DOMINGO XV ORDINARIO – CICLO B

Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: “Quédense en la casa donde entren, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si un lugar no los recibe ni los escucha, al marcharse sacúdanse el polvo de los pies, para probar su culpa.” Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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jesus y sus apostoles

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de julio, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de julio la trivia de la vida de los santos del #43 al #72. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

Les pido sus oraciones por Segundo Cursillo de Mujeres en Sedalia Missouri, que hoy es la clausura  para que las candidatas (10) y las servidoras (25) sean dóciles a la voz de Dios, le hablen a su corazón y se dejen transformar por Jesucristo para que con la fuerza del Espíritu Santo su vida sea de ¡COLORES! Estaré sirviendo como director espiritual este fin de semana y les pido sus palancas y oraciones.

 

Gracias a Dios, a la confianza de mi obispo, al equipo de trabajo del Campamento de Santo Tomas Moro en Panora Iowa, a todas sus oraciones de ustedes y a la alegría, presencia y entrega de todos los niños y jovencitos del campamento mi vida ha sido mayormente llena con muchas bendiciones y amistades.

 

Al pasaje del Evangelio del día de hoy tradicionalmente se le ha visto como el cumplimiento de la misión anunciada ya en el capítulo 3,13-15: “Subió al monte y llamó a los que él quería: y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios…” Sin embargo, el pasaje actual no resulta idéntico al de la misión proyectada en un principio: aquí, Jesús no les manda predicar ni expulsar los demonios, sino que simplemente los envía “dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos” y abiertos, sobre todo, a lo que reciban de la gente. Veamos cuál es el sentido de nuestro pasaje.

 

“…llamó Jesús a los Doce…” Literalmente, “convoca a los Doce”, lo que significa que no están con Él, sino que se han distanciado. La única razón del distanciamiento que puede deducirse del evangelio mismo es la dificultad de los Doce para aceptar la salvación para todos y no únicamente para Israel, tanto de la misión (salvación) como de la configuración de la comunidad (que pertenezcan a la Nueva comunidad no solamente judíos o del Pueblo elegido, sino también los pacdores). De hecho, hemos visto cómo en el pasaje de la travesía del lago, los Doce prácticamente se apoderan de Jesús y se lo llevan consigo, dejando a un lado a las otras barcas que también “estaban con Él”. Los Doce no creen que se pueda llevar a cabo el Reino de Dios sino a través de las tradiciones ancestrales del judaísmo y que para ello los gentiles, simplemente, no tienen nada que aportar. Esa es la mentalidad que Jesús quiere corregir.

 

Parece que Jesús ha fracasado con los Doce. Ellos no “están con Él”, pues estar con Él no significa la mera proximidad física, sino la aceptación plena de su persona y de su mensaje de salvación universal. Ni siquiera la explicación del carácter universal del Reino dada por Jesús a través de las parábolas ha logrado convencerlos, tanto que siguieron aferrados a sus ideas exclusivistas y Jesús aparece solo, sin la compañía de sus discípulos, en territorio pagano (5, 2-20). No han comprendido, pese a los esfuerzos de su Maestro, que el nuevo Israel mesiánico (representado por ellos, principalmente) está destinado a una misión universal y a ponerse al servicio de la humanidad entera, lo cual no podrá conseguirse si ellos no cambian de actitud y abandonan sus ideas y prejuicios.

 

Ahora, pues, Jesús los convoca de nuevo (como hace cada vez que los cristianos nos reunimos a celebrar la fe en su nombre), con la autoridad que sólo Él puede tener sobre la comunidad. Jesús sabe que los Doce no han hecho suyo el mensaje del Reino y que en esas condiciones no puede enviarlos a la misión proyectada en 3,14, pues toda labor de proclamación hecha por ellos falsearía el mensaje.

 

Por ello, el actual envío no tiene como principal objetivo lo que los Doce pudiesen lograr en los demás, sino, por el contrario, lo que el contacto con la gente de las aldeas podría, eventualmente, producir en ellos, si es que se abren verdaderamente a una experiencia de aprendizaje que siempre resulta difícil, sobre todo, cuando se piensa que uno es el que tiene algo que enseñar a los otros y no al revés.

 

Es interesante la diferencia entre los dos textos (aquel primero, de 3, 14s y este que estamos analizando) en lo que se refiere a los “demonios”/”espíritus inmundos”. En la primera convocación de los Doce (3,15) se hablaba de “autoridad para expulsar los demonios”, ahora, en cambio, de “autoridad sobre los espíritus inmundos”. Parece lo mismo, pero no lo es. La sola idea de la “autoridad” no incluye el tema de la “expulsión”. Se concede, pues, a los Doce un dominio sobre ellos mismos (sobre sus propios espíritus inmundos), pero no se dice nada sobre los espíritus que agitan a otras personas.

 

En el capítulo 4 del mismo evangelio ya se nos ha hablado, del mal espíritu que portan los discípulos. Se trata del pasaje de la tempestad en medio del lago, en el que se nos informa que lo que hace peligrar la estabilidad de la barca (símbolo de la comunidad) es el agua que ha entrado en ella (“las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca”), es decir, el agua representa el peligro del mundo, de las ideologías que se han apoderado de los discípulos, contraria al mensaje que han recibido del Maestro. Lo que provoca, siempre según el esquema teológico de Marcos, tal irrupción de las olas en la barca es precisamente el convencimiento de los Doce de la superioridad judía que negaba la igualdad entre los pueblos e impedía con ello la misión entre los paganos. Para que tenga éxito la misión y se dejen transformar por la experiencia, han de reprimir en ellos mismos toda manifestación que proceda de ese mal espíritu. No habla nuestro texto de expulsar los malos espíritus que existan en los demás: se deduce de esto que se trata de neutralizar los propios. Es decir, Jesús da a los discípulos la posibilidad de autocontrol (“autoridad sobre los espíritus inmundos”), para que no sean vencidos por la mentalidad del pasado y quede frustrada la finalidad del envío.

 

Es importante fijar la atención en este aspecto: Jesús no les encarga predicar o proclamar, ni siquiera exhortar a los hombres al cambio de vida; le interesa más que los Doce aprendan de otras gentes que el que las instruyan; más el cambio en los suyos que en los otros. Este aspecto nos permite tocar uno de los retos más importantes que la Iglesia enfrenta en nuestro tiempo.

 

Es evidente que ella no puede renunciar a su bimilenaria tradición, a su teología y espiritualidad, entre las más ricas en el conjunto de las religiones del mundo. Ni tampoco parece que pueda pedírsele renunciar a la autoridad y al ministerio específico del Sumo Pontífice de cara a las diversas iglesias locales. Pero lo que sí parece estar pidiéndosele en todos los foros es la renuncia a toda actitud arrogante de creer que todo lo sabe y es perfecta y no dejarse renovar por el Espíritu Santo sobre el Reino y sobre la salvación.

 

Ella también debe aprender a recibir de los otros, debe ir a su encuentro sin ninguna pretensión de superioridad, si no quiere verse de pronto anegada por las olas. El ecumenismo no puede tener como finalidad, de parte de la comunidad católica, el conseguir que las otras iglesias terminen por reconocer la autoridad del papa y al catolicismo como la expresión perfecta y acabada del ideal de Jesús sobre su iglesia. Debemos decirlo con todo énfasis: la Iglesia de Cristo es Católica, salvación que debe ser universal con plenitud de gracia y de medios.

 

La división de las iglesias es fruto del pecado de sus miembros y todos, ciertamente, debemos buscar los medios que nos conduzcan a una comunión cada vez mayor entre nosotros. Y eso nunca podrá lograrse desde el prejuicio de una de las partes de estar en lo cierto mientras las otras estarían en el error. Porque todas están en el error en la medida en que han propiciado la división y continúan ahondándola; y todas, al mismo tiempo, están en lo cierto cuando buscan vivir el proyecto de Jesús y se esfuerzan por convertirse a él.

 

De ahí, entonces, que el texto de este domingo nos invita a preguntarnos: ¿cuáles son nuestros propios espíritus inmundos, sobre los que el Señor nos ha dado autoridad, y que debemos vencer como requisito previo a la misión entre los pueblos de la tierra?

 

Dado que el único objetivo del envío del que se nos habla en el texto que hoy contemplamos es que se abran los Doce al trato con toda clase de gente, debemos preguntarnos qué significado puede tener esto en nuestra vida actual, como iglesia y como singulares seguidores de Jesús.

 

Como, respecto a los discípulos, tanto la enseñanza pública a las multitudes como la privada a ellos solos se han demostrado inútiles, Jesús intenta cambiar la mentalidad del Israel mesiánico (los Doce) a través de una fuerte y dura experiencia. Quiere que conozcan y aprendan a estimar a cualesquiera personas sin hacer diferencias, rompiendo con la discriminación y exclusivismos judíos. Jesús está haciendo una especie de alto en el camino para introducir a los Doce en un aprendizaje “existencial”. Es como un “taller de apertura a los otros”. Los envía a los poblados, sin otro encargo que aprender a controlarse a ellos mismos (“con autoridad sobre los espíritus inmundos”).

 

De la doctrina oficial, los Doce han aprendido a rechazar la igualdad con los no judíos y la idea de que los paganos, a menos que se conviertan al judaísmo, están condenados. Ellos, los paganos, según la mentalidad judía corriente, no son más que “perros”, de los que no se puede esperar nada valioso. Ahora, en cambio, por el contacto con toda clase de gente en su recorrido por las aldeas, han de aprender la apertura de espíritu, la tolerancia, la pluralidad y la humanidad que podrán encontrar en otros lugares y culturas.

 

El uso del presente histórico (literalmente: “convoca”) y la mención de un envío progresivo y no puntual (“empezó a enviarlos”) puede significar, como hace Mc en otros pasajes de su evangelio en los que utiliza estas formas verbales, que el evangelista ve ese envío como actual en su tiempo: estaría subrayando la necesidad para la iglesia cristiana de Roma (que es la comunidad destinataria de su evangelio), símbolo de la Iglesia en todas las latitudes del Imperio, de abrirse a un contacto sin prejuicios con toda clase de gentes, tanto con los judíos más cerrados que han rechazado a los cristianos como a apóstatas, como con los paganos de diversas procedencias que están acudiendo a la Iglesia y  están pidiendo el bautismo.

 

“Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto…” Los envía sin provisiones de ningún tipo. La subsistencia de los discípulos estará en función de la buena voluntad de la gente: han de tener, por lo tanto, un prejuicio favorable hacia la humanidad, darle un voto de confianza, es lo que podría llamarse “confiar en el ser humano”. No van a ser autosuficientes; van a depender de los demás.

 

La prohibición de llevar alforja resulta interesante: los discípulos no deben aceptar dádivas ni recibir provisiones para continuar el camino, sino mostrar absoluto desinterés económico. Deben hacer patente que no buscan su propia ventaja ni pretenden aprovecharse de nadie. No van a confiar sólo en algunos hombres (la famosa “atadura a los bienhechores”, que tanto daño nos ha hecho a los largo del tiempo), sino en todos.

 

No pueden llevar ni “calderilla” (“morralla”, diríamos nosotros) o “dinero suelto en la faja”, es decir el cambio que portan los pobres. Al indicarles Jesús que vayan más desprovistos que los pobres mismos, muestra que no pretende en primer lugar que den un ejemplo de pobreza o una lección de desprendimiento ascético, sino que hagan visible la confianza en la gente. Ellos, que han sido educados en ideas de discriminación dentro de Israel y de superioridad respecto de los otros pueblos, tienen que transmitir el mensaje opuesto. Jesús no les encarga enseñar ninguna doctrina religiosa, sino solamente mostrar con su conducta un mensaje humano, el de la igualdad, fraternidad y solidaridad entre todos los hombres, por encima de las diferencias de cultura o religión, de ideologías, ritos y creencias. Sólo deben llevar consigo el distintivo del caminante: el bastón, para expresar (o, más bien, expresarse a sí mismos) su renuncia a toda actitud sedentaria, acomodaticia e inamovible.

 

Termino con una sola invitación: cada uno ábrase esta semana a toda la gente que le rodea y vea qué es lo que aprende de ella. Hallará más Buenas Nuevas en ello que en todo lo que ha aprendido en su propia formación religiosa.

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de julio. #56 San

 

Después de tomar el hábito en la Orden Seráfica, estudió en la Universidad de París bajo la dirección del maestro inglés Alejandro de Hales.

De 1248 a 1257, enseñó en esta universidad teología y Sagrada Escritura. A su genio penetrante unía un juicio muy equilibrado, que le permitía ir al fondo de las cuestiones.

Así dejaba de lado lo superfluo, para discernir todo lo esencial y poner al descubierto los sofismas de las opiniones erróneas. El Santo se distinguió en filosofía y teología escolásticas.

Nuestro santo de la Trivia del día de hoy no veía en sí más que faltas e imperfecciones, y por humildad, se abstenía algunas veces de recibir la comunión.

Y en esas ocasiones no comulgaba, por más que su alma ansiaba acercarse a la Fuente de gracia. Pero, un milagro de Dios permitió al santo de la trivia del día de hoy superar tales escrúpulos.

Durante los años que pasó en París, compuso una de sus obras más conocidas, el “Comentario sobre las Sentencias de Pedro Lombardo”, que constituye una verdadera suma de teología escolástica.

Guillermo de Saint Amour hizo en la obra titulada, “Los peligros de los últimos tiempos”, un ataque directo a San Buenaventura.

Este ataque fue contestado por el Santo con un tratado sobre la pobreza evangélica, titulado, “Sobre la pobreza de Cristo”.

En 1257, al santo de la Trivia del día de hoy y Santo Tomás de Aquino recibieron juntos el título de doctores. San Buenaventura escribió un tratado, “Sobre la vida de perfección”, destinado a la Beata Isabel, hermana de San Luis de Francia, y a las Clarisas Pobres del Convento de Longchamps.

Otras de sus principales obras son el “Soliloquio” y el tratado, “Sobre el triple camino”.

En 1257, nuestro santo de la Trivia del día de hoy resultó ser elegido Superior General de los frailes menores. No había cumplido aún los 36 años, y la Orden estaba desgarrada por la división entre los que predicaban una severidad inflexible y los que pedían que se mitigase la regla original.

El joven Superior General escribió una carta a todos los Provinciales, para exigirles la perfecta observancia de la regla y la reforma de los relajados.

El primero de los cinco Capítulos Generales que presidió el santo de la trivia del día de hoy, se reunió en Narbona en 1260. Ahí presentó una serie de declaraciones de las reglas que fueron adoptadas y ejercieron gran influencia sobre la vida de la Orden.

El santo de la trivia del día de hoy empezó a escribir la vida de San Francisco de Asís. El Santo gobernó la Orden de San Francisco durante 17 años, y por eso se le llama el segundo Fundador.

En 1265, el Papa Clemente IV trató de nombrar al santo de la trivia del día de hoy Arzobispo de York a la muerte de Godofredo de Ludham. Más, el Santo consiguió disuadir de ello al Pontífice.

Sin embargo, al año siguiente, el Beato Gregorio X le nombró Cardenal Obispo de Albano, ordenándole aceptar el cargo por obediencia.

Se le encomendó la preparación de los temas que se iban a tratar en el Concilio ecuménico de Lyon, acerca de la unión de los griegos ortodoxos.

El santo de la trivia del día de hoy se caracterizaba por la sencillez, la humildad y la caridad. Mereció el título de “Doctor Seráfico” por las virtudes angélicas que realzaban su saber.

Fue canonizado en 1482 y declarado Doctor de la Iglesia en 1588.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

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