Martes XX del Tiempo Ordinario – Memoria de San Pio X, Papa

Evangelio según san Mateo 19, 23 – 30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos”.

 

Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: “Entonces ¿quién podrá salvarse?” Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible”.

 

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

 

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros”.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de agosto, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de agosto la trivia de la vida de los santos del #73 al #103. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Hoy en la primera lectura (Ez 28, 1-10) vemos que el príncipe de Tiro se volvió soberbio y dijo que era Dios, y que estaba “sentado en el trono de Dios”, esto significa que tenía el poder de Dios. Se le olvido que era un hombre, pero la riqueza lo volvió loco, eso sucede cuando no somos humildes y se nos olvida que Dios nos da todos los talentos y bendiciones para el servicio de los demás y uso personal y no para nuestra perdición. Hay dentro de nosotros una serie de anhelos ilimitados que hacen que deseemos ser como dioses. Por algo la serpiente tentó a Eva ofreciendo desobedecer a Dios y ofreciéndole que haría que fuéramos como el único Dios (véase Gén 3,5).

 

Ese deseo desordenado se detiene precisamente cuando descubrimos y aceptamos que no somos dioses sino creaturas de Dios, es decir, dependemos de Él. Los deseos desordenados, sean de poder, dinero, salud, afecto, placer o de otro orden traen consecuencias en nuestra vida; consecuencias negativas como los apegos, frustraciones, vacío, pero por otra parte, también nos brindan una bendición inmensa e irremplazable: nos dejan descubrir la verdad fundamental de nuestro propio ser.

 

Por lo mismo, es claro que, cuando las condiciones de vida de una persona le invitan a sentirse tan fuerte, segura, bella y sabia como para no necesitar nada que no pueda conseguir, es fácil que se endiose implícita o incluso explícitamente, como pasó con el rey de Tiro (en la primera lectura de hoy). Uno ve que es una terrible desgracia la que se avecina a quien vive engañado a la manera como él vivía: nada puede esperar sino el pánico de ver caer la máscara y sentirse arrojado a un abismo de absurdo y desprecio, algo así como el infierno pero desde esta vida.

 

La cura para no llegar a tan lamentable estado es lo que Jesús propone en las bienaventuranzas (ver Mateo capítulo 5,1 ss), cuyo lenguaje es tan extraño como hermoso y sabio: los “pobres”, los que “lloran”, los “perseguidos” son en realidad los bendecidos y bienaventurados porque están infinitamente cerca de percibir la verdad de la majestad de Dios, único Creador y Salvador, dueño de todo.

 

La parte que personalmente más disfruto del santo Evangelio del día de hoy es aquello del asombro de los discípulos ante el provocador comentario de Cristo. Dice Nuestro Señor que “difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos”, y ellos exclaman impresionados: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”. Creo que es bien interesante lo que queda implícito en esa pregunta de estos hombres, que ciertamente no eran ningunos ricos.

 

Pienso que a partir de esta lectura y de la concepción judía de las riquezas debemos entender que los discípulos sentían que los ricos estaban más cerca de la salvación, porque todos los bienes que poseían eran una bendición de Dios. El comentario que Cristo hizo al respecto vino ante todo a sacarlos de esa idea, que los ricos estaban más cerca de la salvación. Ellos hablan con este razonamiento de base: “se supone que los ricos están próximos a salvarse; pero si ahora resulta que ellos difícilmente entran en el Reino, ¿qué habrá que decir de todos nosotros, los demás, los pobres?”.

 

Es claro que Jesús no tiene nada contra los ricos por ser ricos, sino por tener su corazón endurecido y apegado a sus riquezas. Cristo no dice: “No se preocupen; los ricos se van a condenar, pero los pobres se van a salvar”. Esto es lo que dice: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible”.

 

Esto debería darnos una gran esperanza porque Cristo sobre todo quiere anunciar la gratuidad de la salvación; lo cual, ciertamente implica que, en la medida en que alguien se considere salvado, por sus riquezas, por ejemplo, más difícil hace su propia entrada en la lógica de la gracia. Todos somos pecadores y no podemos ganar la salvación por nuestra cuenta. A través del arrepentimiento, la fe y el bautismo, podemos acceder a la gracia salvadora que Jesús ganó para nosotros en la cruz. El arrepentimiento nos lleva a estar dispuestos a alejarnos de cualquier cosa que no sea de Dios. Los sacramentos, especialmente el bautismo nos  renueva y nos da la gracia de tener fe y vivir nuestra fe.

  

Algunos acusan a la Iglesia Católica de enseñar que obtienes la salvación a través de tus buenas obras. En realidad esto no es del todo cierto, porque Jesús nos ganó la salvación en la cruz a través de su pasión, muerte, resurrección y envío de su Santo Espíritu para que tengamos vida en abundancia, además de ser alimentados por su Cuerpo y su Sangre para tener vida eterna y  las buenas obras son una respuesta al don de la gracia de Dios y mostramos nuestro amor y adhesión a su voluntad obedeciendo sus mandamientos (véase 1 Corintios 3, 13-15) y nos promete recompensarnos con la vida eterna si obedecemos  (ver Mateo 25, 34-40, Romanos 2, 6-7).  Sin embargo, siempre enseñamos la primacía de la gracia, porque no podemos obedecer ni hacer ninguna buena obra sin la gracia de Dios.


Esta idea de salvación de Jesús era tan nueva para sus seguidores. Pedro quería aclarar las enseñanzas de Jesús en relación con los apóstoles: “Señor, hemos abandonado todo. ¿Qué habrá para nosotros?” Todos hemos pensado en esto y Pedro tuvo la valentía de preguntar.

 
Jesús le aseguró a Pedro que cualquiera que haya dejado casa, familia u otras cosas por el bien del Reino, será recompensado cien veces y obtendrá la vida eterna. ¡Éstas son las buenas noticias!

A lo largo de toda mi vida he experimentado estas bendiciones. A los ojos del mundo, he renunciado a mucho: esposa, hijos, dinero, poder, honor  y  fama. Sin embargo, el Señor me ha bendecido más de lo que puedo imaginar y esto lo puedo ver cada día de mi vida. Cuanto más le doy al Señor y a su pueblo, más me da para seguir dándoselo y compartiendo con los demás. Esta es la economía de Dios. Entre más reparto más me da, entre más trato de retener conmigo menos disfruto y me amargo más.

 

¿Estoy apegado a algo que me impide dedicarle mi vida a Jesús?
¿He tomado una decisión consciente de arrepentirme y alejarme de cualquier cosa o persona que me aleje de Dios?
¿Le abro mi corazón para que la gracia de Dios transforme mi vida y obedezca sus mandamientos y sirva a los demás?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de agosto. #93

 

Nuestro santo de la trivia del día de hoy  nació en 1835 en la ciudad de Riese en el Veneto. Fue el segundo de los diez hijos de la pobre familia del servidor del municipio y se llamó Giuseppe Sarto. A pesar de su origen humilde llego a ser Papa en 1903, a la muerte del Papa León XIII. Uno de los primeros actos del nuevo Papa fue el de recurrir a la Constitución “Comissum nobis”, a fin de terminar de una vez por todas con cualquier supuesto derecho de cualquier poder civil, para interferir en una elección papal por el veto u otro procedimiento.

 

Más adelante dio un paso cauteloso pero definitivo hacia la reconciliación entre la Iglesia y el Estado en Italia, al levantar prácticamente el “Non Expedit”.

 

En su primera encíclica, el santo de la Trivia de hoy anunciaba que su meta primordial era la de “renovarlo todo en Cristo”, y con ese propósito en mente, redactó y aprobó sus decretos sobre el Sacramento de la Eucaristía.

 

También estableció una comisión correctora y revisora del texto Vulgata de la Biblia. Este trabajo les fue encomendado a los monjes benedictinos, y en 1909 fundó el Instituto Bíblico para el estudio de las Escrituras, que dejó a cargo de la Compañía de Jesús (Jesuitas).

 

Dios le dio el don de hacer milagros, la mayoría de ellos curaciones. Fue canonizado por Pío XII el 3 de septiembre de 1954, ante una multitud que llenaba la plaza de San Pedro. Fue el primer Papa al que se canonizaba desde Pío V (quien murió en 1572 y fue canonizado el 22 de mayo de 1712; por Clemente XI).

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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