Memoria de Nuestra Señora María Reina. 22 de Agosto de 2019

Mateo 22:1-14

Jesús de nuevo habló con los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo en parábolas
diciendo, “El Reino de los Cielos es semejante a un rey
que celebraba el banquete de bodas para su hijo.
Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la fiesta,
pero se negaron a venir.
Una segunda ves envió otros siervos, diciendo,
Dile a los invitados: “He aquí, he preparado mi banquete,
y matado a mis terneros y ganado en engorda,
y todo está listo; vengan a la fiesta. “‘
Algunos ignoraron la invitación y se fueron,
uno a su campo, otro a su negocio.
El resto se asió de sus siervos,
los maltrataron y los mataron.
El rey se enfureció y mandó a sus tropas,
destruyó a aquellos asesinos, y quemó su ciudad.

Luego el rey dijo a sus siervos, “El banquete está listo,
pero los que fueron invitados no eran dignos de venir.
Vayan, por lo tanto, a las carreteras principales
e inviten a la fiesta quien quiera que encuentren’.
Los siervos salieron a las calles
y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos,
y la sala se llenó de invitados.
Pero cuando el rey entró a conocer a los invitados
el vio a un hombre no vestido con un traje de bodas.
Él le dijo, “Amigo mío, ¿cómo es
que viniste aquí sin traje de boda? ‘
Pero él fue reducido al silencio.
Luego el rey dijo a sus sirvientes, “Aten sus manos y pies,
y échenlo a las tinieblas de afuera,
allí será el llanto y el crujir de dientes. ”
Muchos son invitados, pero pocos los escogidos. ”

 

==================================

MariaReina-22AgostoB

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!
La primera lectura de hoy del  libro de los Jueces (11, 29-39) nos suscita sentimientos de incomodidad y de desconcierto frente a la decisión irreflexiva de Jefté. Nuevamente nos encontramos sumergidos en la experiencia de infidelidad del Pueblo de Dios y en el sufrimiento que sigue a su pecado: “Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahveh. Sirvieron a los Baales y a las Astartés, a los dioses de Aram y Sidón, a los dioses de Moab, a los de los ammonitas y de los filisteos. Abandonaron a Yahveh y ya no le servían.  Entonces se encendió la cólera de Yahveh contra Israel y los entregó en manos de los filisteos y en manos de los ammonitas.  Estos molestaron y oprimieron a los israelitas desde aquel año durante dieciocho años, a todos los israelitas que vivían en Transjordania, en el país amorreo de Galaad.”  (Ju 10, 6-8). Por eso la necesidad de un liberador por parte de Dios recae en Jefté, hijo de una prostituta, convertido en jefe de un grupo de aventureros con los que lleva a cabo sus correrías, tras haber sido  desheredado y expulsado de la casa de los suyos. A él se dirigen los ancianos de Galaad para combatir a los ammonitas. El texto señala que “El espíritu del Señor se apodero de Jefté” (11, 29) y los amonitas fueron humillados ante los israelitas (v. 33).

 

La promesa de Jefté de sacrificar una vida humana nos desconcierta, aunque se puede explicar por la contaminación de los usos del tiempo; es algo que contrasta con la prohibición de los sacrificios humanos según la Ley del Señor. Esto nos muestra el largo camino que deberá recorrer el pueblo todavía para liberarse de ciertas influencias paganas del mundo y otras culturas, que no respetan la dignidad humana ni la relación con Dios nacida de la alianza del Sinaí. El verdadero culto que Dios acepta es la obediencia a su Palabra (Ver el Salmo de hoy, 39,  8a y 9a): Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

El drama personal de Jefté, a causa de un voto inaudito contrario a la ley de Dios, agita a nuestro personaje, padre victorioso, y destruye -junto con la felicidad de la única hija- toda esperanza. El relato es un acontecimiento de revelación: muestra a dónde puede llevar el contagio con usos y costumbres que son contrarios a la dignidad de la persona. Por otra parte, conduce a purificar la idea que nos hacemos de Dios, a liberarla de visiones toscas y mortificantes, a sanar la relación con Él: el verdadero sacrificio grato a Dios, que es amor, es la escucha, dejarse educar por él, seguirle, creerle y amar al prójimo.

 

Nuestra fuerza para vencer las tentaciones, problemas y enemigos es la fidelidad de Dios, que cuida de su pueblo, generación tras generación, y nos implica a todos nosotros como colaboradores de su obra de salvación. La persona -sea quien sea- no es nunca un precio que debamos pagar para garantizarnos la consecución de un objetivo, especialmente la bondad de Dios. Hay itinerarios que constituyen un compromiso constante, personal y comunitario, bajo la acción del Espíritu. Sin embargo, hay que pasar siempre por una “puerta estrecha”: perder nuestra propia vida por Cristo y el Evangelio (cf. Lc9, 24), a fin de reencontrarnos a nosotros mismos en la verdad de la “imagen y semejanza” de Dios. El silencio contemplativo y acogedor del misterio de Dios es su espacio y lugar de acción.

 

¿Por qué tiene el hombre miedo de acoger la vida que se nos ofrece en el Hijo, Jesucristo? Es la pregunta que surge a la luz del fragmento evangélico que hemos hoy leído. Precisamente por esto, al ponernos el traje nupcial -el vestido de oro de Cristo resucitado, símbolo de novedad de vida (Metanoia, cambio de mente, corazón y vida)-,  se nos invita a salir a lo largo de los cruceros de los camino, es decir, al encuentro de los demás, a las periferias, a los marginados, a los pobres, a los necesitados; especialmente, a donde se está apagando el hombre en su dignidad y su relación con Dios. El evangelio nos invita a salir a buscar a los demás, a salir al encuentro de los demás para anunciarles el misterio pascual – a saber: al Esposo muerto y resucitado- a todas las generaciones, a fin de celebrar la vida (fiesta) con ellas.

 

María es ejemplo de salir al encuentro de los necesitados (visita a su prima Isabel, intercede en las bodas de Caná) y ella nos lleva al Esposo, JESUS, para que llene nuestra vida del mejor vino, por ello hoy la Iglesia le rinde homenaje como Reina. Desde que celebramos su asunción al cielo hace una semana, es apropiado que celebremos su reinado hoy. Su prima Isabel llamó a María, “la madre de mi Señor”. (Lucas 1,43) María es la madre de Jesús, quien es el Rey del Universo. Así, María es la Reina Madre del cielo y de la tierra. Desde la cruz, Jesús confió al discípulo amado (Juan) a María;  y a ella al discípulo amado. Juan representó a cada uno de nosotros, por lo que también podemos reclamar a María como nuestra Madre. Su papel es escuchar las peticiones de sus hijos y susurrarlos al oído de su Hijo como lo hacía Betsabé con el Rey Salomón (ver 1 Reyes 2, 16 en adelante).

 

¿Qué has hecho con la invitación que Dios te ha dado de ir al banquete de bodas y ponerte el traje de fiesta?

¿Has tomado una decisión explícita de salir al encuentro de los demás y hablarles de Jesús? ¡No esperes hasta que sea demasiado tarde!

María, reina y madre nuestra, ruega por nosotros.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Anuncios

Memoria de San Pio X, Papa. 21-Agosto-2019

Evangelio según san Mateo 20, 1-16

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

 

===================

PioX Papa-21Agosto

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Hay muchas líneas que conectan el pasaje de hoy con los de los días anteriores. La parábola de los trabajadores de la viña, que concluye con la afirmación: “Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos” (v.16ª), recuerda la frase final del evangelio de ayer: “Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros” (19, 30). Jesús le había señalado al joven rico que “uno sólo es bueno”; ahora, en 20,15, la frase final del dueño ante un obrero de la primera hora suena de este modo: “¿O es que tienes envidia porque yo soy bueno?”.

 

Esta parábola, contada de una manera vivaz, constituye una llamada dirigida no sólo al pueblo de Israel, llamado en primer lugar, para que goce de la liberalidad sorprendente que usa el Señor respecto a los “últimos” -ya sean éstos paganos, publicanos o pecadores-, sino también para cada uno de nosotros (lectores cristianos) para que nos convirtamos a los criterios de Dios, liberándonos de la mezquindad y dureza de mente y de corazón, de las comparaciones y de los fáciles refunfuños, de la cerrazón egoísta. Jesús nos invita a invertir nuestros modos de pensar y de obrar: Dios hace entrar en su Reino al pobre y no al rico, da la precedencia a los últimos y no a los primeros, dispensa gratuitamente sus dones no sobre la base de los méritos precedentemente adquiridos, sino sobre su salvación gratuita y generosa para aquellos que están abiertos en su mente y corazón para recibirlo. Ya en el libro del profeta Isaías dice Dios de manera explícita: “Mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos, oráculo del Señor. Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los vuestros, mis planes de vuestros planes” (Is 55, 8-9).

 

Si al joven rico que ha observado desde siempre la Ley le pide Jesús que dé un salto cualitativo, aquí pide a todos que se despojen de sus propias justicias basadas en cálculos exactos, para gozar de la inmensa bondad de Dios y de su gracia sobreabundante. Dios dialoga, en efecto, con el hombre en los dilatados espacios del amor, no en los estrechos límites del derecho o de la contabilidad. ¡Tú no le puedes ganar en generosidad a Dios!

 

El amor no contradice la justicia, sino que extiende sus límites: “Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en virtud de la fuerza con que actúa en nosotros, es capaz de hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos” (Ef 3,20). Nuestro Dios es un Dios de corazón grande y debe ser acogido con un corazón grande. No le pongas límites a Dios en tu vida porque si lo haces recibirás menos de lo que Dios tiene para ti; mejor abre tu mente, corazón y vida para que recibas en abundancia.

 

Hoy la iglesia celebrará la fiesta de San Pío X, un Papa recordado por sus muestras de humildad y caridad con los más necesitados, su firme deseo por mantener la sana doctrina de la Iglesia ante el error del modernismo y por aplicar importantes reformas. San Pío X escribió en su encíclica Notre Charge Apostolique:

 

“La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las convicciones erróneas por sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica para el error o el vicio en el que vemos sumidos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral, no menos que en el celo por su bienestar material. Ocho datos importantes sobre nuestro santo de hoy:

 

  1. Creó una “red espía interna” para combatir al modernismo (“síntesis de todas las herejías”), condenó 65 proposiciones que, según él, socavaban el dogma tradicional del cristianismo. “San Pío X…intervino con decisión, condenando el ‘modernismo’, para defender a los fieles de concepciones erróneas y promover una profundización científica de la Revelación en consonancia con la tradición de la Iglesia”, dijo al respecto el Papa Benedicto XVI en la Audiencia General del 18 de agosto de 2010.

 

  1. Algunos milagros ocurrieron por su intercesión durante su vida. En una audiencia, el Papa Pío X sostuvo a un muchacho paralizado. El joven se soltó de los brazos del Pontífice y comenzó a correr alegre por la habitación por haber sido sanado. En otra ocasión había una pareja que conoció cuando era obispo y que le escribió una carta pidiendo su ayuda para sanar a su hijo con meningitis. El Pontífice les escribió diciéndoles que esperaran, ayunaran y oraran. Dos días después el niño estaba curado. También, una religiosa que sufría de tuberculosis muy avanzada le pidió por su salud. La única respuesta del Papa fue “sí” mientras colocaba sus manos sobre la cabeza de la religiosa. Esa misma tarde el médico determinó que la religiosa estaba completamente curada.

 

  1. Es conocido como el “Papa de la Eucaristía”. Recomendó acercarse a menudo a los sacramentos, favoreciendo la recepción diaria de la sagrada comunión, estar bien preparados, y anticipando oportunamente la primera comunión de los niños hacia los 7 años de edad, ‘cuando el niño comienza a tener uso de razón’. En aquel tiempo los fieles comulgaban  muy rara vez. La comunión diaria o muy frecuente se consideraba como algo extraordinario y aún indebido.

 

  1. Por primera vez abrió el comedor papal a las visitas. En el siglo XIX fue todo un escándalo que el Papa Pío X decidiera dejar de cenar solo e invitara a otros a comer con él. Si bien hoy en día vemos esas actitudes en el Papa Francisco, fue Pío X quien rompió la tradición de que los Pontífices comieran solos. Muchos años antes, cuando era patriarca de Venecia, prescindió de una gran parte de la servidumbre y no toleró que nadie, fuera de sus hermanas, le preparase la comida.

 

  1. Redactó un catecismo para Italia. Se preocupó por la formación doctrinal del pueblo de Dios. Ya en sus años de párroco él mismo (Pío X) había redactado un catecismo y durante el episcopado en Mantua había trabajado a fin de que se llegara a un catecismo único, si no universal, por lo menos italiano. Fue para muchos una guía segura a la hora de aprender las verdades de la fe, por su lenguaje sencillo, claro y preciso, y por la eficacia expositiva.

 

  1. Inició la redacción del Código de Derecho Canónico. Hasta el año 1917, la Iglesia solo contaba con un conjunto disperso y sin codificar de normas jurídicas, inclusive, las compilaciones realizadas por Pío IX y León XIII eran insuficientes. Sin embargo, desde el inicio de su pontificado, Pío X se dedicó a la reorganización de la curia romana, y después, puso en marcha los trabajos de redacción del Código de Derecho Canónico, promulgado por su sucesor Benedicto XV.

 

  1. Era italiano pero sus padres eran polacos. El Papa Pío X nació el 2 de junio de 1835 en Roma (Italia), de padres que emigraron a Italia después de la ocupación de Prusia, donde se les concedió asilo político. Su padre, originario de Wielkopolska (Polonia), se llamaba Jan Krawiec, un sastre que tuvo que cambiar su nombre por el de Giovanni Battista Sarto. El apellido Sarto significa sastre en Italia, así que Giuseppe eligió el nombre porque representaba su oficio. Años más tarde, su esposa y él dieron a luz a Giuseppe Melchiorre Sarto, que ahora conocemos como Papa San Pío X.

 

  1. Abrió el Vaticano a los refugiados y sin hogar. Al igual que el Papa Francisco en el siglo XXI, el Papa San Pío X también creó un espacio para que personas necesitadas se refugiaran en el Vaticano. Tal acción ocurrió luego del terremoto ocurrido el 28 de diciembre de 1908 que afectó la ciudad de Messina, lugar donde el Papa permitió que se abriera el hospicio de Santa Marta (junto a la Basílica de San Pedro) para los refugiados y personas sin hogar.

 

 

Papa San Pío X, ruega por nosotros.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Memoria de San Bernardo, Abad y Doctor de la Iglesia. 20-Agosto-2019

Mt 19, 23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos”.

Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: “Entonces ¿quién podrá salvarse?” Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: “Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros”.

 

=========

 

ojo de ahuja-camello

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

 

Jesús, nuestro gran maestro, quiere enseñarnos y librarnos de la esclavitud por las riquezas. La cura para no llegar a tan lamentable estado es lo que Jesús propone en las bienaventuranzas (ver Mateo capítulo 5,1 ss), cuyo lenguaje es tan extraño como hermoso y sabio: los “pobres”, los que “lloran”, los “perseguidos” son en realidad los bendecidos y bienaventurados porque están infinitamente cerca de percibir la verdad de la majestad de Dios, único Creador y Salvador, dueño de todo.

 

La parte que personalmente más disfruto del santo Evangelio del día de hoy es aquello del asombro de los discípulos ante el provocador comentario de Cristo, “difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos”, y ellos exclaman impresionados: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”. Creo que es bien interesante lo que queda implícito en esa pregunta de estos hombres, que ciertamente no eran ningunos ricos.

 

Pienso que a partir de esta lectura y de la concepción judía de las riquezas debemos entender que los discípulos sentían que los ricos estaban más cerca de la salvación, porque todos los bienes que poseían eran una bendición de Dios. El comentario que Cristo hizo al respecto vino ante todo a sacarlos de esa idea, que los ricos estaban más cerca de la salvación. Ellos hablan con este razonamiento de base: “se supone que los ricos están próximos a salvarse; pero si ahora resulta que ellos difícilmente entran en el Reino, ¿qué habrá que decir de todos nosotros, los demás, los pobres?”.

 

Es claro que Jesús no tiene nada contra los ricos por ser ricos, sino por tener su corazón endurecido y apegado a sus riquezas. Cristo no dice: “No se preocupen; los ricos se van a condenar, pero los pobres se van a salvar”. Esto es lo que dice: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible”. Esto debería darnos una gran esperanza porque Cristo sobre todo quiere anunciar la gratuidad de la salvación; lo cual, ciertamente implica que, en la medida en que alguien se considere salvado, por sus riquezas, por ejemplo, más difícil hace su propia entrada en la lógica de la gracia. Todos somos pecadores y no podemos ganar la salvación por nuestra cuenta. A través del arrepentimiento, la fe y el bautismo, podemos acceder a la gracia salvadora que Jesús ganó para nosotros en la cruz. El arrepentimiento nos lleva a estar dispuestos a alejarnos de cualquier cosa que no sea de Dios. Los sacramentos, especialmente el bautismo nos  renuevan y nos da la gracia de tener fe y vivir nuestra fe.

  

Algunos acusan a la Iglesia Católica de enseñar que obtienes la salvación a través de tus buenas obras. En realidad esto no es del todo cierto, porque Jesús nos ganó la salvación en la cruz a través de su pasión, muerte, resurrección y envío de su Santo Espíritu para que tengamos vida en abundancia, además de ser alimentados por su Cuerpo y su Sangre para tener vida eterna y  las buenas obras son una respuesta al don de la gracia de Dios y mostramos nuestro amor y adhesión a su voluntad obedeciendo sus mandamientos (véase 1 Corintios 3, 13-15) y nos promete recompensarnos con la vida eterna si obedecemos  (ver Mateo 25, 34-40, Romanos 2, 6-7).  Sin embargo, siempre enseñamos la primacía de la gracia, porque no podemos obedecer ni hacer ninguna buena obra sin la gracia de Dios.


Esta idea de salvación de Jesús era tan nueva para sus seguidores. Pedro quería aclarar las enseñanzas de Jesús en relación con los apóstoles: “Señor, hemos abandonado todo. ¿Qué habrá para nosotros?” El día antes de que fuera ordenado sacerdote, dije palabras similares al Señor. Todo lo que le escuché decir en mi corazón fue “Confía en mí y nada te faltará”. He confiado en el Señor y Él nunca me ha faltado nada. Siento que Él me ha dado todo y lo mejor, es que Él ha estado conmigo siempre.
Jesús le aseguró a Pedro que cualquiera que haya dejado casa, familia u otras cosas por el bien del Reino, será recompensado cien veces y obtendrá la vida eterna. ¡Éstas son las buenas noticias!

 

A lo largo de toda mi vida he experimentado estas bendiciones. A los ojos del mundo, he renunciado a mucho: esposa, hijos, dinero, poder, honor  y  fama. Sin embargo, el Señor me ha bendecido más de lo que puedo imaginar y esto lo puedo ver cada día de mi vida. Cuanto más le doy al Señor y a su pueblo, más me da para seguir dándoselo y compartiendo con los demás. Esta es la economía de Dios. Entre más reparto más me da, entre más trato de retener conmigo menos disfruto y me amargo más.

 

San Bernardo de Claraval le entregó todo al Señor con gran entusiasmo y a la edad de 20 entró al monasterio cisterciense. Tenía muchos carismas especiales y mucha gente quería seguirlo. Cerca de treinta hombres jóvenes, incluyendo cinco de sus hermanos, dos tíos y unos 30 amigos jóvenes se unieron al monasterio junto con él. Rápidamente una comunidad que estaba muriéndose se revitalizó al punto que tuvieron que abrir nuevos monasterios. San Bernardo fue nombrado Abad del monasterio de Claraval. Poco después de que  entró en el monasterio, San Bernardo fue nombrado Abad del Monasterio de Claraval alrededor del año 1115 d. C. porque vieron rápidamente sus dones. La Iglesia trató de hacer de él un obispo varias veces, pero él optó por humildemente negarse y servir a su comunidad en las cosas pequeñas para el mundo pero grandes para Dios, así busco la santidad, haciendo todo por amor.

 

La clave para hacer todo con amor fue su profunda oración, disciplina y una fuerte devoción a la Santísima Madre. Él fue llamado para mediar disputas para el Papa y su predicación fue ampliamente reconocida. A menudo quería retirarse a la tranquilidad del monasterio, pero el Señor siguió llamándolo al mundo para compartir el Evangelio a través de sus dones especiales.

 

¿Tengo miedo de ofrecerle a Dios lo que ya me ha dado?

¿Confío en que el Señor multiplicará mi ofrenda a Él?

¿Tengo disciplina en mi vida espiritual como San Bernardo?

¿Busco glorificar a Dios o a mí mismo?

 

Señor, ayúdame a ser consciente de todos los dones que me has dado y cada una de las bendiciones que envías a lo largo de mi vida. Ayúdame a reconocer que todo lo bueno que tengo proviene de ti y por ello debo de compartirlo con los demás. Dame la fuerza para ofrecerte todo lo que me has dado con amor. Quiero confiar más en ti y hacer todo por amor. Aumenta mi fe, Señor y multiplica mis obras de amor por ti y mis hermanos. Dame la paz en mi corazón y que nada ni nadie me la quiten porque sé que estás conmigo.

 

San Bernardo, ruega por nosotros.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Sábado de la XIX semana del Tiempo ordinario

Evangelio según san Mateo 19, 13-15

En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos regañaron a la gente; pero Jesús les dijo: “Dejen a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos”. Después les impuso las manos y continuó su camino.

 

==================

Jesus with children

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

  

 

La primera lectura de hoy (Josué 24, 14-29) es muy hermosa y recomiendo que la si tienen oportunidad la lean completa, he puesto un resumen de ella a continuación. Me sorprende la valentía con que Josué se habló al pueblo: “Teman al Señor y sírvanlo con toda la sinceridad de su corazón. Apártense de los dioses…y sirvan al Señor. Pero si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quien quieren servir…En cuanto a mí toca, mi familia y yo serviremos al Señor”. Él está convencido de servir al Señor y tiene la firme determinación de vivir su fe en familia y no de manera individual. Sabe que como padre de familia y porque los ama, él es responsable de transmitir lo más valioso a su esposa e hijos. También el pueblo al ver la determinación y deseo de servir a Dios de parte de Josué hizo lo mismo.  El pueblo respondió: “Serviremos al Señor, nuestro Dios, y obedeceremos sus mandamientos”. Eso significa amar a Dios: Servir y Obedecer. Josué renovó la alianza del Señor con el pueblo. Esto es algo que debemos hacer todos los días con el servicio y la obediencia a su voluntad.

 

El evangelio de hoy es muy corto y recuerda nuestras prioridades. Al leer este pasaje pienso en lo ocupado que estaba Jesús. Todos querían estar un momento con Él. Algunos querían tocar la orilla de su manto, recibir su bendición y ser sanados, otros caminar a su lado y escuchar sus palabras. Debió haber sido caótico. Me imagino que debió haber sido como una estrella de rock o un gran artista y los discípulos eran sus guardaespaldas. Los discípulos, con buenas intenciones, estaban tratando de proteger a Jesús. Trataron de alejar a los niños de Jesús, posiblemente pensando que Él tenía cosas más importantes que hacer y no podía distraerse con ellos. Sin embargo, Jesús les enseña que nadie es más importante que la persona que está justo en frente de Él, especialmente los niños, los pobres, los necesitados de misericordia y amor. Varias veces Jesús nos enseña que debemos ser como niños para entrar en el Reino. Debemos imitar su inocencia, pureza, fidelidad, alegría, confianza, dependencia absoluta a sus padres, el maravillarse de todo y disfrutar el momento.

 

Debemos de disfrutar el momento y a las personas que tenemos porque no sabemos por cuánto tiempo más estarán con nosotros. ¿De verdad estás tan ocupado? ¿Tomas tiempo para enfocarte en las personas que están en tu vida, especialmente los niños o más necesitados? ¿O te enfocas tanto en las tareas y te pierdes las relaciones maravillosas que Dios ha puesto en tu vida? ¿Llegas a casa después de un día ocupado en el trabajo y sacas tus frustraciones con tus hijos, que están tan felices de verte?

 

Cuando yo estaba discerniendo entrar al seminario un seminarista salesiano me dijo que viviera cada día como si fuera el ultimo de mi vida y que diera todo lo mejor de mí, me dijo: “¡Vive tu vida al tope!” Así, he tratado de vivir cada día de mi vida.   Si supieras que sólo tienes hoy para vivir, ¿Qué harías? ¿Con quién pasarías tu precioso tiempo? ¿Qué les dirías? ¿Qué te impide vivir así en este momento? Padres, ¿están invirtiendo su producto más importante con sus hijos – su TIEMPO? Nunca he tenido a nadie que me diga en su lecho de muerte: “Pasé demasiado tiempo con mi familia y amigos”. A menudo, se lamentan del hecho de que trabajaron demasiado y descuidaron lo más importante. No creo que debamos ignorar a los niños, pero deberíamos invertir más en formar a sus padres para tener hijos mejores. Muchas personas están demasiado ocupadas para dedicar tiempo a la formación en la fe, pero no hay nada más importante que la salvación de sus hijos.

 

¿Invierto tiempo en mis relaciones con familiares y amigos?

Como adulto, ¿invierto tiempo en formar mi mente, corazón y alma para ser el mejor discípulo de Jesús que pueda ser?

 

Toma tiempo hoy para oler las flores, bendecir a los niños, pasar tiempo con su familia y amigos, y disfrutar de esta vida maravillosa que Dios nos ha dado. Tómese el tiempo diario para orar y estudiar para que el Señor lo llene de su gracia y paz.

 

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Viernes XIX del Tiempo Ordinario (16 de agosto 2019)

Evangelio según San Mateo 19,3-12

 

Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”.
El respondió: “¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;
y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Le replicaron: “Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?”.
Él les dijo: “Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.
Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio”.
Los discípulos le dijeron: “Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”.
Y él les respondió: “No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.
En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!”.

 

=============================

 

La primera lectura (Josué 24, 1-13) se nos presenta una verdadera historia de amor y de fidelidad de parte de Dios para con su pueblo. Vemos como Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel y cuando todos estuvieron en presencia del Señor, Josué habla en nombre del Señor a su pueblo y le recuerda como siempre ha estado con ellos, los ha cuidado y protegido de todos sus enemigos, liberándolos de sus opresores con señales prodigiosas; finalmente les dio “una tierra que no han cultivado; unas ciudades que no han construido y en las que, sin embargo, habitan; les he dado viñedos y olivares que no habían plantado y de los que ahora se alimentan'”. Así, es de grande su amor por nosotros y nunca se cansa de amarnos, Él siempre es fiel aunque nosotros le fallemos porque su amor es eterno y quiere lo mejor para nosotros por eso junto con el salmista “Demos gracias al Señor” (Salmo 135) por todo su amor y todo lo que nos da.

 

Muchas personas o la mayoría de nosotros ha sido afectado por el divorcio, ya sea personalmente o a través de algún conocido o miembro de nuestra familia. Siempre salen lastimados los más inocentes (los hijos) ninguno gana en un divorcio, en realidad todos pierden, los que ganan son los abogados. Por ello,   Jesús nos invita a vivir en el amor auténtico y generoso, porque Él mismo lo ha experimentado con su Padre celestial, por ello el evangelio nos reta  a vivir en el amor, la fidelidad, entrega, donación e ir en contra del egoísmo y dureza de corazón. Jesús enfatiza la importancia y lo sagrado del matrimonio.

 

La Palabra de Dios nos ilumina y es clara en cuando se refiere al matrimonio, es decir, por eso el hombre deja a sus padres para unirse (casarse) con su mujer, “los dos se convierten en una sola carne”. Esta es una unión consagrada por Dios. Moisés solo permitió el divorcio porque la gente lo seguía presionando y por su dureza de corazón, es decir, incapacidad para amar porque podían más sus intereses mezquinos y su egoísmo. “Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.” El vínculo matrimonial es algo muy sagrado para Jesús, por lo tanto, también lo es para la Iglesia. ¿Por qué? San Pablo les dice a los esposos: “Amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia” (Efesios 5, 25). Jesús ama a la Iglesia hasta dar su vida por ella al morir en la cruz, y enviarle su Santo Espíritu para asistirla hasta el fin de los tiempos.

 

El vínculo de los esposos en el matrimonio es el símbolo en la tierra de la unidad entre Cristo y la Iglesia. Es un signo del amor y la fidelidad de Dios por su pueblo como veíamos en la primera lectura. Jesús está tratando de mostrarnos lo sagrado de esta alianza. Desafortunadamente, vivimos en un mundo corrompido por el pecado, los intereses personales, el egoísmo y nuestras mejores intenciones no siempre salen como esperábamos o planeábamos. Como sacerdote he escuchado el dolor de muchas personas que desean continuar en su matrimonio, pero la otra persona se niega a luchar por el matrimonio y su familia. Se necesita que las dos personas estén  totalmente comprometidas para que el matrimonio funcione, por eso en nuestra cultura hispana se les pone el lazo, que simboliza que los dos deben de caminar juntos unidos por Jesús.

Dios siempre es misericordioso y nos recibe con los brazos abiertos, ama especialmente al más necesitado. Divorciarse no significa que Dios no te amará más o que estás excomulgado de la Iglesia, para nada, significa que debes de confiar más en su amor y luchar por tu familia con la gracia de Dios.

 

Después de un divorcio, alguien solo puede volver a casarse en la Iglesia con una anulación de su matrimonio anterior. “El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio”. Existen muchos conceptos erróneos sobre las nulidades. No es un divorcio católico. Los niños no se vuelven ilegítimos debido a una anulación. En la anulación se declara que, en el momento del matrimonio, las dos personas no pudieron recibir el sacramento con pleno consentimiento, libertad y no fue valido. El consentimiento hace el matrimonio. (Catecismo de la Iglesia Católica 1628-1629)

 

Algunas personas no están de acuerdo con esta enseñanza en la Iglesia, pero Jesús es muy claro en el Evangelio de hoy que si alguien se divorcia y se casa nuevamente, comete adulterio. La Iglesia no inventó esto; Jesús lo dijo. Debido a que Jesús toma en serio el matrimonio y el divorcio, la Iglesia también lo hace. La Iglesia no está tratando de ser mala; la Iglesia está tratando de reverenciar la santidad del vínculo matrimonial. No hay ganadores en el divorcio. Todos sufren. No estoy a favor de que alguien se quede en un matrimonio abusivo y dañino. Estoy diciendo que no debemos tomar a la ligera nuestros votos matrimoniales y las decisiones que tomamos que pueden afectar o cambiar toda nuestra vida. Por ello, debemos pensarlo bien y ser consecuentes con nuestras acciones.

 

Este Evangelio también insinúa el celibato – algunos renuncian al matrimonio por el Reino. Muchas personas me preguntan: “¿Cómo puedes ser célibe y nunca tener esposa o hijos?” Sólo puedo decir que es posible por medio de la gracia de Dios. Y no sólo es posible con Dios, sino que puede ser una vida de gran gozo y muchas satisfacciones. En mi vida como sacerdote he experimentado muchas bendiciones, alegrías, pero sobre todo una increíble intimidad con Dios, lo que me ha llevado a tener relaciones profundas, sanas y satisfactorias con los demás.

 

Jesús sabe que esta enseñanza es muy difícil de entender. Él dice, “Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo”. Seguir a Jesús no es fácil, pero Él nos creó y sabe lo que es mejor para nosotros.

Tenemos tres opciones en la vida, todas con el mismo objetivo:

1) Estar casado y ser santo.

2) Ser sacerdote o religioso consagrado y ser santo.

3) Vivir la vida soltera consagrada y ser santo.

 

Estas son bellas vocaciones a las que Dios nos llama, y ​​desea que nos levantemos al desafío con la ayuda de su gracia. Ayer, celebramos la Asunción de María, que nos mostró las alturas a las cuales los seres humanos pueden levantarse cuando cooperamos con la gracia de Dios. Que todos nos esforcemos por la santidad. Logramos esto a través de un encuentro personal con Jesucristo y viviendo una vida de santidad a través de todos los dones que Jesús nos da en su Iglesia: Sacramentos, Escrituras, oración y comunidad. Que todos vivamos nuestro llamado a la santidad. El Señor desea que tengamos un encuentro personal con Él. ¡Él está vivo! La Iglesia nos ofrece todo lo que necesitamos para crecer en santidad: los sacramentos, las Sagradas Escrituras, la enseñanza autorizada, la riqueza de la oración y la comunidad.

 

¿Cómo estoy viviendo mi vocación?

¿Estoy siendo fiel a los votos que he tomado?

¿Estoy dispuesto a vivir una vida de sacrificio amoroso por el bien de los demás?

¿Estoy aprovechando todas las ayudas que la Iglesia me da para crecer en santidad?

 

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Solemnidad de Asunción de la Santísima Virgen María. 15 – Agosto – 2019

Evangelio según san Lucas 1, 39-56

 

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

 

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

 

Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón  altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre”.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa.

 

============================

 

asuncion-virgen-maria-cielo

 

Celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, es decir, el fin de su vida en esta tierra, conmemoramos cada 15 de agosto que ella fue asunta en cuerpo y alma al cielo. Algunas personas pueden decir: “Esto es algo inventado por la Iglesia, no está en las Escrituras.”

 

1.. Esta enseñanza de la Iglesia se basa en la Sagrada Escritura y la Tradición, además se ha puesto en los documentos de la Iglesia en la Constitución Dogmática que se encuentra en el Concilio Vaticano II,  Dei Verbum (en latín para “La Palabra de Dios”).” Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente divina, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la Palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Nuestro Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad.”

 

2.. Las Escrituras fueron reunidas en su forma actual en el 4to siglo por la Iglesia Católica. Dios continúa revelándose desde entonces a través del Espíritu Santo trabajando en la Iglesia y la tradición apostólica. Este dogma del cuerpo de María siendo asunta al cielo antes de la corrupción es un buen ejemplo de la Tradición Sagrada.

 

A pesar de que esta celebración de la Asunción de María ha sido celebrada en la Iglesia durante siglos, oficialmente fue promulgada por el Papa Pío XII en 1950, hace sólo 69 años.

 

3.. La arqueología nos revela dos tumbas de María, una en Jerusalén y una en Éfeso, ambos lugares donde María había vivido. Sin embargo, no hay cuerpo en ninguna de las tumbas ni reliquias de María. La Iglesia siempre ha reverenciado las reliquias de los santos, así que, si el cuerpo de María se descompuso, ciertamente habría reliquias de ella. También hay documentos que datan del 6to siglo que se refieren a la Asunción de María, lo que indica que probablemente hubo documentos antiguos de los tiempos apostólicos que aún no se han encontrado o han sido destruidos.
4.. San Juan Damasceno, que murió en 749 a. C, escribe maravillosamente sobre este día de fiesta. “Era necesario que aquella que había conservado su inviolable virginidad en el parto también debería haber mantenido su cuerpo libre de toda corrupción después de la muerte. Era necesario que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno deba morar en los tabernáculos de Dios. Era necesario que la novia desposada por el Padre deba hacer su casa en las cámaras nupciales del cielo. Era necesario que ella, que había contemplado a su Hijo crucificado y ser atravesado en el corazón por la espada del dolor que había escapado al dar a luz a Él, deba contemplarlo a Él sentado con el Padre. Era necesario que la Madre de Dios deba compartir las posesiones de su Hijo, y ser venerada por toda criatura como la Madre y sierva de Dios”. (De la Constitución Apostólica  Munificentissimus Deuspor el Papa Pío XII, 1950)

 

5.. Además, predicaba Juan Pablo II el 9 de julio de 1997:

La perenne y concorde tradición de la Iglesia muestra cómo la Asunción de María forma parte del designio divino y se fundamenta en la singular participación de María en la misión de su Hijo. Ya durante el primer milenio los autores sagrados se expresaban en este sentido.

 

Algunos testimonios, en verdad apenas esbozados, se encuentran en san Ambrosio, san Epifanio y Timoteo de Jerusalén. San Germán de Constantinopla (+ 733) pone en labios de Jesús, que se prepara para llevar a su Madre al cielo, estas palabras: “Es necesario que donde yo esté, estés también tú, madre inseparable de tu Hijo…” (Hom. 3 in Dormitionem: PG 98, 360).

 

Además, la misma tradición eclesial ve en la maternidad divina la razón fundamental de la Asunción.

 

Encontramos un indicio interesante de esta convicción en un relato apócrifo del siglo V, atribuido al pseudo Melitón. El autor imagina que Cristo pregunta a Pedro y a los Apóstoles qué destino merece María, y ellos le dan esta respuesta: “Señor, elegiste a tu esclava, para que se convierta en tu morada inmaculada (…). Por tanto, dado que, después de haber vencido a la muerte, reinas en la gloria, a tus siervos nos ha parecido justo que resucites el cuerpo de tu madre y la lleves contigo, dichosa, al cielo” (De transitu V. Mariae, 16: PG 5, 1.238). Por consiguiente, se puede afirmar que la maternidad divina, que hizo del cuerpo de María la morada inmaculada del Señor, funda su destino glorioso.

 

6.. San Germán, en un texto lleno de poesía, sostiene que el afecto de Jesús a su Madre exige que María se vuelva a unir con su Hijo divino en el cielo: “Como un niño busca y desea la presencia de su madre, y como una madre quiere vivir en compañía de su hijo, así también era conveniente que tú, de cuyo amor materno a tu Hijo y Dios no cabe duda alguna, volvieras a él. ¿Y no era conveniente que, de cualquier modo, este Dios que sentía por ti un amor verdaderamente filial, te tomara consigo?” (Hom. 1 in Dormitionem: PG 98, 347). En otro texto, el venerable autor integró el aspecto privado de la relación entre Cristo y María con la dimensión salvífica de la maternidad, sosteniendo que: “Era necesario que la madre de la Vida compartiera la morada de la Vida” (ib.: PG 98, 348).

7.. Según algunos Padres de la Iglesia, otro argumento en que se funda el privilegio de la Asunción se deduce de la participación de María en la obra de la redención. San Juan Damasceno subraya la relación entre la participación en la Pasión y el destino glorioso: “Era necesario que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y recibido en pleno corazón la espada del dolor (…) contemplara a ese Hijo suyo sentado a la diestra del Padre” (Hom. 2: PG 96, 741). A la luz del misterio pascual, de modo particularmente claro se ve la oportunidad de que, junto con el Hijo, también la Madre fuera glorificada después de la muerte.

 

8.. El concilio Vaticano II, recordando en la constitución dogmática sobre la Iglesia el misterio de la Asunción, atrae la atención hacia el privilegio de la Inmaculada Concepción: precisamente porque fue “preservada libre de toda mancha de pecado original” (Lumen gentium, 59), María no podía permanecer como los demás hombres en el estado de muerte hasta el fin del mundo. La ausencia del pecado original y la santidad, perfecta ya desde el primer instante de su existencia, exigían para la Madre de Dios la plena glorificación de su alma y de su cuerpo.
9.. Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos.

 

En la Asunción de la Virgen podemos ver también la voluntad divina de promover a la mujer.  Como había sucedido en el origen del género humano y de la historia de la salvación, en el proyecto de Dios el ideal escatológico no debía revelarse en una persona, sino en una pareja. Por eso, en la gloria celestial, al lado de Cristo resucitado hay una mujer resucitada, María: el nuevo Adán y la nueva Eva, primicias de la resurrección general de los cuerpos de toda la humanidad.

 

Ciertamente, la condición escatológica de Cristo y la de María no se han de poner en el mismo nivel. María, nueva Eva, recibió de Cristo, nuevo Adán, la plenitud de gracia y de gloria celestial, habiendo sido resucitada mediante el Espíritu Santo por el poder soberano del Hijo.

 

10.. Estas reflexiones, aunque sean breves, nos permiten poner de relieve que la Asunción de María manifiesta la nobleza y la dignidad del cuerpo humano.

 

Frente a la profanación y al envilecimiento a los que la sociedad moderna somete frecuentemente, en particular, el cuerpo femenino, el misterio de la Asunción proclama el destino sobrenatural y la dignidad de todo cuerpo humano, llamado por el Señor a transformarse en instrumento de santidad y a participar en su gloria.

 

María entró en la gloria, porque acogió al Hijo de Dios en su seno virginal y en su corazón. Contemplándola, el cristiano aprende a descubrir el valor de su cuerpo y a custodiarlo como templo de Dios, en espera de la resurrección. La Asunción, privilegio concedido a la Madre de Dios, representa así un inmenso valor para la vida y el destino de la humanidad.

 

¿Murió María?

Así se pregunta Juan Pablo II, y en predicación del 25 de junio de 1999 nos ofrece esta meditación:

1.. Sobre la conclusión de la vida terrena de María, el Concilio cita las palabras de la bula de definición del dogma de la Asunción y afirma: “La Virgen inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo” (LG, 59). Con esta fórmula, la constitución dogmática Lumen Gentium, siguiendo a mi venerado predecesor Pío XII, no se pronuncia sobre la cuestión de la muerte de María. Sin embargo, Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios.

 

En realidad, algunos teólogos han sostenido que la Virgen fue liberada de la muerte y pasó directamente de la vida terrena a la gloria celeste. Sin embargo esta opinión era desconocida hasta el siglo XVII, mientras que, en realidad existe una tradición común que ve en la muerte de María su introducción en la gloria celeste.

 

2.. ¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de María y en su relación con su Hijo divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre.

 

En este sentido razonaron los Padres de la Iglesia, que no tuvieron dudas al respecto. Basta citar a Santiago de Sarug (+ 521), según el cual “el coro de los doce Apóstoles”, cuando a María le llegó “el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones”, es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar “el cuerpo virginal de la Bienaventurada” (Discurso sobre el entierro de la santa Madre de Dios, 87-99 en C. Vona, Lateranum 19 [1953], 188). San Modesto de Jerusalén (+ 634), después de hablar largamente de la “santísima dormición de la gloriosísima Madre de Dios”, concluye su “encomio”, exaltando la intervención prodigiosa de Cristo que “la resucitó de la tumba” para tomarla consigo en la gloria (Enc. in dormitionem Deiparae semperque Virginis Mariae, nn. 7 y 14: PG 86 bis, 3.293 3.311). San Juan Damasceno (+ 704), por su parte, se pregunta: “¿Cómo es posible que aquella que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?”. Y responde: “Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, él muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección” (Panegírico sobre la dormición de la Madre de Dios, 10: SC 80, 107).

 

3.. Es verdad que en la Revelación la muerte se presenta como castigo del pecado. Sin embargo, el hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación.

 

María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad. También para ella vale lo que Severo de Antioquía afirma a propósito de Cristo: “Si no se ha producido antes la muerte, ¿cómo podría tener lugar la resurrección?” (Antijuliánica, Beirut 1931, 194 s.). Para participar en la resurrección de Cristo, María debía compartir, ante todo, la muerte.

 

4.. El Nuevo Testamento no da ninguna información sobre las circunstancias de la muerte de María. Este silencio induce a suponer que se produjo normalmente, sin ningún hecho digno de mención. Si no hubiera sido así, ¿cómo habría podido pasar desapercibida esa noticia a sus contemporáneos, sin que llegara, de alguna manera, hasta nosotros?

 

Por lo que respecta a las causas de la muerte de María, no parecen fundadas las opiniones que quieren excluir las causas naturales. Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo. A este propósito, san Francisco de Sales considera que la muerte de María se produjo como efecto de un ímpetu de amor. Habla de una muerte “en el amor, a causa del amor y por amor” y por eso llega a afirmar que la Madre de Dios murió de amor por su hijo Jesús (Traité de l’Amour de Dieu, Lib. 7, cc. XIII-XIV).

 

Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una “dormición”.

 

5.. Algunos Padres de la Iglesia describen a Jesús mismo que va a recibir a su Madre en el momento de la muerte, para introducirla en la gloria celeste. Así, presentan la muerte de María como un acontecimiento de amor que la llevó a reunirse con su Hijo divino, para compartir con él la vida inmortal. Al final de su existencia terrena habrá experimentado, como san Pablo y más que él, el deseo de liberarse del cuerpo para estar con Cristo para siempre (cf. Flp 1, 23).

 

La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Memoria de San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir. 14-agosto-2019

Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

 

=====================

Maximiliano Kolbe

 

¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

En la primera lectura (Dt 34, 1-12) vemos que “Moisés subió del valle de Moab al monte Nebo”, eso dignifica que sale de su lugar de comodidad (valle) para ir a la cima del Pisgá, esto implica esfuerzo, dedicación, entrega, y al final obtiene su recompensa: “desde ahí le mostró el Señor todo el país…Esta es la tierra que les prometí a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciéndoles que se la daría a sus descendientes.”  Dios le deja ver con sus propios ojos, pero no le permite entrar porque no confió plenamente en Dios y trato de agradar a los demás antes que a su Señor. Debemos recordar siempre que nuestras acciones siempre nos traen consecuencias. La Biblia lo alaba diciendo: “No ha vuelto a surgir en Israel ningún profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en las señales y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto…”. Dios nunca nos abandona, aunque nosotros le fallemos porque su amor y fidelidad son para siempre.

 

Hoy celebramos a San Maximiliano María Kolbe, un sacerdote que por amor a Cristo siguió su ejemplo y entrego su vida por otra persona. Maximiliano nació en Polonia el 8 de enero 1894 y se ordenó sacerdote franciscano en 1918. Fue un incansable propagador de la devoción a Jesús y nuestra Madre Santísima en Japón y la India antes de regresar a casa en Polonia. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kolbe les proporcionó refugio a más de 2 000 judíos que estaban siendo perseguidos por los nazis para ser asesinados. También habló abiertamente contra los nazis en su estación de radio y alentó a los perseguidos con el Evangelio.

 

En 1941 Padre Kolbe fue arrestado y enviado a Auschwitz. En julio de ese mismo año alguien se escapó de la celda y los soldados decidieron elegir al azar a 10 hombres, apartarlos y dejarlos morir de hambre para evitar que alguien tratara de escapar de nuevo (El hombre que se escapó fue encontrado muerto en el campamento). Uno de los diez hombres elegidos fue Franciszek Gajowniczek, un joven esposo y padre católico romano. Él gritó: “¡Mi esposa! ¡Mis hijos! “Al oír esto, el Padre Kolbe se ofreció a tomar el lugar de este joven y morir en su lugar.  Mientras se llevaban al Padre Kolbe para morir, les gritó a los demás, “¡No olviden el amor! ¡No olviden el amor!”

 

Así que el Padre Kolbe fue llevado junto con otros nueve hombres a morir de hambre. Durante este tiempo, el Padre Kolbe dirigió a los hombres en la oración y canciones para mantener su espíritu en comunión con Dios y ofrecerse como víctima agradable a Él. Después de dos semanas de hambre y deshidratación solo el Padre Kolbe estaba vivo. Fue asesinado con una inyección letal de ácido carbólico.

 

Esta es una historia de amor tan inspiradora. “No hay amor más grande que el que da su vida por un amigo” (Juan 15, 13). El Padre Maximiliano Kolbe vivió su fe con acciones de amor, ofrecimiento y sacrificio. Fue canonizado en 1982 por el Papa Juan Pablo II, y Franciszek Gajowniczek estuvo presente junto con su familia en la misa de ese día en Roma.

 

El padre Kolbe siguió el ejemplo de su salvador Jesucristo, dando su propia vida para salvar a otros. Buscó la perfección en lo ordinario de su vida, haciendo la vida de los demás diferentes. Eso es lo que quiero hacer, para eso me llamó Jesús desde el momento que entré al seminario y le entregue mi vida a Dios para los demás. Por favor, oren por mí, su servidor y amigo, Padre Enrique.  Siquieres  saber más sobre su vida te recomiendo que leas sobre su vida. Aquí pongo un link sobre cinco cosas sobre él: https://www.youtube.com/watch?v=oH-3QmckXTM

 

El amor desinteresado del ejemplo del padre Kolbe me hace pensar… si estuviera en su situación, ¿podría hacer lo mismo? ¿Estoy dispuesto a amar desinteresadamente renunciando a mi vida por los demás?

 

Señor, ayúdame a vivir en tu amor y buscar una vida desinteresada, donde a los demás los trate con dignidad, respeto, como hijos amados tuyos. Ayúdame a amar como Tú me amas, a anteponer las necesidades de los demás antes que mis egoísmos o comodidades, a no dudar de tu amor, a corregir con amor a mis hermanos, a orar y pedir por los demás, pero sobre todo a tener misericordia y compasión de ellos con mis pensamientos, palabras,  acciones y mi trato diario. Gracias por el ejemplo de amor de San Maximiliano Kolbe y tantos hombres y mujeres santos que me inspiran a ser mejor y seguir su ejemplo. Envíame tu gracia y aliméntame con tu Palabra y tu Eucaristía para ofrecer mis acciones para la salvación de la humanidad. Señor, hemos empezado un año de formación más en el Seminario de Concepción y queremos ser ofrenda agradable, dar nuestra vida para la salvación de nuestros hermanos y sobre todo para que lleguen a la tierra prometida.

 

San Maximiliano Kolbe, ¡ruega por nosotros!

 

 

 ¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

  

En Cristo y santa María de Guadalupe,

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Nota: Mañana es la Solemnidad de la Asunción de María Santísima y es fiesta de precepto. No falten a Misa.