Martes XXI Tiempo Ordinario – Memoria de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.

Evangelio según san Mateo 23, 23 – 26

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!

 

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de agosto, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de agosto la trivia de la vida de los santos del #73 al #103. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

La primera lectura de hoy (2 Tes 2, 1-3. 14-17) nos muestra que es indudable que la primera predicación cristiana insistía con mucha fuerza y con mucho entusiasmo en el pronto retorno de Cristo como Señor del Universo. Entendían estos cristianos que la proclamación de la victoria del Resucitado no es sencillamente el comienzo de un nuevo orden visible, como si un genio del derecho se pusiera a reorganizar la sociedad o como si un brillante filósofo nos diera las claves de una vida feliz. La noticia de la Resurrección es más bien la declaración del breve tiempo que resta antes de que todo lo visible comparezca ante Cristo, ya no como Salvador sino como Juez de todo.

 

Con ese contexto comprendemos que una cierta prisa de amor llevaba a algunos de los primeros cristianos a anhelar el retorno de Jesucristo con tal intensidad que ciertas señales de su tiempo les parecían ya los preliminares de la gran manifestación del Señor. Las cosas llegaron al extremo de crear cierto nerviosismo o expresiones de fanatismo en algunos que vivían demasiado atentos a cualquier mensaje o profecía que fuera en la dirección de sus deseos. Pablo, que como creyente tanto anhelaba el retorno de Jesús, se vio en el deber de sosegar los ánimos, como vemos en la primera lectura de hoy.

 

Aprendemos de estos hechos que el amor no puede adormecerse con mediocridad pero tampoco puede exaltarse con nerviosismo. Nuestra esperanza es grande y, por grande, serena, llena de esperanza y confianza en Jesús.

 

Los versículos que ayer y hoy hemos encontrado en el evangelio tienen una impresionante carga de indignación y de reprensión. En pocos lugares del Nuevo Testamento encontramos a Cristo tan indignado y tan acerado en sus palabras como en este capítulo 23 de san Mateo.

 

Hay razón, desde luego, para ese enojo, y, puesto que toda palabra de Cristo es enseñanza para sus discípulos, por ello aprendamos hermanos del Señor. La razón fundamental es la hipocresía porque nos hace inhábiles para la conversión. Además, la mentira que nos ciega a nuestros males igualmente nos ciega a los bienes ajenos. El resultado es que quien no reconoce su daño se afianza en él y daña a los demás.

 

Entendemos así que Jesucristo quiere erradicar del mundo la hipocresía por amor a quienes la practican y por compasión con quienes la padecen.

 

¿Tus intenciones, palabras, pensamientos y acciones son sinceras y de acuerdo a Jesús?   ¿Te preocupas por limpiar primero tu alma y para que quede también limpio todo tu ser  por fuera?

 

¡Señor, ayudame a ser sincero contigo y conmigo mismo. No permiteas que la falsedad y la hipocresia reinen en mi corazón. Dame la fuerza para dejar que la luz de tu Santo Espíritu penetre todo mi ser con tu gracia a través de Tu Palabra, de los Sacramentos, especialmente la confesión y tu Santa Eucaristía para que mis acciones correspondan con mi fe puesta en ti. Madre Santísima de Guadalupe, guiame hacia tu Hijo y enseñame a amarlo como lo amas Tú!

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de agosto. #100

 

El santo de la trivia del día de hoy nació el 13 de noviembre del 354 en Tagaste al norte de África. Su padre era Patricio, quien era un pagano de temperamento violento. Pero gracias al ejemplo de Mónica, su esposa, se bautizó poco antes de morir.

 

Aunque nuestro santo de hoy ingresó en el catecumenado desde la infancia, no recibió el bautismo de acuerdo con las costumbres de la época. En su juventud se dejó arrastrar por los malos ejemplos, y hasta los 32 años de edad, llevó una vida licenciosa, aferrado a la herejía maniquea.

 

De ello habla en sus “Confesiones”, que comprenden la descripción de su conversión y la muerte de Mónica, su madre. Dicha obra fue escrita para mostrar la misericordia de Dios hacia un gran pecador, que por esta gracia, llegó a ser también y en mayor medida, un gran Santo. Les recomiendo que si tienen la oportunidad de leer “Las Confesiones” lo hagan son una de las grandes obras maestras de la literarura espiritual.

 

Mónica había enseñado a orar a su hijo desde niño y le había instruido en la fe, de modo que el mismo santo de la trivia del día de hoy, que cayó gravemente enfermo, pidió que le fuese conferido el bautismo. Su madre hizo todos los preparativos para que le fuera dado, pero la salud del joven mejoró y se le difirió.

 

El Santo condenó más tarde con mucha razón, la costumbre de diferir el bautismo por miedo de pecar después de haberlo recibido.

 

A raíz del saqueo de Roma por Alarico en el año 410, los paganos renovaron sus ataques contra el cristianismo, atribuyéndole todas las calamidades del Imperio.

 

Para responder a esos ataques, el santo de la trivia del día de hoy escribió su gran obra, “La Ciudad de Dios”. Esta obra es, después de “Las Confesiones”, la más conocida del Santo. Ella es no sólo una respuesta a los paganos, sino trata toda una filosofía de la historia providencial del mundo.

 

Luego de “Las Confesiones” escribió también “Las Retractaciones”, donde expuso con la misma sinceridad los errores que había cometido en sus juicios.

 

Murió el 28 de agosto del año 430 a los 72 años de edad, de los cuales había pasado casi 40 años consagrado al servicio de Dios.

 

Fue el hombre preciso para un momento preciso. Ante sus ojos se desmoronaba el Imperio Romano, al que culturalmente él mismo pertenecía. Ante los ojos de su alma se desplegaba a la vez un nuevo modo de existencia humana, iluminada no por las historias fabulosas de la mitología antigua, ni por el enorme esfuerzo de la razón filosófica sola. Esa nueva manera de ser y esa nueva manera de esperar del futuro se llama la fe cristiana.

 

Especialmente en su obra La Ciudad de Dios Agustín hace el contraste–a veces doloroso, siempre dramático–entre esos dos mundos, el de la grandeza humana, ejemplificada en Roma que se derrumba, y el de la humildad divina, ejemplificada en Cristo y en sus mártires. A precio de inmolar sus propios sueños de otro tiempo en su juventud, su elección no conoce duda: la fastuosidad clásica impresiona, pero no es menos fugaz que el placer o el ansia de poder.

 

A nuestro santo de la trivia del día de hoy también se le conoce como “El Doctor de la Gracia”. Elegir al profeta de Nazaret por encima de la sensatez augusta de un Cicerón o de un Séneca no fue fácil para Agustín, que, como es sabido, tuvo amplios devaneos tanto en lo intelectual como en lo sentimental. Su búsqueda apasionada de la verdad, tan larga y en cierto sentido dolorosa, lo convenció también de cómo es fácil extraviarse, y por consiguiente, de cuánta conmiseración hay que tener con todos los que buscan.

 

Encontrar al Dios vivo no puede considerarse entonces una proeza del talento humano sino más bien una condescendencia de la compasión divina.

 

Este pensamiento conmovió de tal manera a Agustín  que en cierto sentido se convirtió en el centro de su doctrina y su predicación. Por eso se le llama “Doctor–o sea, Maestro–de la Gracia.” Gracia es aquí de la misma raíz que “gratis;” es la misma idea de “regalo,” algo que no puedes calcular con tu mente ni alcanzar con tu dinero o esfuerzo pero que cuando llega, da alegría y es irreemplazable.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

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