Jueves XXIV del Tiempo Ordinario – Memoria de San Andrés Kim Taegon, presbítero y san Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires.

Evangelio según san Lucas 7, 36 – 50

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

 

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”.

 

Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. Él le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.

 

Entonces Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.

 

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Cuanto más leemos y conocemos de la comunidad de Corinto creo que más admiramos la paciencia y caridad con que Pablo se dedicó a aquellos fieles, que a menudo actuaban como infieles. En la primera lectura de hoy (1 Cor 15, 1-11), Pablo les recuerda a los corintios (y a nosotros) sobre los principios básicos de nuestra fe. Lo que Pablo les recuerda es lo que suele llamarse el “kerigma,” una palabra griega que quiere decir “anunciar.” Lo que leímos hoy, pues, es como el “primer anuncio” de la fe, y en él se condensa la buena noticia: que Cristo murió por nuestros pecados y que resucitó para nuestra salvación.

 

Hay que regresar a lo esencial para recuperar las fuentes profundas de la alegría y también percibir de manera nueva el impacto de ese regalo de amor que es el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo. Si es bueno subir hasta las hojas y frutos para apreciar la dulzura y bondad del árbol, también es bueno descender a sus raíces y ponderar la profundidad de la que brota toda su savia y toda su fuerza. Tal es el ejercicio de la oración y la meditación: ir de la raíz a las ramas para ver las consecuencias de nuestra fe en todos los ámbitos, pero también saber volver de las ramas a la raíz para percibir la grandeza y hermosura del don recibido, y descansar en él.

 

Estos son los conceptos básicos del “kerigma” que Pablo describe:

1) Cristo murió por nuestros pecados.

2) Fue sepultado.

3) Resucitó de entre los muertos al tercer día.

4) Se apareció a Pedro.

5) Entonces se apareció a los Doce Apóstoles.

6) Luego se apareció a 500 seguidores a la vez, muchos de los cuales todavía estaban vivos al escribir la carta de Pablo.

7) Jesús se apareció a Santiago, luego a todos los Apóstoles.

8) Finalmente, Jesús se apareció a Pablo en el camino a Damasco. Pablo no se sintió digno de este llamado porque solía perseguir a los cristianos. Ahora se convirtió en uno de los más grandes evangelistas de todos los tiempos.

 

Esta es nuestra fe en pocas palabras. Jesús es el Hijo de Dios y tomó carne humana de la Virgen María. Él realmente murió y resucitó de entre los muertos. Mucha gente lo vio vivo después de morir y fue sepultado. Estaban tan seguros de la resurrección de Jesús de entre los muertos que sus vidas cambiaron para siempre. Los apóstoles se dispersaron durante la pasión de Jesús. Después de presenciar y ser testigos de la resurrección, dieron sus vidas por Jesús. Si no estuvieran ABSOLUTAMENTE SEGUROS del HECHO de la resurrección, nunca habrían sufrido por Él como lo hicieron.

 

El cambio de Saulo (perseguidor de Cristo) a Pablo (apóstol de Cristo) es otro testimonio dramático de la verdad de nuestra fe.

 

En este fragmento del evangelio de hoy se entrelazan dos temas de fondo: el primero asume un tono polémico y contempla a Jesús contrapuesto a un fariseo; el segundo, en cambio, tiene un tono de propuesta y está ligado a la relación entre Jesús y la mujer pecadora. Considerando atentamente el relato advertimos, no obstante, que los dos temas se entrelazan y se iluminan recíprocamente.

 

Al fariseo le quiere hacer comprender Jesús que la persona no ha de ser considerada sólo a partir del exterior, ni siquiera sólo a partir de su experiencia anterior. Una mujer, aunque sea notoriamente pecadora, siempre es capaz de levantarse y emprender un camino nuevo. Lo único que necesita es encontrar, no hermanos hipercríticos y quizás también envidiosos, sino por lo menos un hermano que la comprenda y la restaure. Y él, Jesús, ha venido para eso. A la mujer le quiere hacer comprender Jesús que la vida vale, no por el cúmulo de las experiencias realizadas, por lo general negativas y nefastas, sino por el encuentro central y decisivo con una persona capaz no sólo de comprender y perdonar, sino también de rescatar y renovar. Y él, Jesús, ha venido para eso.

 

A nosotros, destinatarios del Evangelio de Jesús, nos quiere hacer comprender que es la fe lo que nos salva: la fe en Él, verdadero hombre, amigo de los hombres, especialmente de los pecadores, y verdadero Dios, el Dios hecho hombre, que se hizo amigo de los publicanos, de los pecadores y de las meretrices, el Dios capaz de perdonar todos nuestros pecados, el Dios que, con su Palabra consoladora y eficaz, nos dice también a cada uno de nosotros: “Tu fe te ha salvado; vete en paz” (v.50).

¿Por qué las personas estarían dispuestas a morir por Jesús?

¿He experimentado personalmente el amor y la misericordia de Dios hasta el punto de estar dispuesto a renunciar a todo y a dar mi vida por Él?

¿Es tan grande mi amor por Jesús que no me importa lo que piensen los demás de mí?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #123

 

Los laicos llevaron la fe católica a Corea al final del siglo XVI. La evangelización era muy dificil porque Corea se mantenía aislada del mundo, excepto por los viajes a Pekín para pagar impuestos. En uno de esos viajes, hacia el año 1777, algunos coreanos cultos obtuvieron literatura de los padres jesuitas en China. Comenzaron una igleisa doméstica en Corea. Doce años después, un sacerdote chino fue el primer sacerdote que logró entrar secretamente en Corea. Encontró allí 4000 católicos. Ellos nunca habían visto un sacerdote. Siete años mas tarde, en medio de gran persecusión, habían 10,000 católicos.
Nuestro santo de la trivia del día de hoy fue hijo de nobles coreanos conversos. Su padre, Ignacio Kim, fue martirizado en la persecusión del año 1839 (fue beatificado en 1925 junto con el santo de la trivia del dia de hoy).

Nuestro santo fue bautizado a los 15 años de edad. Después viajó 2 080 kilometros hasta el seminario mas cercano, en Macao, China. Seis años después se las arregló para volver a sus país a través de Manchuria. Ese mismo año cruzó el Mar Amarillo y fue ordenado sacerdote en Shangai. Era el primer sacerdote nacido en Corea.

Regresó a Corea y se le asignó preparar el camino para la entrada de misioneros por el mar, para evitar los guardias de la frontera. En 1846 fue arrestado, torturado y decapitado junto al Rios Han, cerca de Seoul, Corea. Tenía 25 años.  Hubieron varios miles de mártires coreanos en esa época. En 1883 llegó la libertad religiosa.

Fue canonizado el 6 de Mayo de 1984 por Juan Pablo II en su visita a Corea, junto con 102 otros mártires, incluyendo el seminarista Pablo Chong Hasang. La mayoría de los mártires canonizados eran laicos. La multitud en la misa de canonización fue una de las mas grandes que jamás se han reunido en la faz de la tierra. Su fiesta se celebra el 20 de septiembre.

 

Juan Pablo II en la canonización: “La Iglesia coreana es única porque fue fundada completamente por laicos. Esta Iglesia incipiente, tan joven y sin embargo tan fuerte en la fe, soportó hola tras hola de feroz persecusión. De manera que en menos de un siglo podía gloriarse de tener 10,000 mártires. La muerte de estos mártires fue la levadura de la Iglesia y llevó al espléndido florecimiento actual de la Iglesia coreana. Todavía hoy, el espíritu inmortal de los mártires sostiene a los cristianos de la Iglesia del silencio en el norte de esta tierra trágicamente dividida”

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

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Miércoles XXIV del Tiempo Ordinario (19-Sep-2018)

Evangelio según san Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros:

‘Tocamos la flauta y no han bailado,
cantamos canciones tristes y no han llorado’.

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: ‘Ese está endemoniado’. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores’. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen”.

 

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Es un día muy especial para México, el país en que nací y Dios me dio la oportunidad vivir y servir. Pidamos por las víctimas de los sismos de 1985 y 2017, por todos sus habitantes que están actualmente sufriendo a consecuencia de la corrupción, violencia, falta de trabajo, inseguridad, la pobreza de valores y cultural, el deterioro en la educación y en los valores religioso y civiles, pero sobre todo la falta de compromiso por ser mejores y no dejar que Dios sea el Señor de nuestra vida y transforme nuestras acciones. Lo peor que nos ha pasado es sacar a Dios de nuestras vidas y seguir como si nada hubiera pasado, volvernos conformistas con nuestra vida y permitir que el mal crezca sin sembrar el amor y la Palabra de Dios.

 

En el centro de los capítulos dedicados a la relación entre carismas y ministerios, Pablo pone el llamado “Himno al amor” (1 Cor 12, 31–13, 13), una de las páginas más bellas de sus cartas y, tal vez, también de todo el Nuevo Testamento. El apóstol, en primer lugar, lleva buen cuidado en presentar el amor como el carisma más grande, como el camino mejor, como el que supera a todos. Por consiguiente, está claro que el “Himno al amor” no es para Pablo un puro desahogo espiritual y evasivo, sino que quiere que sea considerado en lo concreto de una vida cristiana, individual y comunitaria, que necesita un centro, además de un fundamento. Pablo recomienda a los primeros cristianos que aprendan a amar como Dios ama: por los mismos motivos, con la misma intensidad, de un modo lineal e incondicional, con una carga afectiva inagotable. En segundo lugar, el apóstol deja entender que los cristianos deben amar como Cristo ama: con la disponibilidad total de sí mismos, con una plena apertura a los otros, con el deseo de caminar juntos. Por último, Pablo demuestra que, por su propia naturaleza, el amor cristiano -cuyo nombre es más exactamente “caridad”- está ligado indisolublemente a la fe y a la esperanza (con ellas forma una tríada de fundamental importancia: las llamadas “virtudes teologales”), pero, comparadas con ellas, la caridad es netamente superior, precisamente por su origen divino, por su participación cristológica  y por su destino comunitario.

 

San pablo nos invita a aspirar “a los dones de Dios más excelentes”, y nos muestra el mejor  camino de todos. La base de todos los dones es el amor, porque sin él los demás dones (lenguas, profecía,  ciencia y fe) no son nada.
El amor nos lleva a ser comprensivos, serviciales, compartidos (no tener envidia ni ser egoístas), no ser presumidos, ni groseros; a  no irritarnos,  ni guarda rencor; gozarnos con la verdad, disculpar sin límites, confiar sin límites, esperar sin límites, soportar sin límites. El amor nos lleva a madurar en la fe y amar como Cristo nos ama.

Nuestra cultura nos enseña erróneamente que el amor es sobre un sentimiento que tengo en mi corazón. El amor puede comenzar como un sentimiento. Sin embargo, si el amor se queda en el nivel de los sentimientos, podemos buscar constantemente esa buena sensación para continuar la relación. Esto nos hace buscar nuestros propios intereses. El amor generalmente comienza con sentimientos, pero no debería permanecer en este nivel. Todos sabemos que los sentimientos cambian en el transcurso de una relación. El peligro es que si el amor se basa totalmente en los sentimientos, cuando el sentimiento del amor se va, también lo hace la relación. Hemos escuchado a la gente decir: “He perdido el amor”.

 
El amor no es un sentimiento. El amor es una decisión de buscar lo mejor para la persona que amamos. No busca su propio interés sino lo mejor para el otro. El amor es sacrificar mis deseos para que mi familia y amigos tengan una vida mejor. El amor es sacrificar mi comodidad por mis hijos y mi cónyuge. El amor es ayudar a los pobres y marginados cuando nadie siquiera los ve. El amor es llevar la cruz por otra persona. El amor siempre está pensando: “¿Cómo puedo mejorar la vida de otra persona y llevarla al cielo?” Lo demás es egoísmo o placer. ¡Las cosas por su nombre!

 

Tras haber comparado a Jesús con el Profeta Elías, ahora Lucas lo considera en relación con Juan el Bautista. Las diferencias entre ambos son evidentes y significativas, pero el objetivo principal del evangelista consiste en dar a conocer el favor con el que el pueblo, tras haber seguido a Juan, acoge ahora a Jesús, y en desmantelar la actitud falaz e incrédula de los fariseos y de los maestros de la Ley. De ahí que sea necesario leer también los vv. 29ss, que preceden a este fragmento evangélico.

 

Jesús, para censurar a sus contemporáneos, se vale de una comparación que deja entrever su duro juicio. La pregunta del v.31 (“¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?) es, a buen seguro, retorica, y debemos referirla no a todos los contemporáneos de Jesús, sino sólo (cf. vv. 33ss) a aquellos que no han escuchado al precursor y ahora no quieren prestar oído a la predicación del Nazareno. La comparación presenta a algunos niños obstinados en su negativa a participar tanto en la alegría de las bodas como en la tristeza de los funerales. Semejante obstinación hace pensar en aquella otra, que algunos judíos rechazaron la Palabra de Dios, personificada en Jesús. No es la diferente actitud de Juan y de Jesús lo que significa su reacción, sino únicamente su corazón, que se ha vuelto impermeable a toda invitación a la penitencia y la conversión.

 

Desde un punto de vista histórico, merecen atención dos expresiones la primera se refiere a Juan: “Está endemoniado” (v.33), y la otra a Jesús: “Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores” (v. 34). Son dos modos un tanto expeditivos, aunque claramente reveladores de una mentalidad cerrada en sí misma y únicamente capaz de condenar sin piedad. La expresión final, relativa a la sabiduría “acreditada por todos los que son sabios” (Mateo escribe: “por sus obras”), nos hace pensar en otra categoría, diametralmente opuesta, de personas. Se trata de esas que andan a la búsqueda de la verdad, se dejan interpelar por toda predicación auténtica y se abren al Espíritu de Dios, que obra a través de las palabras y las obras de Jesús.

 

Necesitamos pedir la sabiduría de Dios para poder reconocer a Jesús en cada momento de nuestra vida, en la Sagradas Escrituras, en los sacramentos, en las demás personas, en cada situación de nuestra vida y actuar con amor pero para ello debemos llenarnos primero de su amor a través de la oración y una relación personal con Jesús todos los días para dejar actuar su gracia en nosotros.

 

¿Qué buscas en cada momento de tu vida hacer la voluntad de Dios o la tuya?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #122 

El nombre de nuestra santa de la trivia del día de hoy etimológicamente significa “gentil, amable, encanto”. Viene de la lengua latina. Es de la ciudad de Road y su fiesta se celebra el 19 de septiembre.

Ella tuvo muchas dificultades para poder entrar de religiosa. Intento tres veces y fracasó.  Ella quería entregarse plenamente al servicio del Señor.

Hacía nada que había terminado la Revolución francesa. En 1815 había gente que deploraba los destrozos y muertes que había causado aquel horrible acontecimiento en Francia.

Oyó el llanto de personas que veían con sus propios ojos que la escuela de las Ursulinas había desaparecido. No se quedó en lamentos, sino que abrió en seguida una escuela pequeña hasta que 1817 pudo adquirir el convento Cordeliers.

Este fue el sitio en el que, por inspiración divina, fundó la nueva congregación de la Sagrada Familia (en España se les conoce con el nombre de “las francesas”). El fin de la nueva obra sería la educación de las chicas pobres, a cuidar a los enfermos en su domicilio. Como obra de Dios, floreció en seguida. A la muerte de nuestra santa y fundadora había ya 40 casas en distintos países. Por su parte, le tocó sufrir más de veinte años con sus enfermedades y hasta con su crisis de que podía haber perdido la fe y la esperanza. ¡Hasta los santos tienen crisis y pasan por pruebas muy difíciles!

Pasados estos malos trances, Dios la premió con una gran paz interior y la intimidad con el Señor.

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

TUESDAY OF THE 24TH WEEK OF ORDINARY TIME (SEPTEMBER 17, 2018)

Lk 7:11-17

Jesus journeyed to a city called Nain,
and his disciples and a large crowd accompanied him.
As he drew near to the gate of the city,
a man who had died was being carried out,
the only son of his mother, and she was a widow.
A large crowd from the city was with her.
When the Lord saw her,
he was moved with pity for her and said to her,
“Do not weep.”
He stepped forward and touched the coffin;
at this the bearers halted,
and he said, “Young man, I tell you, arise!”
The dead man sat up and began to speak,
and Jesus gave him to his mother.
Fear seized them all, and they glorified God, exclaiming,
“A great prophet has arisen in our midst,”
and “God has visited his people.”
This report about him spread through the whole of Judea
and in all the surrounding region.

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This fragment of the Gospel we hear today is exclusive from Luke’s Gospel, and that is why we can analyze it with the intention of picking up some typical characteristics of the third evangelist. It is a task that will not be difficult. The miracle happens in Nain, a small village in Galilee about 6 miles southeast of Nazareth. It is not mentioned elsewhere in the bible.

 

The exegetes point out that Luke likes to relate Jesus to the prophet Elijah (see 1 Kings 17, 10-24) and also to the prophet Elisha (2 Kings 4: 18-37): in both cases they narrate the story of the resurrection of only children of widowed mothers. We also know that Luke pays particular attention to women, both in the third Gospel and in the Acts of the Apostles. Also, here the figure of the widowed mother who has lost her only son has an impact on Jesus, who “when he saw her, he was moved with pity for her and said to her,
‘Do not weep.’ ” (v.13). Jesus has a special place in His heart for the weak and the marginalized, and it is beyond doubt that the woman, in that society, belonged to this category of people because her livelihood would depend on the charity of others in Israel (Deut 26, 12). St. Ambrose said that the widow represents the Mother Church, crying for those who are dead in sin and are brought to life through the safety of the doors of the Church. The crowds who watch will praise the Lord when sinners are resurrected from the dead and restored to their mother.
Jesus touched the coffin, which was a shocking gesture. Although the Mosaic Law warns that contact with the dead leaves the Israelites unclean for a whole week (Num 19, 11-19), Jesus reverses this expected result with his powerful word, “get up”. By raising the dead to life again, he eliminates the very cause of legal contamination and, therefore, its unwanted effects. Jesus elsewhere raises the daughter of Jairus (Lk 8: 40-56) and Lazarus (Jn 11, 17-27) as signs of the arrival of the Messiah (Lk 7:22, CEC 994)

 

Finally, Jesus is hailed as a prophet; moreover, as “a great prophet” (v.16): according to Luke, this title has a peculiar burden of meaning. Jesus is a prophet not only for what he “says”, and he has manifested it since the first great speech delivered in the synagogue of Nazareth (4, 14ff), but also for what he “does” (actions and gestures) and, above all, , by the way he behaves (feels compassion, that is, is moved on the inside sharing the suffering of that mother). In this way, Jesus manifests himself as a prophet in the fullest sense of the term: not only because he carries the Word of revelation on God’s part, but also because he completely takes the side of men.
If we are disciples of Jesus we must offer all our talents and gifts to help others, acting with compassion for others so that our words and actions lift them from the culture of death in which we live.

Do your words and actions inspire others to be disciples of Christ?

 

In Christ,

Fr. Enrique Garcia

Martes XXIV del Tiempo Ordinario

1 Cor 12, 12-14. 27-31

Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.

Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan? Aspiren a los dones de Dios más excelentes.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. A las personas que envíen sus respuestas en este mes de septiembre dedicado a la Biblia, les enviaré una Biblia Gratis. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Tras haber tratado sobre los sacramentos del bautismo y de la eucaristía como acontecimientos centrales en la vida de los primeros cristianos de Corinto, Pablo dedica tres capítulos de esta carta suya a la problemática de las relaciones entre los carismas y los ministerios en el interior de la misma comunidad.

Al comienzo del capítulo 12, Pablo afirma que la autenticidad de los carismas depende de la pureza de la profesión de fe: “Nadie que hable movido por el Espíritu de Dios puede decir: ‘Maldito sea Jesús’. Como tampoco nadie puede decir: ‘Jesús es Señor’, si no está movido por el Espíritu Santo” (v.3). Hoy nos presenta que existe, por tanto, una pluralidad de carismas, pero su fuente es una sola: la divina Trinidad (vv. 4-6). Es decir, todos los dones y talentos que tenemos son un regalo de Dios, TODO le pertenece a Dios.

Inmediatamente después, afirma el apóstol que la manifestación del Espíritu Santo a través de los diversos carismas ha sido dada a cada uno para la utilidad común, o sea, para el bien de toda la comunidad. En este punto se inserta el discurso más exquisitamente teológico: Pablo quiere hacer comprender que los dones que recibimos y los servicios que estamos llamados a prestar tienen su fundamento en la gracia que recibimos por medio de los sacramentos, en virtud de los cuales formamos un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Todos, en efecto, “hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo” y “todos hemos bebido también del mismo Espíritu” para formar un solo cuerpo (v.13).

La unidad no suprime la diversidad de los miembros, de los dones y de los ministerios; al contrario, la garantiza y la exalta reconduciéndola a su fuente divina (dicho con mayor precisión, trinitaria) y la orienta a su destino comunitario (dicho de modo más exacto, eclesial). Por eso unidos al salmista debemos aclamar: “Sirvamos al Señor con alegría.” (Salmo 99, 3c)

 

¿Pones todos dones y talentos que Dios te ha dado al servicio de los demás para construir su Reino?

Con los dones, tiempo, bienes y todo lo que tienes ¿qué has hecho por los demás?

Después de que te vayas de esta vida ¿cómo crees que los demás te recuerden, es decir, qué hiciste por la humanidad?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #121 

 

Fraile franciscano, Patrón de los estudiantes. Nuestro santo se celebra el 18 de septiembre y nació el 17 de junio de 1603 en el pequeño pueblo italiano llamado Copertino (Lecce). Sus padres eran muy pobres.

A los 17 años pidió ser admitido a la orden franciscana pero no fue aceptado. Pidió que lo recibieran en los capuchinos y fue aceptado como hermano lego, pero después de ocho meses fue expulsado porque era en extremo distraído. Dejaba caer los platos cuando los llevaba para el comedor. Se le olvidaban los oficios que le habían asignado. Parecía que estaba siempre pensando en otras cosas. Por no cumplir bien con sus deberes tuvo que dejar el convento.

Al verse desechado, José buscó refugio en casa de un familiar suyo que era rico, quien declaró que este joven “no era bueno para nada”, y lo echó a la calle. La mamá le rogó insistentemente a un pariente que era franciscano, para que le recibieran al muchacho como mandadero en el convento de los frailes.

Conversión
Sucedió entonces, que en nuestro santo se obró un cambio que nadie había imaginado. Lo recibieron los frailes como obrero y lo pusieron a trabajar en el establo y empezó a desempeñarse con notable destreza en todos los oficios que le encomendaban. Pronto con su humildad y su amabilidad, con su espíritu de penitencia y su amor por la oración, se fue ganando la estimación y el aprecio de los religiosos, y en 1625, por votación unánime de todos los frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano.

Dificultad en los estudios
Lo pusieron a estudiar para prepararse al sacerdocio, pero le sucedía que cuando iba a presentar exámenes se trababa todo y no era capaz de responder. Llegó uno de los exámenes finales y el pobre Fray José la única frase del evangelio que era capaz de explicar completamente bien era aquella que dice: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”. Estaba asustadísimo, pero al empezar el examen, el jefe de los examinadores dijo: “Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, esa será la que tiene que explicar”. Y salió precisamente la única frase que se sabía perfectamente: “Bendito sea el fruto de tu vientre”.

Llegó al fin el examen definitivo en el cual se decidía quiénes serían ordenados. Y los primeros diez que examinó el obispo respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo suspendió el examen diciendo: “¿Para qué seguir examinando a los demás si todos se encuentran tan formidablemente preparados?”. Nuestro santo, que era el próximo en turno y estaba atemorizado, se libró de tener que pasar el examen.

Es por eso que nuestro santo es el patrón de los estudiantes, especialmente de los que, como él,  encuentran dificultades en sus estudios. El santo se complace en ayudarles.

Sacerdote de oración y penitencia
Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1628 y se dedicó a tratar de ganar almas por medio de la oración y de la penitencia. Sabía que no tenía cualidades especiales para predicar ni para enseñar, pero entonces suplía estas deficiencias ofreciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los pecadores. Jamás comía carne ni bebía ninguna clase de licor. Ayunaba a pan y agua muchos días. Se dedicaba con gran esfuerzo, consagrado a los trabajos manuales del convento (que era para lo único que se sentía capacitado).

Éxtasis y milagros
Sus éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales eran tan frecuentes que no se conocen en semejante cantidad en ningún otro santo.

Levitación: Nuestro santo tuvo numerosísimas levitaciones, es decir volaba por los aires. Un domingo, fiesta del Buen Pastor, se encontró un corderito, lo echó al hombro, y al pensar en Jesús Buen Pastor, se fue elevando por los aires.  Quedaba en éxtasis con mucha frecuencia durante la santa Misa, o cuando  rezaba los Salmos. Lo observaron 70 veces en éxtasis. El más famoso sucedió cuando diez obreros deseaban llevar una pesada cruz a una alta montaña y no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con la cruz y la llevó hasta la cima del monte.

Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por un campo, se ponía a rezar y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor y escuchaban muy atentas sus oraciones. Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de su cabeza y lo acompañaban por cuadras y cuadras.

El día de la Asunción de la Virgen en el año 1663, un mes antes de su muerte, celebró su última misa. Y estando celebrando quedó suspendido por los aires como si estuviera con el mismo Dios en el cielo. Muchos testigos presenciaron este suceso.

Muchos enemigos empezaron a decir que todo esto eran meros inventos y lo acusaban de engañador. Fue enviado al Superior General de los Franciscanos en Roma y este al darse cuenta que era tan piadoso y tan humilde, reconoció que no estaba fingiendo nada. Lo llevaron luego donde el Sumo Pontífice Urbano VIII el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los éxtasis y de las levitaciones del frailecito. Y estando hablando con el Papa, quedó José en éxtasis y se fue elevando por el aire.

También tenía el don de leer los Corazones, era buen confesor y cuando un alma se acercaba a confesarse él se podía dar cuenta de lo que a esta alma le atormentaba.

El don de Bilocación, (estar en dos lugares al mismo tiempo). Cuando su madre estaba muriendo en el pequeño pueblo de Copertino, José se encontraba en Asís y percibió la necesidad de su madre. Una gran luz entró por el cuarto de la señora, era su hijo que había llegado. Su madre al verlo exclamó !oh Padre José, oh mi hijo!, y murió instantáneamente. Multiplicaba panes, miel, vino, y cualquier comida que se le ponía en frente.

El don de Sanación Le recobró la vista aun ciego al ponerle su capa sobre la cabeza. Los mancos y cojos eran sanados al besar ellos el crucifijo que él ponía delante de ellos. Hubo una plaga de fiebre muy alta y los enfermos eran curados al hacerle la señal de la Cruz sobre su frente, bajándole la fiebre hasta la temperatura normal. Con la señal de la cruz, resucitaba muertos.

Tuvo el don de profecía, predijo el día y la hora de la muerte de los Papas Urbano VIII e Inocencio X.  Predijo el ascenso al trono de Juan Casimir.

Tuvo también el don de tocar corazones hacia la conversión. El Padre José nunca aceptó ningún mérito por sus milagros, siempre se los acreditaba a su Madre María, a la cual siempre tuvo una gran devoción.

El Papa Benedicto XIV que era rigurosísimo al aceptar milagros, estudió cuidadosamente la vida de nuestro santo y declaró: “todos estos hechos no se pueden explicar sin una intervención muy especial de Dios”.

La humildad del Padre José era constantemente probada. Un día un hombre arrogante le dijo: “Impío, hipócrita, no por ti, pero por el hábito de religioso que llevas tengo que respetarte. Yo creería en todo lo que haces si con la señal de la cruz sobre mi yaga me sanas”. Él contestó: “Todo lo que has dicho de mi es completamente cierto y haciendo la señal de la Cruz sobre las llagas quedaron sanadas totalmente.

Él sufrió meses de aridez y sequedad espiritual (como Jesús en Getsemaní) pero después a base de mucha oración y de continua meditación, retornaba otra vez a la paz de su alma. A los que le consultaban problemas espirituales les daba siempre un remedio: “Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que le pide recibe”.

Murió el 18 de septiembre de 1663 a la edad de 60 años. Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV, y canonizado en el 1767 por Clemente XIII.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

Martes XXIV del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas  7, 11-17

En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.

Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Acercándose al ataúd, lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: “Joven, yo te lo mando: Levántate”. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.

Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”.

La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. A las personas que envíen sus respuestas en este mes de septiembre dedicado a la Biblia, les enviaré una Biblia Gratis. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Este fragmento del Evangelio que escuchamos hoy es exclusivo de Lucas, y por eso podemos analizarlo con la intención de recoger algunas características típicas del tercer evangelista. Es una tarea que no resultará difícil. El milagro sucede en Naím, una pequeña villa de Galilea cerca diez kilómetros al sureste de Nazaret. No se menciona en otra parte de la biblia.

 

Los exégetas señalan que a Lucas le gusta relacionar a Jesús con el profeta Elías (cf. 1Re 17, 10-24) y también con el profeta Eliseo (2 Re 4, 18-37): en ambos casos se narra la resurrección de dos hijos únicos de madres viudas. Sabemos asimismo que Lucas presta una atención particular a las mujeres, tanto en el tercer evangelio como en los Hechos. También aquí la figura de la madre viuda que ha perdido a su único hijo produce un impacto en Jesús, el cual “al verla, se compadeció de ella y le dijo: No llores” (v.13). Jesús tiene una atención especial en favor de los débiles y de los marginados, y está fuera de toda duda que la mujer, en aquella sociedad, pertenecía a esta categoría de personas porque su sustento dependerá de la caridad de otros en Israel (Deut 26, 12). San Ambrosio dijo que la viuda significa la Iglesia Madre, llorando por aquellos que están muertos en el pecado y son llevados más a través de la seguridad de sus puertas. Las multitudes que miran alabarán al Señor cuando los pecadores resuciten de entre los muertos y sean restituidos a su madre.

 

Jesús tocó el féretro, este fue un gesto impactante. Aunque la Ley Mosaica advierte que el contacto con los muertos deja a los israelitas sucios durante toda una semana (Núm 19, 11-19), Jesús revierte este resultado esperado con su poderosa palabra, levántate. Al resucitar a los muertos, él elimina la causa misma de la contaminación legal y, por lo tanto, sus efectos no deseados. Jesús en otra parte resucita a la hija de Jairo (Lc 8: 40-56) y a Lázaro (Jn 11, 17-27) como signos de la llegada del Mesías (Lc 7:22; CEC 994)

 

Por último, Jesús es aclamado como profeta; más aún, como “un gran profeta” (v.16): según Lucas, este título tiene una peculiar carga de significado. Jesús es profeta no sólo por lo que “dice”, y lo ha manifestado desde el primer gran discurso pronunciado en la sinagoga de Nazaret (4, 14ss), sino también por lo que “hace” (acciones y gestos) y, sobre todo, por el modo como se comporta (siente compasión, o sea, se conmueve por dentro compartiendo el sufrimiento de aquella madre). De este modo se manifiesta Jesús como un profeta en el sentido más cabal del término: no sólo porque lleva la Palabra de la revelación de parte de Dios, sino también porque se pone completamente de parte de los hombres.

 

Si somos discípulos de Jesús debemos poner todos nuestros talentos y dones para ayudar a los demás, actuando con compasión con los demás para que nuestras palabras y acciones los levanten de la cultura de la muerte en que vivimos.

¿Tus palabras y acciones inspiran a otros a ser discípulos de Cristo?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #121 

Fraile franciscano, Patrón de los estudiantes. Nuestro santo se celebra el 18 de septiembre y nació el 17 de junio de 1603 en el pequeño pueblo italiano llamado Copertino (Lecce). Sus padres eran muy pobres.

A los 17 años pidió ser admitido a la orden franciscana pero no fue aceptado. Pidió que lo recibieran en los capuchinos y fue aceptado como hermano lego, pero después de ocho meses fue expulsado porque era en extremo distraído. Dejaba caer los platos cuando los llevaba para el comedor. Se le olvidaban los oficios que le habían asignado. Parecía que estaba siempre pensando en otras cosas. Por no cumplir bien con sus deberes tuvo que dejar el convento.

Al verse desechado, José buscó refugio en casa de un familiar suyo que era rico, quien declaró que este joven “no era bueno para nada”, y lo echó a la calle. La mamá le rogó insistentemente a un pariente que era franciscano, para que le recibieran al muchacho como mandadero en el convento de los frailes.

Conversión
Sucedió entonces, que en nuestro santo se obró un cambio que nadie había imaginado. Lo recibieron los frailes como obrero y lo pusieron a trabajar en el establo y empezó a desempeñarse con notable destreza en todos los oficios que le encomendaban. Pronto con su humildad y su amabilidad, con su espíritu de penitencia y su amor por la oración, se fue ganando la estimación y el aprecio de los religiosos, y en 1625, por votación unánime de todos los frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano.

Dificultad en los estudios
Lo pusieron a estudiar para prepararse al sacerdocio, pero le sucedía que cuando iba a presentar exámenes se trababa todo y no era capaz de responder. Llegó uno de los exámenes finales y el pobre Fray José la única frase del evangelio que era capaz de explicar completamente bien era aquella que dice: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”. Estaba asustadísimo, pero al empezar el examen, el jefe de los examinadores dijo: “Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, esa será la que tiene que explicar”. Y salió precisamente la única frase que se sabía perfectamente: “Bendito sea el fruto de tu vientre”.

Llegó al fin el examen definitivo en el cual se decidía quiénes serían ordenados. Y los primeros diez que examinó el obispo respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo suspendió el examen diciendo: “¿Para qué seguir examinando a los demás si todos se encuentran tan formidablemente preparados?”. Nuestro santo, que era el próximo en turno y estaba atemorizado, se libró de tener que pasar el examen.

Es por eso que nuestro santo es el patrón de los estudiantes, especialmente de los que, como él,  encuentran dificultades en sus estudios. El santo se complace en ayudarles.

Sacerdote de oración y penitencia
Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1628 y se dedicó a tratar de ganar almas por medio de la oración y de la penitencia. Sabía que no tenía cualidades especiales para predicar ni para enseñar, pero entonces suplía estas deficiencias ofreciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los pecadores. Jamás comía carne ni bebía ninguna clase de licor. Ayunaba a pan y agua muchos días. Se dedicaba con gran esfuerzo, consagrado a los trabajos manuales del convento (que era para lo único que se sentía capacitado).

Éxtasis y milagros
Sus éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales eran tan frecuentes que no se conocen en semejante cantidad en ningún otro santo.

Levitación: Nuestro santo tuvo numerosísimas levitaciones, es decir volaba por los aires. Un domingo, fiesta del Buen Pastor, se encontró un corderito, lo echó al hombro, y al pensar en Jesús Buen Pastor, se fue elevando por los aires.  Quedaba en éxtasis con mucha frecuencia durante la santa Misa, o cuando  rezaba los Salmos. Lo observaron 70 veces en éxtasis. El más famoso sucedió cuando diez obreros deseaban llevar una pesada cruz a una alta montaña y no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con la cruz y la llevó hasta la cima del monte.

Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por un campo, se ponía a rezar y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor y escuchaban muy atentas sus oraciones. Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de su cabeza y lo acompañaban por cuadras y cuadras.

El día de la Asunción de la Virgen en el año 1663, un mes antes de su muerte, celebró su última misa. Y estando celebrando quedó suspendido por los aires como si estuviera con el mismo Dios en el cielo. Muchos testigos presenciaron este suceso.

Muchos enemigos empezaron a decir que todo esto eran meros inventos y lo acusaban de engañador. Fue enviado al Superior General de los Franciscanos en Roma y este al darse cuenta que era tan piadoso y tan humilde, reconoció que no estaba fingiendo nada. Lo llevaron luego donde el Sumo Pontífice Urbano VIII el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los éxtasis y de las levitaciones del frailecito. Y estando hablando con el Papa, quedó José en éxtasis y se fue elevando por el aire.

También tenía el don de leer los Corazones, era buen confesor y cuando un alma se acercaba a confesarse él se podía dar cuenta de lo que a esta alma le atormentaba.

El don de Bilocación, (estar en dos lugares al mismo tiempo). Cuando su madre estaba muriendo en el pequeño pueblo de Copertino, José se encontraba en Asís y percibió la necesidad de su madre. Una gran luz entró por el cuarto de la señora, era su hijo que había llegado. Su madre al verlo exclamó !oh Padre José, oh mi hijo!, y murió instantáneamente. Multiplicaba panes, miel, vino, y cualquier comida que se le ponía en frente.

El don de Sanación Le recobró la vista aun ciego al ponerle su capa sobre la cabeza. Los mancos y cojos eran sanados al besar ellos el crucifijo que él ponía delante de ellos. Hubo una plaga de fiebre muy alta y los enfermos eran curados al hacerle la señal de la Cruz sobre su frente, bajándole la fiebre hasta la temperatura normal. Con la señal de la cruz, resucitaba muertos.

Tuvo el don de profecía, predijo el día y la hora de la muerte de los Papas Urbano VIII e Inocencio X.  Predijo el ascenso al trono de Juan Casimir.

Tuvo también el don de tocar corazones hacia la conversión. El Padre José nunca aceptó ningún mérito por sus milagros, siempre se los acreditaba a su Madre María, a la cual siempre tuvo una gran devoción.

El Papa Benedicto XIV que era rigurosísimo al aceptar milagros, estudió cuidadosamente la vida de nuestro santo y declaró: “todos estos hechos no se pueden explicar sin una intervención muy especial de Dios”.

La humildad del Padre José era constantemente probada. Un día un hombre arrogante le dijo: “Impío, hipócrita, no por ti, pero por el hábito de religioso que llevas tengo que respetarte. Yo creería en todo lo que haces si con la señal de la cruz sobre mi yaga me sanas”. Él contestó: “Todo lo que has dicho de mi es completamente cierto y haciendo la señal de la Cruz sobre las llagas quedaron sanadas totalmente.

Él sufrió meses de aridez y sequedad espiritual (como Jesús en Getsemaní) pero después a base de mucha oración y de continua meditación, retornaba otra vez a la paz de su alma. A los que le consultaban problemas espirituales les daba siempre un remedio: “Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que le pide recibe”.

Murió el 18 de septiembre de 1663 a la edad de 60 años. Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV, y canonizado en el 1767 por Clemente XIII.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

 

 

Lunes XXIV del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos.

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.

 

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Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre, cada día publicaré la vida de un santo y deberás de enviar tus respuestas del mes correspondiente al correo electrónico penriquegarcia@gmail.com del 1º  al 5 de cada mes.  Los resultados se publicaran el día 10 de cada mes.  ¿Aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos? Para el mes de septiembre la trivia de la vida de los santos del #104 al #133. A las personas que envíen sus respuestas en este mes de septiembre dedicado a la Biblia, les enviaré una Biblia Gratis. ¡ESPERO SUS RESPUESTAS!

 

Hoy san Pablo en la primera carta a los corintios (1 Cor 11, 17-26) nos dice claramente que la institución de la eucaristía es una enseñanza recibida de la tradición apostólica que se remonta a Jesús (v. 23), y Pablo tiene el deber de transmitirla a las distintas comunidades. Sobre el valor histórico de estos dos verbos (“recibir” – “transmitir”) meditaremos más adelante; aquí vamos a considerar el valor que, según Pablo, tiene la celebración eucarística para la vida de la comunidad cristiana de Corinto.

La eucaristía es, en primer lugar una llamada, una vocación divina: no puede ni debe ser reducida a una mera convergencia de diferentes sujetos, aunque sea con intenciones respetables y dignas de alabanza. Al contrario, cada vez que la comunidad se reúne para celebrar la eucaristía, obedece a una invitación- mandato del Señor Jesús. Dicho aún con mayor precisión, la eucaristía es un hacer memoria del Señor muerto y resucitado: no puede ni debe ser alterada su fuerza sobrenatural, que nos pone en comunión personal con aquel de quien hacemos memoria.

 

La fórmula “Haced esto en memoria mía” (vv. 24ss), que Pablo comparte con Lucas (22,19), no deja lugar a ninguna duda. Los exégetas señalan que Jesús no pretende dejar aquí a sus discípulos un testamento cualquiera, sino un auténtico memorial (según la terminología técnica hebrea: zikkarôn).

 

Hoy, con una terminología exquisitamente más teológica, diríamos “memoria eficaz y actualizadora”, capaz de producir lo que significa. La eucaristía es también comer la cena del Señor: no puede ni debe ser alterada esta dimensión convival de la eucaristía. Éste es el signo elegido por Jesús, un signo que la tradición apostólica respeta de manera escrupulosa; a falta de este signo, no tendríamos el futuro de la presencia sacramental de Jesús y de la eficacia salvífica de su muerte y resurrección.

 

Pablo confía a sus comunidades un precioso bien testamentario mediante dos verbos técnico-teológicos (“recibir” –“transmitir”: cf. asimismo 1ª  Cor 15, 3). Nos preguntamos qué puede enseñarnos este binomio, sobre todo en vistas a nuestro modo de ser una comunidad eucarística.

 

En primer lugar, aparece aquí la autoconciencia apostólica de Pablo, un rasgo -decíamos también- autobiográfico, aunque en el sentido más elevado del término. En efecto, el apóstol no quiere darse a conocer por sus características personales, sino por su misión, una misión a la que no puede sustraerse. Un elemento esencial e irrenunciable de tal misión apostólica es precisamente la transmisión de la memoria de lo que Jesús dijo e hizo la víspera de su pasión. En segundo lugar, se percibe la centralidad de la eucaristía en el tesoro de las verdades que los apóstoles están obligados a transmitir (por ejemplo, como en 1ª  Cor 15, 3, la verdad histórico -salvífica del acontecimiento de la resurrección de Jesús).

 

Es como decir que la comunidad cristiana -y dentro de ella todo verdadero discípulo de Jesús- no puede vivir y mucho menos atestiguar su propia fe si no tiene en el centro de su vida la eucaristía, considerada precisamente como memoria actualizadora del misterio pascual y, por ello, capaz de producir también en nosotros la gracia del misterio que significa. En tercer lugar, se percibe de manera concreta la verdad del dicho: “La eucaristía hace la Iglesia”. Sería demasiado poco considerar y afirmar que la Iglesia “hace”, es decir, celebra la eucaristía: sería reductor y unilateral. Es preciso que nos remontemos más arriba, al acontecimiento de la pascua de Jesús, del que la eucaristía es “memoria” fiel y actualizadora.

 

¿De verdad la Eucaristía es el centro de tu vida? Si dices que la Eucaristía es lo más importante y comes tres veces al día o diario tus alimentos, ¿Cuántas veces a la semana vas a Misa y comulgas en gracia?

 

En el Evangelio del día de hoy,  el relato de la curación que Lucas nos refiere en este fragmento se concentra más en la fe que obtiene el milagro que en el milagro mismo. La figura del centurión pagano asume de este modo un valor emblemático: no hay duda de que Lucas desea entregarnos un modelo tomado precisamente del mundo pagano.

 

La fe del centurión se compone de humildad y de confianza: ambas actitudes lo hacen no sólo abierto al don que va a recibir, sino también a la comunidad de los discípulos de Jesús, a la que pueden pertenecer personas de diferente extracción sociológica. Hay un detalle que nos sorprende y que tiene una gran actualidad. Mientras los ancianos judíos recomiendan el centurión a Jesús en virtud de algunos favores que les había hecho (“Merece que se lo concedas”: v.4), el centurión envía a decir a Jesús: “Señor, no te molestes. Yo no soy digno de que entres en mi casa” (v.6). Está claro que para Jesús son más eficaces estas palabras, marcadas por una humildad grande y sincera, que las otras -demasiado interesadas- con las que los ancianos le formulan su recomendación.

Señalemos, por último, que, como Mateo, también Lucas considera este hecho un preludio de la llegada de los paganos a la Iglesia: el asunto le interesa aún más porque él y sólo él sentirá la necesidad de dedicar la segunda parte de su obra, los Hechos de los Apóstoles, a este gran acontecimiento. Se entrevé así el tema de la apertura universalista de la salvación traída por Jesús.

 

¿Tú fe es tan grande como la del centurión que te preocupas por la salud física y espiritual de los que están a tu alrededor? Si es así, ¿Qué haces para que ellos estén bien, se acerquen y conozcan a Jesús el médico de cuerpos y almas?

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #120 Beato Mexicano 

 

El santo de la trivia del día de hoy es un beato, es decir, su proceso de canonización aún no ha terminado para que sea venerado por toda la Iglesia universal. Nació en México en 1580 y murió quemado en Omura, Japón, en 1632. Ingresó a la Orden agustina. Con Fray Pedro Solís, viajó en 1605 a Manila y misionó en Japón entre 1618 y 1620. Escribió una narración sobre los mártires de Japón en 1622.

Aunque fue expulsado, regresó a Japón en 1628, hasta que el rey Takanaga mandó apresarlo y quemarlo el 30 de septiembre de 1632 junto con otros misioneros.

Fue beatificado por el Papa Pío IX el 22 de mayo de 1867.

 

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En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

DOMINGO XXIV. Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Evangelio según san Marcos: 8, 27-35

 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los pobla­dos de Cesárea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que al­guno de los profetas”. Entonces él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus dis­cípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”. Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perde­rá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

 

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El evangelio de este domingo corresponde exactamente a la parte central del Evangelio de Marcos, y lo de “central” aplica en todos los sentidos: extensión y en la dinámica existencial del discipulado. En efecto, los discípulos han hecho ya un significativo recorrido con su Maestro: le han escuchado predicar el Reino de Dios, le han visto hacer señales prodigiosas, que son indicadoras de la llegada efectiva de dicho Reino, le han acompañado en sus disputas y discusiones con los escribas y fariseos, se han recostado con Él- y con toda la multitud que Él suele invitar- para comer, le han asistido en las reuniones multitudinarias y han captado la fascinación de la gente por su enigmática personalidad.

 

Jesús los invita a tomar una postura diferente de la de la “gente” ante Él, los cuestiona personalmente, “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”, los lleva al  diálogo en el que ellos se encuentran comprometidos y han de asumir la responsabilidad de lo que dicen. Provoca en ellos una auténtica profesión de fe: “Tú eres el Mesías”.

 

Ese momento en el camino de la fe debe alcanzarnos a todos: Seguir a Jesús a lo largo de nuestra vida, tener un dialogo personal: “¿Quién es Jesús para mí?” No qué dice la gente, qué piensan los demás, sino qué pienso yo. Es la invitación personal y comprometedora. Y aquí no caben las respuestas del catecismo, aprendidas y a veces superficiales que no transforman nuestra vida. ¿Jesús es realmente mi Señor? ¿Él rige, como tal, mis decisiones y mis actos? ¿Es el dueño de mi persona y de mis cosas, de mi tiempo y de mis gustos? ¿Es el criterio último y definitivo de mis decisiones éticas?

 

No pensemos demasiado rápidamente que tenemos una respuesta clara a esta pregunta. Es muy posible que la mayoría de nosotros vea a Jesús como un gran personaje de la historia, como “alguno de los profetas”, pero Cristo quiere más. Para saber quién es Jesús para cada quien basta con hacer un breve análisis de nuestra manera de vivir. Si no hemos llegado aún al “absurdo” de amar a nuestros enemigos, de devolverles un bien por cada mal que nos hagan, de ofrecerles la otra mejilla cuando nos golpean la primera, de soltarles nuestros bienes por los que nos entablan querella, podemos estar seguros de una cosa: Cristo no es el Señor para nosotros, no es nuestro Dios ni nuestro guía y nuestro cristianismo es una careta que nos ponemos y lo hemos convertido en una farsa.

 

Nuestra vida religiosa nos debe llevar de  conocer íntimamente al Señor, en el sentido fuerte que el término “conocer” tiene en la Biblia: honda experiencia que desborda lo meramente intelectual para transformar la totalidad de la existencia misma, tener una  experiencia de intimidad con Cristo que nos lleve a: vivir nuestra vida como Él la vivió, ver al mundo como Él lo ve y amar a los demás como los ama Él.

 

“…Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie…” Pedro toma la palabra y responde por todos, por los discípulos de entonces, y por los de hoy. Y parece que su respuesta es correcta. Jesús es el Mesías, el esperado de todos los tiempos, el prometido por los profetas, aquél por quien ardían los corazones de los israelitas cada vez que celebraban la Pascua, con los ojos puestos en esa pascua futura en la que el Enviado del Señor los haría pasar de manera definitiva de las esclavitudes de la vida presente a la libertad plena prometida por Yahvé a los justos. Para Pedro, todo ese pasado de espera y de humilde sufrimiento con la confianza puesta en la acción futura de Dios, cobra ahora sentido en la persona de Jesús de Nazaret; Él da sentido a nuestro pasado. Jesús no será el Mesías tal y como se lo han imaginado los judíos: el vengador nacionalista que terminará por vencer a los enemigos de Israel y por instaurar, a punta de espada, el Reino de Dios. Por ello, les ordena que guarden silencio. Todavía tienen los discípulos que hacer aprendizaje del tipo de mesianismo que Jesús está dispuesto a encarnar, el mesianismo incomprensible y repugnante de la cruz, del sufrimiento por amor, de la entrega por la salvación de los enemigos. Por eso,

 

“…se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día…” Esta expresión “era necesario” tiene valor teológico en el evangelio de Marcos; hace alusión a la voluntad de Dios, único motor que rige la historia de la salvación y la vida de Jesús, su mesías. Por difícil que resulte para los seguidores del Maestro, el sufrimiento va apareciendo con toda claridad en el horizonte de su vida y ellos no pueden comprender por qué tiene que ser así. La misma perplejidad del primer grupo de seguidores de Cristo es nuestra hoy: ¿Cómo puede el amor fracasado salvar al mundo? Porque la fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad, y, su sabiduría, en la necedad.

 

“…Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo…” Pedro ha perdido piso, ya no puede seguir a su Señor; la perspectiva del sufrimiento ha cegado su visión y nublado su entendimiento. Está confundido, enojado. Todo parece indicar que el Maestro ha empezado a perder el juicio y alguien tiene que hacerle entrar en razón. Para eso está él allí, para aclararle al Maestro cómo deben ser las cosas. ¡Ay, cómo me parezco a Pedro! ¡Yo  muchas veces me identifico con Pedro y toda mi vida he intentado hacer que Jesús camine por mis tortuosos senderos, en vez de decidirme de una vez a irme yo por el suyo! Es la perspectiva del sufrimiento lo que parece insoportable a Pedro. Jesús no viene a explicar el sufrimiento, sino a revelar que todo sufrimiento puede convertirse en ofrenda, en fuente de vida, y que ni siquiera la muerte física puede poner freno al plan de Dios. ¿Entiendo que a través de las pruebas, caídas y sufrimiento Dios está más cerca de mí y yo le puedo ofrecer lo mejor de mí?

 

“…Jesús se volvió, y mirando a sus dis­cípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”… En el texto original griego lo que Jesús ordena a Pedro es: “ponte detrás de mí” (“hypague opiso mou”). Ese es para siempre tu lugar, Pedro, por más que te encante llevar la delantera a todos, incluyendo al Maestro: detrás, y no delante. Porque delante, sólo puedes ser un estorbo (“Satanás”, significa aquí precisamente eso: estorbo, tropiezo). Ser discípulo significa ir siempre detrás del Maestro, aun cuando el camino parezca cada vez más difícil y el Maestro cada vez más “equivocado”. Él traza el rumbo, no nosotros. Aquí se requiere la obediencia, en el más duro sentido de “negación de la propia razón”, en el abandono de la propia voluntad para dejarse mover por la voluntad del Señor. A veces nos convertimos en estorbos de Dios y hasta le queremos dar órdenes de lo que tiene que hacer, un ejemplo es cuando oramos a veces no pedimos sino exigimos, no dejamos que haga su voluntad sino la nuestra. En mi experiencia como sacerdote de casi 18 años he conocido mucha gente en la Iglesia que se siente a veces más que Cristo, Él vino a servir y ellos ni siquiera se acomiden a hacer las cosas o a ayudar, Jesús nos habla de ocupar los últimos puestos y ellos buscan cargos, títulos, o sentirse los primeros y que los admiren y vean todos los demás.

 

¿Buscas seguir a Jesús o eres un estorbo en su misión?

 

Ciertamente, seguir a Jesús en el camino de la pasión es confesar la fe en Jesús como Mesías.

 

“…Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perde­rá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”…” Y esta es siempre una oferta de libertad: “el que quiera”. Jesús no obliga a nadie. Si alguien quiere estar verdaderamente con Él, que tome la cruz  y que no lo pierda como centro de su propia vida, no privarse nunca de su palabra (la única que es “de vida eterna”) y de su amor, único refugio verdadero ante las angustias más variadas de la existencia humana, deberá, pues, seguirlo por este camino. Para ello será necesario hacer tres cosas: negarse a uno mismo, cargar con la propia cruz, y seguirle a él.

 

El primer paso, en realidad, es el más difícil; los otros dos, son mera consecuencia. Negarse a uno mismo implica una lucha abierta contra el propio ego, único verdadero obstáculo para el crecimiento espiritual. Lo que nos impide vivir las elevadas exigencias de la caridad es el ego, acostumbrado a servirse de los otros, más que a servirlos, a hacer prevalecer sus intereses a toda costa, a evitar cualquier incomodidad o sufrimiento, por pequeños que sean. El ego es el ídolo que se yergue en el altar de nuestro corazón desplazando a Dios, el ego desfigura el rostro del hermano y nos hace verlo como rival; el ego es avaricioso insaciable, por lo que rechaza con violencia las invitaciones de Cristo a la renuncia, a la comunión de vida y de bienes, a la solidaridad. Por un lado, es cierto que el ego es invencible a nuestras solas fuerzas, y que requerimos de la gracia en esta batalla; pero, por otro lado, de todos modos el Señor quiere que empeñemos toda nuestra energía en derrotar al ídolo, aunque sea él quien le dé realmente el tiro de gracia.

 

¿Estás dispuesto a negarte a ti mismo, cargar con tu propia cruz, y a seguir a Cristo en su pasión hasta la muerte para que puedas resucitar

 

Reto Trivia Vida de los Santos del mes de septiembre. #119

El Santo de la trivia del día de hoy es el patrón de Nápoles, es famoso por el milagro que generalmente ocurre cada año desde hace siglos, el día de su fiesta, el 19 de septiembre. Su sangre, se licua ante la presencia de todos los testigos que deseen asistir.

Durante la persecución de Diocleciano, fueron detenidos en Pozzuoli, por orden del gobernador de Campania, Sosso, diácono de Miseno, Próculo, diácono de Pozzuoli, y los laicos Euticio y Acucio. El delito era haber públicamente confesado su fe.

Cuando nuestro santo tuvo noticias de que su amigo Sosso y sus compañeros habían caído en manos de los perseguidores, decidió ir a visitarlos y a darles consuelo y aliento en la prisión. Como era de esperarse, sus visitas no pasaron inadvertidas y los carceleros dieron cuenta a sus superiores de que un hombre de Benevento iba con frecuencia a hablar con los cristianos. El gobernador mandó que le aprehendieran y lo llevaran a su presencia.  El santo de la trivia del día de hoy que fue obispo, Festo, su diácono y Desiderio, un lector de su iglesia, fueron detenidos dos días más tarde y conducidos a Nola, donde se hallaba el gobernador.

Los tres soportaron con entereza los interrogatorios y las torturas a que fueron sometidos. Poco tiempo después el gobernador se trasladó a Pozzuoli y los tres confesores, cargados con pesadas cadenas, fueron forzados a caminar delante de su carro.   En Pozzuoli fueron arrojados a la misma prisión en que se hallaban sus cuatro amigos. Estos últimos habían sido echados a las fieras un día antes de la llegada de nuestro  santo de la trivia y sus dos compañeros, pero las bestias no los atacaron. Condenaron entonces a todo el grupo a ser echados a las fieras. Los siete condenados fueron conducidos a la arena del anfiteatro y, para decepción del público, las fieras hambrientas y provocadas no hicieron otra cosa que rugir mansamente, sin acercarse siquiera a sus presuntas víctimas.

El pueblo, arrastrado y cegado por las pasiones que se alimentan de la violencia, imputó a la magia la mansedumbre de las fieras ante los cristianos y a gritos pedía que los mataran. Ahí mismo los siete confesores fueron condenados a morir decapitados. La sentencia se ejecutó cerca de Pozzuoli, y en el mismo sitio fueron enterrados. Los cristianos de Nápoles obtuvieron las reliquias de nuestro santo que, en el siglo quinto, fueron trasladadas y durante las guerras de los normandos, los restos del santo fueron llevados a Benevento y, poco después, al monasterio del Monte Vergine, pero en 1497, se trasladaron con toda solemnidad a Nápoles que, desde entonces, honra y venera a nuestro santo de la trivia del día de hoy como su patrono principal.

El milagro continúa

Nadie se puede explicar el milagro que ocurre con la reliquia del santo. Se trata de un suceso maravilloso que ocurre periódicamente desde hace cuatrocientos años. La sangre del santo experimenta la licuefacción (se hace líquida). Ocurre cada año en tres ocasiones relacionadas con el santo: la traslación de los restos a Nápoles, (el sábado anterior al primer domingo de Mayo); la fiesta del santo (19 de septiembre) y el aniversario de su intervención para evitar los efectos de una erupción del Vesubio en 1631 (16 de diciembre)

El día señalado, un sacerdote expone la famosa reliquia sobre el altar, frente a la urna que contiene la cabeza del santo. La reliquia es una masa sólida de color oscuro que llena hasta la mitad un recipiente de cristal sostenido por un relicario de metal. Los fieles llenan la iglesia en esas fechas. En un lapso de tiempo que varía por lo general entre los dos minutos y una hora, el sacerdote agita el relicario, lo vuelve cabeza abajo y la masa que era negra, sólida, seca y que se adhería al fondo del frasco, se desprende y se mueve, se torna líquida y adquiere un color rojizo, a veces burbujea y siempre aumenta de volumen.  Todo ocurre a la vista de los visitantes. Algunos de ellos pueden observar el milagro a menos de un metro de distancia. Entonces el sacerdote anuncia con toda solemnidad: “¡Ha ocurrido el milagro!”, se agita un pañuelo blanco desde el altar y se canta el Te Deum. Entonces la reliquia es venerada por el clero y la congregación.

El 5 de mayo del 2008, reporteros de 20 canales de TV, entre ellos CNN estaban presentes en la catedral cuando ocurrió el milagro.

El milagro ha sido minuciosamente examinado por personas de opiniones opuestas. Se han ofrecido muchas explicaciones, pero en base a las rigurosas investigaciones, se puede afirmar que no se trata de ningún truco y que tampoco hay, hasta ahora, alguna explicación racional satisfactoria. En la actualidad ningún investigador honesto se atreve a decir que no sucede lo que de hecho ocurre a la vista de todos. Sin embargo, antes de que un milagro sea reconocido con absoluta certeza, deben agotarse todas las explicaciones naturales, y todas las interrogantes deben tener su respuesta. Por eso la Iglesia favorece la investigación.

Bibliografía

1-Acta Sanctorum, sept. vol. VI
2- Butler, Vida de los Santos

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde