Sábado IV de Cuaresma (28-Marzo-2020)

Evangelio según San Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: “Éste es verdaderamente el profeta”. Otros afirmaban: “Éste es el Mesías”. Otros, en cambio, decían: “¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?” Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: “¿Por qué no lo han traído?” Ellos respondieron: “Nadie ha hablado nunca como ese hombre”. Los fariseos les replicaron: “¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita”.

Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: “¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?” Ellos le replicaron: “¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta”. Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y verás lo que sucede en este año en tu vida!

 

En este tiempo de Cuaresma y cuarentena por el COVID-19 regalémonos la oportunidad de estar con nosotros mismo, con nuestra familia y cuidar de nuestra salvación.

 

En el evangelio de hoy vemos como tienen diferente opinión acerca de Jesús por lo que han escuchado, unos dicen que es un profeta otros que el Mesías y los que se creen saberlo todo: “¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?”  ¿Cómo es posible que se expresen de maneras tan diferentes si todos probablemente han escuchado el mismo mensaje de parte de Él? Es por la apertura de corazón, es decir, si dejamos que penetre su Palabra en nuestro corazón, tenemos una profunda relación con Jesús, entonces, mejor será nuestra experiencia con Él y de Él. y por lo tanto, los frutos que daremos serán mejores porque estamos unidos a Él y nuestra boca hablará de lo que nuestro corazón está lleno.

 

Los jefes religiosos, los maestros de la ley y los intelectuales de Jerusalén discutían sobre quién era Jesús, pero quienes tenían la mejor respuesta eran probablemente los guardias del Templo: “Nadie ha hablado nunca como ese hombre.” A diferencia de los eruditos y  los teólogos de aquellos días, que creían saberlo todo, los soldados no tenían ideas preconcebidas y aceptaban con sencillez las palabras de Jesús sobre el amor de Dios. Ellos estaban abiertos a que su mensaje penetrara su corazón y lo transformara. Hoy la pregunta es para nosotros, ¿Cómo está disponible mi corazón para recibir su mensaje?  ¿He permitido que mis creencias acerca de Jesús cambien mi vida para bien o para mal?

 

Los guardias probablemente sabían que los fariseos  rechazarían los buenos comentarios que ellos hacían sobre Jesús y que se meterían en problemas por no haberlo arrestado; pero no acataron las órdenes porque las palabras del Señor les llegaron a su corazón. En cambio, los enemigos de Jesús, que decían conocer a Dios,  maldijeron a Jesús, trataron de deshacerse  de Él  con más fuerza y maltrataron a la gente: “la chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita”. La arrogancia lleva al engreimiento;  en cambio la humildad hace sopesar con cuidado las motivaciones. La arrogancia lleva a preferir los propios pensamientos y torcer la verdad cuando no nos conviene revelarla; la humildad nos hace  escuchar sinceramente y juzgar la verdad por su propio mérito. ¿Qué camino elijes tú, el de la humildad y servicio o el camino del hincharse de orgullo y de un sentimiento de superioridad?

 

Los soldados y las fuerzas militares no se dejan influir fácilmente. Ellos reciben órdenes superiores y las obedecen, tienen una misión que cumplir y la realizan. Pero los guardias del templo que fueron enviados a arrestar a Jesús fueron detenidos en seco. No sabían quién era este rabino (maestro), pero su mensaje parece haberlos traspasado. Sintieron y descubrieron que estaban tratando con una autoridad superior a aquella que los envió arrestarlo, alguien a quien deberían tomar en serio. Pero las humildes palabras de estos soldados no fueron suficientes para moverlos. Incluso Nicodemus, que era uno de los suyos, no pudo convencerlos. Y como resultado, un hombre inocente, el Hijo de Dios, fue ejecutado bajo cargos falsos. ¿Tu corazón escucha la voz de Dios y actúas con amor, o la soberbia te llena y actúas con odio?

 

Es difícil reconocer nuestros errores cuando ponemos tanta confianza en nosotros mismos. A nadie le gusta conocer sus debilidades, enfrentar sus pecados y fallas. Pero con la gracia de Dios esta Cuaresma podemos evaluar nuestra vida  y no desalentarnos; porque para Dios no hay nada imposible (Lc 1,36), al contrario son oportunidades de crecimiento y deberían edificarnos. Cuando permitimos que la luz del Espíritu Santo brille en los lugares oscuros de nuestras vidas, podemos enfrentar nuestras debilidades y arrepentirnos. Ahí es cuando llega la curación. No siempre será fácil. Pero siempre resultará en una experiencia más profunda del amor de Dios y una comprensión más fuerte de su presencia en nuestros corazones.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

 

Padre Enrique García Elizalde

Viernes IV Cuaresma (27-Marzo-2020)

Evangelio según San Juan 7, 1-2. 10. 25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado”. Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!        

 

En la primera lectura (Sab 2, 1. 12-22) como en el evangelio de hoy el tema central son falso conocimiento y deseo de matar. El libro de la Sabiduría fue escrito unos 50 años antes de Cristo, tiene una gran relación con las actitudes y deseos de los líderes religiosos que estaban enojados con Jesús. A ellos no les gustó la forma en que desafió sus tradiciones religiosas y afirmó ser uno con Dios. Podemos aplicar las siguientes palabras a ellos, “Los malvados dijeron entre sí, ‘Tendamos una trampa al justo, porque nos echa en cara nuestras violaciones a la ley. Presume de que conoce a Dios y se proclama a sí mismo hijo del Señor…su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás…y se gloría de tener por padre a Dios. Condenémoslo a muerte ignominiosa.” Recordemos que, “El Señor no está lejos de sus fieles.” (Salmo 33, 19a).

 

Se acercaba la fiesta de los tabernáculos: también llamada “fiesta de las tabernas” (Lv 23, 33-43; Dt 16, 13-16). Es el festival de otoño de siete días, que se celebra anualmente en Jerusalén. La fiesta de los Tabernáculos conmemora tanto la finalización de la cosecha de otoño como las provisiones de Yahvé para Israel durante su viaje del Éxodo a través del desierto. A lo largo de la semana, los peregrinos judíos moraron en pequeñas cacerías hechas de ramas de árboles llamadas “casetas”.

 

Había dos tradiciones sobre el nacimiento y el origen del Mesías: (1) Algunos esperaban que el Mesías creciera en la oscuridad y se manifestara al mundo solo como un adulto, “cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”. (2) Otros esperaban que el Mesías viniera de Belén de acuerdo con la profecía de Miqueas 5, 2. La ironía aquí es que ambas tradiciones se aplican y son verdad para Jesús: su origen celestial en la Trinidad es desconocido para su audiencia (8:14), como es conocido su nacimiento en Belén (Lc 2: 4-7).
La  controversia acerca del origen de Jesús surgió  con la gente que era de Jerusalén y estaba en el templo que decían  conocerlo, “nosotros sabemos de dónde viene éste.”  Nuevamente dos lugares sagrados: Jerusalén (Ciudad Santa) y templo (morada de Dios) con personas soberbias que creen saberlo todo y han cerrado su corazón para descubrir la presencia de Dios, por eso no pueden descubrir que Él es el Mesías; consideraban el origen humano y terrenal de Jesús, pero él hablaba de su origen divino. ¿Alguna vez tu corazón ha estado cerrado que no te deja descubrir la presencia de Dios en tu vida, tal vez por el dolor de la pérdida de un ser querido o por una pena muy fuerte? ¿Conoces a personas que creen saberlo todo sobre Jesús y no lo descubren en cada persona, momento y situación?

 

Esta soberbia los lleva a cerrar su corazón para el mensaje de parte de Jesucristo porque Él viene a revelarnos (darnos a conocer) al Padre que lo había enviado. Ellos no conocen al Padre  porque si lo conocieran querrían hacer su voluntad y el misterio del origen de Jesús les sería revelado: “Si alguien está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, podrá reconocer si mi enseñanza viene de Dios o si hablo por mi propia cuenta ”  (Jn 7, 17).  Es evidente que Jesús hablaba en un plano (celestial, espiritual) y la multitud escuchaba en otro plano  (terrenal, material). Esta es la gran tentación del demonio, no querer descubrir la presencia de Dios en muchas situaciones de nuestra vida. La cerrazón del corazón no nos permite descubrir que su Palabra, es alimento de vida eterna, o que la hostia consagrada es más que un simple pedazo de pan, que Dios actúa a través de sus sacramentos y sus ministros consagrados, que Dios está en cada persona que nos necesita, etc.

 

Cuando no abrimos nuestro corazón y nuestro entendimiento, es decir, solamente nos dejamos llevar por la pura lógica humana para tratar de conocer a Jesús, frustramos la acción del Espíritu Santo en nosotros, que es “quien da la vida “(Jn 6, 63). Esa es una trampa de parte del enemigo para no pasar de nuestra razón limitada a la fe. Hoy Jesús nos invita a elevarnos a un plano superior con la ayuda del Espíritu Santo, que Jesús da a quienes lo aman y le obedecen. Por nuestra mente podemos aprender algo acerca de Cristo, pero solamente por medio del Espíritu podemos conocerlo íntimamente y Él actúa para guiarnos “hacia la verdad plena” (Jn 16,13). Quien verdaderamente conoce a Cristo tiene buenos sentimientos porque está unido a la vid y da frutos buenos. Por eso para conocer a Cristo es preciso tener un corazón humilde y dejarnos guiar por Él. Ser humildes significa darle su lugar a Dios que es el más elevado,  saber que el Señor no está lejos de sus fieles, amar a Jesús más que  a nosotros mismos y que a cualquier otra persona o cosa (no poner nada por encima de Dios); hacernos como niños y confiar  en que el Espíritu nos enseña mediante los sacramentos, la oración, la Escritura y los acontecimientos de la vida.  Descubramos a través de los acontecimientos diarios de nuestra vida (la pandemia del corona virus) la presencia de Dios.

 

¿Qué acciones vas tomar hoy para descubrir la presencia de Dios en tu vida? ¿Qué te impide poner a Dios por encima de todo? ¿Qué sentimientos tienes para los demás, son de amor o de venganza?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y santa María de Guadalupe,

Padre Enrique García Elizalde

Jueves  IV Cuaresma (26-Marzo-2020)

Evangelio según San Juan 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí, es válido.

Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre.

El Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque no le creen al que él ha enviado.

Ustedes estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y ustedes no quieren venir a mí para tener vida! Yo no busco la gloria que viene de los hombres; es que los conozco y sé que el amor de Dios no está en ellos. Yo he venido en nombre de mi Padre y ustedes no me han recibido. Si otro viniera en nombre propio, a ése sí lo recibirían. ¿Cómo va a ser posible que crean ustedes, que aspiran a recibir gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que sólo viene de Dios?

No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre; ya hay alguien que los acusa: Moisés, en quien ustedes tienen su esperanza. Si creyeran en Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí. Pero, si no dan fe a sus escritos, ¿cómo darán fe a mis palabras?”

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¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida!        

 

Jesús, nuestro gran Maestro espiritual, quiere que fijemos nuestra atención en el amor infinito que el Padre celestial nos tiene, bien sea cuando alguien (Moisés) intercede por nosotros ante Él o a través de Jesucristo que es el mediador y puente por excelencia entre Dios y nosotros, porque es verdadero Dios y verdadero hombre.

 

En la primera lectura (Ex 32, 7-14) Dios quiere mostrarnos su inmenso amor por nosotros y como ante los ruegos y suplicas de una persona se compadece de su pueblo. Moisés después de estar en la presencia de Dios por 40 días y 40 noches en el Monte Sinaí y recibir los Mandamientos, escritos por el dedo de Dios, bajó por orden de Dios porque su Pueblo se desvió, se pervirtió y no tardo en desviarse del camino que Dios les había señalado. Su pecado fue remplazar, postrarse y ofrecer sacrificios a un becerro de metal que han construido en lugar de Dios.  Esto nos invita a reflexionar ¿Qué es lo que ha suplido Dios en nuestra vida?

 

Dios conoce a su Pueblo que es “de cabeza dura”. Y le dice a Moisés: “Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo”. Pero Moisés no busca su gloria, ni su beneficio. ¿Qué hubieras hecho tú ante esta propuesta de Dios de hacer de ti un gran pueblo, es decir, darte muchas bendiciones?

Moisés intercedió por el Pueblo por su infidelidad ante Dios y trató de aplacar la ira del Señor y Él renunció a castigarlo. Aquí vemos la importancia de interceder por otros, aunque finalmente es Dios quien hace su voluntad, podemos rogar con nuestras oraciones por los demás y no solamente buscar nuestro beneficio personal.  Reconozcámonos ante Dios nuestras infidelidades y unámonos a la súplica del Salmista diciendo: “Acuérdate de nosotros, por amor a tu pueblo o Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.”
¿En tus oraciones pides por las necesidades de los demás o solamente las tuyas y las de tu familia?

 

Ahora, imagina si hubieses vivido en el primer siglo. ¿Hubieras creído que Jesús es el Hijo de Dios? Probablemente querrías evidencias.  Eso es precisamente lo que Jesús nos da en el Evangelio de hoy. Nos compartió cuatro señales que apuntan a su divinidad: testimonio humano, milagros, la afirmación del Padre y las Escrituras. Nosotros a menudo necesitamos evidencia que nos ayude en nuestra Fe para creer en su amor y confiar en Él. Y Dios está más que dispuesto a darnos la evidencia que le pedimos para saber que nos ama de manera incondicional. Él siempre está dispuestos a ayudarnos a creer que todo lo que Él nos revela es verdad: que Jesús es el hijo de Dios, que nos ama inmensamente, que cargó la Cruz por nosotros y que Él nos ofrece vida eterna. Dios constantemente nos manda señales y no se cansa de amarnos, nosotros somos los que nos cansamos y buscamos falsos dioses o remplazarlo por algo o por alguien en nuestra vida.  ¿Quién o qué ocupa en tu vida el lugar de Dios? ¿Tienes por encima de todas las cosas y de las personas a Dios, es decir, piensas y le dedicas más tiempo a Él que a cualquier otra cosa o persona?

 

Las señales de su amor las podemos mirar cada día, en cada amanecer, cada vez que vamos a Misa en nuestros compañeros parroquianos, en el milagro de nuestro propio amor por el Señor, en la liturgia de la Palabra y en la Eucaristía. Pero más allá de estos momentos, Dios nos da señales en la rutina ordinaria del día a día en nuestras vidas.  Solo debemos abrir nuestros ojos, y el Espíritu nos ayudará a mirarlas. Por ejemplo, si lees las lecturas del día de hoy, y sólo un renglón o una palabra te llama la atención, eso es evidencia que el Señor está trabajando en ti. ¡Te está enviando un mensaje solo para ti! No busquemos la gloria  en los demás, es decir, quedar bien con otros y agradarles, sino escuchar la voz de Dios y agradarle solamente a Él.

 

A veces Dios permite que despiertes con el pensamiento de que deberías hacer amistad con tu compañero de trabajo  con el cual no te llevas bien, eso es evidencia que el Espíritu Santo está cambiando tu corazón. Si haces hasta lo imposible por hacer algo por un ser querido, esa es una señal de la presencia de Dios en tu vida y te está cambiando. Te está transformando para ser cada día más como Jesús de quien el amor, la generosidad y amabilidad no tiene fin. Incluso tu deseo de orar y leer esta reflexión hoy apunta a Jesús resucitado y activo en tu vida. Hoy, intenta mirar estas señales que Dios te manda, y si no encuentras algo en específico, recuerda que ya te ha enviado la mayor señal – Jesús – para vivir contigo y Jesús ya nos dio la señal más conmovedora de su amor: en la Cruz.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y santa María de Guadalupe,

 

Padre Enrique García Elizalde

Solemnidad de la Anunciación del Señor (25-Marzo-2020)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38

 

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David, y el nombre de la virgen era María.

Y viniendo a ella, le dijo, “¡Dios te salve, llena de gracia! El Señor está contigo”.

Pero ella se turbó por lo que se dijo y se preguntaba qué clase de saludo sería éste.

Luego el ángel le dijo: “No tengas miedo, María, porque has encontrado la gracia con Dios.

He aquí, concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús.

Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su Reino no tendrá fin.”

Pero María le dijo al ángel: “¿Cómo puede ser esto, ya que no tengo relaciones con un hombre?”

Y el ángel le dijo en respuesta, “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo tanto, el niño que va a nacer será llamado santo, el Hijo de Dios.

Y he aquí, Isabel, tu pariente, también ha concebido un hijo en su vejez, y este es el sexto mes para ella, que llamaban estéril; porque nada será imposible para Dios”.

María dijo, “He aquí, yo soy la sierva del Señor. Hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel partió de ella.

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y verás lo que sucede en este año en tu vida!

 

El Papa Francisco nos ha invitado todos que al finalizar el rezo del Ángelus del 25 marzo, todos los cristianos del mundo recemos juntos la oración del Padre Nuestro, para invocar a Dios su especial protección ante la pandemia del coronavirus COVID-19.  El Santo Padre convocó “a rezar el Padre Nuestro varias veces al día, pero, todos juntos” especialmente el próximo miércoles 25 de marzo al mediodía (hora local) “todos juntos”, pidió el Papa. Además, el Pontífice explicó: “queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración, la compasión, la ternura. Mantengámonos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía a las personas más solas y a quienes más sufren”.

 

Por eso, yo desde el Seminario de Conception estoy esperando a que de la hora para orar con todo el mundo y pueda el Señor escuchar nuestra oración unánime de todos sus discípulos que se preparan a celebrar la victoria de Cristo Resucitado, unidos a la Virgen María”.

 

Durante la cuaresma celebramos la solemnidad de la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo o también conocida como la Anunciación del Señor  y vamos a enfocarnos en unir nuestra voluntad a la de Dios Padre. ¡La unión hace la fuerza! Entonces, unidos a Dios podremos vencer todas las tentaciones y miedos que nos asechen. A veces tememos que si unimos nuestra voluntad a la de Dios, renunciaremos a algo muy importante o que nos va a pedir algo muy difícil o imposible. En realidad sucede lo contario, si Dios está de nuestro lado (es nuestra fortaleza), podremos salir victoriosos de las pruebas, especialmente cuando hacemos su voluntad.

 

La Basílica de la Anunciación en Nazaret fue terminada en 1969, con una enorme cúpula gris, dentro en cada una de las paredes tiene maravillosas representaciones de María santísima donadas por más de par de docenas de naciones. Esta basílica está construida sobre las ruinas de otras iglesias, la más antigua data del siglo IV. Detrás del altar principal de esta iglesia, está la gruta donde el ángel Gabriel se le apareció a María y le anunció el nacimiento de Jesús. La gruta está protegida por una reja negra metálica y desde allí se alcanza a ver la inscripción: “El Verbo se hizo carne aquí.” En las dos peregrinaciones a Tierra Santa que he tenido la oportunidad de estar en este lugar, cierro mis ojos, oro y resuena en mi corazón: “¡Aquí, El Verbo se hizo carne!”,  “¡Aquí, espesó todo!”

 

Para quien piense e imagine que Dios está lejos de nosotros, le invito a que lea el Evangelio de San Lucas desde el principio y observe: Dios escoge un tiempo particular (“Al sexto mes” Lucas 1, 26), a un lugar particular (Nazaret), y a una particular persona (María).  Las palabras del ángel a la virgen María son tal vez el más famoso saludo de todo el Nuevo Testamento. “Xaire, kexaritômenê” en griego, “¡Dios te salve, llena de gracia!” El saludo nos indica que ella ya está llena de gracia, no es algo que suceda por la visita del ángel. Dios escoge una mujer sin casar, joven comprometida y pobre (anawin). Ante la sociedad no tiene un buen estatus, pero ante Dios tiene todo.  Ella se turbó por todo esto y se preguntaba qué clase de saludo sería éste. “Salve”, es el saludo que se le daba al Cesar, se le deseaba larga y buena vida. Aquí Dios toma la iniciativa y saluda a su sierva. ¿Cómo puede ser posible esto? Que Dios se fije en una joven, la elija, la busque, envié uno de sus ángeles y ahora le dice: ¡llena de gracia! El Señor está contigo”. Te invito a que te metas en la escena e imagines que Dios eso mismo hace el Señor por ti. No le importa que no seas importante para los demás, recuerda que Dios te dice: “eres precioso a mis ojos, digno de honra, y yo te amo” (Isaías 43, 4), “te amo con amor eterno, he reservado gracia para ti” (Jeremías 31, 3). Dios te busca y sigue enviando a sus ángeles para darte su mensaje, especialmente ante las crisis y el mensaje desalentador de la sociedad (mundo).

 

El ángel le dijo: “No tengas miedo, María, porque has encontrado gracia ante Dios.” Estas palabras siempre han resonado en mi corazón pero más en estos días, “¡No tengas miedo!” Un dato interesante, esta frase aparece 365 veces en la biblia, lo que significa que cada día del año Dios nos recuerda a través de su Palabra: “No tengas miedo.”

 

Continua diciéndole: “He aquí, concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús (Dios salva).” ¿Cómo podía estar embarazada si ella nunca tuvo relaciones con un hombre? Ella confía en Dios y une su voluntad a la del Padre y dice las palabras que se han hecho eco a través de los siglos…“hágase en mí según tu palabra.” Esto es lo que llamamos el “fiat” de María, que viene del latín medieval, que significa “hágase, cúmplase.” Eso deberíamos de hacer cada uno de nosotros en cada momento de nuestra vida: “Confiar”, “que se haga la voluntad de Dios”.

 

La virgen María nos enseña cómo entregarnos a Dios, ¡porque todo es posible para Dios! Los santos han unido su voluntad a la de Dios y le han entregado todo su ser, eso implica también su pecado para que Dios los transforme. Yo muy a menudo en mi vida le he dicho a Dios: “Hágase en mí según MI palabra y mi voluntad.” Yo quería que Dios bendijera mis proyectos y planes que algunos de ellos eran muy egoístas, y siempre el resultado no fue muy bueno, sufrí e hice sufrir a los demás. Es una lucha diaria por buscar y hacer la voluntad de Dios y no la mía, porque a veces el egoísmo nos puede vencer. Me doy cuenta más y más de que cuando entrego mi voluntad a la voluntad del Padre, las cosas funcionan mucho mejor, soy feliz y tengo paz en mi corazón.

 

“Le pondrás por nombre Jesús….El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. Ningún Israelita del primer siglo habría pasado por alto el significado de lo que aquí se dice: este niño será el cumplimiento de la promesa hecha al Rey David. Y esto significa que el niño será, de hecho es, rey del mundo, traerá unidad y paz a las naciones. En Israel había crecido la convicción de que este misterioso descendiente de David sería rey, pero no solo por un tiempo y no solo en un sentido terrenal, sino que gobernaría para siempre y sobre todas las naciones. Este rey definitivo de los judíos sería rey del mundo. Él será nuestro rey, también. ¿Has dejado que Jesús reine en tu vida? ¿Qué te impide  hacer la voluntad Dios hoy?

 

Si Dios nos pide algo, recordemos que primero nos lo da, porque no nos puede pedir algo que no tenemos o no podemos dar. A Dios no hay quien le gane en generosidad, es imposible ganarle. Los reto a que lo traten, dale tu tiempo, tu amor, tu inteligencia, tu dinero, todo lo que tengas y Él te va a dar muchísimo más. Esto lo he descubierto con el paso del tiempo en mi vida, que cuanto más generoso soy con los dones que Dios me ha dado, cuanto más Dios me bendice para seguir dándolo todo. Nos convertimos en instrumentos de Su gracia para un mundo tan necesitado de Su gracia. Somos parte de la gran orquesta de Dios y Él es el director de nuestras vidas, déjate llevar por Él que tu vida cambiara.

 

¿Confías en Dios en medio de lo que parece imposible para hacer su voluntad?

Papa-Francisco

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Martes IV Cuaresma (24-Marzo-2020)

Evangelio de San Juan 5, 1-16

 

Era un día de fiesta para los judíos, cuando Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, una piscina llamada Betesdá, en hebreo, con cinco pórticos, bajo los cuales yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos estaba un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Al verlo ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado, Jesús le dijo: “¿Quieres curarte?” Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo”. Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Al momento el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

Aquel día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido curado: “No te es lícito cargar tu camilla”. Pero él contestó: “El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y anda’ “. Ellos le preguntaron: “¿Quién es el que te dijo: ‘Toma tu camilla y anda’?” Pero el que había sido curado no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la muchedumbre. Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: “Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor”. Aquel hombre fue y les contó a los judíos que el que lo había curado era Jesús. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.

 

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Jesús, nuestro Maestro, quien dirige nuestras vidas, quiere lo mejor para nosotros sus discípulos por eso nos pide que fijemos nuestra atención en la sanación. Hoy en el evangelio Jesús regresa a Galilea y ellos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua. Muchos de nosotros hemos visto todo lo bueno que ha hecho en nuestras vidas. Por eso hemos decidido entregar nuestras vidas a Dios y al servicio de nuestros hermanos y esto es maravilloso. ¿Qué haces para corresponder al amor de Dios y a todo lo que ha hecho en tu vida?

 

Jesús subió a Jerusalén (a la Ciudad Santa) y fue a la piscina llamada Betesdá, a la puerta de las Ovejas, en donde yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. La puerta de las ovejas es la entrada al noroeste del Muro de Jerusalén, que se usaba para traer las ovejas al templo para el sacrificio. Se construyeron dos estanques en la misma área de la ciudad; estaban rodeados por cuatro pasarelas de columnas y separados por un quinto pórtico que los dividía, uno de estos estanques se llamaba Betesdá y se creía que poseía propiedades de sanación.

 

Bethesda significa “casa de la misericordia”. Tuve la bendición de Dios de estar en este lugar cuando fui a Tierra Santa. Y durante mi peregrinación dos cosas maravillosas sucedieron:

 

1) Descendí a las ruinas de este lugar por medio de unas escaleras metálicas hasta llegar dentro de las excavaciones. Después, me senté un una banca, rodeado por arboles aromáticos, y aquí ore por todos aquellos que necesitaban ser sanados. Pedí por mis heridas, las de mi familia, amigos y tantas personas lastimadas, pero especialmente por aquellos que he lastimado y ofendido, para que Jesús nos sane. Sentí una gran paz después de orar  como nunca antes había sentido, pude perdonar a quienes me han ofendido, pero especialmente a mí mismo.

 

2) Visitamos la Iglesia del tiempo de las cruzadas, que está a unos cuantos metros de la piscina de Bethesda. La Iglesia está dedicada a Santa Ana, la mamá de la Virgen María. La tradición oral afirma que aquí es el lugar donde nació la virgen María, casa de los abuelos maternos de Jesús. Entramos, mis amigos, Ron y Jodie Wingert, a quienes considero mi familia y como unos padres aquí en los Estados Unidos, y  yo a esta pequeña pero hermosa Iglesia. Fue la mejor Iglesia en acústica en todo nuestro peregrinaje. Aquí, Jodie cantó el Ave María, que cuando empezó a cantarlo, cerré mis ojos, mi piel se enchinó y me transporté en el tiempo e imaginé como la Virgen María vivía aquí de niña, como José vendría a pedirla para desposarla como su esposa, pero sobre todo que Jesús aquí vendría a visitar a sus abuelos y después sanaría al hombre del pasaje evangélico de hoy.  Y ahora, yo estaba aquí, en este mismo lugar donde todo eso había sucedido, gracias a mis amigos (Ron y Jodie), que me regalaron este viaje por su aniversario matrimonial. No lo podía creer. Pasamos un momento en oración y muchos peregrinos cantaban en sus propios idiomas, pero cuando escuché el Padre Nuestro en español, no pude contener las lágrimas de felicidad y me pareé a cantar con ellos, venían de España y algunos de México. Dios me estaba sanando a través de esta peregrinación, de su Palabra, de estos lugares maravillosos, de caminar junto con Jesús en cada día de mi vida. Cada vez que escucho cantar el Padre Nuestro, vuelvo a vivir ese momento donde le pedí a Dios, que me ayudará a través de los retiros a acercar a muchas personas hacia Él para ser sanados. Porque creo que no hay nada más poderoso que tener un encuentro personal con Dios y experimentar su amor sanador y transformador.

 

Jesús quien nos ama tanto, sabe que tenemos heridas físicas y emocionales, aunque las que son más difíciles de sanar, son nuestras heridas espirituales. Algunas personas han sufrido abuso físico, psicológico o sexual. Otros han experimentado los dolores del divorcio, el aborto, el abandono, el rechazo,  la traición, decepción,  y soledad. Incluso hasta en las mejores familias puede pasar esto. ¿Cuándo estamos enfermos a dónde vamos para sanar? Al hospital donde los médicos nos atienden. De igual forma, Jesús, quien es el Médico Divino, quiere que nos acerquemos a Él para sanar cualquiera de nuestras heridas porque Él es el médico y la medicina.

Esto es uno de mis pasajes favoritos de la Biblia por el cambio completo de la extrema situación de este hombre: enfermo por 38 años. La línea más desgarradora es “no tengo a nadie”. Jesús, amigo de quienes no tienen nadie que los ayude, lo sana.  Además, este tiempo nos recuerda el tiempo del Pueblo de Israel en el desierto después de la rebelión contra Yahvéh en Cadés Barné (Nm 13, 25-14,11). El viaje agotador desde Cadés Barné hasta el paso del torrente en los límites de Canaán fue de 38 años (Dt 2,14).  El texto evangélico dice: “Al verlo ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado”. De igual forma, Jesús nos ve y nos conoce a cada uno de nosotros. Él conoce nuestras enfermedades, nuestros pecados, nuestras luchas y nuestras cruces. Él sabe todo sobre nosotros, ya sea que nos demos cuenta de eso o no. A Él no le podamos esconder nada.

 

Jesús le pregunta: “¿Quieres curarte?” Hoy Jesús nos hace la misma pregunta ¿Quieres curarte? ¿O quieres permanecer en tu estado de miseria, dolor y sufrimiento? Esta pregunta parece obvia, pero a veces nos aferramos a nuestro dolor, sufrimiento y miseria. Hemos experimentado el dolor por el pecado en nuestras vidas por tanto tiempo que se ha convertido en parte de nosotros. Tal vez fuimos heridos y lastimados hace muchos años y no sabemos cómo encontrar la sanación. A veces tenemos miedo dejar entrar a Jesús a las áreas que escondemos o están lastimadas en nuestra vida. Nos da miedo abrirnos a un amigo, pensamos que si sabe la verdad nos va a dejar de querer o se va alejar de nosotros y va ir a contarles a todos lo que hicimos, e incluso ni al confesor o al director espiritual queremos contarles toda nuestra vida. A veces nos da miedo decirle todo al sacerdote en confesión.   A veces me dicen: “Padre, por favor pregúnteme y yo le digo si lo hice o no”. Y me imagino, yendo al doctor y decirle: “Doctor adivine que tengo o pregúnteme y yo le digo si me duele allí o no”. Creo que esto así no funciona.

 

El hombre enfermo no contesta la pregunta de Jesús, comienza a dar excusas y poner pretextos: “Señor, no tengo a nadie que me meta…Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo.” Pero Jesús que nos conoce y sabe que es lo que mejor nos conviene. Por eso, lo sana porque Jesús es fuente de toda curación, y aunque no se lo pida, lo va a sanar. También nosotros nos excusamos para no buscar la sanación y ponemos pretextos para que Jesús cambie nuestra vida. A veces decimos: “no tengo tiempo”, “la Iglesia es la culpable o sus ministros”, “no puedo cambiar”, “así soy y que”, “genio y figura hasta la sepultura”, etc.  Sabemos que Jesús es la medicina y que nos quiere sanar a través de su Palabra, sus sacramentos (Reconciliación y Unción de los enfermos) y su Cuerpo Místico (Iglesia).

 

Hoy Jesús te está preguntando directamente: “¿TÚ quieres curarte?” Es desde su costado herido en la cruz por nuestros pecados de donde sangre (Eucaristía) y agua (Bautismo) fluyen y nos ofrece la sanación. Jesús no nos defraudará si nos vamos hacia Él con fe, humildad y dejamos que se haga su voluntad, porque Jesús siempre quiere amarnos y sanarnos. Ser vulnerable no es fácil; de hecho, es bastante aterrador. Pero cuando abrimos nuestros corazones a la gracia de Jesucristo, Él cambiará nuestras vidas para siempre.

 

Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Al momento el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Esto es maravilloso, Jesús inmediatamente lo sano porque Él no quiere que sigamos sufriendo.  El verbo “Levántate” en griego es el mismo que se emplea para la resurrección, es decir, significa que Dios quiere cambiar completamente nuestra vida de la muerte (enfermedad) a la resurrección (sanación), del pecado a no volver a pecar, de la tristeza a la felicidad, del vicio a la virtud, etc.  “Toma tu camilla y anda”, es la prueba de que ha sanado y ahora es libre, no hay nada que lo ate y lo tenga postrado en la miseria. Andar significa ir por el Camino, es decir, ir con Jesús (“Yo soy el camino, la verdad y la vida” Juan 14,6). Jesús nos invita a tomar nuestro pasado y caminar, no a ser esclavos del pasado y que nos impida ser felices, sino que sanemos a través del poder de su Palabra (Sagradas Escrituras) y su Cuerpo Místico (Iglesia), por eso dice: “Más tarde lo encontró Jesús en el templo.”
“Aquel día era sábado”, es el día dedicado al Señor, donde Dios contempla su creación y descansa, ahora contempla como su hijo es libre y camina sin ataduras e impedimentos como desde el principio lo planeo para él antes de que el pecado lo hiriera y lo postrara. Los judíos le dicen: “No te es lícito cargar tu camilla” y él da razón porque lo hace “El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y anda’ “. Él obedece ante la voz de Jesús y ahora ya no pone pretextos. El hombre que estaba enfermo y ahora está sano no sabe quién es Jesús pero más tarde Jesús “lo encontró”. Es Jesús quien siempre nos encuentra y que curioso que fue “en el templo” como a muchos de nosotros, no es que nosotros lo encontramos sino que Él nos encuentra cada vez que vamos a su casa (Iglesia) y quiere que sanemos no solamente físicamente sino de algo más profundo. Les recomiendo que vayan a un retiro de sanación, donde Jesús puede sanarnos.

 

Jesús le dijo: “Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor”. ¿Habrá algo peor que vivir 38 años postrado en la miseria y depender de todo y de todos? Creo que es una advertencia para alejarnos de nuestro pecado y cambiar nuestra vida porque la herida y el sufrimiento son más profundos.  Cuando alguien ha sido sanado por Jesús no puede contener la alegría y se lo quiere contar a los demás (como la mujer samaritana),  y este hombre les contó a los judíos que el que lo había curado era Jesús. ¡Eso tenemos que hacer, que todos sepan que Jesús es el que nos sana de nuestro pecado! Pero qué triste respuesta de parte de los judíos, persiguen y quieren matar a Jesús. ¡Hasta lo que no comen les hace daño! Mi papá suele decir de esas personas, “ni cachan, ni pichan y ni dejan batear.” Y el obispo que me ordenó, Onésimo Cepeda Silva, decía: “ni ayudan a los demás pero como se pasan metiéndose en la vida de los otros, primero que resuelvan la suya y después que se metan en vidas ajenas.”

 

Hoy dedica tiempo en oración para platicar con Jesús lo que está sucediendo en tu corazón. Cuéntale sobre tus heridas y miedos. Invítalo que se haga presente en los momentos de tu vida donde fuiste lastimado y herido por alguien. Pídele que ilumine con su amor las heridas y que quite con su Verdad las mentiras que has llegado a creer sobre ti mismo como resultado de la herida. ¿Cuáles son algunos de los votos que has hecho en relación a la herida? Por ejemplo, si fui castigado por mis padres por hacer algo mal, podría haber llegado a creer la mentira de que no soy bueno. Es posible que crea la mentira que no puedo cambiar. Si alguien me traiciono o me engaño. Es posible que luego haya jurado nunca volver a confiar en nadie porque temo que me lastimen más. Si me divorcie, nunca más confiare en una pareja.

 

Jesús quiere que sepas la verdad de que eres su hijo amado. Él te invita a renunciar a las mentiras y votos y a vivir en Su libertad. Cuando pedimos cualquier cosa a nuestro Padre celestial en el nombre de Jesús, nos la concederá. Jesús te “ama con amor eterno” (Jeremías 31,3). Él no te llevará a lugares a los que no estás listo para sanar. Confía en Jesús, Él te ama y quiere que seas libre, sano y tengas una vida en plenitud.

 

¿Quieres ser sanado? Si es así.  Te invito a que digas:

 

Padre celestial hoy te pido en el nombre de Jesús, que me ayudes a renunciar a la mentira de que no soy bueno. En el nombre de Jesús, renuncio al voto de que nunca confiaré en otra persona por temor a ser lastimado. En el nombre de Jesús, anuncio la verdad de que soy el hijo amado de Dios. Soy digno de amor.

 

¡Señor, sáname! Porque solo no puedo, necesito de ti, de tu ayuda y de tu misericordia. Ayúdame a quitar los pretextos de mi vida y todo aquello que me impide cambiar.

 

Ven Espíritu Santo y guíame en este viaje. Libérame de mis cadenas para que camine en tus senderos y anuncie tu Palabra a los demás.

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¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

Padre Enrique García Elizalde

 

 

Martes, 3ª semana de Cuaresma (17-marzo-2020)

Evangelio según San Mateo  18, 21-35.

 

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.
Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y verás lo que sucede en este año en tu vida!

 

En tiempos difíciles y de crisis es cuando debemos mostrar de que estamos hechos y en quien confiamos. Por eso sigamos orando por una rápida solución a la pandemia a la que nos enfrentamos. Estamos plenamente convencidos que la oración es poderosa, y Dios puede hacer cualquier cosa. En lugar de enfocarse en el miedo y la ansiedad, por favor unámonos en oración. Jesús es nuestra esperanza y con Él saldremos victoriosos una vez más. Únanse a nosotros para rezar el rosario. Aquí presento dos webpages de como rezarlo. En español  https://www.comorezarelrosario.com/  y en inglés: Rosary y la coronilla de la Divina Misericordia en inglés Divine Mercy Chaplet

 

 

Jesús, nuestro gran Maestro espiritual, quiere que nosotros sus discípulos fijemos nuestra atención en el perdón para poder ser libres de cualquier atadura y vivir plenamente felices. Seguramente que alguna vez te has sentido como Pedro al comienzo de este pasaje, él quiere saber cuántas veces debe perdonar a quien lo ha ofendido. A veces como a Pedro se nos acaba la paciencia y nos colman el plato. Cada uno de nosotros hemos sido lastimados por alguna(s) persona(s), a menudo que está(n) muy cerca de nosotros y que no imaginábamos que lo haría(n). Constantemente, a mí como sacerdote la gente me pregunta: “¿Cómo puedo aprender a perdonar?” A veces he escuchado que me dicen: “¡Qué Dios lo perdone porque yo no sé si puedo perdonarlo/la por lo que me hizo!” Otras veces dicen: “la tercera es la vencida”, “no le voy a pasar una más,” “todo le puedo perdonar menos eso,” “se lo dije que era la última vez.” Otras veces, simplemente se alejan y no vuelven hablarles, cuando antes eran “los mejores amigos o el amor de su vida.” También queremos aplicar la ley del Talión o como dice el dicho: “ojo por ojo y diente por diente” o como Pepito decía: “piojo por piojo y liendre por liendre”. ¿Alguna vez has estado en alguna situación parecida? ¿Cómo has reaccionado?

 

 

Me pregunto a veces como Pedro, ¿Cuántas veces más tengo que perdonar? Y aunque soy sacerdote, a veces siento que no puedo y por eso caigo de rodillas ante Jesús para pedirle que me ayude porque yo no puedo solo, y ese veneno mata mi alma y quita la paz de mi corazón.  Después de muchos años de pedirle al Señor que me dé su luz, ahora puedo enumerar algunos pasos que me han ayudado a tener paz y perdonar.

 

1) Comienzo a ver cuán misericordioso ha sido Dios nuestro Señor conmigo y cuantas veces me ha perdonado. Cada vez viene a mi mente y a mi corazón el pasaje de la Escritura sobre la mujer que fue sorprendida en adulterio. Todos querían apedrearla, pero Jesús les dice: “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra” y luego Él le dijo: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco. Ahora vete y no peques más.” (Jn 8, 10-11). Jesús nos muestra que todos somos pecadores, así que no deberíamos juzgar a nadie más. Me impactan las palabras que Jesús le dice y siempre hacen eco en mi corazón: “Yo tampoco.” Jesús, el único justo y que es juez de vivos y muertos, no nos condena, pero nos invita a no ser esclavos y a condenarnos nosotros mismos por el precio de nuestro pecado, nos dice: “Ahora vete y no peques más.” Es decir, cambia de vida.

 

Ella experimento la misericordia de Jesús y se convirtió en uno de Sus seguidores más cercanos de por vida. Ella nunca olvidó ese momento de misericordia de nuestro Señor y le cambió la vida. Así, cada uno de nosotros no olvidemos los momentos de misericordia de parte de Dios para que nuestra vida cambie. Piensa también lo mucho que te hace sufrir el pecado y no vuelvas a cometer los mismos errores.

 

2) Reflexionemos en nuestro propio pecado y nuestra necesidad de la misericordia de Dios, de recibirla y de ofrecerla a otros. Yo como sacerdote, cada vez antes de entrar al confesionario, me recuerdo a mí mismo de mi necesidad de la misericordia de Dios y trato a los demás como quisiera que me trataran. Me acuerdo que mi misión es ser un instrumento de Su infinito amor y misericordia. Verdaderamente siempre experimento su amor y su misericordia fluyendo a través de mí hacia la persona que confiesa sus pecados. Ellos salen con mucha paz y reconciliados, yo siento la presencia de Dios en ese momento y le pido tenga misericordia de mí.

 

En el Evangelio de hoy, el hombre al que se le perdona una enorme deuda no tiene misericordia a su siervo, a pesar de que a él se le perdono una suma mayor. Cada vez que oramos el Padre Nuestro, decimos: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.”  (Mt 6, 12). Vamos a ser perdonados en la medida que nosotros perdonamos a los demás. “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.” (Mt 5,7).

 

3) Meditemos en Jesús en la cruz. San Francisco de Asís decía: “el crucifijo es el evangelio de los pobres.” Reflexiona que fue traicionado por Judas, negado por Pedro, abandonado por sus Apóstoles, condenado por la multitud a quien alimento con pan y pescado, etc. Medita como después de haber sido golpeado, escupido, torturado y crucificado, Jesús vio a los soldados, a sus perseguidores, a quienes eran culpables de darle muerte con misericordia, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” (Lc  23,34). Él no estaba justificando su comportamiento como si nada hubiera ocurrido, pero Él estaba reconociendo que ellos estaban cegados por el pecado y no Lo reconocieron como el Hijo de Dios. Si hay tanta maldad en el mundo es porque no han conocido verdaderamente a Jesús y no hemos sido capaces de amarlo en los demás.

 

4) Oremos (si es posible frente el Santísimo): “Señor, ten misericordia de mí que soy un pecador. Ayúdame a VER a la persona que más me ha lastimado (di su nombre) como tú la ves, la amas y la perdonas. Ayúdame a PERDONAR a esta persona como tú los perdonas, porque para mí es muy difícil, pero no quiero que me siga lastimando y haciendo daño. Ayúdame a AMAR a esta persona como tú los amas porque  yo no puedo solo/a. Enséñame a PONER  este dolor en tus manos, porque no quiero seguir sufriendo y  y Saname con tu poder y misericordia.”

 

En mi experiencia, cuando he orado de esta manera, el Señor me ha ayudado a ver a la persona que me ha herido con otros ojos. Comienzo a verlos como el hijo amado de Dios y no como mi enemigo. Tengo más compasión y mi ira se disipa.

 

Es difícil perdonar a la persona que nos ha lastimado, no voy a decir que es fácil,  pero con la ayuda de Dios todo se puede perdonar. Además mi experiencia con el Señor me ha ayudado a ver que cada vez que perdono a la persona que me ha herido quien sale ganando soy yo. Gano una tranquilidad y una paz que no me pueden dar el odio, el rencor o el deseo de venganza. Veo con los ojos de Jesús a los demás y dejo de sufrir. Comienzo a verlos como hijos amados de Dios y no como mis enemigos. Recuerda que Jesús dice: “Han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo” Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen.” (Mateo 5, 43-44) Dar y recibir el perdón nos libera de las ataduras del odio y de la venganza.

 

¿A quién necesito perdonar?
¿He pedido al Señor que me ayuda a ver, perdonar y amar como Él lo hace a los demás?

Dar y recibir el perdón nos libera de las ataduras del odio y de la venganza. Señor, enséñame a perdonar. Libérame de la esclavitud de no poder perdonar. Guardar rencor no lastima a la otra persona; nos daña a nosotros. El perdón es como beber veneno esperando que le haga daño a la otra persona.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe,

 

Padre Enrique García Elizalde

Lunes de la 3ª semana de Cuaresma (16 de marzo de 2020)

Lucas 4, 24-30

 

En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria”.

 

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una saliente del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

 

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¡Ora más leyendo los Evangelios y verás lo que sucede en este año en tu vida!

 

En tiempos difíciles y de crisis es cuando debemos mostrar de que estamos hechos y en quien confiamos. Por eso sigamos orando por una rápida solución a la pandemia a la que nos enfrentamos. Estamos plenamente convencidos que la oración es poderosa, y Dios puede hacer cualquier cosa. En lugar de enfocarse en el miedo y la ansiedad, por favor unámonos en oración. Jesús es nuestra esperanza y con Él saldremos victoriosos una vez más. Únanse a nosotros para rezar el rosario. Aquí presento dos webpages de como rezarlo. En español  https://www.comorezarelrosario.com/  y en inglés: Rosary y la coronilla de la Divina Misericordia en inglés Divine Mercy Chaplet

 

Las lecturas de hoy nos hablan de como Dios actúa de manera extraordinaria a través de las cosas ordinarias, cómo a través de personas sencillas y ordinarias hace cosas extraordinarias,  pero debemos confiar en Él y su amor. Pero al mismo tiempo nos presentan la resistencia del ser humano a confiar en Él, como el enemigo trata de echar a perder todo lo bueno y quiere hacernos caer en la tentación de sacarlo de nuestras vidas. Esto sucede en las lecturas que hemos meditado hoy, pero sobre todo si analizamos nuestra vida a profundidad.

 

En la primera lectura (2 Reyes 5, 1-15), Naamán, general del ejército de Siria, estaba leproso, y una jovencita esclava (una persona sencilla y ordinaria), quien estaba al servicio de la mujer de Naamán, le dijo a ella que si su esposo “fuera a ver al profeta que hay en Samaria, ciertamente él lo curaría de su lepra”. Él fue ante su rey y éste le dio una carta para el rey de Israel para recibirlo. Naamán se puso en camino, llevando muchos regalos (como barras de plata, miles de monedas de oro y vestidos nuevos), pero especialmente una carta para el rey de Israel que decía: “Al recibir ésta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán, para que lo cures de la lepra”.  Al llegar, entregarle la carta al rey de Israel y éste leerla, rasgó sus vestiduras exclamando: “¿Soy yo acaso Dios, capaz de dar vida o muerte, para que éste me pida que cure a un hombre de su lepra? Es evidente que lo que anda buscando es un pretexto para hacerme la guerra” (Aquí, vemos como el enemigo trata de echar a perder todo lo bueno).

 

Dios nunca deja que el enemigo se salga con la suya, por eso cuando Eliseo, el hombre de Dios, se enteró de que el rey había rasgado sus vestiduras, le envió este recado: “¿Por qué rasgaste tus vestiduras? Envíamelo y sabrá que hay un profeta en Israel”. Dios actúa a través de las personas ordinarias que confían en Él, logrando cosas extraordinarias. Naamán fue a la casa de Eliseo, pero éste no salió y le mandó decir con un mensajero: “Ve y báñate siete veces en el río Jordán, y tu carne quedará limpia”. Le mando hacer algo tan sencillo y ordinario. Pero Naamán se enojó, diciendo: “Yo había pensado que saldría en persona a mi encuentro y que, invocando el nombre del Señor, su Dios, pasaría la mano sobre la parte enferma y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, como el Abaná y el Farfar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podría bañarme en ellos y quedar limpio?” Su orgullo y soberbia lo estaban segando y Él ya se marchaba furioso, cuando sus criados (personas ordinarias y sencillas) se acercaron a él y le dijeron: “Padre mío, si el profeta te hubiera mandado una cosa muy difícil, ciertamente la habrías hecho; cuanto más, si sólo te dijo que te bañaras y quedarías sano”.

 

“Naamán bajó”. ¿De qué bajo?  Seguramente de su soberbia y actitud orgullosa para ir al Jordán y bañarse, como le había dicho el hombre de Dios. Bañarse en el Jordán es una prefiguración del bautismo, es decir, el cambio de estar leproso (paso de morir al pecado) para salir limpio (resurrección). Naamán volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y se le presentó, diciendo: “Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel”. Naamán acepta a Dios y acerca a los demás al hombre de Dios.

 

En el evangelio, Jesús llegó a Nazaret (lugar ordinario de no más de 400 personas en tiempos de Jesús,  que nunca se menciona este lugar en el Antiguo Testamento, además es el lugar donde Jesús lo ha visto crecer),  Jesús entró a la sinagoga y dijo al pueblo: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra.” ¿Por qué? Por el orgullo y la soberbia de quienes lo oyen al no poder creer que Dios pueda actuar a través de personas ordinarias que conocemos y realice a través de ellos cosas extraordinarias. Jesús cita que en tiempos de Elías  había muchas viudas, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Añade, que “había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria”. Es decir, Dios actúa de manera extraordinaria a través de las cosas ordinarias, a través de personas sencillas hace cosas extraordinarias.

 

¿Qué hicieron los que lo escuchaban? “Se llenaron de ira” y se resisten a confiar en Él. Continua el evangelio diciendo: “levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una saliente del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo.”  Una prueba más de como el enemigo trata de “levantarnos” (ser soberbios y orgullosos) y hacernos caer en la tentación de sacar a Jesús de nuestras vidas.

 

El pueblo se enfureció por el mensaje de Jesús de que la Buena Nueva de la salvación no se limitaba a una raza, país o grupo privilegiado, sino que es para todos, sin limitaciones. Les estaba diciendo que Dios amaba a todas las personas, no sólo a los judíos. Este no era el mensaje que querían escuchar. Después de todo, eran el pueblo elegido. ¿No deberían ser privilegiados en todos los sentidos sobre la gente de otras naciones?

 

Dios nos enseña que  el puedo actuar de manera extraordinaria a través de las cosas ordinarias, como es el caso de la Eucaristía donde el pan a través de la consagración se transforma en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo; de cómo a través de personas sencillas y ordinarias hace cosas extraordinarias: a través de una joven virgen, nace el Mesías; a través de Juan Diego, un mestizo, trae el mensaje al obispo de construir una casita para alabar a Dios, a través de los pastorcitos de las apariciones de Fátima; a través de un sacerdote, un hombre pecador, Dios puede perdonar los pecados por la gracia de Espíritu Santo. En todos los casos debemos confiar en Dios y su amor. Pero a veces nos resistimos a confiar en Él y en su poder, y caemos en la tentación de sacarlo de nuestras vidas. Lo mismo podemos decir que a través de cosas sencillas: como lavarnos las manos, darle su espacio a cada quien, cuidar a las personas más vulnerables (adultos mayores) y confiando en Dios podremos vencer esta pandemia del coronavirus.

 

Cuando fuimos a Tierra Santa, subimos esta colina desde la que querían tirar a Jesús. Fue impactante para mí estar en cada uno de esos lugares descritos en las Escrituras. No tuvieron éxito en matar a Jesús; pasó por medio de ellos porque el enemigo no tiene poder sobre nuestras vidas, sino hasta que Dios decida llamarnos a cada uno de nosotros,  aún no era Su momento. Este detalle es importante porque muestra que Jesús tenía el control de Su vida. El voluntariamente fue a la cruz en ese primer Viernes Santo para la salvación del mundo. Su vida no le fue arrebatada; la entregó para pagar el precio por ti y por mí.

 

Padre Celestial, sáname de cualquier lepra que haya dentro de mí y ayúdame a vencer el  orgullo que hay en mi corazón. No me dejes despreciar a nadie, sino ayúdame a verlos como tú los ves, Señor, como tus amados hijos e hijas. Mantenme humilde, Señor. Transforma nuestro mundo en un lugar de paz, donde realmente nos vemos como iguales, hermanos y hermanas en Cristo en nuestro camino al cielo.

 

 
¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde