Tuesday of the 7th Week of Easter (May 26, 2020)

Acts 20:17-27

From Miletus Paul had the presbyters
of the Church at Ephesus summoned.
When they came to him, he addressed them,
“You know how I lived among you
the whole time from the day I first came to the province of Asia.
I served the Lord with all humility
and with the tears and trials that came to me
because of the plots of the Jews,
and I did not at all shrink from telling you
what was for your benefit,
or from teaching you in public or in your homes.
I earnestly bore witness for both Jews and Greeks
to repentance before God and to faith in our Lord Jesus.
But now, compelled by the Spirit, I am going to Jerusalem.
What will happen to me there I do not know,
except that in one city after another
the Holy Spirit has been warning me
that imprisonment and hardships await me.
Yet I consider life of no importance to me,
if only I may finish my course
and the ministry that I received from the Lord Jesus,
to bear witness to the Gospel of God’s grace.

“But now I know that none of you
to whom I preached the kingdom during my travels
will ever see my face again.
And so I solemnly declare to you this day
that I am not responsible for the blood of any of you,
for I did not shrink from proclaiming to you the entire plan of God.”

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In today’s reading, St. Paul is saying goodbye to the leaders of the Church in Ephesus.  In his farewell speech, he tells the leaders that he has served the Lord in humility and has not shrunk from the task.  He preached the Good News of Jesus Christ, despite the “tears and trials” that came to himfrom people who were trying to kill him.

Now Paul is feeling compelled by the Holy Spirit to go to Jerusalem, even though he anticipates “that imprisonment and hardships await” him.  Jesus too went to Jerusalem knowing that death awaited Him.  Jerusalem was the place where salvation would occur.  That is why Jesus said to Peter, “Get behind me Satan” when Peter wanted to deny Jesus’s mission to Jerusalem.  Nothing should get in the way of God’s plan.  Do I trust the Father enough to go to Jerusalem, even if there is suffering involved?

Neither Jesus nor Paul worried about death because their mission was to be obedient to the Father and bear witness to the Gospel of God’s grace, love and mercy, despite impending dangers.  Paul had shared the Good News with everyone – now it was up to them to act upon it.  “I am not responsible for the blood of any of you, for I did not shrink from proclaiming to you the entire plan of God.”  His conscience was clean because he completed the mission that God had given him.

Wouldn’t it be great if we could echo these words of St. Paul near the end of our lives?  Will we be able to say, “I have completed the mission that God has given me?”  Will we have any regrets on our death bed?  Life is short.  Let us live every day to the full.  Let us preach the Gospel to everyone that the Lord asks us to evangelize. Let us be obedient to the will of God at each moment of our lives.

Can we say, like Paul, “I did not shrink from proclaiming to you the entire plan of God?”  It is very difficult to watch someone die when they have deep regrets. Grieving is more challenging for families when they wish they had said or done certain things. In the end, is there anything more important than placing our faith in Jesus?

Am I living out the plan God has for me?

Do I have any regrets about the way I have lived my life?

Have my loved ones heard the Gospel?

If I could change anything in my life right now, what would it be?

Never it is too late to change.  Start over today asking God for the grace to live out the mission He has given to you.

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Martes de la 7a Semana de Pascua (4 de junio 2019)


Hechos 20:17-27

En aquellos días, hallándose Pablo en Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la comunidad cristiana de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo:

“Bien saben cómo me he comportado entre ustedes, desde el primer día en que puse el pie en Asia: he servido al Señor con toda humildad, en medio de penas y tribulaciones, que han venido sobre mí por las asechanzas de los judíos. También saben que no he escatimado nada que fuera útil para anunciarles el Evangelio, para enseñarles públicamente y en las casas, y para exhortar con todo empeño a judíos y griegos a que se arrepientan delante de Dios y crean en nuestro Señor Jesucristo.

Ahora me dirijo a Jerusalén, encadenado en el espíritu, sin saber qué sucederá allá. Sólo sé que el Espíritu Santo en cada ciudad me anuncia que me aguardan cárceles y tribulaciones. Pero la vida, para mí, no vale nada. Lo que me importa es llegar al fin de mi carrera y cumplir el encargo que recibí del Señor Jesús: anunciar el Evangelio de la gracia de Dios.

Por lo pronto sé que ninguno de ustedes, a quienes he predicado el Reino de Dios, volverá a verme. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie, porque no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios”.

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En la lectura de hoy, San Pablo le está diciendo adiós a los líderes de la Iglesia de Éfeso. En su discurso de despedida, les dice a los líderes que ha servido al Señor en humildad y no se ha rehuido de la tarea. Él predicó la Buena Nueva de Jesucristo, a pesar de las “penas y tribulaciones” que le llegaron de personas que estaban tratando de matarlo.

Ahora Pablo se siente obligado por el Espíritu Santo para ir a Jerusalén, a pesar de que siente que “le aguardan “cárceles y tribulaciones”. Jesús también fue a Jerusalén, sabiendo que la muerte lo esperaba. Jerusalén era el lugar donde se produciría la salvación. Es por eso que Jesús le dijo a Pedro: “Apártate de mí, Satanás”, cuando Pedro quiso negar la misión de Jesús a Jerusalén. Nada debe interponerse en el camino del plan de Dios. ¿Tengo suficiente confianza en el Padre para ir a Jerusalén, aunque haya sufrimiento?

Ni Jesús ni Pablo se preocuparon por la muerte porque su misión era ser obedientes al Padre y dar testimonio del Evangelio de la gracia, amor y misericordia de Dios, a pesar de los peligros inminentes.  Pablo había compartido la Buena Nueva con todos – ahora dependía de ellos actuar. “No soy responsable de la suerte de nadie, porque no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios”. Su conciencia estaba limpia porque había completado la misión que Dios le había dado.

¿No sería magnífico si pudiéramos resonar estas palabras de San Pablo cerca del final de nuestras vidas? ¿Podríamos decir: “He completado la misión que Dios me ha dado”? ¿Tendremos algún remordimiento en nuestro lecho de muerte?  La vida es corta. Vivamos cada día al máximo. Prediquemos el Evangelio a todos los que el Señor nos pide evangelizar. Seamos obedientes a la voluntad de Dios en cada momento de nuestra vida.

¿Podemos decir, como Pablo, “No he rehuido de anunciarles todo el designio de Dios?”  Es muy difícil ver a alguien morir cuando desearía haber hecho las cosas de manera diferente. El duelo es más desafiante para las familias cuando desean haber dicho o hecho ciertas cosas. Al final, ¿hay algo más importante que poner nuestra fe en Jesús?

¿Estoy viviendo el plan que Dios tiene para mí?

¿Me arrepiento de la forma en que he vivido mi vida?

¿Han oído mis seres queridos el Evangelio?

Si pudiera cambiar algo en mi vida ahora mismo, ¿qué sería?

Nunca es demasiado tarde para cambiar. Comienza el día de hoy pidiéndole a Dios la gracia de vivir la misión que Él te ha dado.

Martes VII de Pascua (26-Mayo-2020) 

Evangelio según san Juan 17, 1-11

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.

Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera.

He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado.

Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo’’.

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

Tras la sublevación de los orfebres de Éfeso, reemprende Pablo sus viajes. Pasa a Grecia, se detiene en Tróade (donde devuelve la vida a un muerto durante una larguísima vigilia eucarística) y a continuación baja a Mileto, en las cercanías de Éfeso, desde donde manda a llamar a los responsables de esta Iglesia. Con ellos mantiene una amplia conversación. Se trata del tercer discurso de Pablo referido por Lucas: el primero, reflejaba la predicación dirigida a los judíos (capítulo 13); el segundo, la dirigida a los paganos (capítulo 17), y el tercero, la dirigida a los pastores de la Iglesia (Primera lectura de hoy, Hch 20, 17-27).

Se trata de un discurso clásico de despedida o de un “testamento espiritual”. San Pablo se está despidiendo de los líderes de la Iglesia de Éfeso. Hay tres características de notar:

1) La humildad en el servicio del Señor: se trata de una virtud desconocida en el mundo pagano, engrandecida y hecha apetecible por ejemplo del Señor Jesús, que vino a servir y no a ser servido;

2) El valor: Pablo ha anunciado el Evangelio “con lágrimas, en medio de las pruebas”, sin renunciar por quienes se oponen e incluso quieren quitarle la vida;

3 El Desinterés, no sólo trabajando con sus propias manos, sino impulsándose hasta decir: “Nada me importa mi vida, ni es para mí estimable, con tal de llevar a buen término mi carrera”. Pablo dice: “Pero la vida, para mí, no vale nada.” Eso me recuerda la canción de José Alfredo Jiménez y creo que en este pasaje se inspiró para componer su canción de “Caminos de Guanajuato” más conocida como “La Vida no vale nada”.  

El valor más importante es el Evangelio, no la conservación de la propia vida; para Pablo, lo más importante es lo que recogen las últimas palabras de este episodio: “Lo que me importa es llegar al fin de mi carrera y cumplir el encargo que recibí del Señor Jesús: anunciar el Evangelio… no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios.”

Pablo se siente movido por el Espíritu Santo para ir a Jerusalén, a pesar de que siente que “le aguardan cárceles y tribulaciones”. Esto nos recuerda que Jesús también fue a Jerusalén, sabiendo que la muerte lo esperaba. Jerusalén es la Ciudad Santa, tierra de salvación. Ni Jesús ni Pablo se preocuparon por la muerte porque su misión es cumplir y hacer la voluntad del Padre, dar testimonio del Evangelio y compartir la Buena Nueva con todos – ahora dependía de ellos actuar. “No soy responsable de la suerte de nadie, porque no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios. Su conciencia estaba limpia porque había completado la misión que Dios le había dado. Padres de familia si han educado a sus hijos con los valores del Evangelio, les han dado ejemplo, criado con humildad, valor, desinterés y ellos no han seguido el buen camino, no es su culpa. Ellos han tomado sus propias decisiones.

Ojalá que todos como San Pablo al final de nuestras vidas tengamos la dicha de decir: “He completado la misión que Dios me ha dado”. No tendremos ningún remordimiento en nuestro lecho de muerte. Recuerda que el problema no es que la vida sea corta, sino que la empezamos a vivir bien muy tarde y algunos nunca viven en plenitud.   Vivamos cada día al máximo. Me encanta la frase que nos dicen cuando nos ordenamos sacerdotes: “Vive cada Misa como si fuera la primera de tu vida, la última de tu vida y la única de tu vida”.  Y esto lo aplico para todas las cosas que realizo y cada día que Dios me permite vivir. Como decía el Santo Papa Juan Pablo II, “Quiero llegar con el tanque de mi vida vacío el día que Dios me llame.” Recuerda que al final de nuestras vidas cuando estemos en la presencia de Dios, será como ver con Él la película de toda nuestra vida. Estamos a tiempo de corregir nuestra vida y que no salgan escenas que nos avergüencen. No es demasiado tarde para cambiar. Comienza el día de hoy pidiéndole a Dios la gracia de vivir la misión que Él te ha dado con su gracia y su amor.  

 
¿Estoy viviendo mi vida como Dios quiere o como yo quiero sin hacer su voluntad? ¿Me arrepiento de la forma en que he vivido mi vida?
 

Jesús está preparando su despedida “Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti (Padre); pero ellos se quedan en el mundo’’. El Evangelio de hoy es la primera parte de la “Oración Sacerdotal” está compuesta por dos fragmentos (vv. 1-5 y vv. 6-11ª), unidos entre sí por el tema de la entrega de todos los hombres a Jesús por parte del Padre. Los vv. 1-5 se concentran en la petición de la gloria de parte del Hijo. Jesús sabe que está llegando al final de su misión en este mundo, con el gesto típico del hombre espiritual -levantar los ojos al cielo, es decir, al lugar simbólico de la morada de Dios-, da comienzo su oración.

¿Cada vez que realizas tus actividades te pones en oración?

Lo primero que pide es que su misión llegue a su culminación definitiva con su propia glorificación. Pero esa glorificación la pide sólo para glorificar al Padre (v. 2). Jesús ha recibido todo el poder del Padre, que ha puesto todas las cosas en sus manos, hasta el poder de dar la vida eterna a los que el Padre le ha confiado. Y la vida eterna consiste en eso: en conocer al único Dios verdadero y aquel que ha sido enviado por Él a los hombres, el Hijo (v. 3). La vida eterna se entiende como la vida que se adquiere a través de la fe. Ésta es participación en la vida íntima del Padre y del Hijo. De este modo, al término de su misión de revelador; profesa Jesús que ha glorificado al Padre en la tierra, cumpliendo en su totalidad la misión que el Padre le ha confiado. Jesús no quiere la gloria como recompensa, sino solamente llegar a la plenitud de la revelación con su libre aceptación de la muerte en cruz. A continuación piensa Jesús en sus discípulos, a quienes ha manifestado el designio del Padre. Éstos han respondido con la fe y así glorificarán al Hijo acogiendo la Palabra y practicándola en el amor.

¿Buscas tu glorificación o la gloria de Dios en cada una de las cosas que haces?

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

 Padre Enrique García-Elizalde

Sábado VI de Pascua (23-Mayo-2020)



Hechos de los Apóstoles18, 23-28

En aquellos días, después de haber estado en Antioquía algún tiempo, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, confirmando en la fe a los discípulos.

Un judío, natural de Alejandría, llamado Apolo, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras, había ido a Éfeso. Aquel hombre estaba instruido en la doctrina del Señor, y siendo de ferviente espíritu, disertaba y enseñaba con exactitud lo concerniente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.

Apolo comenzó a hablar valientemente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con mayor exactitud la doctrina del Señor. Como él deseaba pasar a Grecia, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allá para que lo recibieran bien. Cuando llegó, contribuyó mucho, con la ayuda de la gracia, al provecho de los creyentes, pues refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando, por medio de las Escrituras, que Jesús era el Mesías.

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

En la primera lectura (Hch 18, 23-28) vemos que Pablo empieza a viajar de nuevo desde Antioquía, que se ha convertido el punto de partida y de referencia para la misión a los paganos, como lo era Jerusalén para los judíos cristianos. Sin embargo la atención ahora se dirige a la comunidad de Éfeso, otra ciudad importante, donde se habían detenido el fiel matrimonio de Priscila y Aquila (nótese la precedencia otorgada a la mujer). Y aquí, en ausencia de Pablo, conocen a Apolo, un notable predicador, teólogo y misionero, que enseña exactamente lo que se refería a Jesús, aunque de manera incompleta, dado que sólo conocía el bautismo de Juan. Lo mismo sucede cuando no tenemos un encuentro personal con Cristo podremos saber mucho de Él, solamente la razón, pero muy poco convivir con Él (oración-corazón). 

¿Dedicas un tiempo del día para orar en silencio y estudiar las enseñanzas de Cristo?

Frente a estas afirmaciones debemos confesar que conocemos bastante poco sobre la situación de las comunidades primitivas, sobre los circuitos de comunicación de la fe, sobre la geografía de la difusión, sobre las corrientes de pensamiento o sobre los grupos ligados a los distintos personajes. Apolo, que viene de Egipto, a donde ha llegado la Buena Noticia, ¿ha sido convertido por los discípulos de Juan que conocieron a Jesús? La vida de las primeras comunidades es muy viva, y lo que se nos presenta en el libro de Hechos de los Apóstoles es solo una muestra  de la gran empresa de la evangelización, aunque una parte autorizada –ciertamente- por estar centrada en las dos columnas que son Pedro y Pablo; con todo, debe andar muy lejos de proporcionar un cuadro completo de la situación. Al mismo tiempo tenían lugar los acontecimientos narrados en Hechos de los Apóstoles, un gran número de misioneros, aptos y entusiastas como Apolo, recorrían el mundo anunciando la Buena Nueva.

¿Estás dispuesto a anunciar la Buena Nueva? ¿Cómo evangelizas a los demás?

También es digna de destacar la tarea de los laicos, que se permiten “corregir” a muchas personalidades, proporcionando una contribución muy importante y esencial al arraigo del nuevo “camino del Señor” en Grecia, gracias a la cultura y a la dialéctica de un Apolo “puesto al día”. Toda la Iglesia participa en la misión de la evangelización, cada uno con sus capacidades y limitaciones, aunque con el apoyo y la maravillosa aportación fraterna de todos. Es verdaderamente maravillosa esta Iglesia fraterna, que parece tener en la cima de sus preocupaciones la difusión del Evangelio en todos los ámbitos. Ellos tenían muy presente que la vida se vive  sirviendo, porque si se vive sin servir uno no sirve para vivir plenamente.  Los niños solo saben pedir y recibir, las personas que maduran saben ofrecer y dar a los demás.

¿De qué manera sirves en la Iglesia o en tu comunidad? ¿Vives sirviendo o vives sin servir? ¿Solamente recibes de los demás o también ofreces todos tus dones a los demás? 


En el Evangelio de hoy (Juan 16, 23-28) se subraya el tema de la oración y la confianza en Dios,  “Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.’ ” Tenemos que tener una relación recíproca entre el Padre y el Hijo con el don de la oración. Los discípulos no estaban acostumbrados a orar en el nombre de Jesús (v.24). Ahora, sin embargo, por medio del Espíritu Santo enviado por el Padre, se ha inaugurado un tiempo nuevo en el que se pueden dirigir al Padre en el nombre de Jesús, porque su Señor, en virtud de su paso al Padre, se ha convertido en el verdadero mediador entre Dios y el hombre. Jesús es el puente entre Dios y los hombres por ser verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.

¿Reconoces a Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre y no como un hombre especial?

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

En Cristo y Santa María de Guadalupe

Padre Enrique García Elizalde

Viernes VI de Pascua (22-Mayo-2020)


Evangelio según San Juan 16, 20-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.

Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada”.

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¡Desarrolla tu talento, ofrécelo con creatividad y veras lo que sucede en tu vida!

En la primera lectura (Hch 18, 9-18) nos presenta información de utilidad: los hechos se desarrollan hacia el año 51-52, que es cuando el procónsul Galión, era procónsul de Acaya,  se encontraba en Corinto. Este actúa de manera inteligente como “laico”: no quiere entrometerse en cuestiones religiosas. A su modo de ver, las cuestiones por las cuáles los judíos someten a Pablo son discusiones internas al judaísmo, cuestiones que no tienen nada que ver con su función, por eso les dice: “Si se tratara de un crimen o de un delito grave, yo los escucharía, como es razón; pero si la disputa es acerca de palabras o de nombres o de su ley, arréglense ustedes”. Lucas lo subraya con toda intención, y da muestras de apreciar tanto la neutralidad de Roma como el hecho de que las autoridades romanas en general no se mostraran hostiles, en los comienzos,  a los cristianos. Hasta salvaron a Pablo en más de una ocasión del fanatismo de sus adversarios.

  

Los judíos no se dan por vencidos  llevando la situación al extremo para hacerle la vida difícil a Pablo. ¿Te suena esto familiar? ¿Alguien te ha hecho la vida más difícil? Pero todo lo contrario a lo que ellos podrían esperar, Pablo queda confortado y confirmado en su misión: está haciendo lo que quiere el Señor.  Es el Señor quien quiere que se dedique también a los paganos y se lo revela a través de una visión, “No tengas miedo. Habla y no calles, porque yo estoy contigo y nadie pondrá la mano sobre ti para perjudicarte. Muchos de esta ciudad pertenecen a mi pueblo”. Esto sucede porque Pablo tiene su confianza en Dios.  

Estos continuos conflictos expresan – una vez más – la seriedad del problema del paso a los paganos para las primeras generaciones cristianas. Es casi una idea fija: ¿Cómo explicar el hecho de que el pueblo de la promesa hubiera rechazado a Jesús, mientras que éste era acogido por los despreciados paganos? Pero es el Señor – nos asegura Lucas- quien dice: “En esta ciudad hay muchos que llegaran a formar parte de mi pueblo”, como en otras muchas ciudades, un pueblo constituido por algunos judíos y por muchos paganos. Y en Corintio, donde se encontraba lo mejor  y lo peor de la cultura griega, la confrontación con el paganismo no iba a ser algo fácil: dieciocho meses en Corintio representan una verdadera iniciación en la evangelización de los gentiles. Esto nos habla de que hay que perseverar en las tareas que no son fáciles y que lo que nos cuesta trabajo por lo general es lo que vale la pena.  No es hacer lo que me gusta sino hacer la voluntad de Dios y lo que mejor conviene para la salvación de los demás.

Finalmente, concluye Pablo, casi a hurtadillas, su viaje misionero, embarcándose con Priscila y Aquila, primero con destino a Jerusalén y después hacia Antioquía. A un misionero como Pablo, quedarse durante dieciocho meses en un solo lugar, aunque fuera con provecho, pudo parecerle excesivo.

Jesús, cuando apenas ha terminado de señalar una de las constantes de la experiencia cristiana (la dura espera del encuentro gozoso y definitivo con Él: v. 20), se vale de la imagen eficaz y delicada de la mujer que va a dar a luz un hijo (v. 21) para expresar el paso de la aflicción a la alegría sobreabundante. La alegría de la mujer es doble: han terminado sus propios sufrimientos de los dolores del parto y ha dado al mundo un nuevo ser, su hijo/a. La alegría cristiana va unida al dolor, pero desemboca en la vida nueva que es la Pascua del Señor. A continuación, sigue Jesús explicando la comparación en sentido espiritual (v. 22). El dolor por la muerte en la cruz del Hijo de Dios se transformará en gozo el día de la Pascua, en una alegría sin fin que “nadie podrá quitar” a los discípulos, porque está arraigada en la fe en Aquel que vive glorioso a la diestra de Dios.

¿Tu fe está arraigada en Dios? ¿Qué es lo que te quita tu  alegría sin fin?

Jesús ha hablado del tiempo inaugurado con su resurrección; a continuación, añade “Cuando llegue ese día, ya no tendrán necesidad de preguntarme nada” (v. 23b). La expresión “ese día” no se refiere sólo al día de la resurrección, sino a todo el tiempo que comenzará con ese acontecimiento. Desde ese día en adelante, la comunidad cristiana, iluminada plenamente por el Espíritu Santo, tendrá una nueva visión de las cosas y de la vida, y el Espíritu Santo iluminará interiormente a sus miembros y les hará conocer todo lo que sea necesario. Desde el bautismo hemos recibido al Espíritu Santo y estamos llamados a vivir una vida en plenitud.

¿Te dejas guiar por el Espíritu Santo y vives plenamente tu vida?

La alegría se sobre pone al sufrimiento y esto empieza en la vida del misionero como condición necesaria para lograr la alegría eclesial. Es decir, si tu vida no está llena de alegría y paz dada por el Maestro, como habrá paz y alegría en la Iglesia o en tu familia o en el mundo. El apóstol Pablo nos da ejemplo claro de ello, porque él en medio de las persecuciones que le vinieron a causa de la predicación del Evangelio, afirma: “Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.” (2 Cor 7,4). Siguiendo su ejemplo los convertidos acogen “la Palabra con gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones.” (1 Tes 1,6). Los ministros de la Palabra están “como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos.” (2 Cor 6,10).

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

  Padre Enrique García Elizalde

Sábado V de Pascua (16-Mayo-2020)

Evangelio según san 15, 18-21

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.

Acuérdense de lo que les dije: ‘El siervo no es superior a su señor’. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió”.

 

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Domingo 27 C

 

¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida! 

 

 

Hoy en la primera lectura (Hch 16, 1-10) como san Lucas empieza a narrar los acontecimientos misioneros de Pablo: el será el protagonista de la tercera parte de este libro. El fragmento de hoy presenta el segundo viaje misionero, ya avanzado. Entre tanto ha tenido lugar la separación de Bernabé, a causa –según san Lucas- de una diferente valoración de la persona de Juan Marcos. Pablo elige como nuevo compañero a un discípulo suyo al que siempre le unirá un gran cariño: Timoteo. Quien se convertiría como en un hijo para Pablo. Timoteo era “hijo de una mujer judía que era creyente, pero su padre era griego.” Pablo lo hizo circuncidar, aunque no viera para ello necesidad doctrinal. Pablo se hace en verdad “todo para todos” por el Evangelio. El Espíritu Santo hace las veces de guía, corrigiendo la ruta de los misioneros, dándoles fuerzas, sosteniéndolos, guiándolos, pero sobre todo estando con ellos. No se trata de una acción organizada por los planes de los hombres, aunque estén llenos de fe y de celo por el Evangelio es obra del Espíritu Santo. En la acción de Pablo, el gran evangelizador de todos los tiempos no había demasiada organización, sino una gran disponibilidad a la acción del Espíritu.

 

Juntos Pablo y Timoteo predicaron la Buena Nueva de Jesucristo y muchas personas fueron agregadas a sus números. Ellos escucharon atentamente los impulsos del Espíritu Santo y fueron a donde fueron llamados. Ellos se dejaron guiar por el Espíritu Santo en todo momento. ¡Imagina la gran influencia en la educación que Timoteo recibió siguiendo a San Pablo! ¡Qué bendición debió haber sido, ser instruido por uno de los más grandes evangelistas de todos los tiempos!  ¿De qué manera influyen los demás en mí? ¿Quién es tu mentor? ¿Has elegido seguir a personas que te inspiran a ser un mejor discípulo de Cristo? ¿Estás atento a los impulsos del Espíritu Santo en tu vida?

 

El pasaje del evangelio del día de hoy contiene una advertencia de Jesús dirigida a sus discípulos sobre el odio y el rechazo del mundo que tendrán por delante. Si la nota distintiva de la comunidad cristiana es el amor, ahora el Maestro presenta a los suyos lo que caracteriza al mundo que les rechaza: el odio (v.18). El Señor advierte y explica ese odio del mundo y emite un juicio sobre el mismo.

 

El odio del mundo hacia la comunidad cristiana es consecuencia lógica de una opción de vida: los seguidores del Evangelio no pertenecen al mundo, y éste no puede aceptar a quien se opone a sus principios y opciones. Los creyentes, en virtud de su opción de vida a favor de Cristo, son considerados como extraños y enemigos. Su vida es una continua acusación contra las obras perversas del mundo y un reproche elocuente contra los malvados. Por eso es odiado y rechazado el hombre de fe.

 

Pero ¿Cómo se manifiesta el odio del mundo contra los discípulos? Mediante las persecuciones que han de padecer los creyentes por el nombre de Cristo. No son en verdad estas pruebas las que deben desanimar a los discípulos en su camino de fe ni en su misión de evangelización. También su Señor experimento la incomprensión y el rechazo hasta la muerte (v. 20). Es más, la persecución y el sufrimiento son una de las condiciones de la gloria que toda la comunidad cristiana debe compartir con su Salvador. La suerte de los discípulos es idéntica a la de Cristo: si éste ha sido perseguido, también lo serán sus discípulos; si éste fue escuchado, también lo serán los suyos (vv. 20ss).

 

Hoy recuerda que si pretendes vivir según tus convicciones de fe, no debe sorprenderte encontrar a tu alrededor la indiferencia o la hostilidad. No debe deprimirte que los medios de comunicación social se rían a menudo de manera sutil del estilo de vida cristiano, o que cuando expreses tus convicciones te vean como un anticuado/a, o que la gente te considere como alguien que pertenece a una era pasada, a una época de la que ya nos hemos despedido. Que no te abata el desaliento: eso es señal de que eres fiel a Cristo perseguido y a su Palabra de cruz. No debes entrar en crisis porque muchos no piensan en esa cruz como los seguidores de Jesús. Tú no debes de preocuparte por agradar a los demás sino a Dios. Estamos en el mundo pero no pertenecemos a este mundo.

 

¡Qué tengan un fin de semana llena de bendiciones!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

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Padre Enrique García Elizalde

 

Viernes V de Pascua (15-Mayo-2020) San Isidro Labrador. Día del Maestro.

Evangelio según san Juan 15, 12-17

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

 

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

 

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En la primera lectura de hoy (Hch 15, 22-31) que es continuación de la lectura de ayer, vemos algunos puntos interesantes:

 

1) Se menciona por orden jerárquico (los apóstoles, los presbíteros y la comunidad cristiana),

 

2) hay comunión (de acuerdo con toda la comunidad) para tomar las decisiones (elegir y enviar); y

 

3) los eligen de acuerdo al testimonio y coherencia de vida de los elegidos (Judas ‘llamado Barsabás’ y Silas, varones prominentes en la comunidad).

 

Es el modelo a seguir en nuestras comunidades y parroquias, siempre con la jerarquía, en comunión de amor y dando testimonio. Si así se eligieran a los coordinadores y servidores de los movimientos eclesiales o grupos parroquiales, habría una gran diferencia en nuestras parroquias.

 

 

Recordemos que Cristo vino a hacer la voluntad del Padre, eligió y formó un grupo de colaboradores en la misión (discípulos y apóstoles) y los envió a predicar y a vivir la Buena Nueva (el Evangelio). Creo que está mal empleado el término líderes en la Iglesia, porque Cristo no nos llama a ser líderes sino servidores unos de otros, es decir, en comunión y los primeros que debemos dar ejemplo de servicio, comunión y amor somos aquellos a quienes más se nos ha confiado.

 

Ellos querían que el pueblo de Antioquía supiera que este mensaje no solo venía de unas pocas personas, sino que venía de la jerarquía de la Iglesia (los Apóstoles), quienes estaban constantemente orando para pedir la guía del Espíritu Santo. Ellos le aseguraron a la comunidad que las personas que habían dicho que tenían que ser circuncidados los conversos, lo estaban enseñando “sin mandato” de ellos. En pocas palabras, la autoridad docente tiene que venir de la Iglesia. Así es como la Iglesia ha mantenido su enseñanza hasta el día de hoy, en comunión con el Papa y los sucesores de los apóstoles (los obispos). Cuando no se sigue esta práctica, termina en la división y cada quien quiere hacer lo que quiere,  como lo hemos visto a lo largo de la historia de la Iglesia. Jesús hace la voluntad de su Padre y vino para que seamos uno. Creo que Él debe estar triste por nuestra falta de unidad. La comunidad “se llenó de júbilo” porque la enseñanza venía de la autoridad de la Iglesia.

 

¿Cómo recibo las enseñanzas de la Iglesia transmitidas por el Papa y los Obispos?

¿Me llena de júbilo ser obediente a lo que me pide la Iglesia? ¿Prefiero hacer mi voluntad o la de Dios?

 

Probablemente has escuchado este pasaje del Evangelio muchas veces; incluso se nos pueden pasar por alto algunos detalles porque nos es muy familiar. Por supuesto, sabemos que debemos amarnos unos a otros de la manera en que Jesús nos ama, también que es más fácil amar a las personas cuando conoces el amor de Dios por nosotros. Hoy quiero cambiar la dirección de nuestra reflexión y voy más directo. ¿Pero cómo te ama Jesús? ¿Sabes que Él te ama lo suficiente como para dar su vida por ti? Cuando Jesús dice: “Ámense los unos a los otros”, nos dice “como yo los amo” (Jn 15, 12). Él no dice “como yo te he amado”. Él no está hablando de algo que hizo en el pasado. Él está hablando del hoy. Ahora mismo. ¡Porque Él siempre nos ama! (Presente).

 

Necesitamos el don de la fe para poder creerlo verdaderamente en lo profundo de nuestro corazón y no sólo sentirlo, porque el amor de Jesús está aquí y ahora para ti. Deberíamos conmovernos y adquirir una nueva percepción mientras estamos en oración, frente al Santísimo Sacramento o en la Santa Misa. ¡Muy cierto! Pero, ¿qué pasa con aquellos momentos en los que no estás involucrado en actividades “espirituales”? Sin duda, Jesús también te ama en esos momentos. ¿Acaso no? ¡Absolutamente! Jesús no tiene que esperar que vengas a Él en la oración. Él siempre te busca, te acompaña y está contigo. Él te ama en cada momento de tu vida, te ama a través de alguien que te hace una bondad, incluso si ellos no son conscientes de que Dios está obrando a través de ellos. Él te ama en los peores momentos de tu vida, aun cuando hayas pecado deliberadamente.  Recuerda que todo cuanto tienes y que cada una de las personas te deben de ayudar a descubrir el amor de Dios, bien sea por la bondad de sus actos o incluso por las acciones difíciles descubres que Dios está siempre contigo y no te abandona. Jesús te está amando hoy. No es un amor vago y teórico, platónico e idealista; sino es real, tangible y personal. Él no quiere que sea solo una cosa del pasado que recuerdes. Él quiere que lo experimentes todos los días y en cada momento de tu vida. Así que estemos alerta a su mensaje de amor.

 

Voy a contarles una historia que me encanta y dicen que una vez Santa Teresa de Jesús, en uno de sus viajes para fundar nuevos conventos, cayó por un barranco con su montura y equipaje, y al verse allí tirada por tierra, con todas sus pertenencias esparcidas por el suelo, se quejó amargamente con el Señor, con quien tenía la gracia de poder conversar familiarmente, diciéndole algo así: – ¡Señor, voy recorriendo estos caminos a tu servicio, pasando penalidades por el día y malas noches en malas posadas… y Tú consientes que me pase esto! A lo que el Señor le respondió: – Teresa, así trato yo a mis amigos. Y dicen que Teresa de Ávila le contestó, “¡Por eso tenéis tan pocos!”

 

Hoy Jesús te va a mostrar su amor de alguna manera. ¡Recíbelo y pídele al Padre para que te conceda cuanto le pidas en nombre de Jesús!

 

 

Friday of the 5th Week of Easter Time  (May-15-2020)

Gospel  JN 15:12-17

Jesus said to his disciples:
“This is my commandment: love one another as I love you.
No one has greater love than this,
to lay down one’s life for one’s friends.
You are my friends if you do what I command you.
I no longer call you slaves,
because a slave does not know what his master is doing.
I have called you friends,
because I have told you everything I have heard from my Father.
It was not you who chose me, but I who chose you
and appointed you to go and bear fruit that will remain,
so that whatever you ask the Father in my name he may give you.
This I command you: love one another.”

 

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We read yesterday how Paul and Barnabas had returned to the apostles in Jerusalem because some of the converts to Christianity, without the authority of the Church, were asking that the new Christians be circumcised. In other words, they were asking the Gentiles follow the Jewish law before they could become Christians. After praying, debating and talking, the “Apostles and presbyters, in agreement with the whole Church,” sent Judas and Silas along with Paul and Barnabas to Antioch to deliver the message of the Church.

 

 

They wanted the people of Antioch to know that this message was not just coming from a few people, but that it was coming from the leaders of the Church, the Apostles, who were constantly praying for the guidance of the Holy Spirit. They reassured the people that those who had been telling them that they had to be circumcised were teaching “without any mandate from us.” In other words, the teaching authority must come from the Church.

 

 

To this day, the teaching authority of the Church is centralized with the Magisterium so that different things are not being taught all over the world. The word “tradition” is often misunderstood. “Tradition” means the handing down of God’s revealed word. In a more specific sense, “Sacred Tradition” is a subset of God’s revealed word which is not contained in Sacred Scripture. For example, we do not believe that the Holy Spirit stopped working when the Bible was written. The Holy Spirit continues to reveal God to the world. This is what we call Sacred Tradition. When there is no central teaching authority, division results, as we have seen since the Protestant reformation. When someone doesn’t agree with a certain teaching, they break off and start their own church. Jesus came so that we might be one. He must be saddened by our lack of unity.

 

 

What did they decide in today’s reading? The new Christians were exhorted not to eat certain meats and blood, and they were to safeguard the sacredness of marriage. Of course, along with this teaching came all the teachings of Jesus, namely, to love God and to love neighbor. The people “were delighted with the exhortation.” The teaching had authority because it came from the Church. Circumcision was not required of them for salvation. This was the definitive teaching of the Church, part of the Tradition, the handing down of the revelation of God.

 

 

How do I receive the authoritative teaching of the Church?

Am I “delighted” to be obedient to the inspired teaching of the Church?

Do I prefer to do my own will or be obedient to the will of God?

 

 

It is not easy to be obedient in our culture. So many things are fighting directly against the teaching of the Church, yet I have found such beauty in the Church’s teaching. We believe that the Holy Spirit continues to guide us on our pilgrim way. Surrendering to the authoritative teaching of the Church is so freeing!

Maestro

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

En Cristo y Santa María de Guadalupe

  

Padre Enrique García Elizalde

 

 

Fiesta de san Matías, Apóstol (14-Mayo-2020)

Evangelio según San Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.

 

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MatiasApostol-14Mayo

 

¡Ora más leyendo los Evangelios y veras lo que sucede en este año en tu vida! 

Hoy 14 de mayo celebramos la fiesta de San Matías, el apóstol  que fue quien reemplazó a Judas Iscariote. En la primera lectura (Hch 1, 15-17. 20-26)  Pedro es quien preside esta reunión donde cerca de 120 personas están presentes y escuchan de parte de Pedro que les anuncia que se tenía que cumplir la Escritura sobre Judas el traidor. Muchas cosas y muchas voluntades intervinieron en el proceso religioso y en el juicio civil contra Jesús. ¿Qué podemos aprender de todo esto?

 

1) Todo sucede según el plan de Dios. Pedro descubre que todas esas “causas segundas” han ayudado a que se realice el plan de Dios. “Todo sucede para el bien de los que aman a Dios.” (Romanos 8, 28)  Pedro es sobre quien Jesús construye Su Iglesia y desde el principio muestra su calidad de líder, él fue el primer Papa (del latín “papá” o “padre”) de la Iglesia y provee para ella lo que le necesita.

 

2) Dios saca bien de nuestras desgracias. Los apóstoles buscaron primero la voluntad de Dios. El Señor es más grande que nuestras traiciones y sabe sacar bienes de los males. Dios escribe derecho en renglones torcidos. ¿Cuáles fueron sus criterios para el reemplazo de Judas?

 

a) Conservar la intención de Cristo. Pedro conserva el criterio de Jesús, es decir, el respeto por el número de los Doce. Así que, con el fin de mantener el número perfecto de Doce Apóstoles, representando las doce tribus de Israel, discernieron quién reemplazaría a Judas. Los Doce, ese grupo más cercano al Mesías y testigo de su mensaje. Pedro respeta la decisión y la conserva con la intención de su fundador y con toda su fuerza de significado.

 

b) Dios es quien elige a través de los apóstoles. Ellos oraron diciendo: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, señala a cuál de estos dos has elegido…”. Así como saben que el pasado está en manos de la sabiduría de Dios que sacará bienes de los males, así están convencidos de que el futuro pertenece a Dios, y por eso no quieren imponer su decisión sino buscar la decisión de Dios.

 

c) La oración es esencial en las decisiones importantes. “Presentaron a dos: a José, apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías”. ¿Quiénes fueron los que “presentaron” a estos dos “candidatos”? Obviamente, los miembros de la comunidad, es decir, esos cerca de ciento veinte hermanos de que habla el relato al principio. El punto de partida de la oración es lo que nosotros conocemos y lo que a nosotros nos preocupa; pero el desenlace de la oración es lo que no conocemos y sólo Dios conoce; lo que no encontramos y que sólo Él puede darnos. La oración nos tiene que llevar a descubrir la voluntad de Dios y hacer su santa voluntad, no la nuestra. No hacemos oración para que Dios haga lo que le pedimos, sino para hacer su voluntad.

 

d) Criterios teológicos: Tenía que ser un hombre que estaba con ellos desde el bautismo de Juan hasta que el Señor ascendió al cielo, tenía que ser un testigo de la resurrección y tenía que ser elegido por el Espíritu Santo.

 

e) La clave del éxito: la permanecía en el amor y cumplir los mandamientos. Eso nos lo dice en el Evangelio de hoy. “Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.” La unidad la logramos a través de la Oración, lectura de las Sagradas Escrituras (Estudio), vivencia de los sacramentos, comunión con la Iglesia y su fundador, el amor y cumplimiento de los mandamientos (Acción).

Matías fue elegido y se convirtió en uno de los Doce Apóstoles. Luego Matías continuó la misión dada a los Doce – de bautizar y hacer discípulos de todas las naciones. A lo largo de los siglos, la Iglesia continúa añadiendo a los apóstoles para que la misión de Jesús continúe aquí en la tierra. Pero esta misión no es sólo para el Papa, los obispos y sacerdotes. Todos están llamados a ser un discípulo (uno que sigue) y un apóstol (uno que es enviado). Estamos llamados a continuar la misión de Cristo en la tierra. Puede que no hayamos presenciado el bautismo de Juan o escuchado la enseñanza de primera mano de Jesús o visto Su resurrección. Sin embargo, hemos sido bautizados y participamos de su mismo bautismo (morir al pecado), debemos ser testigos de su resurrección (cambio de vida) y Dios nos ha elegido, nos habla a través de la Escritura y el Espíritu Santo nos guía desde el interior de nuestros corazones.

 

Cuando nos dejamos transformar por Cristo y aceptamos su llamado de ser no solo discípulos sino apóstoles, entonces el fuego del amor de Cristo arde en nuestros corazones, tenemos el deseo de hacer discípulos de todas las naciones. ¡Hay tanta alegría al traer a otras personas a Cristo y la salvación!

 

¿Te consideras un discípulo, un seguidor cercano de Cristo?

¿Te consideras un apóstol, uno que es enviado a compartir la Buena Nueva?

¿Estás dispuesto a ir a donde el Señor te envíe a una misión?

 

Todos estamos llamados dentro de la Iglesia, como San Matías, para ocupar un ministerio (servicio) de quienes nos han precedido para que el mundo llegue a conocer a Jesucristo. Tú eres las manos y los pies de Dios para que llegue su Evangelio a todas partes.

 

¡San Matías, ruega por nosotros!

 

¡Lee la Biblia, confía en la misericordia de Dios y tu vida se transformará!

 

 En Cristo y Santa María de Guadalupe

 

 Padre Enrique García-Elizalde