas del mundo; el mundo, en ese sentido, es neutro, no tiene valencia ética, aunque esté lleno de pecados. Lo que tiene valencia ética es lo que el corazón produce.

 

Los discípulos no logran entender esto, porque son víctimas de una mentalidad que era muy cómoda para los fariseos, porque si aquello que constituye un peligro está fuera de nosotros, basta con que pongamos barreras bien definidas, a fin de mantenernos en la santidad (de ahí las vestimentas sagradas, los ritos purificatorios, las oraciones que generaban una especie de ámbito sacro alrededor del creyente; por eso había que estar bendiciendo todo, para desdemonizarlo.)

 

Jesús se opuso a esta manera de ver las cosas. Para Él nada de fuera es maligno, el mal no existe fuera del hombre, sólo existe dentro, en su corazón. Nada de lo que entra puede contaminarlo, pues no entra en su corazón. Jesús no se refiere al corazón como órgano fisiológico,  sino como centro espiritual del hombre, donde se toman las grandes decisiones que marcan para siempre la vida, donde reside la sabiduría (pero también puede residir la malignidad). El corazón puede ser un corazón torcido, ahí es donde se juega el drama de la libertad humana y finalmente donde se echa la moneda al aire para decidir la suerte del hombre.

 

Lo que sale del hombre eso es lo que lo contamina Jesús, entonces, pronuncia una lista de vicios, un catálogo como los que eran comunes en aquella época entre los rabinos. Cada rabino hacía su catálogo de vicios, que brotaba de la observación de cómo vivía la gente, subrayando lo más preocupante para él. Por eso es muy importante este catálogo de vicios, el primero en la tradición evangélica. Es muy posible que sea de las ipsissima verba Iesu (auténticas e indubitables palabras de Jesús), porque era su aportación personal como rabino. Me detengo un poco a comentar el catálogo por considerarlo de gran vigencia todavía, además de conectarnos con la preocupación pastoral de primerísima hora, de la hora misma de la predicación de Jesús en Galilea. Es decir, nos conecta con las preocupaciones del primer pastor del cristianismo: Cristo. ¿Qué vicios le preocupaban a Jesús?

 

“Porque de dentro del corazón de los hombres salen las intenciones malas…” La expresión griega es dialogismoi hoi kakoi. La Biblia de Jerusalén traduce como “intenciones” el término griego dialogismoi, que significa “razonamientos”, dialogismoi hoi kakoi, literalmente seria “los malos razonamientos”. La Biblia de Jerusalén tradujo intenciones porque vienen del corazón, pero es un abuso, porque descuida el texto griego, que no habla de cosas volitivas, sino de cosas que proceden primero de la razón.

 

Es lo primero que Jesús menciona. Es interesante que para Jesús el mal comience con una manera de ver las cosas, de razonar, esto es que tu manera de razonar trastorna tus decisiones volitivas. Si se traduce de entrada con el término “intenciones”, se provoca la impresión de que hay una serie de impulsos instintivos que nos mueven al mal, pero no dice eso Jesús: todo comienza con la manera de razonar, con un proceso que sucede en la cabeza. Dialogismoi, de hecho, se puede entender como el diálogo que tienes contigo mismo, este diálogo interno del que hoy se habla tanto en coaching, la famosa “columna izquierda”, lo que estás diciéndote a ti mismo mientras estás en el mundo interactuando con otras personas. Por ejemplo: una persona te está contando algo y tu diálogo interno es: –que ya se calle, ya me tiene harto-; justo ahí es donde puede surgir el mal, en el diálogo interno.

 

Ahora bien, se podría preguntar cómo, siendo interno, puede ser, al mismo tiempo, diálogo, lo que literalmente significa “palabra de dos” (duo logoi). Es correcto llamarlo diálogo porque tenemos capacidad reflexiva, que es la capacidad de salir de nosotros mismos para hablarnos. Por eso te dices a ti mismo -¿Qué hice? ¿Cómo cometí semejante burrada? Cuando dices esas cosas, estás dialogando contigo mismo. Ojalá lo hiciéramos más a menudo. Una persona que reflexiona más, que dialoga más consigo misma, cometería menos errores a la hora de actuar. Hoy se trabaja mucho el diálogo con los propios sentimientos, con las propias emociones ¿Qué estoy sintiendo? Te lo preguntas a ti mismo. ¿Por qué me pongo nervioso cuando hablo con tal persona?

 

Ahora bien, cuando el diálogo interno consiste en discurrir maldades, se da inicio a una cadena de atrocidades. Dialogismoi kakoi es un conjunto de malas reflexiones, de diálogos internos que son malos, lo que en la mentalidad de Jesús, finalmente un judío de su tiempo, son aquellos pensamientos que llevan a poner en tela de juicio lo que Dios ha revelado en la Torá. Por ejemplo: Dios ha enseñado en la Torá “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Cuando te atreves a cuestionar eso en tu diálogo interno –pero esta persona que comete maldades no es mi prójimo, Dios no se refería a éste, seguro; mi suegra no entra en la categoría de prójimo, seguramente Dios no conocía a mi suegra, etc.- estos diálogos internos son kakoi: uno no puede cuestionar la Palabra revelada, que es para ser venerada y asumida, pero nunca cuestionada. Cuestionar la Palabra revelada es un diálogo kakós, enfermo, maligno.

 

No creamos que estamos tan lejos de los “diálogos malignos”. Cuando escuchamos una frase de Jesús, como la de dar la mitad de nuestros bienes a quien no tiene nada y pasamos de largo (¿quién de nosotros no lo hace?), ignorando lo que incomoda o cuestiona nuestra manera de vivir, en el fondo está implícito un diálogo kakós, un razonamiento perverso, porque nos erige en superiores a Jesús, en “más sensatos” o “más prudentes” que él. Ignorar lo que Jesús ha dicho siempre será, sin embargo, diabólico.

 

Cualquier pensamiento que surge espontáneamente en nuestro interior y que está desviado de la doctrina de Cristo y transmitida por sus apóstoles (Tradición y enseñanzas de la Iglesia)  entraría en la categoría de dialogismós kakós. El problema comienza cuando consentimos ese pensamiento, es decir, cuando lo cargamos de una intencionalidad consciente.

 

Resumiendo, podemos decir que lo primero que contamina el corazón del hombre son aquellos razonamientos, fruto del diálogo interno intencional, que se desvían de lo que Dios ha revelado positivamente en Cristo y en su Evangelio.

 

En segundo lugar, Jesús menciona las fornicaciones. La palabra griega es porneiai. Hay que reconocer que hoy en día seguimos sin saber a ciencia cierta qué significa esta palabra. Hay fuertes testimonios que apoyan la interpretación católica: porneia era el amor indebido, que se vive al margen de las leyes aceptadas por la sociedad, un amor ilegítimo. En muchos textos se utiliza para hablar del adulterio. En el fondo, Jesús está descalificando no sólo cualquier amor ilegítimo, sino todo amor que sólo tenga el disfraz de amor, porque se basa en lo que el otro me da, es decir, en la utilización egoísta del otro para la propia satisfacción. Cuando alguien intenta imponer su voluntad sobre su pareja, entra en la categoría de porneia, porque es adulteración del amor no respetar al otro en su alteridad, en su misterio irreductible, en su derecho y su capacidad para tomar decisiones propias que yo tengo que aprender a negociar permanentemente. Cuando no hay negociación sino imposición, eso se llama porneia y se contamina el hombre, se contamina el amor, se destruye. Siempre que el otro desaparece como fin, y viene utilizado como medio, se entra en la dinámica contaminante de la porneia.

 

En tercer lugar, el catálogo de Jesús menciona los robos, en griego klopai (de donde procede nuestra palabra española cleptómano). Es de los más antiguos pecados codificados en el Decálogo. “No robarás” es, en el fondo, un precepto de caridad, que implica el reconocimiento del derecho del otro a ser respetado en su integridad, que no solo abarca el espacio físico de su corporeidad. Hay toda una esfera que rodea al otro: su fama (la calumnia equivale a “robar” la fama del otro); sus bienes, las cosas que posee y que le son necesarias para su desarrollo y para su sobrevivencia; su mujer y su familia; su tierra, que en el pensamiento judío se considera aparte de los bienes, pues es el bien precioso por excelencia, fundamental para el desarrollo propio y de la estirpe. Israel fue el primer pueblo en legislar el derecho de cada uno a tener una tierra propia. El otro tiene, también, derecho a poseer su tiempo, lo que significa que no tenemos derecho a robar el tiempo de los demás. Parecerá ridículo, sobre todo en México o en mucho de nuestros países Latinoamericanos, pero la impuntualidad es una forma sutil de robo, pues implica la falta de respeto por el tiempo de los demás. Otra forma de respetar el tiempo del otro es no quitárselo con cosas banales. Hay gente ociosa que está aburrida en su casa y se la pasa pensando a quién hablarle, y toma el teléfono y le habla al primero de la lista para contarle una serie de chismes y cosas insustanciales que son un verdadero robo del tiempo. El tiempo es parte de la riqueza del otro. Si está Usted aburrido, cómprese una pirinola, pero no le quite el tiempo a la gente. Una forma moderna de quitarle el tiempo a los demás son los forwards, mensajes de correo electrónico en cadena, que son de lo más variado: chistes, noticias, presentaciones edificantes de power point, mensajes de superación personal, propaganda de todo tipo de productos, paisajes escandinavos, videos chistosos, etc. Toda esta basura invade abusivamente nuestra bandeja de entrada y constituyen a veces una verdadera pérdida de tiempo. El robo hace referencia a la autolimitación. Uno tiene que aprender a ponerse un límite, y este límite es el mundo del otro, que yo nunca tengo derecho a invadir o a apoderármelo.

 

Continúa el catálogo con los asesinatos, en griego fónoi, que no merecen discusión alguna, pero que pueden ser más amplios de lo que comúnmente se cree. Para la Biblia, el asesinato abarca desde el aborto (que nunca tuvo duda en condenar como tal) hasta las más sutiles formas de “acabar” con el otro, simplemente porque su presencia nos estorba. Los tiranos de la historia suelen ser asesinos, los políticos fácilmente entran en ese terreno. El pecado moderno de la eutanasia entra, desde luego, en esta categoría. Nada nos da derecho a suprimir la vida humana, ni siquiera el sufrimiento de la agonía. La pena de muerte es asesinato de Estado. El criminal más atroz conserva una dignidad inalienable, que nadie puede pisotear. Si Hitler no se hubiera suicidado, y hubiese sido atrapado, ¿habrían tenido derecho los judíos de asesinarlo, de cremarlo, como hizo él con millones de personas, en un horno crematorio? ¿Eso no los habría reducido a ellos al mismo nivel de monstruosidad al que llegó el nazismo? Todas estas son formas implacables de contaminación del corazón humano.

 

Adulterios (moijéiai) es un pecado claramente referido a la traición al legítimo cónyuge. Jesús se distancia del judaísmo y de la cultura de todo el mundo circundante en su doctrina sobre el matrimonio. Él propugna la unión con una sola pareja y para toda la vida. El adulterio atenta contra dos propiedades intrínsecas a la concepción cristiana del matrimonio: fidelidad y perpetuidad. La sexualidad genera un compromiso vinculante, pues expresa entrega y receptividad total, incondicional y definitiva del uno al otro. El hombre es visto como una unidad espacio-temporal, psico-afectiva e histórico-espiritual, lo que hace a la entrega total en lugar de fragmentaria. Uno no entrega sólo una parte de sí, sino todo; no para un instante, sino para siempre; no por una emoción del momento, sino en la continuidad que trasciende todos los estados emocionales. He ahí la comprensión cristiana de la sexualidad humana. Evidentemente, esta visión choca de frente con la visión de “úsese y tírese” de la cultura contemporánea, en la que las personas se relacionan sexualmente sin generar ningún compromiso. En el fondo, porque hay porneia hay también moijéia: el amor se vicia de raíz cuando la consideración de la relación tiene al propio yo como criterio absoluto (lo que es la porneia) y ello abre la puerta a la infidelidad y a la falta de compromiso.

 

Avaricias (pleonéxiai), puede traducirse también como “codicias”, “ambiciones desmedidas” u “obsesiones materiales”. Parece que Jesús estuviera haciendo una descripción de la sociedad contemporánea. En realidad, se trata de un vicio tan antiguo como el hombre. Una de las principales preocupaciones del hombre ha sido desde siempre hacerse de las cosas que requiere para su subsistencia. El problema surge cuando esto se convierte en obsesión. Este vicio va en contra de una de las características soñadas por Jesús para la vida de sus discípulos: el abandono en la Providencia. Ciertamente, a los hombres del siglo XXI, previsores, con su cuenta bancaria, su seguro para el retiro, sus inversiones a largo plazo, la idea de confiar en la Providencia puede parecer superada. Es, sin embargo, la sabiduría profunda que implica considerar a Dios realmente involucrado en nuestros asuntos. No significa esto que no debamos ser previsores, sino que esa sensata actitud no nos lleve a confiar más en los bienes que hemos acumulado que en la mano providente del Padre.

 

Maldades (poneríai). Ponerós es el maligno, el demonio. Las realidades así llamadas proceden de él, aunque nazcan en el centro del corazón humano, y siempre tienen que ver con el otro. La maldad nunca queda encerrada en el corazón del malvado. El odio que se siente por alguien, mientras no salga del corazón, carece de valencia ética. Hay personas que se acusan por sentir odio contra alguien, pero debe quedar claro que los sentimientos no tienen valoración ética. Ésta comienza con la acción, con aquello que se desprende o no de los sentimientos. El juicio ético se realiza sobre el movimiento libre de la voluntad. Tiene que ver con la incidencia sobre el mundo del sujeto actor.

 

La maldad no necesariamente se manifiesta a través de acciones dramáticamente contrarias al bien. Basta la mediocre complicidad con el statu quo imperante, el silencio culpable ante la injusticia institucionalizada, la connivencia con lo ambiguo. Estrictamente hablando, todo lo que no sea la acción efectiva por la construcción del reino de Dios, es maldad. Así de terriblemente amplio es el terreno del mal. El demonio domina no seduciendo hacia las cosas más atroces; generalmente, domina seduciendo hacia la tibieza, la vida gris, el anonimato, la pasividad, el “dejar hacer”. Lo que sucede es que nos hemos acostumbrado de tal modo a que las cosas vayan mal, que hemos llegado a considerarlas normales. Pero aquí es justamente donde surge el Evangelio como un grito sonoro. Justamente, como si en una habitación en la que todo mundo habla en voz baja entrase uno a pleno grito. Eso es el Evangelio: el grito de Dios en un mundo que se ha acostumbrado a vivir en sordina.

 

La maldad puede ser tan sutil como simplemente ponerle mala cara a alguien. Endurecer los músculos del rostro puede ser un acto demoníaco. Uno puede vencer a los demonios, si tuviera la fuerza – a veces se requiere la de un titán – para mover los músculos contrarios. A veces con una mirada fulminamos a una persona. No hace falta más para hacerle sentir desdichada. Ofrecer, en cambio, un rostro afable o de simple disponibilidad para el servicio, es divino. Cuando uno llega a casa, molido por el trabajo del día, y un familiar nos pide algún favor, nuestro rostro puede ser todo un panel de información: en fracciones de segundo podemos decirle al otro que no puede contar con nuestra ayuda, o, venciendo nuestro propio cansancio, podemos hacerle saber con un gesto que nada nos produce mayor alegría que poder servirle. No es necesario pronunciar palabra alguna: el rostro cierra puertas o las abre.

 

Fraudes (dólos), que incluye, obviamente, el fraude económico, pero incluye cualquier tipo de engaño. Jesús está imaginando una comunidad en la que ninguno engañe nunca a nadie. El engaño implica causar decepción en el otro, defraudando las expectativas que hemos sembrado en él. Por eso hay que ser muy cuidadosos a la hora de generar expectativas en los demás. Si no estamos dispuestos a satisfacerlas, no debemos generarlas. Otra manera del engaño es anunciar o declarar sentimientos que no están en nuestro corazón. Uno no puede decir: te quiero, y creer que eso no va a tener repercusiones en el otro. Debe uno responsabilizarse de las palabras que pronuncia, porque estas siempre transforman el mundo del otro, para bien o para mal. Declarar sentimientos que no son reales es engañar. Es lo que el zorro le dice al Principito, en una de las páginas memorables de Saint-Exupéry: “eres responsable de aquello que has domesticado”.

 

Libertinaje (asélgeia), también traducida como “lascivia”, “desenfreno”, “descaro que perturba la moral pública”. Es lo que atenta contra el buen gusto. Es la falta de decoro, la ostentación de una vida llevada más allá de los límites de la moral o del orden público.

 

Envidia (oftalmós ponerós), literalmente “ojo malo”, cuando alguien hace algo bueno y es mal visto por mí. Cuando alguien brilla, el “ojo malo” busca algo negativo, encuentra motivo para desacreditarle o descalificarle de algún modo. Es una distorsión en la percepción del otro, un juicio torcido sobre el otro por el bien o la fortuna que le acompañan.

 

Injuria (blasfemía), el insulto al otro, que siempre, finalmente, termina siendo insulto al Otro, a Dios mismo. Jesús no soporta a la gente que insulta u ofende a los demás. Sueña con una comunidad en la que se haya erradicado este vicio. La caridad es refinada, llega hasta a los detalles más exquisitos.

 

Insolencia (hyperefanía), arrogancia, petulancia, presunción. Creerse superiores a los demás, vanagloriarse de lo que realmente, a los ojos de Dios, no tiene ningún valor.

 

Estupidez (afrosyne), la gente tonta, sin juicio, que dice las cosas sin pensar, sin usar suficientemente la capacidad de discreción. Se trata de una actitud en la vida, no de una tara física, que nunca sería culpable. Pero como actitud, constituye un verdadero obstáculo para la vida del Reino, porque impide crecer, construir el proyecto de Dios, ayudar eficazmente a los otros y juzgar de manera adecuada las realidades más básicas de la vida.

 

Hemos dedicado mucho espacio a este catálogo de vicios porque es el único que nos ha llegado de Jesús y constituye una joya preciosa de su manera de ver a la comunidad ideal, movida por el amor, iluminada por el Espíritu y recreada, auténticamente, por la savia del Evangelio. Imagine Usted, amable lector, una sociedad verdaderamente libre de estos vicios. ¿No sería ya eso el reino de Dios en la tierra?

(Este comentario del Evangelio del día de hoy, fue tomado  del libro del Padre  César Corres Domingo 53, vol. II, Ciclo B: Marcos, se puede solicitar a la dirección: comunidaddelcamino@live.com).

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #106 San ???, Papa y Doctor de la Iglesia

 

El santo de la Trivia del día de hoy fue Papa y Doctor de la Iglesia, con más justicia llamado “Magno” y fue el primer Pontífice monje. Ascendió a la silla apostólica cuando Italia se hallaba en una condición deplorable como consecuencia de las luchas entre los ostrogodos y el emperador Justiniano, que terminaron con la derrota y muerte de Totila en el año 562.

 

Aunque cumplía fiel y honrosamente sus funciones como prefecto, desde hacía tiempo se sentía llamado a una vocación superior. Por fin resolvió apartarse del mundo y consagrarse al servicio de Dios, siendo ordenado séptimo diácono de la Iglesia Romana y enviado como embajador ante la corte bizantina.

 

A principios del año 586, tras volver a Roma, se convirtió en Abad del Monasterio de San Andrés. En el año 590, una terrible epidemia arrebató la vida al Papa Pelagio, y el pueblo lo escogió como nuevo Pontífice.

 

Desde el momento que asumió el cargo de Papa, se impuso el doble deber de catequizar y cumplir con la disciplina. Prohibió el cobro injusto de primas por entierros en iglesias, por ordenaciones o por conferir el palio, y no permitió a los diáconos dirigir la parte cantada de la Misa, a menos que fueran escogidos por sus voces más que por su carácter.

 

También destacó como predicador, escogiendo temas del evangelio del día y hasta nosotros han llegado algunas de sus homilías, llenas de elocuencia y sentido común, terminadas con una enseñanza moral que podía adaptarse a cada caso.

 

Fue un excelente administrador de la Sede Pontificia, pues todos los súbditos estaban contentos con lo que les tocaba en la distribución de bienes, y aún entraba dinero a la tesorería.

 

De toda su labor religiosa en occidente, la conversión de Inglaterra y el éxito que coronó sus esfuerzos encaminados hacia esta dirección, fue para él el mayor triunfo de su vida.

 

Se le reconoce al santo de la Trivia del día de hoy la compilación del Antifonario, la revisión y reestructuración del sistema de música sacra, la fundación de la famosa Schola Cantorum de Roma y la composición de varios himnos muy conocidos.

 

Pero su verdadera obra se proyecta en otras direcciones. Se le venera como el cuarto Doctor de la Iglesia Latina, por haber dado una clara expresión a ciertas doctrinas religiosas que aún no habían sido bien definidas. Y quizá su mayor labor, fue el fortalecimiento de la Sede Romana.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde