Domingo de Pentecostés (Ciclo B) Misa del día.

Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado.

Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

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Pentecostes

Pentecostés (del griego πεντηκοστή pentēkostḗ ‘quincuagésimo’) es el término con el que se define la fiesta cristiana del quincuagésimo día del Tiempo de Pascua. Se trata de una festividad que pone término a ese tiempo litúrgico y que configura la culminación solemne de la misma Pascua, su colofón y su coronamiento (Hechos 2, 1-41).​ Durante Pentecostés se celebra la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. La liturgia incluye la secuencia medieval Veni, Sancte Spiritus.

 

El texto que este domingo nos permite profundizar en el significado de la fiesta de

Pentecostés es, al mismo tiempo, un texto revelador de la nueva situación inaugurada en la vida de la comunidad por el evento de la Resurrección del Señor.

Se trata, en efecto, de una aparición de importancia única para la fe pascual, es decir, para la experiencia de contacto con el Misterio (lo sagrado)  que se desprende de la pasión-muerte-resurrección del Cristo. La presencia de Dios cambia radicalmente a aquellos que atraviesan –aunque sea mistéricamente- junto con Cristo el umbral de la muerte. La historia tiene ahora un nuevo sentido y las experiencias límite por las que todo ser humano tiene que pasar cobran también un nuevo y más profundo significado. La aparición del Resucitado a su comunidad arroja luz y penetra de paz aun las más graves dificultades por las que ésta pudiese atravesar. La vida y el futuro de la comunidad dependerán ya para siempre de este encuentro que podríamos llamar “fundacional” con el Señor. Por ello, conviene analizar brevemente sus elementos esenciales.

Al anochecer del día de la resurrección…” El texto bíblico original dice: “al atardecer del día aquél, el primero de la semana”… La expresión es importante, ya que el tema de la semana es un tema teológico preferido de nuestro evangelista, con el que, siguiendo una antigua tradición semántica israelita, se alude a dos grandes dimensiones de la fe judía: la de la creación (según el relato de Gn 1 Dios creó el mundo en el lapso de una semana) y la dimensión de la alianza (el shabbat o sábado, último día de la semana judía, había sido instituido por Dios mismo para celebrar la alianza con su pueblo). Indicando, pues, que se trata del primer día de la semana, Juan está queriendo apuntar al surgimiento de una nueva creación y a la celebración de una nueva alianza. Con la muerte, en efecto, pero, sobre todo, con la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, da inicio una nueva creación, un nuevo tipo de hombre, una nueva era, caracterizada no ya por el miedo sino por la alegría, como el mismo evangelista indicará renglones abajo. Y da inicio, igualmente, una Nueva Alianza, es decir, una nueva relación entre Dios y su pueblo, caracterizada no ya por el legalismo ritual que todo termina por asfixiarlo, sino por la espontaneidad del amor fiel que responde al Amor Veraz (“amor que responde al amor”, como dice san Juan 1,18).

Se trata, además, del “atardecer” de aquel día. El atardecer (o anochecer, según se le vea) significa dos cosas ambivalentes: por un lado, la llegada de la noche, con todo el significado atemorizador que las tinieblas traen consigo como ámbito de las fuerzas malignas y opresoras que se oponen a la realización del plan de Dios sobre el hombre, enemigas, por lo tanto, de la felicidad de éste, de su libertad y de su paz. Pero, por otro lado, la noche es también el ámbito de la salvación, ya que también de noche se presentó el Ángel Exterminador sembrando la muerte en todo el territorio egipcio y saltando las casas de los hebreos, previamente marcadas con la sangre del cordero. Se convierte de esclavitud a fuerza divina que libera; de miedo a la superación del miedo, de la tristeza a la alegría de la vida que resurge. La división y las rivalidades son superadas por la experiencia de la fraternidad y de la comunión que nace del amor gratuito y valiente. Esto es fruto del Espíritu Santo.

“…estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos…” La puertas cerradas representa una comunidad paralizada…Este es el resultado que la muerte del Maestro ha traído consigo. Y podemos imaginar lo que está más en el fondo del corazón de cada uno de ellos, lo que atormenta más cruelmente el corazón destrozado de los discípulos, algo que es peor aún que el miedo, más implacable que la persecución de los enemigos, más eficaz que las torturas de los soldados romanos; se trata de la culpa, de la vergüenza por haber traicionado a su amado maestro. Imagina lo que sintieron los discípulos (y lo que deberíamos sentir todos los que traicionamos al amor de Dios).

El amor vence, Él lo vence todo. Es capaz de crear de nuevo la relación justo donde no cabía más la esperanza de una siquiera remota posibilidad de reconciliación. Lo que no somos capaces de restaurar y hacer nosotros, lo puede el Amor Resucitado (que es el mismo amor que hemos recibido en el bautismo y que ya es nuestro, que ya se identifica con nuestra más profunda identidad): crea un mundo nuevo donde sólo permanecía la perdición, ahora hay Vida Nueva.

“…se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría…” Jesús vuelve para mostrarles su amor y su paz, no se da por vencido, nunca, mucho menos en el día de su victoria. “Paz con ustedes”. Es Él quien la ofrece y quien la otorga. La paz es su don, es su regalo de parte de Dios. Así celebra Él su triunfo sobre la muerte. ¡Si pudiésemos imitar su gesto de re-creación con cada una de las personas que nos han traicionado, con todos los que nos han hecho algún mal; y liberarlos del agobiante peso de la culpa! No habría en nuestra vida ninguna pérdida irreparable, nuestros resentimientos y nuestros rencores serían transformados por el Amor, pero sólo el amor verdadero, autentico y desinteresado por el bien del otro. Todo lo otro es egoísmo y negación del plan de Dios. ¡Si creyéramos, tan sólo, lo que somos!

Las manos y el costado… las amadísimas manos que habían bendecido a las multitudes, que se habían posado sobre las cabezas de los sufrientes y los oprimidos por el pecado o la enfermedad, esas manos que habían abrazado con inusitado amor a las prostitutas, a los pecadores públicos, a los leprosos y a los malditos, sin ningún reparo, sin ningún miedo a ser contaminadas, sin que nadie pudiera impedir su labor restauradora, sin que nadie hubiese podido jamás frenarlas en su vehemente impulso y su irrefrenable deseo de tocar todos los cuerpos, esas mismas son las manos clavadas por los hombres en un madero, las manos que permanecieron siempre abiertas, tanto para recibir el beso agradecido de los enfermos como para acoger los clavos infamantes del repudio universal… Son las manos del amor, por eso conservan para siempre, aún después de la Resurrección, las marcas que el amor ha dejado en ellas, ese amor infinito suyo que llega hasta lo indecible, hasta su propia destrucción -que no es, sin embargo, sino su propia exaltación, su triunfo definitivo y eterno-.

Y se llenaron de alegría. Y ese es, desde entonces, el signo característico de la vida nueva que el amor crucificado ha sido capaz de generar. La alegría, que es mucho, pero mucho más que los goces pasajeros que el mundo nos ofrece, que nuestro esfuerzo consigue, que nuestra capacidad vislumbra. Es el gozo del Espíritu, ese gran Vencedor de todos los males y de todos los terrores que atenazaban el corazón del hombre. Ya no hay miedo. La muerte ha perdido su rostro amenazador, para convertirse en una invitación más a continuar en el amor. Los otros, incluso los perseguidores, ya no son enemigos: son hermanos a quienes amar más radicalmente. Un mundo así sólo puede producir este fruto mesiánico: la alegría.

Hasta ahora 16 personas han aceptado el reto de la Trivia de los Santos.  Cada mes enviarás tus respuestas. Te indicaremos de que manera podras enciarlas.

Trivia de la Vida de los Santos:

1.. Muchos creen que es el/la más grande de todos los santos cristianos, sus padres son Sn. Joaquin y  Santa Ana, originaria de Nazaret, fue visitada por el Arcangel Gabriel, los Sabios venidos de oriente y pastores de la región,  llena de gracia y el Señor está con ella, su alma alaba la grandeza del Señor, fue a Egipto para escapar de la ira del Rey Herodes
estuvo presente en la Crucifixión en Jerusalén, y allí fue entregada al cuidado de Juan el Apóstol. Ella posee una relación única con las tres Personas de la Trinidad, lo que le da un derecho al título de Reina. ¿Quién es?

a) Santa Agata             b) San Juan          c) La Virgen María                 d) Santa Mónica

¡Espíritu Santo, Ven y llenanos con tus divinos dones y el fuego de tu amor!

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

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Sábado VII de Pascua

Evangelio según San Juan 21, 20-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: “Sígueme”. Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: ‘Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué va a pasar con éste?” Jesús le respondió: “Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme”.

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: ‘Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?’

Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

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Entre la lectura de ayer y la de hoy está de por medio el agitado viaje de Pablo: desde Cesárea a la isla de Creta, los catorce días de tempestad, la estancia en Malta, el viaje de Malta a Roma, la cálida acogida por parte de los hermanos. El fragmento de hoy (Hch 28, 16-20. 30-31)  es un resumen de su actividad en Roma, donde Pablo puede vivir en “régimen de libertad vigilada” en una casa privada. Comienza, como siempre, la predicación a los judíos con resultados alternos, podía “anunciar el Reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad y sin obstáculo alguno”.

Lucas ha alcanzado su objetivo: la carrera de la Palabra es imparable; el Evangelio ha llegado al corazón del mundo, es predicando con toda libertad y sin obstáculo alguno “hasta los confines de la tierra”. Nada ha podido ni podrá detenerlo. Pablo es uno de los muchos testigos de Jesús, un campeón ejemplar, heroico y dotado de autoridad, pero no es el único. Las vicisitudes personales de Pablo no parecen interesar demasiado a Lucas, que corta aquí su relato, sin informarnos sobre la suerte del campeón: lo que le importa de verdad es que Pablo haya culminado su propia misión, una misión que es la de todo cristiano, a saber: ser testigo de la resurrección, tener el valor de anunciarla por doquier, convertir cada situación, aun la más improbable, en una ocasión para decir que Jesús es el Señor y el Salvador. “La Palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2,8s). No hay ocasión en la que no pueda ser anunciada la Palabra de Dios.

El Señor verá a los justos con complacencia. Aleluya.” (Salmo 10, 7b) Los ojos del Señor miran al mundo y examina a los hombres su mirada. Examina a inocentes y malvados y aborrece al que ama la violencia. Pues el justo el Señor y ama lo justo, a los justos verá con complacencia.

El epílogo del Evangelio de Juan está relacionado con la misión propia del discípulo amado. El fragmento está formado por dos pequeñas unidades, que también están subdivididas a su vez: predicción sobre el futuro del discípulo amado (vv. 20-23) y segunda conclusión del Evangelio (vv. 24s). El redactor de este capítulo 21, a través de una comparación entre Pedro y el otro discípulo, pretende identificar de manera inequívoca al “otro discípulo al que Jesús tanto quería” (Jn13, 23; 19,26; 21,7.20). La pregunta que Pedro plantea, a continuación, a Jesús sobre la suerte del discípulo amado recibe de parte del Maestro una respuesta que no deja lugar a equívocos, en la que afirma la libertad soberana de Dios respecto a cada hombre, “Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: ‘Señor, ¿qué va a pasar con éste?’ Jesús le respondió: ‘Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme’ “.
Pero quizás sea posible proyectar alguna luz sobre estos misteriosos versículos intentando poner de manifiesto cierto fondo histórico el tiempo en el que el autor o escribió. El texto no estuvo provocado realmente por las discusiones que tuvieron lugar en la Iglesia de los orígenes entre los discípulos de Pedro y los del discípulo amado sobre el “poder primacial” del primero. Más bien fue introducido por el redactor del capítulo para demostrar, sobre una base histórica, dos cosas:

  1. a) que carecía de fundamento la opinión difundida de que el discípulo amado no había muerto;
  2. b) que esa muerte, una vez acaecida, tenía la misma importancia para el Señor que el martirio sufrido por el apóstol Pedro.

Por último, los versículos finales (vv. 24s) subrayan una cosa simple, pero verdadera: la revelación de Jesús, ligada al ministerio de su persona, es algo tan grande y profundo que escapa al alcance del hombre.

 

Hoy por las vísperas ya estaremos celebrando la Solemnidad de Pentecostés. Mañana daremos inicio con el Reto de la Trivia de Vida de los Santos que abarcará desde el día de Pentecostés hasta Cristo Rey, cada día habrá una Trivia de la Vida de un santo.  Siete personas han aceptado el reto.  ¿Tú aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos?

¡Espíritu Santo, Ven y llenanos con tus divinos dones y el fuego de tu amor!

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Viernes VII de Pascua

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

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En la primera lectura (Hch 25, 13-21) del día de hoy, Lucas parece un admirador del sistema jurídico romano e incluso saca a la luz algunos de sus principios rectores. Y pone de manifiesto la prontitud para explotar a favor del Evangelio este admirado ordenamiento jurídico. Pablo podrá ir a Roma gracias a su apelación al Cesar. Irá como prisionero, es verdad, pero irá a Roma. Es interesante leer la continuación del relato, donde se presenta el encuentro de Pablo con la extraña pareja y con el representante del Imperio Romano: también ellos están interesados en el asunto de Jesús y convierten la resurrección en tema de conversación. El valor de Pablo, que no teme exponerse, obliga a todo tipo de persona a ponerse frente al hecho de la resurrección, que ahora se ha convertido en el motivo fundador del nuevo camino de la salvación.

El Salmista alaba hoy y nos invita diciendo: “Bendigamos al Señor, que es el rey del universo. Aleluya.”  (Salmo 102, 1ss). Él anhela que “todo mi ser bendiga su santo nombre…y no te olvides de sus beneficios.” Nos muestra la grandeza de su amor por nosotros: “como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia.”

El Evangelio de hoy nos habla sobre la gran relación que existe entre Jesús resucitado y Pedro. Pedro conoce bien sus pecados—ha traicionado a Jesús tres veces. Jesús lo conduce a través del proceso de arrepentimiento y le da la llave para su transformación. Tres veces Pedro negó al Señor, y tres veces Jesús le pide que reafirme su fe: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Hay que tener en cuenta que el Cristianismo no es un conjunto de ideas, convicciones o principios. Es, más bien, la relación con una persona, con la persona de Jesucristo.

¿Amas a Jesús? ¿Se ha convertido en tu amigo? ¿Cómo es tu relación con Él? ¿Lo visitas en donde mora (el Sagrario) y cuánto pasas tiempo con Él? ¿Lees las Escrituras para conocerlo mejor?
A la pregunta de Jesús: ¿Me amas? Simón-Pedro dice sí, Jesús lo prueba: “Apacienta mis corderos; cuida mis ovejas; alimenta mis ovejas”. La prueba de amor es acción. ¿Estamos dispuestos a hacer lo que hizo Jesús? ¿Estamos dispuestos a misionar en su nombre? ¿Dejas que Él transforme tu vida?

“Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”. (Jn 21,18)  La última prueba del discipulado es la voluntad de abandonar nuestros egos y ser llevados por un poder más grande que nosotros mismos. Cuando llegues a viejo, extenderás tus manos.” Cuando lees las palabras de Jesús a Pedro, probablemente pienses inmediatamente en la crucifixión de Pedro. ¡Y con buena razón! Jesús estaba prediciendo “por qué clase de muerte Pedro glorificaría a Dios” (Jn 21,19). Pero también hay un mensaje aquí para cada uno de nosotros, especialmente a medida que envejecemos o cuidamos a los seres queridos que han envejecido. Pedro no se limitó a extender sus manos sobre la cruz al revés. Él los extendió todos los días mientras servía a la Iglesia, hasta el final de su vida y lo hizo con alegría por amor a Jesús. Sin duda, envejecer no es fácil, no eres tan fuerte o ágil como cuando eras más joven. Puede ser más difícil recordar un nombre o hacer las cosas.

Tal vez necesites ayuda con los quehaceres que alguna vez realizaste  fácilmente por tu cuenta. Hay que renunciar a parte de nuestra independencia, junto con algunos sueños que ya no son realistas, ¡pero anímese! El salmista le asegura que puede “dar fruto incluso en la vejez” (Salmo 92,15). ¿Cómo? Intentando estar abierto a las formas únicas de gracia disponibles en esta temporada de tu vida. Quizás no puedas hacer las cosas que solías hacer, ni para ti, ni para tu familia, ni para tu iglesia. Pero no dejes que eso te agobie. Dios tiene una misión para ti y cuenta contigo. Él tiene otras oportunidades guardadas para ti. Por ejemplo, si descubres que todo parece llevar más tiempo y puede aglomerar tantas actividades en tu día, quizás Dios te pida que simplifiques tu vida. Intenta enfocarte en lo que más importa: amar y ser amado. Si no puede hacer tanto por tu familia o amigos, puedes desarrollar un nuevo aprecio por simplemente estar con ellos o levantarlos en oración. Incluso tu necesidad de depender más de tu familia o amigos puede ayudarlos a aprender más acerca de cómo nos necesitamos los unos a los otros como miembros del cuerpo de Cristo. De hecho, al dejar que la gente te sirva, ¡Les estás dando la oportunidad de crecer!

Al igual que Pedro, puedes extender tus manos a las personas que te rodean a medida que te haces mayor. ¡Dios todavía tiene un gran plan para ti y tienes  mucho que hacer!

“Jesús, quiero seguirte hoy y todos los días de mi vida”

 

La Próxima Semana daremos inicio con el Reto de la Trivia de Vida de los Santos. A partir del día de Pentecostés hasta Cristo Rey cada día habrá una Trivia de la Vida de un santo y tendrán que saber de quién estamos hablando. Solamente una persona ha aceptado el reto.  ¿Tú aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos?

¡Qué tengan una semana llena de bendiciones de colores!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

 

Jueves VII de Pascua

Evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

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Hoy la primera lectura (Hch 22, 30; 23, 6-11) es tomada del segundo discurso de Pablo en su nueva condición de prisionero. Había subido a Jerusalén para visitar a aquella comunidad y había seguido, con “incauta” condescendencia, el consejo de Santiago de subir al templo. Lo descubren en él y, si no hubiera sido salvado por el tribuno romano, que le permite hablar a la muchedumbre, casi le cuesta la vida. De este modo tiene ocasión de contar, una vez más, su conversión, relato al que siguió una nueva intervención del tribuno romano ordenando a los soldados que lo llevaran al cuartel. Una vez allí, Pablo declara su ciudadanía romana. Al día siguiente le llevan ante el Sanedrín, donde pronuncia este habilidoso discurso.

Pablo juega con las divisiones entre fariseos y saduceos a propósito de la resurrección de los muertos, él dice “Hermanos: Yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me quieren juzgar porque espero la resurrección de los muertos”. Con ello despierta un furor teológico que les hace llegar a las manos. Los fariseos, superando la prudente posición del mismo Gamaliel, se alinean con Pablo y en contra del adversario común. Los romanos tienen que salvar otra vez al apóstol, “El alboroto llegó a tal grado, que el comandante, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó traer a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.” La particular belicosidad de los judíos -belicosidad que se verifica en esta visita de Pablo- es un indicador de la tensión nacionalista que estaba subiendo en el ambiente: todo lo que amenazaba la identidad nacional era rechazado, hasta el punto de llegar a la abierta rebelión contra Roma. Son páginas que reproducen el clima de exasperación nacionalista que conducirá al drama de la destrucción de la ciudad.

Pablo es consolado y tranquilizado de nuevo sobre su alta misión de ‘testigo’, no sólo en Jerusalén, sino en el mismo corazón del mundo conocido, El Señor se le apareció a Pablo y le dijo: “Ten ánimo, Pablo; porque así como en Jerusalén has dado testimonio de mí, así también tendrás que darlo en Roma”. Fue una vida heroica la de Pablo, empleada exclusivamente al servicio del Evangelio. San Pablo nos da ejemplo de ser testigos, misioneros y predicadores de la Buena Nueva del Señor, “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina.” (2 Timoteo 4, 2).

¿Qué estás haciendo para anunciar la Buena Nueva de Dios? ¿Sientes el consuelo de Dios en los momentos de la tribulación?

Junto con el Salmista hay que exclamar: “Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.”  (Salmo 15, 1ss). “Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio…tú eres mi Señor…mi vida está en sus manos…me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, y con él a mi lado, jamás tropezaré. Enséñame el camino de la vida…”

En la tercera parte de su “Oración sacerdotal” dilata Jesús el horizonte. Antes había invocado al Padre por sí mismo y por la comunidad de los discípulos. Ahora su oración se extiende en favor de todos los futuros creyentes (vv. 20-26). Tras una invocación general, “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos” (v. 20), siguen dos partes bien distintas: la oración por la unidad (vv. 21-23) y la oración por la salvación (vv. 24-26).

Jesús, después de haber presentado a las personas por las que pretende orar, le pide al Padre el don de la unidad en la fe y en el amor para todos los creyentes. Jesús dice: “Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno”, esta unidad tiene su origen y está calificada por ‘lo mismo que’ (= kathós), es decir, por la copresencia del Padre y del Hijo, por la vida de unión profunda entre ellos, fundamento y modelo de la comunidad de los creyentes. En este ambiente vital, todos se hacen ‘uno’ en la medida en la que acogen a Jesús y creen en su Palabra. Este alto ideal, inspirado en la vida de unión entre las personas divinas, encierra para la comunidad cristiana una vigorosa llamada de la fe y es signo luminoso de la misma misión de Jesús. La unidad entre Jesús y la comunidad cristiana se representa así como una in-habitación: “Yo en ellos y tú en mí” (v. 23ª). En Cristo se realiza, por tanto, el perfeccionamiento hacia la unidad.

A continuación, Jesús manifiesta los últimos deseos en los que asocia a los discípulos los creyentes de todas las épocas de la historia, y para los cuales pide el cumplimiento de la promesa ya hecha a los discípulos (v. 24). En la petición final, Jesús vuelve al tema de la gloria, recupera el de la misión, es decir, el tema de hacer conocer al Padre (vv. 25s), y concluye pidiendo que todos sean admitidos en la intimidad del misterio, donde existe desde siempre la comunión de la vida entre el Padre y el Hijo. La unidad con el Padre, fuente del amor, tiene lugar, no obstante, en el creyente por medio de la presencia interior del Espíritu de Jesús, “para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

¿Eres causa de unidad entre tu familia, amigos y en la Iglesia o de división?

¿Qué pretendes con los comentarios que haces sobre otras personas?

Hoy pedimos por el aumento de las vocaciones sacerdotales, religiosas, misioneras, a la vida consagrada, al matrimonio y a la soltería. Vivamos intensamente nuestra vida hasta el último minuto de nuestra existencia de acuerdo a la voluntad de Dios para alcanzar la felicidad y la santidad. Preocúpate por agradar a Dios y no al mundo.

La Próxima Semana daremos inicio con el Reto de la Trivia de Vida de los Santos. A partir del día de Pentecostés hasta Cristo Rey cada día habrá una Trivia de la Vida de un santo y tendrán que saber de quién estamos hablando. Dos personas han aceptado el reto.  Si tú aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos, escribe un comentario o manda un correo electrónico.  

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

San Pablo, ¡Ruega por nosotros!

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

  Padre Enrique García-Elizalde

Miércoles VII de Pascua

Evangelio según san Juan 17, 11b-19

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad’’.

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Pablo se dirige a los responsables –presbíteros y obispos–  de la Iglesia, es decir, a los “pastores” encargados  de “apacentar la Iglesia de Dios”. En vez de especificar el contenido de estas funciones, insiste en el deber de la vigilancia.

Se perfilan muchos peligros en el horizonte, peligros desde el interior y desde el exterior. Peligros sobre todo de difusión de falsas doctrinas, obra de “lobos crueles”.  La Iglesia de Dios es una realidad preciosa porque ha sido adquirida “con la sangre del propio Hijo”, de ahí la gran responsabilidad  de los que la presiden. El pastor debe vigilar “noche y día”, con “lagrimas”, primero así mismo y después a los otros, para preservar a su propio rebaño de los enemigos. Pablo esboza aquí, en pocas palabras, las grandes responsabilidades de la vida del Pastor.

Consciente de que está pidiendo mucho, y casi para tranquilizarlos, los “confía a Dios y a su Palabra de gracia, que tiene fuerza para que crezcan en la fe y para hacerlos partícipes de la herencia reservada a los consagrados”. Parecería más lógico que confiara la Palabra a los responsables; sin embargo los responsable a la Palabra, porque ella es la que tiene fuerza para que crezcan en la fe y para hacerles partícipes de la herencia reservada a los santos.

Y, para terminar, otro recuerdo de su desinterés personal destinado a los pastores, para que se esmeren también en el desinterés en su ministerio. Cita una máxima que no se encuentra en los evangelios, pero que Pablo pudo haber recogido de viva voz en boca de los testigos.

Concluye aquí el ciclo de la evangelización dirigida al mundo griego. Nuevas fatigas y pruebas esperan ahora a Pablo, quien siente que entra en una fase diferente de su apasionada vida de apóstol.

El fragmento del Evangelio de hoy, que es continuación del de ayer, incluye la segunda parte de la “oración sacerdotal” de intercesión que Jesús, como Hijo, dirige al padre. Tiene como objeto la custodia de la comunidad de los discípulos, que permanecen en el mundo. El texto se divide en dos partes: al comienzo se desarrolla el contraste entre los discípulos y el mundo (vv. 11b – 16); a continuación se habla de la santificación de éstos en la verdad (vv. 17-19). Si, por una parte, emerge la oposición entre los creyentes y el mundo, por otra se manifiesta con vigor el amor del padre en Jesús, que ora para que los suyos sean custodios en la fe.

En el primer fragmento pasa revista Jesús a varios temas de manera sucesiva: la unidad de los suyos (v. 11b), su custodia a excepción “del que tenía que perderse” (v. 12), la preservación del maligno y del odio del mundo (vv. 14s). En el segundo fragmento, Jesús, después de haber pedido al Padre que defienda a los suyos del maligno (v. 15) y después  de haber subrayado en negativo su no pertenencia al mundo (vv. 14. 16), pide en positivo la santificación de los discípulos; “Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad” (v. 17). Le ruega así al Padre, al que ha llamado “santo” (v. 11b), que haga también santos en la verdad a los que le pertenecen. Los discípulos tienen la tarea de prolongar en el mundo la misma misión de Jesús. Ahora bien, éstos, expuestos al poder del maligno, necesitan, para cumplir su misión, no sólo la protección del Padre, sino también la obra santificadora de Jesús, con la fuerza del Espíritu Santo.

¿Santificas a Dios viviendo tu vida en la verdad?

¿Qué te aparta de la verdad y de santificar a Dios? ¿Estás dispuesto a dejar eso que te aparta de Dios para vivir plenamente feliz?

 

Los Ganadores de la Trivia del Nuevo Testamento: María Amaya Márquez, María Elena Ávila, María Dolores Camacho, Ana Gamboa, Carolina García, Verónica González Murillo, Hilda Ramos, Samantha Mendoza.

La Próxima Semana daremos inicio con el Reto de la Trivia de Vida de los Santos. A partir del día de Pentecostés hasta Cristo Rey cada día habrá una Trivia de la Vida de un santo y tendrán que saber de quién estamos hablando. Solamente una persona ha aceptado el reto.  ¿Tú aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

  Padre Enrique García-Elizalde

Martes VII de Pascua

Evangelio según san Juan 17, 1-11

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.

Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera.

He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado.

Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo’’.

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Tras la sublevación de los orfebres de Éfeso, reemprende Pablo sus viajes. Pasa a Grecia, se detiene en Tróade (donde devuelve la vida a un muerto durante una larguísima vigilia eucarística) y a continuación baja a Mileto, en las cercanías de Éfeso, desde donde manda a llamar a los responsables de esta Iglesia. Con ellos mantiene una amplia conversación. Se trata del tercer discurso de Pablo referido por Lucas: el primero reflejaba la predicación dirigida a los judíos (capítulo 13); el segundo, la dirigida a los paganos (capítulo 17), y el tercero, la dirigida a los pastores de la Iglesia (Primera lectura de hoy, Hch 20, 17-27). Se trata de un discurso clásico de despedida o de un “testamento espiritual”. San Pablo se está despidiendo de los líderes de la Iglesia de Éfeso. Hay tres características de notar. La humildad en el servicio del Señor: se trata de una virtud desconocida en el mundo pagano, engrandecida y hecha apetecible por ejemplo del Señor Jesús, que vino a servir y no a ser servido; el valor: Pablo ha anunciado el Evangelio “con lágrimas, en medio de las pruebas”, sin renunciar por quienes se oponen e incluso quieren quitarle la vida; el desinterés, no sólo trabajando con sus propias manos, sino impulsándose hasta decir: “Nada me importa mi vida, ni es para mí estimable, con tal de llevar a buen término mi carrera”. Pablo dice: “Pero la vida, para mí, no vale nada.” Eso me recuerda la canción de José Alfredo Jiménez y creo que en este pasaje se inspiró para componer su canción de “Caminos de Guanajuato” más conocida como “La Vida no vale nada”.  El valor más importante es el Evangelio, no la conservación de la propia vida; para Pablo, lo más importante es lo que recogen las últimas palabras de este episodio: “Lo que me importa es llegar al fin de mi carrera y cumplir el encargo que recibí del Señor Jesús: anunciar el Evangelio… no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios.”

Pablo se siente movido por el Espíritu Santo para ir a Jerusalén, a pesar de que siente que “le aguardan cárceles y tribulaciones”. Esto nos recuerda que Jesús también fue a Jerusalén, sabiendo que la muerte lo esperaba. Jerusalén es la Ciudad Santa, tierra de salvación. Ni Jesús ni Pablo se preocuparon por la muerte porque su misión es cumplir y hacer la voluntad del Padre, dar testimonio del Evangelio y compartir la Buena Nueva con todos – ahora dependía de ellos actuar. “No soy responsable de la suerte de nadie, porque no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios. Su conciencia estaba limpia porque había completado la misión que Dios le había dado. Padres de familia si han educado a sus hijos con los valores del Evangelio, les han dado ejemplo, criado con humildad, valor, desinterés y ellos no han seguido el buen camino, no es su culpa. Ellos han tomado sus propias decisiones.

 

Ojalá que todos como San Pablo al final de nuestras vidas tengamos la dicha de decir: “He completado la misión que Dios me ha dado”. No tendremos ningún remordimiento en nuestro lecho de muerte. Recuerda que el problema no es que la vida sea corta, sino que la empezamos a vivir bien muy tarde y algunos nunca viven en plenitud.   Vivamos cada día al máximo. Me encanta la frase que nos dicen cuando nos ordenamos sacerdotes: “Vive cada Misa como si fuera la primera de tu vida, la última de tu vida y la única de tu vida”.  Y esto lo aplico para todas las cosas que realizo y cada día que Dios me permite vivir. Como decía el Santo Papa Juan Pablo II, “Quiero llegar con el tanque de mi vida vacío el día que Dios me llame.” Recuerda que al final de nuestras vidas cuando estemos en la presencia de Dios, será como ver con Él la película de toda nuestra vida. Estamos a tiempo de corregir nuestra vida y que no salgan escenas que nos avergüencen. No es demasiado tarde para cambiar. Comienza el día de hoy pidiéndole a Dios la gracia de vivir la misión que Él te ha dado con su gracia y su amor.


¿Estoy viviendo mi vida como Dios quiere o como yo quiero sin hacer su voluntad? ¿Me arrepiento de la forma en que he vivido mi vida?

Jesús está preparando su despedida “Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti (Padre); pero ellos se quedan en el mundo’’. El Evangelio de hoy es la primera parte de la “Oración Sacerdotal” está compuesta por dos fragmentos (vv. 1-5 y vv. 6-11ª), unidos entre sí por el tema de la entrega de todos los hombres a Jesús por parte del Padre. Los vv. 1-5 se concentran en la petición de la gloria de parte del Hijo. Jesús sabe que está llegando al final de su misión en este mundo, con el gesto típico del hombre espiritual -levantar los ojos al cielo, es decir, al lugar simbólico de la morada de Dios-, da comienzo su oración.

¿Cada vez que realizas tus actividades te pones en oración?

Lo primero que pide es que su misión llegue a su culminación definitiva con su propia glorificación. Pero esa glorificación la pide sólo para glorificar al Padre (v. 2). Jesús ha recibido todo el poder del Padre, que ha puesto todas las cosas en sus manos, hasta el poder de dar la vida eterna a los que el Padre le ha confiado. Y la vida eterna consiste en eso: en conocer al único Dios verdadero y aquel que ha sido enviado por Él a los hombres, el Hijo (v. 3). La vida eterna se entiende como la vida que se adquiere a través de la fe. Ésta es participación en la vida íntima del Padre y del Hijo. De este modo, al término de su misión de revelador; profesa Jesús que ha glorificado al Padre en la tierra, cumpliendo en su totalidad la misión que el Padre le ha confiado. Jesús no quiere la gloria como recompensa, sino solamente llegar a la plenitud de la revelación con su libre aceptación de la muerte en cruz. A continuación piensa Jesús en sus discípulos, a quienes ha manifestado el designio del Padre. Éstos han respondido con la fe y así glorificarán al Hijo acogiendo la Palabra y practicándola en el amor.

¿Buscas tu glorificación o la gloria de Dios en cada una de las cosas que haces?

 

Los Ganadores de la Trivia del Nuevo Testamento: María Amaya Márquez, María Elena Ávila, María Dolores Camacho, Ana Gamboa, Carolina García, Verónica González Murillo, Hilda Ramos, Samantha Mendoza.

 

La Próxima Semana daremos inicio con el Reto de la Trivia de Vida de los Santos. A partir del día de Pentecostés hasta Cristo Rey cada día habrá una Trivia de la Vida de un santo y tendrán que saber de quién estamos hablando. Solamente una persona ha aceptado el reto.  ¿Tú aceptas el Reto de la Trivia de la Vida de los Santos?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

  Padre Enrique García-Elizalde

 

Fiesta de San Matías, Apóstol

Evangelio según San Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.

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Lista de los ganadores de la Trivia del Nuevo Testamento (al final de la reflexió).
Hoy 14 de mayo celebramos la fiesta de San Matías, el apóstol  que fue quien reemplazó a Judas. En la primera lectura (Hch 1, 15-17. 20-26)  Pedro es quien preside esta reunión donde cerca de 120 personas están presentes y escuchan de parte de Pedro que les anuncia que se tenía que cumplir la Escritura sobre Judas el traidor. Muchas cosas y muchas voluntades intervinieron en el proceso religioso y en el juicio civil contra Jesús. Pedro descubre que todas esas “causas segundas” han ayudado a que se realice el plan de Dios. Pedro es sobre quien Jesús construye Su Iglesia y desde el principio muestra su calidad de líder, él fue el primer Papa (del latín “papá” o “padre”) de la Iglesia y provee para ella lo que le necesita.

El episodio de hoy, en que se trata de buscar quién debía reemplazar a Judas Iscariote en el grupo de los Doce, nos enseña varias cosas sobre cómo obraron los apóstoles buscando primero la voluntad de Dios. Dios es más grande que nuestras traiciones y sabe sacar bienes de los males. Dios escribe derecho en renglones torcidos. ¿Cuáles fueron sus criterios para el reemplazo de Judas?

1) Conservar la intención de Cristo. Pedro conserva el criterio de Jesús, es decir, el respeto por el número de los Doce. Así que, con el fin de mantener el número perfecto de Doce Apóstoles, representando las doce tribus de Israel, discernieron quién reemplazaría a Judas.  Los Doce, ese grupo más cercano al Mesías y testigo de su mensaje. Pedro respeta la decisión y la conserva con la intención de su fundador y con toda su fuerza de significado.

2) Dios es quien elige y los apóstoles no eligen propiamente hablando. El relato es muy preciso: oraron diciendo: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, señala a cuál de estos dos has elegido…”. Así como saben que el pasado está en manos de la sabiduría de Dios que sacará bienes de los males, así están convencidos de que el futuro pertenece a Dios, y por eso no quieren imponer su decisión sino buscar la decisión de Dios.

3) La oración es esencial en esta decisión, “Presentaron a dos: a José, apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías”. ¿Quiénes fueron los que “presentaron” a estos dos “candidatos”? Obviamente, los miembros de la comunidad, es decir, esos cerca de ciento veinte hermanos de que habla el relato al principio. El punto de partida de la oración es lo que nosotros conocemos y lo que a nosotros nos preocupa; pero el desenlace de la oración es lo que no conocemos y sólo Dios conoce; lo que no encontramos y que sólo Él puede darnos. La oración nos tiene que llevar a descubrir la voluntad de Dios y hacer su santa voluntad, no la nuestra. No hacemos oración para que Dios haga lo que le pedimos, sino para hacer su voluntad.

4) Criterios teológicos: Tenía que ser un hombre que estaba con ellos desde el bautismo de Juan hasta que el Señor ascendió al cielo, tenía que ser un testigo de la resurrección y tenía que ser elegido por el Espíritu Santo.

5) La clave del éxito: la permanecía en el amor y cumplir los mandamientos. Eso nos lo dice en el Evangelio de hoy. “Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.” La unidad la logramos a través de la Oración, lectura de las Sagradas Escrituras (Estudio), vivencia de los sacramentos, comunión con la Iglesia y su fundador, el amor y cumplimiento de los mandamientos (Acción).
Matías fue elegido y se convirtió en uno de los Doce Apóstoles. Luego Matías continuó la misión dada a los Doce – de bautizar y hacer discípulos de todas las naciones. A lo largo de los siglos, la Iglesia continúa añadiendo a los apóstoles para que la misión de Jesús continúe aquí en la tierra. Pero esta misión no es sólo para el Papa, los obispos y sacerdotes. Todos están llamados a ser un discípulo (uno que sigue) y un apóstol (uno que es enviado). Estamos llamados a continuar la misión de Cristo en la tierra. Puede que no hayamos presenciado el bautismo de Juan o escuchado la enseñanza de primera mano de Jesús o visto Su resurrección. Sin embargo, hemos sido bautizados y participamos de su mismo bautismo (morir al pecado), debemos ser testigos de su resurrección (cambio de vida) y Dios nos ha elegido, nos habla a través de la Escritura y el Espíritu Santo nos guía desde el interior de nuestros corazones.

Cuando nos dejamos transformar por Cristo y aceptamos su llamado de ser no solo discípulos sino apóstoles, entonces el fuego del amor de Cristo arde en nuestros corazones, tenemos el deseo de hacer discípulos de todas las naciones. ¡Hay tanta alegría al traer a otras personas a Cristo y la salvación!

¿Te consideras un discípulo, un seguidor cercano de Cristo?

¿Te consideras un apóstol, uno que es enviado a compartir la Buena Nueva?

¿Estás dispuesto a ir a donde el Señor te envíe a una misión?

 

Todos estamos llamados dentro de la Iglesia, como San Matías, para ocupar un ministerio (servicio) de quienes nos han precedido para que el mundo llegue a conocer a Jesucristo. Tú eres las manos y los pies de Dios para que llegue su Evangelio a todas partes.

 

¡San Matías, ruega por nosotros!

 

Los Ganadores de la Trivia del Nuevo Testamento: María Amaya Márquez, María Elena Ávila, María Dolores Camacho, Ana Gamboa, Carolina García, Verónica González Murillo, Hilda Ramos, Samantha Mendoza.

 

La Próxima Semana daremos inicio con el Reto de la Trivia de Vida de los Santos. A partir del día de Pentecostés hasta Cristo Rey cada día habrá una Trivia de la Vida de un santo y tendrán que saber de quién estamos hablando.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

  Padre Enrique García-Elizalde

 ¡QUE TENGAN UNA SEMANA LLENA DE BENDICIONES DE COLORES!