Miércoles XIV del Tiempo Ordinario. Memoria de San Benito, Abad.

Evangelio según san Mateo  10, 1-7

En aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos del Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos, ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos”.

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de julio, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de julio la trivia de la vida de los santos del #43 al #72. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

En la primera lectura del libro del profeta Oseas (10, 1-3. 7-8. 12) vemos la experiencia de que todos queremos que las cosas nos salgan bien, que no haya tropiezos y que podamos siempre experimentar la satisfacción de lograr nuestras metas y disfrutar de lo que deseamos. Es un anhelo y deseo de felicidad en el fondo, que lo queremos lograr a través del éxito en todo lo que realizamos.

 

Y sin embargo, hay un riesgo en el éxito, según nos cuenta la primera lectura: “cuanto más rico era el país, más ricos fueron los monumentos a los ídolos.” Y la razón también se dice: “su corazón está dividido.” Perder nuestro origen y raíces, Dios mismo, fundamento de todo lo que somos y tenemos.

 

La verdad es que resulta difícil reconocer a Dios como nuestro único bien cuando estamos anegados de otros bienes. La boca repleta de bienes olvida cómo se canta al Dios que los ha dado. Quizá no debería ser así, pero es así como suele suceder, con demasiado pocas excepciones. Esa es la gran tentación del enemigo, olvidarnos de Dios cuando tenemos todo lo necesario.

 

La conclusión que saca el profeta Oseas es más bien sombría: pareciera que no hay otro modo de acercar la gente a Dios si no es a través de las tribulaciones, persecuciones o carencias. Al parecer, sólo en ese camino, que como nombre genérico se llama “cruz,” es posible encontrar a Dios y no perderlo. A través de las pruebas y persecuciones, tentaciones y caídas de las cuales hemos aprendido a sacar lo mejor es como nos unimos más a Dios.

 

Eso parece triste, pero si uno piensa lo que se obtiene llega a una conclusión diferente: no es que la tristeza de la cruz empañe la alegría de estar con Dios, sino que la alegría de la unión con Dios ha transformado ya para siempre la desolación de la Cruz. La Cruz es el camino que nos lleva a la gloria, y no hay triunfo sin prueba, como no hay cielo sin prueba.

 

El Salmo de hoy (104, 2-7) nos invita a que: “Recurramos al Señor y a su poder.” Del nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder, y a su presencia acudan. Recuerden los prodigios que Él ha hecho, sus portentos y oráculos. Descendientes de Abrahán, escuchen: El Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus decretos.

 

En el pasaje del Evangelio de hoy vemos a Jesús “llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.” La palabra misma “apóstol” viene del verbo que significa “enviar,” poner en camino. Y ese significado es especialmente claro en el Evangelio de hoy cuando precisamente los Doce son enviados por el mismo Cristo con unas consignas iniciales muy precisas.

 

Estas primeras consignas son sobre todo dos: que se limiten a buscar las ovejas perdidas del pueblo de la primera alianza, y que proclamen que el reino de Dios está cerca. Cabe subrayar que Jesús en su propio ministerio público siguió esas dos normas, como consta en los mismos evangelios.

 

¿Por qué ese primer anuncio no es a todas las naciones, como llegará a serlo después de la Pascua? Porque primero era preciso mostrar la realización de las promesas que habían sido hechas a los patriarcas y a los reyes.

 

Los dos grandes atributos de Dios en el Antiguo Testamento son la fidelidad y la misericordia. Y lo primero brilló en la respuesta que Dios dio a su pueblo escogido, aunque ese pueblo le hubiese traicionado muchas veces; lo segundo, en cambio, se mostró más claramente en el anuncio de la Buena Nueva a los paganos, pues en esto Dios mostró que su compasión desbordaba toda tasa y medida. De modo que hablando primero a su pueblo, mostró que era de fiar en sus promesas; extendiendo luego su anuncio a los gentiles mostró que tenía para dar incluso más de lo que había prometido. De ambos modos mostró su amor.

 

Hoy celebramos la fiesta de san Benito Abad, y antes de él, el mundo occidental habló de la perfección cristiana básicamente en dos claves: el martirio y el ascetismo extremo. Los nombres de los grandes mártires fueron siempre inspiración profunda, motivo de gratitud y certeza de la presencia divina. ¿Quién no se siente feliz de pertenecer a la misma iglesia del noble y venerable Policarpo, que prefirió ser quemado vivo, antes que renegar, en su ancianidad, de aquel de quien dijo haber recibido “sólo bienes”? ¿A quién dejaría de impactar una muerte como la de aquellos que fueron devorados por las fieras en el coliseo, y que razonaron como el gran Ignacio de Antioquía: “Soy trigo de Dios y debo ser molido para volverme pan de Cristo”?

 

Tras las huellas de estos y otros muchos mártires, de ambos géneros, los más antiguos monjes llevaron vidas extremas que parecían prácticamente un largo martirio. El ayuno habitual, las duras vigilias, la extrema pobreza, el recurso al desierto o el aislamiento formaron parte del arsenal de las almas ansiosas de una perfección que ya no podían esperar por la vía rápida de la persecución y la violencia exterior. Así se forjaron hombres como San Antonio, Abad, o los muy famosos monjes cercanos a Tebas.

 

Estas dos clases de santidad parecían no sólo remotas sino del todo impracticables. El heroísmo próximo al mito parecía un camino imposible que debería quedar como patrimonio de una selecta élite de atletas del espíritu. Benito de Nursia vio las cosas de otro modo. Centró su corazón y el de sus monjes en un mensaje sencillo: centrarse en Dios, no anteponer nada a Cristo.

 

Especialmente en el monasterio de Montecasino, Benito pudo enseñar de palabra y con el ejemplo la sencillez y la belleza de una vida escondida en Dios. El trabajo manual se alterna con el estudio, la oración y una vida sobria marcada por la comunión de bienes y el servicio a todos. El resultado fue una especie de santidad más “humana” que pronto atrajo verdaderas legiones de monjes y monjas.

 

La obra benedictina ha tenido inmensos bienes a la civilización occidental. Los monasterios se convirtieron no sólo en oasis de paz, oración y búsqueda espiritual, sino también en bibliotecas públicas, hospederías, talleres, graneros, lugares, en fin, de creación e implementación de nuevas tecnologías. La influencia de Benito sólo puede ser apreciada a la luz de su impacto en siglos y siglos de predicación, oración, estudio, evangelización y cultura, primero en Europa, y luego en el resto del mundo. Oremos por todos los monjes y monjas Benedictinos en el mundo para que Dios los siga llenando de su amor y su santidad, de sus dones y su amor para transformar al mundo con su presencia.

¿Estás dispuesto que tu vida sea luz para los demás?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de julio. #52

Padre del monasticismo occidental, decidió abandonar Roma y el mundo, para evitar la vida licenciosa de dicha ciudad. Vivió como ermitaño por muchos años en una región rocosa y agreste de Italia.

En Vicovaro, en Tívoli y en Subiaco, sobre la cumbre de un farallón que domina Anio, residía por aquel tiempo una comunidad de monjes, cuyo abad había muerto.

Decidieron pedirle a nuestro santo del día de la trivia del día de hoy que ocupara su lugar. Al principio se negó, pero luego cedió ante la insistencia.

Pronto se puso en evidencia, que las estrictas nociones de disciplina monástica que nuestro santo del día de la trivia del día de hoy observaba, no se ajustaban a ellos, porque quería que todos vivieran en celdas horadadas en las rocas.

El mismo día retornó a Subiaco, no para seguir llevando una vida de retiro, sino con el propósito de empezar la gran obra para la que Dios lo había preparado durante esos tres años de vida oculta.

No tardaron en reunirse a su alrededor los discípulos, atraídos por su santidad y sus poderes milagrosos.

Nuestro santo del día de la trivia del día de hoy se encontró, entonces, en posición de empezar ese gran plan de “reunir en aquel lugar a muchas y diferentes familias de santos monjes dispersos en varios monasterios y regiones”.

“El fin es hacer de ellos un sólo rebaño según su propio corazón, para unirlos en una casa de Dios bajo una observancia regular y en permanente alabanza al nombre de Dios”.

Por lo tanto, colocó a los que deseaban obedecerle en los doce monasterios de madera, cada uno con su prior. Él tenía la suprema dirección sobre todos, y vivía con algunos escogidos, a los que deseaba formar con especial cuidado.

A causa de algunos problemas con el sacerdote Florencio, se trasladó a Monte Cassino. En esta región, sobre las ruinas del templo de Apolo, – al que los habitantes de este lugar rendían culto antes de su llegada -, construyó dos capillas y la Abadía de Monte Cassino, alrededor del año 530.

De aquí partió la influencia que iba a jugar un papel tan importante en la cristianización y civilización de la Europa post-romana.

Fue tal vez durante este período, que empezó a concretizar su “Regla”, la que está dirigida a todos aquellos que renunciando a su propia voluntad, tomen sobre sí “la fuerte y brillante armadura de la obediencia, para luchar bajo las banderas de Cristo, nuestro verdadero Rey”.

Prescribe una vida de oración litúrgica, estudio y trabajo, llevado socialmente en una comunidad y con un padre común.

Nuestro santo del día de la trivia del día de hoy vaticinó el día de su muerte. El último día recibió el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Fue enterrado junto a Santa Escolástica, su hermana, en el sitio donde antes se levantaba el altar de Apolo, que él mismo destruyó en Monte Cassino.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

 Padre Enrique García Elizalde

 

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