Tuesday of the 12th week in ordinary Time (june 25, 2019)

Matthew 7:6, 12-14

 

Jesus said to his disciples:
“Do not give what is holy to dogs, or throw your pearls before swine,
lest they trample them underfoot, and turn and tear you to pieces.

“Do to others whatever you would have them do to you.
This is the Law and the Prophets.

“Enter through the narrow gate;
for the gate is wide and the road broad that leads to destruction,
and those who enter through it are many.
How narrow the gate and constricted the road that leads to life.
And those who find it are few.”

 

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Jesus tells the disciples, “Do not give what is holy to dogs…”  As I was praying with this, the thought came to me that we often give our body and soul away to what is not holy.  The day we were baptized, God the Father laid a claim to us.  “You are mine.  You are my beloved daughter/son.”  We are called to be holy, which means to be “set apart”.  Do we treat our bodies and our souls as sacred and holy?

 

When we are on a healthy diet, we carefully count our calories and watch everything that we ingest.  The same should be true for our soul. We should take care of our bodies as temples of the Holy Spirit.  We should protect our souls as our prized possessions, as sacred, as set apart for God alone.  We should guard what we watch on TV, what we listen to, what we discuss with friends.  We should protect ourselves from things on the internet that will draw us away from purity.  Everything that we think, say and do should give honor and glory to God.

 

Do we treat our bodies as temples of the Holy Spirit?

Do our thoughts, words and deeds build up the Kingdom, or do they tear it down?

 

The Holy Spirit lives deep within each one of us.  The Kingdom of God, the pearl of great price is at our core.  Don’t let anyone trample it underfoot or tear it to pieces, as Jesus says.  Care for your soul as if your life depended on it.

 

Jesus warns us that the “gate is wide and the road broad that leads to destruction.” Enter the narrow gate that leads to everlasting life.  Guard your relationship with the Lord as sacred.  “Be vigilant. The evil one is prowling like a roaring lion, looking for someone to devour.” (1 Peter 5:8)

 

We need to invest in our relationship with Jesus daily and not let our guard down. St. Irenaeus said that there is no neutral in the spiritual life.  You are either moving toward God or away from God. You will never regret investing in your spiritual life. You will regret giving what is holy to the dogs.

God bless you abundantly!

In Christ,

Fr. Enrique Garcia

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Martes XII del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Mateo 7, 6. 12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No den a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas.

Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y amplio el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por él. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran!”

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

Hoy en el evangelio Jesús resume la Ley así: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes.” En su simplicidad, esta frase, que encontramos con otras palabras en otras tradiciones religiosas y filosóficas, es toda una forma de vida. Parece cosa obvia y sencilla, y sin embargo también nos dice el Señor: “¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran!” Es fácil resbalar y difícil ascender; es fácil adquirir un vicio y difícil desarraigarlo. ¿Has experimentado esto?

 

Los medievales decían: “la perfección requiere que se cumplan todos los requerimientos; la imperfección, que falle uno solo.” Quizá sea esa la razón de porque cuesta trabajo aprender y toma tiempo y esfuerzo alcanzar la verdadera pericia. Un pianista profesional tiene que ensayar varias horas cada día; y sin embargo, un solo día sin entrenamiento se nota en una pérdida de calidad. El buen cristiano podrá hacer muchas obras de misericordia pero si no realiza algo de la manera esperada lo critican. La excelencia, entonces, es exigente y celosa a la vez, pero recordemos que nuestra confianza esta puesta en Dios. Por lo tanto, hagamos las cosas por amor a Él y pidiendo su ayuda, sabiduría, fortaleza y gracia.

 

A veces tenemos la tentación de dejar de hacer el bien o dejar de esforzarnos pero siempre hay un llamado interior que nos mueve a buscar lo mejor y lo más perfecto, a trascender y salir del anonimato, de hacer las cosas con amor y dar lo mejor de nosotros, queremos dejar huella en la vida de los demás y darle un sentido trascendente a nuestras vidas. Sólo allí está la belleza, sólo allí el descanso, sólo allí la saciedad porque Dios mismo, que es nuestro Creador pone en nuestros corazones ese llamado, y nada conseguimos con hacer oídos sordos. Es preciso atender ese llamado para cumplir nuestra misión, para eso Dios mismo sabe que necesitamos de su ayuda y por eso nos ha dado a su Hijo como camino, luz, medicina y alimento que nos lleve hasta la plenitud para la que Él mismo nos creó. Busquemos sus palabras y enseñanzas en la Biblia todos los días por lo menos 15 minutos, visitando el Santísimo Sacramento cada semana por lo menos diez minutos, comulgando si es posible diario, ofreciendo nuestras obras y consagrando nuestro día, pero sobre todo abriéndole nuestro corazón para descubrir su amor y amando a nuestros hermanos.

 

¿Qué vas hacer hoy para que crezca tu amor por Jesús?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

 Padre Enrique García Elizalde

Solemnidad de Natividad de san Juan Bautista (24 De Junio 2019)

Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

 

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

 

En la iglesia normalmente se celebra la fiesta del santo el día que va a la presencia de Dios, de muy pocos se celebran el nacimiento como es el caso de Jesús, la virgen María y Juan el Bautista. Hoy la Iglesia católica celebra el nacimiento de este último, que fue concebido unos seis meses antes de Jesús de una manera milagrosa debido que su padres Zacarías e Isabel eran de edad avanzada y ella era estéril. La misión de Juan el Bautista desde el momento de su concepción hasta su muerte fue dirigir a los demás a Jesucristo.

 

Fue el primero de reconocer la presencia de Jesucristo e incluso antes de nacer, saltó en el vientre de su mamá, Isabel, cuando María, quien recientemente había concebido a Jesús milagrosamente en su vientre, fue a visitar a su prima. Él descubrió y sintió la presencia del Salvador del mundo desde el primer momento, en este mundo y desde el vientre de María.

 

A medida que crecía muchas personas comenzaron a seguir a Juan porque creían que podría ser el Mesías. Hablaba con autoridad y vivió una vida austera predicando acerca de Dios. Y sin embargo, él no quería la atención. Cuando vio a Jesús, Juan dirigió a sus seguidores a seguir a Jesús, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”(Juan 1, 29) Repetimos estas palabras en cada Misa, mientras el sacerdote eleva la Eucaristía, señalando la gente a Jesús, el Cordero de Dios está aquí presente con nosotros.

 

Juan fue humilde: “Yo no soy digno de desatar las sandalias de sus pies.” Y después dice: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Juan 3, 30).

 

También nosotros estamos llamados como Juan el Bautista para dirigir a otros a Jesús por nuestras vidas. Dios nos creó con una misión: ir con Él y llevar a otros hacia Él para eso debemos proclamar la Buena Nueva de Jesucristo con nuestras vidas porque nuestra identidad fundamental como hijos amados de Dios es esencial para no buscar el elogio de los demás y centrar la atención en nosotros mismos con el egoísmo, que es contrario al amor.

 

¿Busco la aprobación, la atención y el elogio de los demás?

¿Estoy cimentado en mi identidad como hijo/hija amado/a de Dios Padre?

 

¡San Juan Bautista, ruega por nosotros!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Fr. Enrique García Elizalde

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Evangelio según san Lucas 9, 11-17

En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos.

Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle: “Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario”. Él les contestó: “Denles ustedes de comer”. Pero ellos le replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”. Eran como cinco mil varones.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta”. Así lo hicieron, y todos se sentaron. Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos para que ellos los distribuyeran entre la gente.

Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos.

 

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En muchas diócesis este domingo la Iglesia celebra la fiesta del Corpus Christi. Esta fiesta es muy importante para todos los católicos porque celebramos a Cristo mismo en su Cuerpo y en su Sangre. Aprendí de mis hermanos del último año de teología ese gran amor por esta fiesta. Ellos en el seminario de Tulantongo, Texcoco, Estado de México, se encargaban de organizar la celebración, procesión, fiesta y convivio, era una fiesta familiar y con toda la comunidad. Pero al final del día la parte que más me gustaba era pasar tiempo en la adoración eucarística y estar a solas con el Santísimo. Era una cita personal con Dios, donde podía abrirle mi corazón, escuchar su llamado y fue donde el Señor afianzo mi amor a Él, pero sobre todo alimento y sostuvo su llamado para ser sacerdote. En mi primera parroquia, María Madre de Dios, la fiesta de Corpus Christi, era con una procesión por las calles, representaciones y cuadros bíblicos vivientes, pero sobre todo un gran amor y adoración a la Eucaristía. Doy gracias a Dios por celebrar a diario la Santa Misa como sacerdote, es mi mayor alegría y con ella me uno a la pasión, muerte y resurrección de Jesús. La Eucaristía es mi mayor alimento espiritual y sacramental, me sostiene porque es la “fuente y cumbre” de mi vida como sacerdote, cristiano y persona espiritual. Gracias a mis padres por enseñarme ese amor a la Eucaristía y acercarme a hacer mi primera comunión porque allí empezó esa aventura maravillosa de amor con el Señor.

 

¡La sabiduría de Dios es asombrosa! En el Antiguo Testamento, el Día de la Expiación o Yom Kippur, el Sumo Sacerdote entraba al Lugar Santísimo (Sacntum Sacntorum), el lugar más sagrado del templo, con una cabra y un buey. Sacrificaban el buey y rociaban su sangre sobre la gente y sobre la cabra. Ponían sus pecados sobre la cabra y la enviaban a morir en expiación por los pecados de todo el pueblo. Esto se conoció como el chivo expiatorio. Esto se hacia todos los años para pedir perdón a Dios por los pecados del pueblo y del mismo sacerdote.

 

El Pueblo de Israel en la fiesta de la Pascua celebra la salida de los judíos de Egipto. En este día, sacrificaban un cordero sin mancha, comían la carne y rociaban la sangre en el dintel (poste) de la puerta para que el ángel exterminador (de la muerte) pasara de largo por sus casas.

 

Este trasfondo es importante porque la noche anterior a la fiesta de la Pascua, Jesús tuvo su última cena con sus discípulos, estaba celebrando la Cena Pascual. Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio diciendo: “Tomen y cómanlo, este es mi cuerpo.” Luego tomó el cáliz, dio las gracias y se los dio diciendo: “Este es cáliz mi sangre, sangre de la Alianza Nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos.” Al día siguiente, Jesús ofreció su cuerpo como un sacrificio para todos nosotros sellar la Alianza de amor con nosotros. Este sacrificio nunca tendría que ser repetido. En la misa, recordamos este sacrificio y lo hacemos presente; no volvemos a sacrificar a Jesús.

 

Jesús se refirió a Su cuerpo como el nuevo templo. Él dijo: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Jn 2, 19). En otras palabras, Jesús, el Gran Sumo Sacerdote, no tuvo que entrar al Lugar Santísimo. Él era el templo y el sacerdote. No necesitaba cabras, novillos ni corderos. Él fue el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. No necesitamos poner Su sangre en la entrada de nuestra puerta, pero Él nos invita a beber Su sangre y comer Su carne. “A menos que comas mi carne y bebas mi sangre, no tienes vida en ti”. (Juan 6, 53)

 

Cuando Jesús estaba enseñando en la sinagoga en Cafarnaum (Juan 6) sobre la Eucaristía, muchos de sus seguidores se fueron. Pensaron que estaba hablando de canibalismo. Era como si estuvieran diciendo, amo los milagros, amo tu poderosa enseñanza, pero no puedo aceptar esta enseñanza sobre la Eucaristía. Jesús no les llamó para que regresaran diciendo: “Sólo estoy bromeando. No quise decir eso literalmente. Solo estaba hablando metafóricamente.” Les dejó irse, miró a los Doce que se quedaron y les preguntó: “¿Ustedes también me dejan?” En otras palabras,” Sé que esto es difícil de entender, pero ¿confían en mí? “Pedro habló y dijo: “Señor, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna.” Pedro no entendió exactamente la enseñanza sobre la Eucaristía, pero confiaba en Jesús. Jesús nos invita a confiar en Él en esto también.

 

 Jesús nació en Belén, una ciudad que significa “casa de pan”, y nació en un comedero para animales. Por Su nacimiento, Él nos mostró que Él vino a ser el Pan para la vida del mundo, y nos invita a comer y beber Su misma presencia.
Si eso no fuera suficiente, han habido milagros eucarísticos en los últimos 2000 años en los que el pan se ha convertido en la carne de un corazón humano, y el vino que se ha convertido en sangre humana. El Señor está tratando de mostrarnos, a través de la Eucaristía, que quiere estar presente con nosotros, compartir su vida divina con nosotros y animarnos en este viaje de la vida.

 

Si duda de la presencia real de Jesús en la Eucaristía, lo aliento a que estudie las Escrituras, lea sobre la Eucaristía y ore para que el Señor le dé la luz de la fe. Siento que Dios me ha llamado para hacerlo presente en su pueblo de manera sacramental y para ayudar a todos a apreciar verdaderamente los regalos que se les han dado, especialmente la Eucaristía.
Jesús confió el ministerio del sacerdocio a sus apóstoles y sus sucesores. Desde los tiempos de Jesús hasta hoy, la comunidad cristiana se ha reunido para abrir la Palabra y compartir la Eucaristía. En el Evangelio de hoy, Jesús le dice a sus apóstoles: “Dales algo de comida”. Aún no entendieron lo que esto significaba hasta después de la resurrección. Jesús alimentó milagrosamente a 5000 personas con cinco panes y dos peces. Aún hoy, Jesús alimenta milagrosamente a millones de personas en todo el mundo con pan y vino sencillos que se convierten en Su Cuerpo y Sangre.

 

¿Creo que Jesús está presente en la Eucaristía?
¿Confío en Jesús incluso cuando no entiendo todo?

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

 

Sábado XI del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.

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Esta semana en nuestro Campamento Católico para Jóvenes ha sido una semana llena de bendiciones. Esta semana tuvimos 145 adolescentes de Junior High (edades entre 11 y 14 años). Aquí ellos aprenden más acerca de su fe, se hacen más amigos de Jesús, crecen en los valores de la amistad, cooperación, servicio, entrega, generosidad, disciplina, honestidad y muchos otros más. A mí lo que más me gusta es que oramos juntos y ellos participan de la Misa como nunca lo había visto en los jóvenes. Hemos practicado muchas actividades como jugar fútbol, freesbe, voleibol, básquetbol, vamos de paseo en canoa, tirolesa, escalar, tenemos conciertos, noches de talentos, diversión sana y sobre todo tenemos oraciones todos los días, hay grandes aventuras pero sobre todo la gran aventura de aprender de los santos y como ser discípulo de Jesús. Creo que aquí hay muchas vocaciones y necesitamos orar por ello. De aquí van a salir grandes líderes y estoy seguro que con nuestras oraciones serán y ejemplo muchos de ellos vivirán su vocación con santidad. Aquí los esperamos la Misa está abierta para todos los papás los viernes a las 10:00 am y los domingos a las 6:30 pm.  La dirección es 6177 Panorama Rd, Panora, IA 50216 y el teléfono: (515) 309-1936 y la página web es https://stmcenter.com/catholic-youth-camp Este domingo estoy en la Parroquia de Corpus Christi, en Council Bluffs. Me gusta y amo lo que hago, servir a Dios y servir a mis hermanos, tener muchos amigos y que ellos sean más amigos de Dios.

 

He aprendido que una buena manera de entender mejor la expresión y mandato que Cristo nos ha dado en el evangelio de hoy es: “busca primero que Dios reine y que su voluntad se cumpla; lo demás vendrá en su momento”. A veces se ha dicho que Dios nos quiere quitar toda angustia y todo afán. Este modo de ver las cosas puede llevar a una idea falsa de paz, como si ser cristiano significara cultivar una especie de imperturbabilidad que hace que a uno no le importen las cosas, aunque se trate de las más urgentes. Pero tal no fue la idea de Jesús.

 

El problema al que Jesús apunta, sin duda, es que nuestros afanes por las cosas de cada día nos pueden privar del horizonte para sentir el “afán” profundo por el Reino. Afanados por lo pequeño quedamos distraídos y cansados para preocuparnos y sobre todo para ocuparnos de hacer realidad en nosotros y en torno a nosotros que Dios reine.

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Viernes XI del Tiempo Ordinario

Evangelio según san Mateo 6, 19-23       

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”

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Jesús en el Evangelio de hoy nos invita a acumular tesoros en el cielo y no en la tierra.¿Dónde está mi tesoro? ¿Dónde paso mi tiempo? ¿En qué gasto mi dinero? ¿En qué o en quién me enfoco cuando me levanto por la mañana y antes de dormirme? ¿Dónde enfoco mi energía? ¿Me enfoco en las cosas que son terrenales o en las cosas del cielo?

El dinero y las cosas materiales no son buenas ni malas en sí mismas. Si enfoco mi tiempo y energía en las cosas de esta tierra, todo se deteriorará y será destruido. Si me enfoco en mis relaciones con Dios y con el prójimo, estas cosas son eternas.

 

Jesús nos enseña que debemos estar enfocados en las cosas que durarán para siempre, porque para eso fuimos creados, para el amor, el cielo, la alegría y la paz. Recuerda que no puedes llevarte contigo nada material cuando mueras. El único título que puedes llevarte contigo mismo es “hijo de Dios” y lo único que te puedes llevar es el amor que diste a los demás. A Dios no le interesa cuánto dinero hay en tu cuenta bancaria, qué tan alto has ascendido en la escala corporativa o cuán grande es tu título profesional. Pero Él nos preguntará, “¿Cuánto amaste? ¿Qué hiciste con los dones que te di?”

 

Cuando llegue la hora de partir y nos encontraremos con que es muy poco el equipaje que podemos llevar. De lo cual podemos aprender algo muy profundo: la verdadera y auténtica vida cristiana es un navegar sobre la verdad de que nuestra vida por este mundo es pasajera y nuestro destino está en la eternidad. Por eso busquemos los “tesoros en el cielo” y no los de este mundo.

 

¿Dónde está el deseo más profundo de tu corazón?

 

Nuestro mundo nos ofrece muchas cosas para llenar el vacío en nuestros corazones. Buscamos la riqueza, el poder, el placer y el honor para llenar ese vacío. Nada de eso lo puede llenar porque fuimos creados para algo mucho mayor, algo infinitamente inmenso, la eternidad con Dios. ¡Solo Dios puede llenarlo! Estas cosas terrenales pueden darnos una satisfacción temporal, pero nos dejan vacíos. Y a menudo el vacío es mayor que cuando comenzamos. Así que volvemos a las cosas terrenales. Así es como suceden las adicciones en nuestras vidas, porque solo calman momentáneamente nuestra sed de felicidad pero nunca estamos satisfechos. Esto me recuerda una historia donde una persona estaba enferma, tenía una herida en su pie y fue con un curandero por años, un día que no estaba él su hijo que había estudiado medicina, lo atendió. Se extrañó que solamente su padre le hiciera curaciones y no lo sanara o le diera medicina para que cerrara la herida. El doctor le dio antibiótico y sano a los pocos días. El hijo del curandero, que era doctor, le pregunto a su padre que por qué no lo había sanado si la herida era muy simple. Y el padre le contesto a su hijo: “¿Y cómo crees que pude pagar tu carrera todos estos años?”

 

En realidad, el enemigo eso hace, nunca quiere que sanemos de nuestras heridas del alma, no quiere que el deseo más profundo de nuestro corazón sea para Dios. Solo Dios puede saciar ese deseo infinito. Sin embargo, tratamos de llenar este deseo infinito con cosas finitas. Estas cosas nunca pueden satisfacernos. Incluso en el mejor matrimonio, su cónyuge no puede llenar el deseo más profundo de su corazón. Coloca a Dios como el primero en tu vida y tu matrimonio se enriquecerá, crecerá y serán muy felices. ¡PRIMERO DIOS!

 

Entonces, ¿qué estás almacenando? ¿Estás reuniendo cosas de este mundo para darte una sensación de seguridad? Esta seguridad es fugaz porque estas cosas se desvanecerán. Sin embargo, si almacenamos tesoros en el cielo, nadie puede quitárnoslo. Y encontraremos la paz a lo largo del viaje.

 

¿Cómo almacenamos tesoros en el cielo?

 

  • Ama a Dios sobre todas las cosas y personas. Desarrolla una vida diaria de oración. Dale tu tiempo a Dios en el silencio todos los días para fomentar la unión con Él. Somos destinados a vivir en una unión incesante con Dios. Recibe el amor de Dios para que puedas regalarlo. Recuerda que nadie da lo que no tiene. Primero tienes que recibirlo. Llena tu corazón de su Palabra, lee tu Biblia por lo menos 15 minutos diarios. ¿De verdad no tienes tiempo para leer su Palabra? Visita el Santísimo diario si es posible y veras los cambios en tu vida. Recibe la comunión si es posible diario y tu vida se transformara. Confiésate bien por lo menos cada mes y quitaras muchos defectos y vicios de tu vida.

 

  • Ama a tu prójimo. Santo Tomás de Aquino dice que el amor es “querer el bien para el otro”. Serás feliz cuando todo tu ser encuentre la manera de trascender, es decir, cuando tu vida tiene un sentido para los demás porque tú has hecho la diferencia para bien en la vida de ellos. Nuestro mundo nos enseña a ser egoístas y pensar en nosotros, pero eso nos lleva a la amargura, a la soledad, a la frustración y lo más triste a la infelicidad. Dios nos enseña a ser desinteresados y dar lo mejor de nosotros mismos. Esto incluye cómo tratamos a los demás, como los cuidamos, como oramos por ellos y como hablamos de ellos. Todo lo que hagas hazlo con amor y por amor y veras la diferencia en tu vida y en la vida de los demás. ¿Percibo a mi prójimo como mi hermano o hermana en Cristo?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

Padre Enrique García Elizalde

Solemnidad de la Santísima Trinidad (Domingo Junio 16, 2019)

Juan 16, 12-15 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. El me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

¡Feliz día del Padre! A todos los que tienen la bendición y dicha de serlo, qué Dios los colme de sabiduría, salud y los fortalezca para ser ejemplo para guiar y llenar de amor a sus hijos y a toda su familia. Recuerden que sus hijos son el reflejo de ustedes, y por dónde caminen ustedes, sus hijos seguirán sus pasos y sus ejemplos. Sus hijos tienen un gran potencial y depende de ustedes hasta dónde los impulsen y saquen lo mejor de ellos.
Felicidades a todos padres, abuelos, padrinos y madres que son padre y madre a la vez. Mi gratitud, admiración, respeto, oraciones y especialmente la Santa Misa de hoy. A mi Padre, quien forjó mi carácter para tomar las decisiones de mi vida que me han llevado a ser lo que soy, mi amor y admiración. A mis abuelos mi respeto y gratitud y a todos los sacerdotes y padrinos (padres espirituales) que con su ejemplo me han ayudado a crecer que Dios los premie con el cielo.

Celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Santísima Trinidad es un intercambio eterno de amor. El Obispo auxiliar de Los Ángeles, California, Robert Barrón representa la Santísima Trinidad  como el Padre, quien es el Amante, Jesús es el Amado, y el Espíritu Santo es el Amor compartido entre ellos. Jesús vino a la tierra para revelar el amor del Padre al mundo. Jesús dijo: “El Padre y yo somos uno.” (Jn 10,30), quien ve a Jesús ve al Padre. Después de la Pascua y resucitar de entre los muertos, muchos trataron de aferrarse a Él, pero Jesús les dijo que debía volver al Padre para poder enviar al Paráclito, el Espíritu Santo.  Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en el cenáculo, el poder de Dios se desató en el mundo y nació la Iglesia.

 

 

 

El deseo de Jesús es que participemos en la vida divina de la Trinidad. ¿Cómo hacemos eso? Cuando se le preguntó cuál es el mayor de los mandamientos, Jesús respondió que debemos amar a Dios y amar a nuestro prójimo. ¿Qué es el amor? Es buscar el bien de la otra persona. Jesús nos mostró el amor perfecto no solamente con las palabras, si no con las obras: al ofrecer su vida en la cruz. Cuando amamos sacrificialmente, participamos en la vida divina. Cuando participamos en los sacramentos, Dios comparte la vida divina con nosotros y nos unimos a las tres personas de la Trinidad.

 

Jesús dijo: “Yo soy la vid, y ustedes los sarmientos. Quien permanezca en mí y yo en él, dará mucho fruto, porque sin mí no pueden hacer nada “(Juan 15, 5).

 

¿Permaneces en el amor de la Santísima Trinidad?

¿Qué te aparta del amor de Dios?

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Fr. Enrique García Elizalde