Miércoles de la Octava de Pascua (24 de abril de 2019)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!

 

Hoy en la primera lectura tomada del libro de Hechos de los Apóstoles (3, 1-10) Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde, que es la hora en que murió Jesús, (por eso a esa hora rezamos todos los días la Corinilla de la Divina Misericordia, y celebramos la fiesta de la Divina Misericordia el domingo siguiente de la Pascua). Ellos se encuentran con un hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente la gente llevaba y ponía ante la puerta llamada la “Hermosa”, para que al mismo tiempo pidiera limosna a los que entraban en el templo. Que contraste presenta este texto de las Sagradas Escrituras, en la puerta llamada la “Hermosa” cada día aparece una escena nada hermosa, un hombre lisiado que depende de los demás para que lo lleven y sobre todo depende de quienes recibe al mismo tiempo la limosna, es un hombre que está en la puerta del templo (lugar de la morada de Dios) pero que por su situación física, religiosa y social, la Ley no le permite entrar en el templo. ¿Alguna vez te has sentido así, lejos de Dios, porque tú vida depende de otros?

 

El hombre les pide una limosna y Pedro y  Juan no tenían dinero pero le dan algo mucho más valioso, a JESÚS. Ellos fijaron su mirada en él y Pedro le dijo: “No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina”. Y, tomándolo de la mano, lo incorporó. Piensen en eso… ¡Cristo les dio el poder de sanar en Su Santo Nombre! Lo que Dios promete lo cumple porque Él es fiel a su palabra. El hombre al instante de un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios. Eso hace Dios con nuestras vidas cuando las restaura, hace que sean nuevas y las transforma. Por eso como el salmista “Cantemos al Señor con alegría. Aleluya.” (Salmo 104, 5b).

 

En el evangelio de hoy (Lc 24, 13-35), Jesús ilumina a los discípulos en el camino a Emaús. ¿Alguna vez has tratado de resolver un acertijo y te has sorprendido cuando las diferentes piezas de repente se ponen en su lugar? Lo mismo les sucede a estos discípulos cuando Jesús comienza a hablar: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Ellos tenían una idea muy diferente de Mesías, no conocían las Escrituras y no había quien se las explicara con profundidad. Ellos comentaban todo lo que había sucedido e iban llenos de tristeza por el camino, cuando Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero ellos no lo reconocieron. ¿Alguna vez te ha pasado eso?  Pero Jesús siempre nos busca y le interesa nuestra vida, “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?” Ellos como muchas veces cada uno de nosotros cuando Cristo no camina con nosotros nuestra vida está llena de tristezas y lo peor es que creemos saberlo todo: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén? Nosotros esperábamos que él sería…”  Quieren un libertador de Israel a su manera y no según la voluntad de Dios.

 

Todos necesitamos tener un encuentro personal con Jesús a través de la comprensión y vivencia de la Sagradas Escrituras para llegar al momento culmen de la vida sacramental, la Eucaristía. Ahora no solo entenderlo, sino vivirlo, a eso nos llevan los sacramentos, a vivir una vida con Cristo. Por eso nuestra petición diaria debe ser como la de los discípulos: “”Quédate con nosotros.” Aunque los discípulos no lo entendieron al principio. No entendieron el secreto, el misterio, la clave, el camino a seguir y creo que muchos de nosotros hemos pasado por ese momento. ¿Cómo fue eso? El amor de Dios que se vacía de sí mismo, incluso hasta la muerte. El acto de Dios de tomar sobre sí los pecados del mundo para llevárselos, el misterio de la redención a través del sufrimiento.

 

Jesús explica esto primero, con referencia a los profetas; pero luego, lo hace claramente presente para ellos: “Tomó el pan, pronunció la bendición, luego partió el pan y comenzó a distribuirlo”. Y fue entonces cuando las piezas cayeron en su lugar; ahí es cuando el rompecabezas fue resuelto. La Eucaristía hizo presente este amor hasta la muerte, este amor que es más poderoso que el pecado y la muerte. La Eucaristía es la clave para entender el misterio pero sobre todo para vivir en el Misterio, la presencia de Dios. Después de encontrase con Jesús en la Eucaristía (fracción del pan) la vida de ellos cambio, a eso estamos llamados en cada Misa que participamos con Jesús y cada vez que comprendemos las Escrituras.

 

Así como en la primera lectura la vida del hombre lisiado de nacimiento cambio por las Palabras que escucho de parte de Pedro acerca de Jesús, así también nuestra vida debe de cambiar y debemos levantarnos de lo que nos ata para no depender de los demás y caminar una vida con Jesús, pero para que nuestra vida este plena y no haya tristeza debemos acercarnos a la Eucaristía porque así nuestra vida va a cambiar.
      

¡Felices Pascuas de Resurrección! ¡Aleluya, aleluya!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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Martes de la Octava de Pascua (23 de Abril de 2019)

Hechos de los Apóstoles 2:36-41

En el día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos, “Deja que toda la casa de Israel sepa con certeza que Dios lo ha hecho Señor y Cristo, este Jesús a quien ustedes han crucificado”.

 

Al oír esto, fueron compungidos de corazón, y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles, “¿Qué hemos de hacer, hermanos?”
Pedro les dijo: “Arrepiéntanse y bautícense cada uno de ustedes, en el nombre de Jesucristo, para el perdón de sus pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo.
Porque se hizo la promesa a ustedes y a sus hijos y para todos aquellos lejanos,
quien el Señor nuestro Dios llame”.

El testificó con muchos otros argumentos, y los estaba exhortando, “Sálvense de esta generación perversa.”  Aquellos que aceptaron su palabra fueron bautizados;
y cerca de tres mil personas se añadieron ese día.

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!

 

Estamos en la octava de Pascua (8 días), la cual celebramos cada día como si fuera Domingo de Pascua, porque la resurrección de Jesús es el evento fundamental que cambió la historia humana y se prolonga durante la octava. El tiempo Pascual durará 50 días hasta el domingo de Pentecostés (9 de junio de 2019). Cuarenta días después de la Pascua de Resurrección  celebramos la Ascensión de nuestro Señor al cielo, diez días antes de que Él envíe su Espíritu Santo a toda su Iglesia.  Ahora nuestro gran Maestro espiritual nos enviará al Paráclito (Espíritu Santo), para que construyamos el Reino de los Cielos y crezcamos en santidad.

 

Durante el tiempo Pascual, leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles para recordar, vivir y celebrar cómo los primeros cristianos vivieron en comunidad la Pascua, fruto de la pasión, muerte y resurrección de Jesús por amor por nosotros. Vamos a aprender a lo que significa ser un discípulo auténtico de Jesús. Necesitamos volver al mensaje original, re-leer las Sagradas Escrituras y vivir nuestra misión en oración y con un estudio profundo, para comenzar a practicar la fe como la primera Iglesia.

 

Imagina cómo fue para la gente escuchar las palabras de Pedro en ese primer Pentecostés. Muchas de las personas que escuchaban a Pedro habían participado activa o pasivamente en la crucifixión de Jesús. Inspirado por el Espíritu Santo y envalentonado por haber visto a Jesús vivo, Pedro les testificó que Jesús es “tanto el Señor como Cristo”. Ellos estaban “compungidos de corazón”. Puedes imaginar las preguntas que deben haber estado girando en la mente de quienes escuchaban a Pedro. Si Jesús murió y resucitó de entre los muertos, algo increíble acaba de suceder que requiere una respuesta. Le preguntaron a Pedro y a los apóstoles: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” La respuesta de Pedro es importante porque Él nos habla a cada uno de nosotros:

 

“Arrepiéntanse y bautícense cada uno de ustedes, en el nombre de Jesucristo, para el perdón de sus pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo. Porque se hizo la promesa a ustedes y a sus hijos y para todos aquellos lejanos, quien el Señor nuestro Dios llame.”

 

“Arrepentirse” significa alejarse del mal y volverse a Dios. Todos somos pecadores, pero para seguir a Jesús, debemos tomar una decisión consciente de alejarnos de cualquier cosa que no sea de Dios y volvernos hacia Jesús y todo lo que Él nos enseña a hacer. Cuando nos apartamos del pecado y nos acercamos a Jesús, nos abrimos para recibir el don del Espíritu Santo, quien nos inspira y nos envía a la misión. El bautismo nos hace hijos adoptivos de Dios, nos lava de la mancha del pecado original y nos llena con el Espíritu Santo.

 

Antes de que Jesús ascendiera al cielo, Él les dio a sus discípulos una gran misión, “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mateo 28, 19)

 

¡Cerca de 3,000 personas fueron bautizadas ese día! ¡Qué asombroso debió haber sido eso! Imagina el celo de los apóstoles y la emoción de las personas uniéndose a la Iglesia.

 

¿Me he arrepentido de mis pecados y me he vuelto hacia Jesús?
¿He despertado el poder del Espíritu Santo que mora en mí a través de mi bautismo?
¿Tengo el mismo celo por salvar almas que tuvieron los primeros apóstoles?
¿Aprecio el don de ser hijo amado de Dios?

 

¡Felices Pascuas de Resurrección!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

 

Padre Enrique Garcia Elizalde  

JUEVES SANTO (18 de abril de 2019)

Evangelio de San Juan 13, 1-15

 

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

 

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

 

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: ‘No todos están limpios’.

 

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

 

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Hoy es Jueves Santo –la Iglesia celebra la Última Cena que Jesús celebró con sus apóstoles y les mandó que lo hicieran en memoria suya por todos los tiempos y en todas partes para hacer presente a Jesús al mundo entero. Algunas cosas importantes para guardar en nuestro corazón en este día santo:

1) La institución de la Eucaristía. En la Ultima Cena, Jesús dijo a Sus discípulos: “Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre.” Fue lo último que Jesús hizo con Sus apóstoles, así que debe haber sido algo esencial y muy importante. Este pasaje combinado con la enseñanza de Jesús en el evangelio de san Juan en el capítulo 6, es la base Bíblica para nuestra creencia de que Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía con su Cuerpo, y su Sangre, con su divinidad y con su alma como está en el cielo. Hay registros históricos de documentos de la Iglesia que muestran que la Misa se ha celebrado desde los tiempos de Cristo hasta ahora. Los milagros eucarísticos han sido documentados en todo el mundo en los que el pan y el vino se han convertido en carne y sangre. Esta fue una de las formas en que Jesús prometió estar con nosotros hasta el final de los tiempos. Además, no solamente nos alimenta con su Palabra y enseñanzas,  sino sobre todo con la Eucaristía.

 

2) La institución del sacerdocio. Otra forma en que Jesús permanece presente entre nosotros es a través del sacerdocio. Incluso antes de Jesús, los sacerdotes ofrecían sacrificios por el perdón de los pecados. Jesús es el gran Sumo Sacerdote, que se ofreció a sí mismo como el Cordero de Dios para el perdón de los pecados. Así, Jesús fue tanto el sacerdote como la víctima (cordero). Es sorprendente, pero el Éxodo explica por qué Jesús entró en Jerusalén el domingo. En el capítulo 12, Dios instruyó que cuatro días antes se separara al cordero que sería sacrificado en la víspera del éxodo. Esto significa que el 10 de Nisán se escogía el cordero pascual, se le separaba y comenzaban los preparativos: “El diez de este mes cada uno tome para sí un cordero (Éxodo 12, 3). Jesus muere el 14 de Nisán. Además, Juan el Bautista lo reconoce como el Cordero de Dios (Jn 1, 29). Su sacrificio en la cruz fue el nuevo y eterno pacto ofrecido para el perdón de los pecados. Los sacerdotes hoy actúan en la persona de Cristo. Nosotros re-presentamos el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Los sacerdotes han sido llamados a actuar en la persona de Cristo para llevar su amor y misericordia hasta los confines del mundo. Cuando Jesús dijo a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria de mía”, Él instituyó el sacerdocio en la Última Cena. Cuando los sacerdotes ofrecen el único sacrificio que Jesús ofreció en el Calvario, no estamos volviendo a sacrificar a Jesús. Estamos llevando a las personas al Calvario y a la Última Cena al mismo tiempo a través de la belleza del sacerdocio de Jesucristo. Por eso, hoy celebramos el sacerdocio el Jueves Santo.

 

3) El lavatorio de los pies. Después que Jesús lavó los pies a sus discípulos, dijo: “lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes háganlo.” Nos manda a servir y amar cómo Él mismo lo ha hecho con nosotros. Conozco muchas personas muy entregadas y serviciales, que ayudan, sirven y aman a los más necesitados. Cuando era joven antes de pensar en entrar al seminario, conocí un gran hombre, lo llamábamos Don Chucho, porque su nombre era Jesús. Él usaba su camioneta “Ichiban café”  para llevar a los jóvenes y adultos a los retiros donde servía, acompañaba y se le notaba su amor por Dios y lo que hacía. Lo hizo por años, hasta que Dios lo llamo a su presencia y gracias a él y a muchas otras personas que han estado en mi vida y me han dado ejemplo de amor y servicio, hoy soy sacerdote y quiero entregar mi vida para servir, amar y hacer presente a Jesús en todo momento y en todas partes. Tal vez, tú hoy con lo que haces puedes hacer que otros entreguen su vida a Dios. Pero si tú dejas de hacer el bien, tal vez, ellos nunca amen, sirvan y entreguen su vida a Dios. Gracias a todos ustedes que dan testimonio del amor de Jesús porque si viven plenamente el Evangelio, tienen el poder de cambiar vidas y el mundo.

 

Jesús quería extender Su amor y misericordia a todas las personas de todos los tiempos. Es por eso que Él nos dio la Eucaristía (Su presencia real) y el sacerdocio (aquellos que actúan en Su nombre). Esto tiene sentido de que Dios pensó en todo para cuidar de nosotros y continuar Su ministerio en la tierra. Jesús estaba pensando en ti y en mí esa noche de la Última Cena, también mientras estaba colgado en la cruz.

 

Los animo mucho a que asistan a la liturgia del Jueves Santo en su iglesia esta noche. Usualmente comienza al atardecer, alrededor de 6 a 8 pm. Tenemos la tradición de visitar siete iglesias diferentes después de la Misa para orar ante el Santísimo Sacramento. Es una mini peregrinación espiritual.

 

¿He tenido una experiencia de Jesús en la Eucaristía?

¿Cómo he visto a Jesús obrando a través del sacerdocio?

¿Cómo estoy lavando los pies de los demás?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

¡FELIZ JUEVES SANTO LLENO DE BENDICIONES!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

 

Padre Enrique Garcia Elizalde  

 

Miércoles Santo (17 de abril de 2019)

Evangelio según san Mateo  26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ “. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!

 

En la primera lectura del profeta Isaías (Is 50, 4-9) nos presenta características muy importantes y esenciales del Siervo de Dios:

 

1) Elegido: Él sabe que ha sido elegido por Dios, es decir, lo ha formado, lo ha preparado con una lengua experta (o de “iniciado”) para que conforte al abatido con palabras de aliento; por eso, el Salmo de hoy,  (68, 14c y b) dice:  “Por tu bondad, Señor, socórreme.” Porque Dios elige, el prepara y socorre a quienes elige, “no elige a los preparados, sino a los elegidos los prepara.”

 

2) Pone de su parte: El Siervo de Dios necesita poner de su parte: Sabe oír como discípulo, está dispuesto, es valiente, sabe ofrecerse y no rechaza el sufrimiento redentor  ni lo que le venga: “no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.”

 

3) Tiene una misión: Su confianza la pone en Dios y no en los hombres porque tiene su identidad bien clara: “Sabe quién es su Señor, y que él es su siervo, es decir, sabe que tiene una misión. Proclamar a Dios como Señor, es proclamarnos sus siervos. Y por eso las lecturas de estos días santos no son sólo un retrato de Cristo sino un camino para el verdadero discípulo de Cristo. Servir al Señor es prepararse para oír como oye el Siervo del Señor; hablar como él habla, padecer y resistir como él lo hace, triunfar, en fin, como él triunfa con la gracia y el poder divinos.

 

Lo mismo hace Jesús en el Evangelio: Elige a sus apóstoles, los prepara con sus enseñanzas y su presencia. Pero exige de ellos poner de su parte, es decir, estar dispuestos a dejarse transformar por Él, tener un encuentro personal de ojos abiertos y corazón palpitante: “los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron.” Jesús los envía: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle…Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y…”, eso es ser verdadero discípulo de Jesús.

 

¿Pero qué pasó con Judas Iscariote, uno de los Doce? Judas Iscariote fue elegido,  como los otros apóstoles, pero no puso de su parte y “fue a ver a los sumos sacerdotes”  y rechazo a Jesús: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?…Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo” por “treinta monedas de plata”. Dentro de las leyes de Moisés, cuando el buey de una persona embestía a un esclavo, el dueño del animal debía pagar una compensación 30 siclos de plata al propietario del esclavo y luego matar al animal. ¡Treinta monedas! ¡El precio de un esclavo o de una prostituta! ¿Es que hoy no hay gente que vende a Cristo incluso por menos? ¿Es que acaso no le he traicionado yo alguna vez? No quiso ser parte de la misión de Jesús, “¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

¡QUE SEA UNA SEMANA SANTA LLENA DE BENDICIONES!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

 

Padre Enrique Garcia Elizalde  

Martes Santo (16 de abril de 2019)

 

Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: “Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: “¿De quién lo dice?” Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?” Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar”. Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden ir’ “. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde”. Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces”.

 

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En el evangelio de hoy (Jn 13, 21-33. 36-38) vemos a Jesús después del  lavatorio de los pies y las primeras alusiones a la traición (vv. 10-11.18), que declara abiertamente, profundamente conmovido: “Uno de vosotros me va a traicionar”. Siempre me he preguntado: ¿Qué le pudo haber motivado a Judas a traicionar a Jesús de tal manera? Ciertamente Judas había respondido con entusiasmo inicialmente a la invitación de Jesús cuando dijo: “Ven y sígueme”. ¿Qué le pasó entonces? El anuncio de parte de Jesús de la traición de uno de sus discípulos y su misma turbación dejan  perplejos y desconcertados a los apóstoles, que tratan de identificar al traidor.  En estas circunstancias aparecen algunos rasgos de la vida de la comunidad de los Doce con Jesús: 1) la iniciativa de Pedro, evidenciando su autoridad; 2) la  relación de particular sintonía de un discípulo con el Señor; 3) la infinita delicadeza de Jesús, que, mientras señala a Judas el traidor, le ofrece un bocado de pan untado, signo de honor y deferencia, último intento de provocación para que surja en Judas el amor.

 

Como Judas rechaza definitivamente responder al amor de Jesús, la suerte del Nazareno está echada, y no tolera demora: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto” (v. 27b). Por lo demás, una vez tomado el bocado de la amistad y rechazando al Amigo, Judas no puede estar en el círculo de los amigos: “Salió inmediatamente. Era de noche”. La noche de la mentira, del odio que relega a la Soledad, en el reino de Satanás. Al meditar este pasaje descubro que el mal, a veces amistades o personas con otros intereses, que no son hacer la voluntad de Dios, salen del grupo de discípulos de Jesús, o de aquellos que están dispuestos a seguirlo y no traicionarle en busca de sus propios intereses. ¿Acaso Judas se desilusiono con el mensaje de Jesús? ¿El llevar la bolsa de dinero se convirtió en demasiada tentación y ambición para él? ¿Llegó a ponerse celoso de los otros apóstoles y decidió hacer algo para llamar la atención? No podemos entrar en la mente de Judas, pero por lo que leemos ciertamente había perdido la razón, su paz y su salvación.

 

Jesús explica el sentido de cuanto está sucediendo. Precisamente  ahora que Judas ha salido a ejecutar  su plan de traicionar a su Maestro, el Hijo del hombre es  glorificado. Y Dios es glorificado en él porque, en la entrega del Hijo único a la cruz, Dios manifiesta su amor sin límites  a la humanidad. La hora de la muerte y la de la resurrección constituyen, juntas, la hora única de la gloria, de la espléndida manifestación de Dios en toda su totalidad y plenitud, que es amor. Con el v. 33 comienza el discurso de despedida de Jesús a los suyos. Sabe que dejará un vacío imposible de llenar (v. 33a), aunque necesario (v. 33b) y no definitivo,  como aparece en la respuesta a Pedro, “a donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde“. Pero en su generosidad intempestiva, el apóstol Pedro no soporta esperar y dice estar dispuesto a dar la vida con tal de seguir al Señor: “Yo daré mi vida por ti”.  Precisamente aquí se revela la necesidad de la separación de Jesús: sin la fuerza que brota de su pasión y resurrección, sin la presencia del Espíritu, nadie está en disposición de seguir a Cristo (“¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces”).

 

¿Qué cosas, acciones o tentaciones en mi vida diaria me alejan de Dios?
¿Qué puedo cambiar en mi vida para mantenerme fiel a Jesús?

Necesitamos la gracia de Dios que se nos otorga a través del Espíritu Santo para permanecer en el camino de la santidad porque solos estamos destinados a caer y fallarle a Dios.

 

¿De verdad busco lo mejor para los demás o es sólo un disfraz para conseguir lo que quiero?
Tomemos tiempo esta Semana Santa para ver dentro de nuestros corazones, purificar y poner a prueba nuestras motivaciones.
¿Cuál es el deseo más profundo de mi corazón?
¿Es realmente para conocer, amar y servir al Señor?
¿O mi deseo es de ser conocido, de ser amado, de ser Dios?

 


Señor, ayúdame a reconocerme necesitado de tu gracia y misericordia, hoy  vengo ante ti como un pecador. Al reflexionar sobre lo que Judas te hizo, me acuerdo que yo te he traicionado muchas veces con mis pensamientos, palabras y acciones, fallándote en mis amigos, promesas, pero sobre todo en mi corazón. Ese no es mi deseo, pero mi fragilidad y las cosas de este mundo fácilmente me alejan de ti. Hoy te abro mi corazón y te lo entrego para que lo llenes con tu gracia, tu luz y tu fuerza con el fin de hacerte el centro absoluto de mi vida. Dame la perseverancia en la oración, para que mi corazón arda con tu amor y el deseo de servirte por encima de todo. Ayúdame a ayudar a otros a acercarse más a ti y que te amemos con todo el corazón. ¡Señor, no me sueltes de tu mano porque me pierdo y me hundo en mi pecado!

 

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

¡FELIZ SEMANA SANTA!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

Padre Enrique Garcia Elizalde  

LUNES SANTO (15 de abril de 2019)

Evangelio según san Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.

Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.

Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.

Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!

 

Hemos empezado la semana más santa de todas. Este es un tiempo para reflexionar sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Esta semana debe ser diferente a otras semanas para los cristianos. En estos días santos, la figura del Siervo de YHWH (primera lectura del libro del profeta Isaías 42, 1-7) aparece como majestuosa y silenciosa, para introducirnos en el misterio pascual: su elección, misión y sufrimientos son profecía de la suerte de Cristo. Dios mismo presenta a su Siervo, Él mismo lo ha elegido para una misión difícil de capital importancia, por ello le sostiene, acompaña y fortalece. Consagrado con el espíritu profético, el Siervo llevará el “derecho” a todas las gentes, es decir, el conocimiento práctico de los juicios de Dios (v.1). Este carácter “judiciario” se ilustra con la imagen “No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;” donde la misión del Siervo se describe teniendo en cuenta la figura del “heraldo del gran Rey”. Según las costumbres de Babilonia, el heraldo estaba encargado de proclamar en las plazas de la ciudad los decretos de condena de muerte. Si al concluir el pregón no surgía ningún testimonio en defensa del condenado, rompía la caña y apagaba la lámpara que llevaba, para indicar que la condena era ya irrevocable.

 

Ahora bien, el Siervo del único verdadero Rey, Dios, no quiebra la caña cascada y viene a salvar. En Cristo la figura se convierte en realidad porque es a la vez verdadero Siervo doliente y verdadero liberador de la humanidad que nos rescata de la condenación del pecado y de la muerte, es elegido y enviado para nuestra salvación, Él es la luz que ha venido al mundo a iluminar a todas las gentes. Él es el mediador de una nueva y eterna alianza, ratifica con su cuerpo entregado y con su sangre derramada en la cruz. El Salmista dirá “el Señor es mi luz y mi salvación.” (Salmo 26, 1a).

 

El pasaje del evangelio de hoy, “seis días antes de la fiesta judía”: la habitual precisión de Juan nos permite hoy revivir  puntualmente, en la liturgia, la gracia de los últimos  acontecimientos que preparan la Pascua del Señor. La cena de Betania es preludio de la última cena. Según la mentalidad de aquel tiempo, la comida, particularmente la consumida todos juntos, reviste un carácter sagrado,  pues indica  comunión  de vida y acción de gracias por la misma vida. Este aspecto, en esta cena, se profundiza después por la presencia de Lázaro, “resucitado  de entre los muertos”,  del que se dice que era uno de los que “estaban recostados” con Jesús (según la costumbre de comer recostados): gran proximidad de vida y muerte,  presagio de comunidad de destino. Pero es la figura de María la que aparece en primer plano con su silencioso gesto de amor, adoración, sin cálculo ni medida. “Nardo puro”: Una especia importada de la India. El perfume que derrama a los pies de Jesús es sumamente caro: trescientos denarios corresponden al salario de diez meses de trabajo de un obrero. Y toda la casa -nota el evangelista aludiendo al libro del Cantar de los Cantares (1,12)- se llenó de la fragancia. Es un detalle que nos muestra en María la imagen de la Iglesia-esposa unida  amorosamente al sacrificio de Cristo-esposo. A la donación total sin límites  se contrapone la tacañería de Judas Iscariote (vv. 4-6).

 

Sin medias tintas, el evangelista Juan nos presenta dos tipos de personas en el seguimiento del Señor, María y Judas: el amor dilató el corazón de una; la mezquindad cerró el corazón del otro.

 

¿Cómo es tu amor y generosidad para con Dios, como el de María o Judas?

 

También hoy se nos invita a cada uno de nosotros a la cena de Betania para estar con Jesús en esta atmósfera cálida de afecto y amistad. Debemos permanecer en esa casa acogedora para afianzar nuestro seguimiento al Maestro: un camino de salvación, de la muerte a la vida, como le sucedió a Lázaro, de servicio cotidiano al Maestro y a los suyos, como Marta. Es un camino de amor, adoración, que dilata día tras día el corazón, o quizás de reservas, resistencias y cálculos cada vez más mezquinos que acaban ahogándonos en la avaricia: María y Judas, ambos discípulos del Señor, se nos presentan como ejemplos-limite. “La casa estaba llena”: el detalle sugiere que Juan está testificando lo que él mismo olió, la difusión de la fragancia por toda la casa anticipa la noticia de que este evento se extenderá por todo el mundo.

 

¿Cuál es el camino que vas a escoger: ser generoso con Jesús como María o mezquino como Judas?

 

El estar con Jesús,  escuchar su Palabra, compartir con Él la existencia, no es todavía lo que decide nuestra meta y los pasos para lograrla. Es decisivo  reconocer y acoger el amor que Él da, el Amor que Él es. Judas no lo acogió, por eso condena el “derroche” de María, haciendo sus cuentas con el pretexto de los pobres…María ha hecho de este amor; su vida el centro de gravedad que la saca fuera  de sí misma sin cálculos, sin razonamientos; con intuición muy precisa y luminosa, se ha quedado con lo esencial: con Jesús quién lo da todo por los suyos.

 

María no puede esperar, y quiere imitar, con el símbolo de un gesto, a su Maestro: derrama sobre esos pies que le han abierto el camino de una plenitud  inesperada de amor -ahora en el tiempo  y, lo cree firmemente, también en la eternidad-  el nardo  preciosísimo guardado con cuidado, imagen de una vida totalmente derramada en la caridad. “Y toda la casa se llenó de la fragancia del perfume.” Que nuestra vida y amor por Jesús llene de la fragancia del mejor perfume, que es el amor, a todos los de nuestra casa y a las personas que están a nuestro alrededor porque damos lo mejor de nosotros mismos y hacemos a un lado nuestro egoísmo.

 

Los pobres:” Jesús no es indiferente hacia los pobres. Las palabras de Jesús se hacen eco de las palabras de Deuteronomio 15:11, que afirma que la presencia incesante de los pobres ofrece innumerables oportunidades para dar generosamente a los vecinos menos afortunados. Los discípulos también tendrán muchas oportunidades de dar limosnas, pero solo queda un breve tiempo para ser generosos con Jesús mientras Él permanece entre ellos.

 

¿Estamos dispuestos darle a Jesús lo mejor de esta semana?  Quizás no tengamos perfume caros, pero si tenemos otra cosa de valor- nuestro tiempo. ¿Le puedes regalar a Jesús una hora de cada día esta semana para orar y reflexionar? ¿Puedes alejarte de la tecnología- Televisión, celulares, Internet, videojuegos- Y darle a nuestro Señor lo mejor? Quizás esta semana le puedes dar al Señor la primera hora del día para seguir bien durante el día…

 

¿Le ofreces a Jesús lo mejor de ti: tu tiempo, planes, proyectos, servicio, tu vida, tus bienes materiales o solamente le das lo que te sobra?

¿Les ofreces a tus amigos y familia lo mejor de ti o lo que te sobra?

 

Si nunca has asistido a las liturgias del Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo o conocido como Sábado de Gloria, te recomiendo que lo hagas. Estos tres días son una sola liturgia. El jueves celebramos la última cena y lavatorio de pies de los discípulos.  El viernes nos enfocamos en la pasión y muerte de Jesús. El sábado por la noche hasta antes del amanecer, celebramos la Vigilia Pascual, y les damos la bienvenida a los nuevos miembros de la iglesia a través del Bautismo, Confirmación e Eucaristía.

 

No dejes que esta semana sea como cualquier otra. Hazla especial. Permite al Señor que trabaje en tu corazón. Nunca te arrepentirás de darle al Señor lo más valioso – Tu Tiempo.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

 ¡QUIERO DESEARLES UNA FELIZ SEMANA SANTA LLENA DE BENDICIONES!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

Padre Enrique Garcia Elizalde  

Domingo de Ramos (14 de abril de 2019)

El Evangelio (LUCAS 22, 14—23, 56) es demasiado largo para incluirlo en esta reflexión, pero te animamos a que medites sobre él hoy.

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!

 

 ¿Por qué celebramos el domingo de “Ramos”?

 

Cuando era niño, iba a Misa con mis papas y mis hermanos, el Domingo de Ramos me fascinaba ver a las mujeres indígenas que hacían con las palmas unas hermosas cruces. Lo intente muchas veces pero nunca fui muy bueno y siempre terminaba mi palma echa un caos.

 

¿Por qué llamamos “Domingo de Ramos” a este día que inicia la Semana Santa? ¿Por qué el sacerdote bendice y distribuye “palmas”? No solamente recordarnos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén en un borrico; de cómo sus discípulos y seguidores pusieron sus mantos y mantas en el camino y agitaron las ramas de PALMA en el aire mientras gritaban las palabras que nosotros como católicos decimos en cada misa celebrada en todo el mundo por el Evangelio de Mateo 21,  9: “Bendito sea él que viene en el nombre del Señor. Hosanna en los cielos.” Recordamos su entrada triunfal a Jerusalén, donde Jesús acepta vivir su pasión, muerte y resurrección para brindarnos la reconciliación con Dios Padre.

 

Quiero explicar que las palmas tienen mucho más ver con colgarlas en la pared de su habitación o guardarlas en la visera de su automóvil o colocarlas en los altares de nuestros hogares. Las palmas son un símbolo poderoso para nosotros como católicos porque en tiempos de Jesús, representaban la ¡VICTORIA! Cuando los soldados regresaban a casa después de la batalla o de la guerra, regresaban ondeando ramas de PALMA en el aire como un signo de VICTORIA.

 

RAMAS DE PALMA = VICTORIA FINAL.

 

Las ramas de la palma simbolizaban la VICTORIA final. ¡Jesús vencería a la muerte misma!

“Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón?” (1 Corintios 15,55)

 

Al final de la Biblia en el libro de Apocalipsis, una vez más personas de cada nación levantaron ramas de PALMA para honrar a Jesús: “Después de esto miré, y allí había una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, Gente y lenguaje, de pie ante el trono y ante el cordero. Llevaban túnicas blancas y estaban sosteniendo ramas de PALMA en sus manos”. (Apocalipsis 7, 9).

 

Cuando la gente gritaba “¡Hosanna!”, Estaban aclamando a Cristo como Rey. La palabra “Hosanna” en realidad significa “¡salva ahora!” La gente en Jerusalén aclamaba a Cristo como el que salvaría y el que daría la VICTORIA de salvación a todos los que creyeran y confiaran en él.

 

“¡Bienaventurado el que viene en el nombre del SEÑOR!” (Salmo 118, 26)

“Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo”. (Romanos 10, 9)

 

El Domingo de Ramos celebramos VICTORIA DE CRISTO a través de su vida, pasión, muerte y resurrección. Tenemos VICTORIA en CRISTO por Él y en Él porque estamos injertados a Él desde nuestro bautismo. VICTORIA que es posible a través de una relación personal con Jesucristo en la oración, en los sacramentos, especialmente en la celebración de la Santa Misa y el Sacramento de la Reconciliación, porque nuestros pecados son perdonados.

 

¡Las Ramos son porque tenemos VICTORIA en Jesús! “Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí vivirá aunque muera.” (Juan 11, 25)

 

¿Dónde puedo colocar los ramos de palma para recordarme la VICTORIA de Cristo sobre mi pecado y todo aquello que Cristo ha vencido ya por mí?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

    

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

Padre Enrique García Elizalde